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Producir una revolución en la comunicación a favor del bien común

Por Javier Tolcachier

Ponencia sobre la relación entre Movimientos Sociales y Comunicación alternativa en clave latinoamericana, brindando pistas sobre las opciones para la disputa de los sentidos comunes a favor del avance del reclamo popular en la región.

Publicamos a continuación el texto íntegro de la intervención.

Buenas tardes a todas y todos. Celebramos estos primeros seis años de Insurgencia Magisterial, iniciativa que, en mi opinión, representa una muestra viva de la comunicación al servicio de la transformación y la búsqueda de conexión entre las causas de emancipación en América Latina y el Caribe desde la perspectiva de una educación para la liberación humana.

Felicitamos ese esfuerzo desde la Córdoba austral, desde una Argentina, cuya plata -de la que deviene su nombre-, fue robada por sucesivos imperios, fugada por malvivientes financieros, por individuos mezquinos y criminales que al olvidar la humanidad de los demás, sepultaron la propia.

Agradecemos la invitación a participar de este importante encuentro y ojalá esta breve intervención sirva para fortalecer el hermanamiento y la integración de nuestros pueblos en su justo afán de lograr una sociedad sin exclusiones, sin miseria, sin discriminación, ni violencia, en suma, un nuevo momento humanista de la historia.

Como todos ustedes seguramente saben, cualquier revolución se instala en los corazones del pueblo con anterioridad a acceder efectivamente a los pedestales ejecutivos. El poder resulta así una consecuencia de que una mayoría popular ha abrazado la causa como un sentido común justo y necesario.

Es más, cualquier transformación social que no se ha alojado en el nido de la intención compartida de un pueblo, está destinada al fracaso, ya sea por forzamiento de escenarios no queridos o por los distintos recursos que utilizará la contrarrevolución para demoler lo alcanzado y hacer que el hermoso sueño lentamente quede solo en el recuerdo.

Para que este sentido común se propague, dialogue con el pensamiento y sentimiento de las mayorías y permanezca como contenido a lo largo del tiempo, es imprescindible la comunicación transformadora y como ustedes bien saben, la educación para la liberación.

Por ello es que hablar de movimientos sociales y sus reivindicaciones es hablar de difusión, de información, de debate público, de profundización, de modificación de las agendas impuestas por el poder establecido, en suma, de lo que conocemos como comunicación popular.

No sólo se trata de la propagación del reclamo o reivindicación de un derecho aún no adquirido o formalmente existente y negado en la práctica social; la acción comunicadora de los movimientos apunta a la modificación de la agenda temática – que de modo sistémico tiende a eliminar (u obstaculizar) la difusión de hechos o procesos atentatorios al sistema establecido. Por otra parte, esta manifestación/comunicación adquiere relevancia psicológica, en tanto construye identidades intersubjetivas que fortalecen la lucha común.

Por ello es que el poder establecido invierte enormes sumas en financiar medios afines a sus intereses para acallar las voces insurgentes. Y así es que en América Latina, hablar de poder y hablar de monopolios mediáticos es lo mismo.

Los monopolios del ruido propio y el silenciamiento ajeno

Bien vale actualizar este conocido escenario según un monitoreo relativamente reciente realizado por Reporteros Sin Fronteras con aliados locales como Intervozes, Tiempo Argentino, Cencos, Ojo Público, y otros.

En Brasil, “a pesar de toda la diversidad regional existente en el país y de las dimensiones continentales de su territorio, los cuatro principales grupos de medios concentran una audiencia nacional exorbitante – que supera el 70% en el caso de la televisión abierta, medio de comunicación más consumido en el país. El Grupo Globo alcanza por sí solo una audiencia mayor que las audiencias sumadas del 2º, 3º, 4º y 5º mayores grupos brasileños.”

En México, 11 familias controlan más de la mitad de los medios más importantes con las mayores audiencias y, además, reciben la mitad del presupuesto de publicidad oficial. De 42 medios con amplia influencia se encontró que en el 84% de los casos, los dueños tienen relaciones familiares o de negocios con políticos reconocidos.

En Argentina, los cuatro principales grupos de televisión (entre canales abiertos y señales de pago) concentran el 56,7% del encendido en la zona de Bs As y Gran Bs As. Los mayores grupos en la industria televisiva son Clarín y Viacom.  El Grupo Clarín domina el 43% del mercado de diarios. En radio los cuatro principales grupos empresariales detentan el 53% del encendido. Entre los seis medios digitales informativos de mayor audiencia, cuatro pertenecen al Grupo Clarín.

«En Colombia, solo tres grupos de medios controlan el 57 por ciento del contenido al que la sociedad puede acceder en radio, televisión, medios impresos y en línea. En Perú, es aún peor: más de dos tercios (68%) de la audiencia de noticias en línea en el país está en manos de un solo grupo.» (1)

Varios de los multimedios mencionados actúan a su vez en el mercado de las telecomunicaciones, con posiciones dominantes en el tramo final de acceso a internet. A todo esto se suma la operación de grupos trasnacionales, fundamentalmente estadounidenses y españoles.

Por otro lado, el entretenimiento constituye la mayor parte de la programación de estos conglomerados. Por ejemplo en Ecuador, según datos relevados por Cordicom en 2018, la porción dedicada al entretenimiento es del 48,91%, los contenidos de tipo formativo, educativo y cultural  representan el 24,30%, la programación de tipo informativo es del 13,76%, mientras los demás contenidos no superan el 13,02% en su conjunto. Una matriz que encuentra réplica en otros países.

De este modo, la función retardaría de estos conglomerados mediáticos en relación a los sentidos comunes en disputa, es reproducir antimodelos sociales, al tiempo de distraer o intentar estupidizar a la población.

A todo ello, debemos sumarle, en los últimos veinte años, la apropiación de espacios de divulgación a través de aplicaciones y plataformas de Internet monopólicas como Facebook, Twitter, Instagram (propiedad de facebook), Google, Microsoft, etc. Estas plataformas, lejos de permitir el acceso irrestricto a contenidos multimediales, sesgan la información de acuerdo a sus propios intereses de lucro, realizan espionaje individual y colectivo mediante la extracción de datos, suspenden cuentas según sus propias reglas; En síntesis, ordenan la difusión según agendas geopolíticas capitalistas y modelos culturales imperialistas, ejerciendo hoy una censura de hecho sobre lo que se puede comunicar y cómo debe hacerse.

El impacto histórico de la comunicación alternativa   

Sería exagerado sumariar en pocos minutos el impacto que ha tenido la comunicación alternativa a lo largo de la historia latinoamericana. Bastará con recordar el enorme influjo de la comunicación comunitaria y popular en cada gesta de transformación. Las radios mineras, indígenas y campesinas,  las emisoras educativas rurales, los medios urbanos comunitarios, la radiofonía insurgente y alternativa, los periódicos barriales, las bocinas, los muros; el pueblo ha sabido expresarse, conformar un sistema paralelo plebeyo, confrontar lo establecido y reclamar avances sociales y humanos, logrando victorias significativas.

En relación a su tamaño, posibilidades técnicas y financieras, el impacto de la comunicación al servicio de los movimientos sociales emergentes, ha sido enorme. La causa de esto está en su cercanía, su autonomía, su probidad, su coherencia, por hacerse eco de las causas marginadas y sometidas, constituyendo la práctica viva del aporte desinteresado del lucro individual y altamente interesado en el bien común.

Desde sus inicios, los medios populares supieron que la forma de acumulación necesaria para lograr una escala adecuada a las reivindicaciones políticas y sociales de transformación, debería ser la de conformar redes. Este modelo organizativo les permitió continuar actuando hasta la actualidad desde la base social aumentando el impacto y las posibilidades a escala nacional, regional e internacional.

Esta modalidad de red permite coordinar esfuerzos y aumentar la potencia de la demanda social, permitiendo al mismo tiempo la preservación de la independencia política y la identidad de cada colectivo transformador.

Hay ya mucha experiencia acumulada al respecto en los medios comunitarios, sindicales, alternativos, indígenas y universitarios y diversos espacios consolidados que permiten avanzar en este sentido.

Sin embargo, las dictaduras mediáticas corporativas continúan asediando el sentido común, con falacias, distracciones y maniobras para impedir el avance de nuestras mejores aspiraciones.

El progreso de la comunicación transformadora

¿Cómo puede entonces progresar la comunicación transformadora de los movimientos sociales latinoamericanos en esta jungla profusa y perversa? ¿Cómo lograr potencial suficiente para desarmar la cartelización informativa, concitar atención y promover el diálogo ciudadano con agendas propias?

Más allá de la profusión de medios alternativos, que hoy ya tienden a resignificar el día a día de las poblaciones desde su esfuerzo comunicacional, hay dos cuestiones que los movimientos sociales suelen pasar por alto o considerar de modo secundario y que hoy son imprescindibles para disputar los significados colectivos.

La primera cuestión es la necesidad de hacer de la lucha por la comunicación democrática, por el derecho humano no sólo a expresarse libremente, sino a ser escuchado libremente, una bandera de cada movimiento social, independientemente de su campo de acción sectorial.

Porque frecuentemente sucede que son los comunicadores, los periodistas o los estudiantes de comunicación los que dan esta pelea fundamental y en las agendas de los movimientos populares, la pluralidad equitativa de voces, es decir, la desmonopolización comunicacional, queda relegada o postergada a ensueño imposible o secundario.

Esa lucha es transversal a las distintas causas y atraviesa de modo idéntico toda la región latinoamericana, ya que en casi todos los lugares en los que predomina el capitalismo se reproduce el mismo modelo de comunicación colonizada y concentrada, adverso al indignado reclamo de las poblaciones por sociedades más igualitarias y una mejor vida para todas y todos.

La causa compartida por una comunicación democrática tiene como uno de sus objetivos centrales presionar a cada Estado para favorecer la desconcentración mediática. Un Estado que se precie de democrático, no puede continuar inyectando millones en los medios corporativos, sino que debe actuar como equilibrador de la desigualdad comunicacional a favor de los medios comunitarios, cooperativos, sindicales, indígenas, alternativos, es decir de los medios más cercanos al interés de sectores relegados, marginados o silenciados por el vozarrón impertinente de la mediática del poder financiero y transnacional. Lo mismo con las leyes, el fomento a la capacitación y programas de crédito de tasa cero para la modernización de equipos, adquisición o refacción de instalaciones y otras medidas reparadoras en el mismo sentido.

En vez de la asociación entre privados y el estado, tan fomentada en los tiempos neoliberales para facilitar el lucro empresarial con la complicidad estatal, debe instalarse el concepto de Alianza Público-Comunitaria, para posibilitar el avance democrático de nuestras sociedades en todos sus aspectos.

El segundo aspecto a consignar para favorecer el avance de las agendas sociales es en lo relativo al rol preeminente en la comunicación actual de las plataformas de internet hegemónicas, que no están reguladas de acuerdo al interés público.

Los movimientos sociales y la ciudadanía no deben permanecer pasivos en la categoría de meros usuarios, deben pasar a la ofensiva reclamando el papel de sujetos plenos de internet. La actual pandemia ha potenciado y mostrado la centralidad de la esfera digital como espacio de mediación en los diversos campos de nuestra actividad cotidiana, por lo que se hace imperioso tomar conciencia de que debe acometerse la lucha para que el colectivo humano se reapropie de la red internet y no permita que mezquinos intereses mercantiles y geopolíticos sometan nuevamente a nuestra región en un neocolonialismo digital de proporciones absolutas.

En síntesis, no hay posibilidad de avance social hacia modelos humanistas sin una nueva conciencia. Para lograr esta nueva conciencia, los movimientos sociales y la comunicación son un factor imprescindible. Colocar la democratización de la palabra en los estandartes de todos los movimientos sociales progresistas de NuestrAmérica, fortalecer las redes de comunicación a lo largo y ancho de la región, exigir de cada Estado y gobernante una revolución democrática de las comunicaciones y convertirnos en protagonistas de una Internet democrática, demandando la soberanía arrebatada por las corporaciones, son algunas propuestas de acción concreta en dirección a un mundo más incluyente, más justo y menos violento.

Muchas gracias.

 

Referencias:

(1) Medios de comunicación en América Latina: bajo control de familias, elites económicas y políticas. https://rsf.org/es/noticias/medios-de-comunicacion-en-america-latina-bajo-control-de-familias-elites-economicas-y-politicas

 

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Fuente: Pressenza

 

 

Frases

 

“Tenemos que unirnos porque el mundo lo acelera todo y sino aceleramos nuestra unidad, ese mundo se viene contra nosotros”

Hugo Chávez
 
 

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº125

 

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Xi Jinping: Tres discursos

 

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