Debiera resultar extraño, pero no es así. Se trata de noticias de un mundo real y nada maravilloso expuesto a las guerras y al hambre. Es África, la cuna de nuestros ancestros y la tierra sufrida a la que tanto debe la humanidad.

La mayoría de las informaciones que leemos, oímos o vemos relacionadas con los países de África, contienen una alta dosis letal, ya sea por los que mueren en las guerras, los bombardeos en Yemen, los grupos terroristas, conflictos locales, o los que también mueren en su «otra guerra», la del hambre, las enfermedades, la falta de agua…

Me imagino ese mundo incierto pensando y rogando porque el 2019 sea un año de paz, de alimentos para los hambrientos y medicinas para los enfermos; un año donde exista una inversión real que revierta la actual situación social en esos países.

Invocar un nuevo año en el que el Mediterráneo se convierta en pacífico mar y no en cementerio de miles de quienes huyen de la guerra y la miseria y acuden a la Europa rica en busca de un mejor porvenir, será seguramente el ruego de poblaciones enteras.

Con esta meditación necesaria, llego hasta estos días del último mes del año 2018 y repaso una noticia de gran valor histórico y cultural, ajena a las bombas y a las muertes, y que proviene también desde una nación africana: en Egipto, país que une el noreste de África con Medio Oriente, acaban de descubrir una tumba «única en su tipo» y que estuvo intacta por 4 400 años.

Son las noticias buenas, las que enseñan a querer y respetar un patrimonio que en aquella región aún tiene mucho que enseñar y que no podemos permitir su destrucción, ni por fanatismo ni por terrorismo.

El África, cuna de muchos de nuestros ancestros, la región de incontables recursos, de pueblos nobles, no merece la aterradora realidad de que un millón 400 000 niños puedan morir de hambre en solo cuatro de sus países: Sudán del Sur, Somalia, Nigeria y Yemen.

Somalia, por ejemplo, todavía llora a los 260 000 de sus hijos fallecidos por la hambruna de los años 2011 y 2012 y advierte al mundo que en la actualidad 363 000 niños sufren desnutrición severa, 71 000 son casos de desnutrición aguda grave y 50 000 son pequeños al borde de la muerte.

En este 2018 que culmina, quizá sea Yemen el ejemplo más terrible y donde debe prevalecer el llamado más desgarrador a que se ponga fin a la guerra, a los bombardeos y al hambre.

La situación allí se describe como totalmente catastrófica: puertos y aeropuertos en ruinas, hospitales bombardeados y centros sanitarios colapsados, falta de alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad. Más de 21,2 millones de personas, casi el 50 % son niños y necesitan ayuda humanitaria; 9,9 millones de niños se enfrentan a una situación de inseguridad alimentaria; 1,3 millones de ellos sufren desnutrición severa, y miles han muerto a causa de enfermedades que se pueden evitar.

Según datos de la FAO, concluye el presente año con 224 millones de personas que pasan hambre en África subsahariana, un 12 % más que hace 12 meses.

Otro tanto ocurre en el África Occidental, donde se reporta que diez millones de personas pasan hambre, siendo Níger la nación más afectada con siete millones, lo que equivale a casi la mitad de la población del país.

Cuando se intente buscar la razón por la cual cientos de miles de africanos emigran hacia Europa, hay que ir a estas raíces, las del hambre, la insalubridad y los conflictos internos, estos últimos creados la mayoría de las veces por esas mismas causas.

De acuerdo con la Acnur, este año, hasta octubre del 2018 habían llegado a Europa alrededor de 100 000 migrantes. Otros 2 000 han muerto en el intento de cruzar el Mediterráneo en frágiles embarcaciones o de mano de traficantes humanos.

Nos referimos a un continente que debemos conocer, no solo en frías estadísticas, generalmente referidas a la pobreza y las enfermedades. Es el más necesitado de la solidaridad de todos, de la formación de recursos humanos propios, de la inversión foránea, no para explotar a esos pueblos como hizo el poder colonial durante siglos, sino para que la comunidad internacional no siga al margen de su situación y participe en su desarrollo.

En contexto:
- Nigeria tiene la mayor población de África al sur del Sahara (de personas) y representa el 18 % de la población total del continente.

- Solo el 24 % de la población rural de África subsahariana tiene acceso a servicios mejorados de saneamiento en comparación con el
42 % de la población urbana.

- África tiene el 60 % de la población de seropositivos en el mundo.

Fuente: Banco Mundial.

Otros datos sobre África:

- Población: 900 millones, 14 % del total mundial.

- Ciudad más poblada: Lagos, Nigeria, con 16,9 millones.

- Número de lenguas habladas: Más de 2 000.

- Número de musulmanes: 358 millones.

- Número de cristianos: 410 millones.

- Porcentaje de la población menor de 25 años: 71 %.

- Esperanza de vida media: 67 años en el norte de África y 46 años al sur del Sahara.

- Tasas de mortalidad infantil (hasta la edad de un año): 102 por cada 1 000 nacimientos en el África subsahariana; 33 por cada 1 000 nacimientos en el norte de África.

- Tasa de alfabetización (mayores de 15 años): 60 %.

- Cantidad de refugiados: 15 millones; 3,3 millones han huido de sus países de origen a causa de conflictos bélicos, y unos 12 millones están desplazados en el interior de los mismos.

- Porcentaje de la población con acceso al suministro de agua potable: África subsahariana, 82 %
de la población urbana, 45 % rural; norte de África, 96 % de la población urbana, 84 % rural.

- Porcentaje de la población que depende de la agricultura para sobrevivir: 66 %.

- Deforestación: en África se pierden actualmente 4,1 millones de hectáreas de bosque al año.


         

Fuente: Granma

Frases

"Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano."

Hugo Chávez

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº87

 

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