Los robots no se quejan, no se cansan, no lloran, pero tampoco se ríen. Pero por cada robot o máquina pierden su empleo seis humanos, al menos son las estimaciones de los expertos. Así, nos encontramos habitando un mundo polarizado en muchos sentidos, en el que la tecnología parece estar ayudando a hacer el trabajo 'sucio' y las personas se ven condenadas a aceptar la precarización de la mano de obra.

El fundador de Tesla y SpaceX, Elon Musk, por ejemplo, considera que los trabajadores deben dedicar entre 80 y 100 horas semanales para "cambiar el mundo".

En términos del lingüista y filósofo estadounidense de izquierda Noam Chomsky, Musk es parte de ese grupo de millonarios trabajando fuera de los límites de lo moral. Junto a él podrían figurar Henry Ford y Steve Jobs.

Y es precisamente Chomsky el vehículo del artista mexicano Pedro Reyes para hablar sobre los peligros de la inteligencia artificial, la automatización, el trabajo al límite y, de paso, crear una obra de teatro de marionetas que es un ataque constante a Donald Trump, el actual presidente de EE.UU.

En 'Los robots no lloran', el personaje de Noam Chomsky tiene como antagonista a Ayn Rand. / Pedro Reyes
 

En 'Los robots no lloran', la marioneta de Elon Musk sale a escena, orina y, en ese momento, nace Donald Trump. El público se emociona, aplaude y abuchea. Es solo una muestra del papel del presidente de EE.UU en la pieza que fue concebida por Reyes entre 2016 y 2017 durante una residencia en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

La obra de Reyes enfatiza en la idea constante de que los robots van a sustituir al ser humano. "Todo el mundo está trabajando en el coche que se maneja solo, la tienda que se maneja sola, en sistemas de control para los trabajadores". Para ello confronta a Chomsky y Ayn Rand, una de las autoras preferidas de Trump, pero también de Jobs, Musk…

Ayn Rand fue una filósofa y escritora rusa que se nacionalizó estadounidense, quien desarrolló un sistema filosófico conocido como objetivismo y que se basa, principalmente, en "trabajar duro para lograr una vida de objetivos y productividad".

Pedro Reyes, artista.
"Es una posición crítica respecto a dos fenómenos que están destruyendo el mundo, que son la automatización y la inteligencia artificial". Pedro Reyes, artista.

De esta forma, Reyes pone ante la audiencia una contraposición entre el humanismo y el tecno-optimismo, dos amenazas que, manifiesta, hay que tomar muy en serio.

"Quise hacer una contraposición entre Chomsky y Ayn Rand, mostrando también una contraposición entre el humanismo y el tecno-optimismo, esa necesidad de tener una posición crítica respecto a dos fenómenos que están destruyendo el mundo, que son la automatización y la inteligencia artificial. Realmente son dos amenazas que hay que tomar muy en serio", expone el artista en entrevista con este medio.

El uso de marionetas permite a Reyes confrontar a figuras históricas que no se conocieron y ver actuar a Karl Marx, Frida Kahlo y la teórica socialista Rosa de Luxemburgo. "Es una oportunidad de elaborar ideas que, por ejemplo, no puedes desarrollar a través de la escultura o la pintura, porque es un proceso dialéctico entre dos posiciones distintas; lo que me gusta de las marionetas es que me permite confrontar dos figuras históricas que no se conocieron y cuando escribo la obra de teatro uso fragmentos que realmente fueron dichos por estos personajes", apunta Reyes.

Laura María Hernández da voz a la marioneta de Noam Chomsky. / Paola Morales / RT
 

Muchos visionarios como Henry Ford –con la introducción del automóvil–, Steve Jobs –con la computadora personal– o el propio Elon Musk son personas que, aunque han sido muy avanzados en su forma de visualizar un futuro tecnológico, son muy primitivos y muy retrógradas en su visión social, zanja el artista. "La única filosofía que han leído es Ayn Rand, que es una apología del egoísmo, la avaricia, la idea de ganar a toda costa, de culpar a los oprimidos por su propia miseria... y es el tipo de filosofía que uno asocia con el trumpismo".

Un ataque constante a Trump

"¡Quiero mi muro, quiero mi muro!", es el pequeño títere de Donald Trump entrando a escena. Rand se para frente a él, lo saluda e interviene: "Te recuerdo de orgías, casinos...". Detrás de ellos, la marioneta de Noam Chomsky se lamenta: "Y pensar que ahora es presidente".

Pedro Reyes, artista.
"En Latinoamérica tenemos que denunciar esos campos de concentración, porque no hay otra forma de llamarlos, separar a niños de sus padres es una técnica de genocidio cultural implementada por la administración de Donald Trump". Pedro Reyes, artista.

Hay un tema que se toca en la obra: el de los centros de detención de migrantes en EE.UU, donde se estima que más de 2.000 menores de edad han sido separados de sus padres durante la Administración Trump.

"En Latinoamérica tenemos que denunciar esos campos de concentración, porque no hay otra forma de llamarlos, separar a niños de sus padres es una técnica que se usó en el exterminio de los indios norteamericanos, son técnicas de genocidio cultural que están efectivamente implementadas por la administración de Donald Trump. Toda la obra es un ataque constante a Donald Trump", explica el único artista mexicano cuya obra está a la venta en la famosa Lisson Gallery junto a Marina Abramović, Anish Kapoor, Ai Weiwei, entre otros. 

El camino a Noam

Primero fue un intercambio de correos electrónicos. Luego la estancia de Reyes en el MIT. Después desempolvar el títere de León Trotski que el artista había usado en una obra hace cuatro años, 'La Revolución Permanente', e ir a visitar a Chomsky con ella entre las manos para convencerlo de poder crear una marioneta de él mismo.

'Los robots no lloran' es una adaptación para México de la obra para marionetas 'Manufacturing Mischief', creada por Pedro durante su estancia académica en el MIT, donde impartió la clase 'The Reverse Engineering of Warfare: Challenging Techno-optimism and Reimagining the Defense Sector' (La ingeniería inversa de la guerra: cuestionando el tecno-optimismo y reimaginando el sector de defensa), la cual exploró la compleja interrelación del imperialismo, las intervenciones armadas, el entretenimiento popular y el desequilibrio global creado por la obsesión de occidente por el avance tecnológico.

Pedro Reyes, artista.
"Muchas de las tecnologías que se desarrollan se usan para esclavizar al ser humano". Pedro Reyes, artista.

"¿Cuándo dejaremos de trabajar?", cuestiona uno de los personajes. "Cuando nos vayamos a la quiebra", espeta Musk. Luego interviene Chomsky para hablar del trabajo como herramienta de opresión usada por los millonarios "fuera de los límites de lo moral".

Hay una idea, casi generalizada, de que el MIT es un modelo a seguir y que lo ahí se discute marca tendencia de lo que ocurrirá en el futuro, sin considerar demasiado las consecuencias sociales, reflexiona quien es también uno de los escultores mexicanos de mayor proyección internacional. Pese a ser parte del instituto, Chomsky ha criticado que la tecnología que desarrolla el MIT se use con fines militares y, eso, fue estimulante para Reyes.

"Cuando yo estaba metido allí, en el Media Lab del MIT, me di cuenta de que estar centrados en el avance tecnológico deshumaniza y hace que uno pierda la perspectiva de costo social que conlleva ese optimismo por la tecnología".

Reyes usa títeres hechos a mano en Japón, inspirados en la tradición bunraku que se caracteriza por usar figuras con un gran rango de gestos faciales. / Pedro Reyes
 

Para Reyes, uno de los caminos para evitar ser una especie de hincha de la tecnología es el de la Filosofía o el Humanismo que te dan "las herramientas para identificar cuáles avances son positivos y cuáles negativos", pues, según apunta, "muchas de las tecnologías que se desarrollan se usan para esclavizar al ser humano".

'Los robots no lloran', que se exhibe hasta el 2 de diciembre en el Museo Jumex de Ciudad de México, es concluyente en su mensaje: el optimismo por la tecnología, que no se asocia normalmente con doctrinas o ideologías políticas, tiene un trasfondo político, uno que deja de lado la justicia social y busca la mayor acumulación del capital, el mismo que defiende Musk en el que las personas deben trabajar hasta 100 horas a la semana para "cambiar el mundo".

El espectador ve entrar la marioneta de Marx a escena.

 

         

Fuente: RT

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