Kathy es ya  una persona mayor.  Marva es una enfermera. Santiago es un chef y Luis es un estudiante de octavo grado. Todos ellos viven en Santa Bárbara, California, y  tienen una cosa en  común. Viven en una caravana en lugar de hacerlo en una vivienda.

Cuando empieza a caer la noche, todos ellos se dirigen a  dormir en los estacionamientos de vehículos de los que son clientes.

“En el pasado, durante este mes de diciembre - me dice Kathy -, yo me encontraba en una casa maravillosa y cálida, donde vivía confortablemente".

Hoy, sin embargo, las fiestas de Kathy son considerablemente más austeras.

“Tengo algunas pequeñas luces navideñas en el techo de la caravana. Pero ya no hago, como hacía  en el pasado, aquellas  enormes bolas de nieve sobre las que colocaba una cajita abierta con música".

 Kathy tiene ahora 65 años. Y su compañero Phil, 74. Al igual que decenas de miles de personas que malviven en la periferia de  California, se han visto empujados a esta situación por los altos precios de la vivienda.

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Kathy, de 65 años, y Phil, de 74 años, conviven en este RV junto con su caniche estándar

de envejecimiento en un estacionamiento de Santa Bárbara. (Francine Orr / Los Angeles Times)

No obstante, vivir en un vehículo es, obviamente, mejor que tener que vivir en una tienda de campaña, o algo peor, en una caja . Pero en la próspera ciudad de Santa Bárbara, y en otros lugares de los Estados Unidos, las omnipresentes  concentraciones de coches remolques son otra de las muchas señales  de la creciente desigualdad de ingresos  que sufre el  norteamericano  medio ,  y uno de los problemas más acuciantes en este y otros estados de los EEUU. La cuestión, sin embargo,  es que se trata de personas  que trabajan, que tiene un empleo, pero que no pueden permitirse "el lujo" de vivir en una casa como dios  manda.

Quizá  pueda preguntarse cuál es la razón por la que estas personas no se dirigen a lugares menos costosos que Santa Bárbara. Y hay que reconocer que esa  es una buena pregunta. Cuando  me permití  cuestionar  sobre ello a  la gente con similares condiciones a las descritas, recibí la misma respuesta a lo largo de toda la costa de California.  La gente  se encuentra conectada  a lugares específicos, que  poseen una historia, unos lazos familiares, de amistades y,  también,  laborales. Y se resisten  a cambiar, a trasladarse a un sitio en el que lo desconocen todo, y empezar de nuevo partiendo de cero. Y a mí  esa reaccion me pareció lógica.

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Es casi medianoche y Phil, de 74 años, está fuera de su caravana pagando por el agua filtrada (Francine Orr / Los Angeles Times)

“¿Usted sabe lo que ocurre?- me dijo Phil.  “Aquí existe una gran concentración  de población hispana. Ellos hacen todo el maldito trabajo que hay por aquí. A cualquier restaurante que acuda,  podrá verlos trabajar como  auténticos esclavos. Cuidan los jardines de la gente y hacen todo lo que les ofrezcan, y por la cantidad que le ofrezca.  Generalmente terminan viviendo de 8 a 10 personas  en un mismo dormitorio “.
 
Phil  me comentó que quizás  mucha gente pueda preguntarse cuál  es la razón  por la que las personas que viven en caravanas no tienen vida familiar. Cuando le hice esta pregunta a  Phil, este hizo una mueca que se asemejaba a una sonrisa, y me espetó: "eso es más fácil siempre decirlo que hacerlo". En la actualidad su hijo está compartiendo el pequeño espacio de su caravana con Kathy y el mismo Phil.

En realidad, Phil y Kathy no hacen sino dibujar  el claro perfil  de una "clase media" que se  hundió   estruendosamente  por   múltiples  razones, entre las que se encontraba, por ejemplo, una hipoteca con tasa variable.  Kathy lamenta amargamente haberse metido en la aventura de comprar una casa . Su carrera de asesora legal quedó hecha trizas. Y es que  fue sometida a varias operaciones quirúrgicas en la espalda, mientras que simultáneamente a  Phil  le quebró su negocio de laboratorio fotográfico. Y a sus edades ya nada es fácil, y mucho menos volver a empezar.

Cuando en el año 2013 perdieron su casa,  Phil  invirtió parte de lo obtenido de la venta en un viejo pero útil remolque caravana.  Al menos con él pudieron conservar su  caniche, tener un "techo" común y una dirección legalmente reconocida .

 “Mi sueño americano se  esfumó, se vino abajo, desapareció. Y se me rompió el corazón”, dice Kathy, que en la actualidad está viviendo  de una subvención por incapacidad. Pero  la cuantía de ese ingreso, sumado a lo que  recibe su marido Phil  de la Seguridad Social,  no les da para  poder vivir en una vivienda.

 
EL CASO DE MARVA ERICSON

 Marva Ericson es una  auxiliar titulada de enfermería . Ella es otro de los numerosos clientes  de un estacionamiento de remolques. Sus tribulaciones comenzaron con un susto, hace unos tres años.

 “Yo estaba trabajando a tiempo completo y estudiando para ser enfermera y me desplomé mientras trabajaba. Cuando pude darme cuenta me encontraba en la sala de emergencias, sin saber lo me había pasado”- nos dijo.

En la economía de California, y de los Estados Unidos, una enfermedad imprevista resulta un asunto muy difícil de poder manejar. Para colmo, Marva  se encontro de repente afrontando varios de ellos. Sufrió una serie de ataques, y se vio obligada a renunciar a su trabajo. Y por si fuera poco,  se hizo cargo de  su madre moribunda. Mientras luchaba por recuperar su propia salud  y su trabajo,  estuvo viviendo un apartamento cuyo alquiler oscilaba entre los $ 1.000  y los  1.600 al mes.

Lamentablemente perdió su última vivienda porque se retrasó en el pago del alquiler. Toda esta cadena de acontecimientos desgraciados le sucedió a una mujer que  desempeñaba dos empleos diferentes. Aún así, su salario no le alcanzaba .

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Marva Ericson, de 48 años, se prepara para conciliar el sueño en un estacionamiento de Santa Bárbara en el medio de la noche. (Francine Orr / Los Angeles Times)

Cuando Marva tuvo que abandonar su último apartamento, se vio obligada a irse a vivir a su automóvil de marca Kia, durante tres meses. Cada noche trataba de aparcar en el estacionamiento de la iglesia del barrio  donde ella misma había crecido. Los árboles de Navidad están a la venta en ese mismo estacionamiento.

“Cuando me despierto - nos cuenta Marva Ericson -   digo, 'Gracias a Dios por mantenerme segura la noche anterior".

Ella es uno de los 150 clientes que  permanecen durante la noche en el estacionamiento de la Iglesia, o de organizaciones no lucrativas y oficinas gubernamentales.

Los clientes de este tipo de lugares pueden aparcar a partir de las 7 de la tarde, pero a las seis de la madrugada tienen que  proceder a la limpieza del mismo.  Pero ahí, al menos, pueden sentirse seguros mientras duermen.

EL CASO DE SANTIAGO GERÓNIMO

Santiago Gerónimo trabaja en la cocina de un restaurante de lujo en Santa Bárbara. Hasta hace poco, él, su novia y su hijo Luis vivían en un apartamento de dos dormitorios que compartían con cuatro adultos y tres niños. Pero su novia , Luisa Ramírez, tuvo la desgracia de perder su trabajo de vendedora "al por menor", debido a una lesión en la espalda. Desde septiembre  viven en su coche, un Ford Explorer. También en el caso de Santiago su nuevo hogar es un estacionamiento  ubicado junto a la iglesia, en la frontera de Goleta.

El  pasado lunes todas las personas que he citado tuvieron, por fin, un respiro. Y no fue porque encontraran una vivienda asequible, sino porque los vientos cambiaron de orientación. Y el humo y las cenizas de dos semanas de incendios forestales que han estado azotando California han disminuido considerablemente. Ahora, todos ellos, ya pueden dormir sin  máscaras protectoras .

 

Poema a la Clase Media

Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande

Desde el medio
mira medio mal
a los negritos
a los ricos
a los sabios
a los locos
a los pobres

Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también

En el medio de la nada
medio duda
como todo le atrae
(a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida)
sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan
(medio en las sombras)
a veces, sólo a veces, se da cuenta
(medio tarde)
de que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina

Así, medio rabiosa
se lamenta
(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza
a entender
ni medio

 

       

Fuente: Canarias Semanal

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

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