Las banderas de Etiopía y Eritrea aún ondulan hoy brillantes y nítidas en las avenidas de esta capital, segundo día de la visita del presidente Isaias Afwerki, que promete más emociones para ambos pueblos.

La jornada reserva la reapertura de la embajada; mientras se espera por el acontecimiento histórico el jolgorio en las calles es notable, la euforia se refleja en las insignias de ambos países dibujadas en el rostro o portadas por los transeúntes en sus manos.

Incluso los observadores locales tratan de recuperar el aliento después de las reuniones de ayer entre el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, de 41 años, y Afwerki, de 71 años.

'El ritmo de esto es simplemente asombroso', indicó Omar S Mahmood, investigador del Instituto para Estudios de Paz y Seguridad en Addis Abeba.

El encuentro entre los mandatarios concluyó un intenso episodio de diplomacia que parece haber puesto fin a uno de los conflictos más intratables de África.

'Las palabras no pueden expresar la alegría que sentimos ahora', comentó el propio jefe de Estado eritreo, mientras almorzaba con Ahmed. 'Somos una sola persona. Ya nunca más contrarios. Quien olvide eso nunca comprenderá el momento que vivimos'.

Muchos expresaron también su optimismo en las calles, como Tariku Kejela, quien tenía un motivo personal para alentarse con los pasos de reconciliación que los dos líderes están llevando a cabo. Kejela perdió a su hermano menor, un soldado de esta nación, durante la guerra fronteriza de dos años con Eritrea.

'Durante largo tiempo estuve rezando para que hicieran las paces, hoy agradezco a Dios por mostrarme este maravilloso momento de paz y amor', manifestó Kejela a Prensa Latina.

Refiriéndose al ataque con granadas del 23 de junio en una manifestación para apoyar a la actual administración y al descontento entre algunos por el acercamiento con los eritreos, hizo un llamado a todos aquellos que buscan sabotear el proceso de paz.

'A partir de ahora, nuestra relación se acelerará en el carril rápido, y cada etíope debe detener a quienes desean arruinar eso', apuntó.

Los analistas dicen que tal hipérbole puede estar justificada. La apuesta por la paz es solo el último de una serie de esfuerzos que pueden traer una reforma revolucionaria a la segunda nación más poblada de África, transformar una región y enviar ondas de choque desde el Mediterráneo hasta el Cabo de Buena Esperanza.

Desde que llegó al poder en abril, el gobernante ha electrificado a Etiopía con su estilo informal, carisma y energía, en opinión de especialistas; remodeló el gabinete y despidió una serie de funcionarios controvertidos y hasta ahora intocables, incluido el jefe del servicio penitenciario nacional.

Además, levantó prohibiciones en sitios web y otros medios, liberó a miles de presos políticos, ordenó la privatización parcial de empresas masivas de propiedad estatal, puso fin al estado de emergencia impuesto para sofocar los disturbios generalizados y eliminó a tres grupos de oposición de una lista de organizaciones 'terroristas'.

'Etiopía estaba al borde del abismo. Se han dado cuenta de que no pueden continuar de la misma manera. Solo un sistema democrático avanzado evitaría que el país se desmoronara y un desastre que el continenete nunca haya visto antes ', aseguró Nic Cheeseman, un experto en política africana de la Universidad de Birmingham

Ya los eritreos se habían independizado en 1993, aunque los lazos de otra índole permanecieron inalterables hasta 1998, cuando las diferencias en torno a los límites territoriales condujeron a un choque militar a gran escala que se extendió hasta el 2000; el saldo final de muertes asciende a casi 80 mil personas, de acuerdo con estadísticas al respecto.

Aunque un pacto de no agresión cerró hace 18 años de manera formal los enfrentamientos, las escaramuzas esporádicas continuaron en la frontera y los vínculos se rompieron irremediablemente.

El deshielo comenzó el mes pasado cuando Addis Abeba anunció que cumpliría una decisión respaldada por la ONU y le devolvería a Asmara los territorios en disputa.

Por el momento, las reformas de Ahmed cuentan con apoyo popular y el respaldo crucial de gran parte del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (Eprdf), que dirige al país.

Pero hay resistencia, sobre todo de parte de algunas facciones que integran el Eprdf, como el Frente de Liberación Tigrayan, artífice del movimiento que llevó a la coalición al poder en 1991.

'El amor siempre gana...Para aquellos que intentaron dividirnos, quiero decirles: no tendrán tenido éxito', comentó recientemente el primer ministro.

 

        

Fuente: Prensa Latina

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