A propósito del aniversario 123 de la caída en combate del Apóstol, genio político y hombre de acción para Cuba y los cubanos. Su doctrina se convirtió para siempre en fuente inagotable para el pensamiento revolucionario latinoamericano y mundial.

Era domingo aquel 19 de mayo de 1895. Al mediodía todo en el campamento del General Bartolomé Masó rebosaba optimismo y no es para menos. Allí se encuentran tres queridos jefes de la Revolución que acaban de pronunciar encendidos discursos.  Nada indica la tragedia que se avecina.

Poco después del mediodía, la columna española del coronel José Jiménez Sandoval con más de 600 efectivos intercepta al campesino Carlos Chacón que está en busca de comestibles para la tropa mambisa. Se acobarda e informa de la presencia de jefes en el campamento.   Poco después llega el aviso, por una patrulla mambisa, de la cercanía del enemigos. A la orden de Gómez, Masó sale con trescientos jinetes detrás del Generalísimo. Éste le indica enérgicamente a Martí que permanezca en la retaguardia, para salvaguardarlo. Pero el Apóstol, el genio de esa guerra, su organizador, el recientemente nombrado Mayor General, no puede permanecer impasible. Apenas salido Gómez y Masó con el grueso de la tropa, Martí ordena al joven Ángel de la Guardia que lo acompañe para marchar al frente del combate. Él, que es un excelente jinete, va montado en “Baconao”, una bestia de seis y media cuartas de alzada, color bayo claro y crines rubias, gallardo y muy brioso, regalo de José Maceo.

Su movimiento lo lleva ante una sección del enemigo que está oculta tras una maleza. Los españoles ven venir a ese jinete, extrañamente vestido con chaqué negro y sombrero de castor, revólver en mano y comprenden que se trata de alguien muy importante, sobre él concentran el fuego de sus fusiles. Al bisoño Ángel de la Guardia le matan el caballo que monta, y al caer ve que Martí es alcanzado por las primeras balas, cae mortalmente herido.   Yace allí, de cara al sol, como ha pedido en sus versos. Comprenden los hispanos que han dado muerte a un enemigo importante. ¡No sospechan aún cuán importante es! Se apoderan enseguida del cuerpo sin vida. Lo han alcanzado tres proyectiles de fusil: uno en el cuello, que le destroza el maxilar inferior; el mortal, que le penetra por la parte anterior del pecho y le fractura el esternón; y otro en el muslo derecho… A las fuerzas de Gómez, enfrascadas en el combate, desconociendo lo acaecido, les resulta imposible rescatarlo mucho después.

Martí, aunque es hombre de acción y valiente, no es un guerrero. La prueba de que era un hombre de acción está en la propia guerra que ha preparado y a la que ha acudido presuroso. Ha conseguido tres expediciones para desembarcar en los tres puntos vitales de la Isla, con los jefes principales repartidos y armados, pero a última hora las autoridades norteamericanas se han incautado de las armas y barcos en el puerto floridano de La Fernandina. Y aún así, ha logrado sobreponerse en brevísimo tiempo y han salido para Cuba, todos los jefes y algunas armas, y arriban a la Isla para liberarla. Ha creado un Partido y un periódico, para dirigir la guerra, burlando a todos los cuerpos de Inteligencia de España y de Estados Unidos. Su ímpetu, su responsabilidad, el ejemplo que es y debe ser, lo llevan a tomar una decisión que algunos le han criticado, incluso diciendo que se quiso inmolar, porque su participación personal, física en la guerra no era necesaria.

Le han preguntado al respecto a Armando Hart, presidente de la Oficina de Asuntos Martianos, y ha respondido así: “Los que dicen eso no entienden qué es política. El Apóstol era un gran hombre en la práctica política, además de un genio en la literatura, la cultura, el pensamiento. Su originalidad está en que es una cultura volcada a la acción, hacia el hacer. No podía renunciar a participar activamente en la guerra que organizó y que sentía como parte de su vida…”.

Sigue diciendo Hart: En la carta que Martí escribió a Manuel Mercado , el mismo día antes de su caída, le dice: “Todo lo que hice, y haré, es para eso”. La palabra “haré” significa “seguir haciendo”. No piensa en un suicidio. Él quiere hacer la Revolución en la República, más que en la manigua, debe vivir para ello que sabe que es lo fundamental…

Recordamos hoy al Maestro, en el aniversario de su caída en combate, como genio político y hombre de acción. Su doctrina se convirtió para siempre en fuente inagotable para el pensamiento revolucionario latinoamericano y mundial. Es ocasión para seguir imitándolo. Todos nosotros. Los que tanto tenemos que hacer todavía, en la Patria y en Latinoamérica, en el mundo, hacia donde acudimos cada vez que resulta necesario. Porque así somos, como Martí.

 

         

Fuente: 5septiembre.cu

Frases

“Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas.”

Fidel Castro

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