En los últimos días seis países de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) anunciaron la suspensión de su participación en el organismo de integración regional. Se trata de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú. Para el analista internacional Leandro Morgenfeld esto responde a una maniobra funcional a la política de EE.UU. en la región.

“No están dadas las condiciones para adoptar decisiones en el ámbito de Unasur”, aseguran en la carta presentada por los cancilleres de los seis gobiernos que anunciaron este boicot.

Entre los argumentos esgrimidos se cuenta la imposibilidad de haber podido acordar la designación de un nuevo secretario general luego de que finalizara el mandato de Ernesto Samper. Es que, de acuerdo a las reglas internas de la entidad supranacional que hasta ahora nucleaba a 12 países, esas definiciones deben ser tomadas por consenso y hasta el momento no se pudo lograr.

En ese sentido el texto elevado al gobierno de Bolivia, que hoy ejerce la presidencia pro témpore de Unasur, lamenta que durante “la presidencia de la Argentina, pese a sus esfuerzos, no haya podido avanzar en su propuesta de articulación y coordinación con otros foros regionales para evitar duplicación de agendas y concentrar esfuerzos en la consecución de los objetivos iniciales: infraestructura e integración física y energética, entre otros”.

Ante la difusión de la noticia el canciller boliviano, Fernando Huanacuni, aclaró que los países en cuestión “suspenden su participación en las reuniones de Unasur hasta que se designe al secretario general”. Pero “no mencionan” la palabra “abandonar” o “retirar”, remarcó el funcionario.

Huanacuni apuntó además que Bolivia, al asumir la presidencia, heredó los temas pendientes que debió haber resuelto Argentina. “Pero nosotros lo vamos a hacer en un mecanismo de diálogo de alto nivel. Porque la designación del secretario general es a nivel de cancilleres o de presidentes, pero no se convocó a ninguna reunión ordinaria ni extraordinaria”, explicó.

Por su parte el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, reconoció que Unasur “ha tenido problemas últimamente” pero aseguró que aspira a que “los líderes de la derecha que gobiernan América del Sur tengan un poquitico de conciencia sudamericana”.

Asimismo advirtió que “si algún gobierno de derecha trata de meterle una puñalada para desangrarla, los movimientos sociales y los revolucionarios de América del Sur la defenderán”

“Subditos locales” de Washington

“La decisión por un lado sorprende por el tenor porque, hasta ahora, más allá de las manifestaciones de los gobiernos de derecha de la región, nunca habían avanzado hasta tal punto”, declaró a Notas el investigador y analista internacional Leandro Morgenfeld.

El entrevistado señaló que “habían debilitado al Mercosur excluyendo a Venezuela, pero nunca llegaron a decretar prácticamente la disolución de un organismo regional donde, además, desde su creación hace diez años, habían convivido países con distintas orientaciones políticas e ideológicas”.

Unasur había ocupado un “lugar clave en la resolución de muchos conflictos y diferencias regionales sin la omniprescencia de EE.UU. y la Organización de Estados Americanos (OEA)”, subrayó en relación a lo que considera es el punto nodal de esta decisión.

Es que durante los primeros años del siglo XXI la organización con sede en Washington había perdido legitimidad y capacidad de acción en América Latina en detrimento de otras herramientas como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la propia Unasur.

Por eso para Morgenfeld la resolución “es funcional al ataque que está encabezando EE.UU. junto a sus subditos locales contra Venezuela pero también a todo el eje bolivariano”. Y, centralmente, “es muy funcional al objetivo de reposicionar a la OEA”.

“En ese sentido me parece que la posición más urticante es la del gobierno de Mauricio Macri”, opinó. Es que desde que asumió “ninguneó a todos los organismos de integración lationamericana: jamás fue a una cumbre de Unasur, jamás fue a una cumbre de la Celac”.

Nunca en sus discursos el presidente argentino hizo referencias a estos organismos. Incluso cuando Barack Obama visitó Argentina en 2016, ambos jefes de Estado firmaron una declaración donde reconocían y ponderaban a la OEA. “Y este es el objetivo, reposicionar a esa organización que se creó en 1948 en el medio de la Guerra Fría y fue, como dijo el ‘Che’ Guevara, una suerte de ministerio de colonias de EE.UU. en la región cuya sede queda en Washington”, enfatizó Morgenfeld.

Finalmente, marcó los posibles alcances de este golpe a la Unasur que no se limita al corto plazo sino que busca “clausurar a futuro que estas herramientas vuelvan a tomar un protagonismo y una dinámica mucho mayor”.

Además el momento elegido no es menor. Se trata de “evitar que posibles elecciones en México, Colombia y Brasil reequilibren la balanza de fuerzas en la región”.

“Por eso creo que en cada país los movimientos populares, los sindicatos, tienen que reivindicar estos instrumentos y hacer pagar el costo político a estos gobiernos de avanzar en la clausura de cualquier proyecto que reivindique la construcción de la patria grande en América Latina”, concluyó.

 

       

Fuente: Notas

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Correos del Sur Nº77

 

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