(+) Evo Morales: EEUU y la OEA tienen un plan contra Venezuela tras elecciones

(+) "Democracias de la seguridad nacional": el plan de EEUU en América Latina, entrevista a Stella Calloni

(+) El “Golpe Maestro” de Estados Unidos contra Venezuela (Documento del Comando Sur),  por Stella Calloni

Disfrazados de ejercicios militares, el Comando Sur de Estados Unidos tiene prevista una estrategia con la que intentarán darle el golpe de gracia al Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Alerta naranja en Suramérica

A las 6:48 de la madrugada de este domingo 13 de mayo, el presidente de Bolivia, Evo Morales, despertó la conciencia pública de toda la región al publicar una grave denuncia en su cuenta Twitter.

Al igual que Morales, la periodista argentina Stella Calloni llamó la atención de la opinión pública en torno a la gran amenaza que se cierne sobre Venezuela, al filtrar un documento secreto del Comando Sur de Estados Unidos.

El documento de 11 páginas, titulado 'Golpe Maestro: Un plan para derrocar la dictadura en Venezuela' y firmado por el almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, considera que "ha llegado el momento" de intervenir militarmente al país suramericano.

Con la sincronía de una bomba de tiempo, Roger Noriega, exrepresentante permanente de Estados Unidos ante la OEA entre 2001 y 2003 y enemigo acérrimo del presidente Hugo Chávez, escribió en The New York Times que se habían acabado "las opciones para Venezuela", planteando como único camino el derrocamiento de Nicolás Maduro.

La importancia de este artículo de Noriega radica precisamente en el medio que lo publica. La plataforma mediática más influyente en cuanto a la legitimación de las operaciones militares de Estados Unidos.

Para completar el panorama, la Embajada de Estados Unidos en Caracas, en una muestra de sospechosa clarividencia, informó a sus ciudadanos estadounidenses en Venezuela que antes y después de las elecciones presidenciales se esperan manifestaciones y focos de desestabilización.

La hoja de ruta para derrocar al chavismo

Un análisis estratégico hecho sobre los documentos filtrados del Comando Sur, así como de las declaraciones de los voceros militares y mandos medios del aparato diplomático estadounidense, permiten establecer con suficiente claridad cómo se desarrollará la periodización de la intervención contra Venezuela.

En primer lugar, hay que evaluar la coyuntura electoral dónde aún es posible que la oposición venezolana logre llegar a un acuerdo en torno a una candidatura única.

A pesar de que Estados Unidos, el grupo de Lima y la Unión Europea ya han afirmado que bajo "las actuales condiciones" no reconocerán los resultados, no puede perderse de vista que una candidatura única 'in extremis' provoque un efecto motivador en el sector de la oposición que aún no se deciden por ir a votar.

Un escenario de empate técnico entre el chavismo y la oposición brindaría un contexto propicio para la presión internacional en contra del Gobierno de Nicolás Maduro.

En segundo lugar, Noriega reafirmó que el frente político no puede descartarse. En este, las principales acciones del Departamento de Estado estarían enfocadas en "animar a los venezolanos —incluidos los miembros de las fuerzas armadas— a restaurar la democracia", es decir, ejecutar un golpe de Estado.

Aunque esto luce improbable, el Comando Sur no necesitaría un levantamiento militar exitoso, sino al menos una escaramuza al interior de alguna guarnición, como la ocurrida hace algunas meses en el Fuerte Paramacay para "asegurar que el poder sea transferido sin demora a las autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional".

En este punto, se estaría evaluando "liberar" una zona del país desde donde este Gobierno paralelo pueda ejercer funciones de hecho, con el respaldo y reconocimiento de la comunidad internacional aliada a Washington.

En el documento del Comando Sur, Tidd enfatiza que, para derrotar al chavismo, hay que intensificar la guerra psicológica para provocar "exacerbar la división entre los miembros del grupo de Gobierno", en conjunto con acciones militares que comenzarán con protestas en los centros urbanos, especialmente en Táchira, donde el Gobierno venezolano ha logrado neutralizar numerosas mafias dedicadas al contrabando.

El plan Unitas Lix y el golpe final

Las operaciones de desestabilización podrían intensificarse con el anuncio de los resultados electorales la noche del 20 de mayo y se prevé que puedan durar hasta septiembre, momento en el que Colombia inicie el ejercicio aeronaval internacional Unitas Lix 2018.

Kurt Tidd explica con claridad que el Gobierno bolivariano solo puede ser derrocado a través de una "operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general [de la OEA], Luis Almagro".

Ejercicios navales Unitas, dirigidos por EEUU (archivo)
© AP Photo / Silvia Izquierdo
Ejercicios navales Unitas, dirigidos por EEUU (archivo)
 

El Unitas Lix no es más que la fachada para imponer de la manera menos traumática posible un bloqueo marítimo a Venezuela, así como ya ocurrió en 1902 contra el entonces Gobierno de Cipriano Castro.

El objetivo que perseguiría un bloqueo marítimo, en la lógica de Kurt Tidd, es precisamente "obstruir todas las importaciones" especialmente de comida, medicinas y bienes esenciales. Sin embargo, el centro de gravedad de toda la estrategia sería impedir que Venezuela pueda comercializar petróleo.

No se trataría de un supuesto embargo anunciado por Washington, en el que este país dejaría de comprar la cuota de aproximadamente 700.000 barriles diarios y para cuyo escenario Venezuela se estaba preparando. En esta parte de la operación, el Unitas Lix se convierte en una seria amenaza para la supervivencia económica de la nación bolivariana, porque imposibilitaría la entrada y salida de los buques petroleros hacia los principales puertos.

Es ahora que cobra fuerza sentido la salida intempestiva de Argentina, Brasil, Perú y Colombia de la Unasur.

Además de reforzar a la OEA, como principal foro para debatir una posible situación de inestabilidad política en Venezuela, era imprescindible abandonar el Consejo de Defensa Suramericano.

No resultaba muy coherente que un órgano que plantea "consolidar una zona de paz suramericana y construir una visión común en materia de defensa", recibiera con docilidad la intención del Comando Sur de "avanzar en estacionar sus aviones de combate y helicópteros, vehículos blindados, posiciones de inteligencia" e incluso prisiones en la región suramericana.

Otro objetivo de transformar Unitas Lix en una operación militar, tendría por objetivo generar una suerte de anillo de seguridad para evitar la aproximación de posibles fuerzas militares aliadas a Venezuela. Uno de los escenarios a los cuales habría que prestar mayor atención.

El Unitas Lix se plantearía como una última etapa, dentro de una operación de desgaste a gran escala de Venezuela. Sin embargo, lo que resulta más escandaloso del plan de Washington para derrocar al chavismo, es que se encuentra consciente de que existirá resistencia al interior del país y que incluso la oposición venezolana "no tiene la fuerza suficiente" para garantizar la gobernabilidad.

No obstante, ya Kurt Tidd tiene la solución: el "envío de la fuerza militar de la ONU para la imposición de la paz".

Sí, los mismos que se encuentran acusados de crímenes de abuso sexual en la República Centroafricana, Haití, Sri Lanka, entre otras partes del mundo.

Y ante los cuales "legalmente, las Naciones Unidas no pueden hacer nada al respecto" pues no cuentan con la jurisdicción para juzgarlos.

Sin embargo, a pesar de los retos que se vislumbran para la nación venezolana, desde algún lugar nada lejano, Edward Said, el gran intelectual palestino, nos invita a ver el horizonte a través de las lecciones de la historia.

En ellas, dice Said, "nunca se dio el caso en el que un activo agente occidental tropezase con un nativo no-occidental débil o del todo inerte; en muchos casos, existió siempre algún tipo de resistencia activa y en la abrumadora mayoría de los casos, la resistencia finalmente triunfó".

 

"Democracias de la seguridad nacional": el plan de EEUU en América Latina

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GPS Internacional dialogó con la escritora y periodista Stella Calloni sobre la influencia del Comando Sur de EEUU en los procesos políticos latinoamericanos.

"En el Comando Sur estaba la famosa Escuela de las Américas en su momento, que sigue estando pero no acá, contra la que hay una fuerte lucha de sectores progresistas de EEUU por el papel cumplido en el siglo XX y lo que va del XXI, que tuvo su alejamiento de Panamá, donde llegó a tener hasta 20 bases, en el año 1999", sostuvo Calloni. "A finales de los años '90 pensaron en dispersar el Comando Sur porque necesitaban fuerzas de despliegue rápido, que era su nuevo esquema. Y dispersaron sus bases por distintos países de América Latina por cualquier caso de retaliación", añadió.

"Nosotros vemos en los últimos años que se trazó un proyecto geoestratégico de recolonización del continente, que ya estaba marcado precisamente cuando se decidió el famoso Plan Colombia, que era la parte militar de ir creando todo el esquema con el que controlarían los países de su patio trasero", señaló Calloni.

"Las dictaduras de la seguridad nacional fueron el gran plan de los años '70 y ahora hablan de una democracia de la seguridad nacional para lo cual se tiene previsto la infiltración de las estructuras judiciales que vemos ahora y el manejo absoluto de los medios de comunicación para una guerra psicológica que de resultado", subrayó la analista. "Esta es una guerra contrainsurgente de baja intensidad de cuarta generación, donde todas las ilegalidades están permitidas, con acciones encubiertas", dijo Calloni en entrevista con Sputnik y radio M24.

A partir del minuto 17:40.

 

Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship – “Masterstroke”

Traducción:

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Kurt W. Tidd
 

Se acabaron las opciones para Venezuela, por

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En una conferencia en Miami la semana pasada, Juan Cruz, el director de asuntos del hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, encaró al régimen venezolano de Nicolás Maduro.

Cruz citó un fragmento de la Constitución de Venezuela, reescrita durante el mandato de Hugo Chávez, el predecesor de Maduro, en el que dice que el pueblo, “fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Cruz se estaba dirigiendo al Ejército venezolano, pidiendo a sus miembros honrar su compromiso con la Constitución.

Del mismo modo que cuando Rex Tillerson, entonces secretario de Estado, hizo declaraciones similares en febrero, los críticos de Cruz han dicho que no es prudente que Washington aliente un golpe de Estado en Venezuela.

Pero Cruz solo está refiriéndose a los hechos. Maduro ha podido mantenerse en el poder debido a la violación sistemática de los derechos humanos y del orden constitucional, lo que ha provocado tanto el colapso económico y social del país como una crisis de refugiados que está afectando a todo el continente. Un régimen saturado de corrupción y vínculos con el narcotráfico, cuya represión violenta a las protestas a favor de la democracia en 2014 y 2017 dejaron doscientas personas asesinadas y cientos más heridas, nunca cederá el poder de manera voluntaria.

Más que temer un golpe de Estado, la comunidad internacional debería animar a los venezolanos —incluidos los miembros de las fuerzas armadas— a restaurar la democracia.

 
Un grupo de venezolanos protestaron a principios de febrero de este año por la falta de abastecimiento de medicinas en Venezuela. Credit Meridith Kohut para The New York Times

El statu quo es inaceptable. Desde el inicio del chavismo, en 1999, Chávez y Maduro cooptaron y destruyeron cortes y asambleas independientes, saquearon las reservas de petróleo y el presupuesto nacional, causaron el colapso de la industria petrolera, destrozaron el sector privado de la economía, asfixiaron el suministro de alimentos y medicinas y causaron un éxodo masivo en el que el diez por ciento de la población ha salido del país.

La Asamblea Nacional —controlada por la oposición—, la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima —conformado por catorce gobiernos de la región— han condenado este historial atroz.

Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, ha denunciado a Maduro y les ha insistido a sus contrapartes en América Latina a tomar más medidas para impulsar un cambio. Pero Estados Unidos no puede liderar tras bambalinas el enfrentamiento a Venezuela, porque esa conjura está controlada por Cuba, financiada por China, armada por Rusia y aprovechada por Irán, Hezbolá y grupos narcoterroristas de Colombia. Si Estados Unidos considera al gobierno de Maduro un régimen ilegítimo y criminal que amenaza la estabilidad regional debería actuar en concordancia.

Aunque el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha aplicado sanciones contra Maduro, el vicepresidente Tareck El Aissami y decenas de otros altos funcionarios implicados en violación a los derechos humanos y corrupción, las sanciones no son un sustituto a un compromiso más frontal.

Mike Pompeo, el secretario de Estado de Estados Unidos, debería darle autoridad a un nuevo grupo de diplomáticos estadounidenses para promover un cambio en Venezuela.

Washington debería romper relaciones diplomáticas con Caracas y reconocer a miembros de la Asamblea Nacional —el organismo legislativo cuyos integrantes son electos democráticamente— como los únicos representantes legítimos del pueblo venezolano.

Estados Unidos debería dar a conocer las investigaciones judiciales que se han hecho por mucho tiempo de El Aissami —quien es sospechoso de tener vínculos con el narcotráfico y con grupos terroristas— y de Diosdado Cabello —uno de los funcionarios más influyentes del régimen venezolano, sospechoso de dirigir un cartel de tráfico de cocaína junto con militares del ejército—. Emitir o revelar acusaciones en ambos casos ayudará a exponer el peligroso narco-Estado en Caracas.

Para acelerar la llegada de una transición, los gobiernos vecinos deberían dar asistencia moral y material a la oposición democrática de Venezuela. Estados Unidos, la OEA y líderes de América Latina del Grupo de Lima deberían apoyar y ratificar la decisión del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio —un grupo de juristas designados por la Asamblea Nacional— de suspender a Maduro de la presidencia por cargos de corrupción.

Para asegurar que el poder sea transferido sin demora a las autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional deberían establecer un mecanismo para designar a un sucesor interino de Maduro. También los miembros de la Asamblea tendrían que formar un consejo electoral imparcial para organizar elecciones presidenciales libres, justas y con supervisión internacional.

Por último, los líderes democráticos de Venezuela deberían planear la recepción y distribución de ayuda humanitaria y reactivar los servicios sociales del país. Ellos deben crear estrategias para conducir por buen camino la recuperación del sector privado de la economía. Los líderes de la transición también tendrían que echar a andar un esfuerzo internacional para localizar y reclamar los miles de millones de dólares robados por autoridades corruptas al pueblo venezolano.

Si las fuerzas armadas de Venezuela derrocaran mañana a Maduro, es muy posible que los ciudadanos se referirían a ese acto como una misión de rescate y no un golpe de Estado. Incluso al interior del Ejército, me han dicho funcionarios del régimen, no más del 20 por ciento de los soldados —cuyas familias también están sufriendo de hambre y represión— defenderían a Maduro.

El gobierno de Donald Trump tiene una oportunidad excepcional en Venezuela para promover los valores democráticos, defender la seguridad nacional de Estados Unidos y enfrentar el narcotráfico a través de una estrategia que podría complacer a los partidos políticos de Estados Unidos y a gran parte de los países de América Latina. Es un reto muy complicado, pero vale la pena intentarlo.

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Evo Morales: EEUU y la OEA tienen un plan contra Venezuela tras elecciones

El presidente de Bolivia, Evo Morales, denunció que Estados Unidos (EEUU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) implementarán un plan de acciones violentas antes y después de las elecciones del 20 de mayo, en las que se elegirá al presidente de la República y a los miembros de los consejos legislativos.

Periodista argentina Stella Calloni denuncia que EEUU prepara "golpe maestro" contra Venezuela

(+Articulo) El “Golpe Maestro” de Estados Unidos contra Venezuela (Documento del Comando Sur)

Estados Unidos (EEUU) y sus socios preparan en silencio un plan para "acabar" con el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, así lo denunció la investigadora y periodista argentina Stella Calloni, quien señaló que para ello utilizarán todo el aparato propagandístico.

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Fuente: Sputnik News/Agencias

Frases

“Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas.”

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ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

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