El día de ayer el medio The New York Times (NYT), en artículo elaborado por Anatoly Kurmanaev y Clifford Krauss, analizó las sanciones estadounidenses contra Venezuela desde una mirada negativa. Al referirse a las últimas sanciones de la Administración Trump, el medio alertó "que las exportaciones cayeron en picada y las actividades bancarias se paralizaron mientras las medidas tenían un efecto más veloz y atroz de lo esperado".

"No estoy seguro de que Estados Unidos tenga un plan b en caso de que no logre deshacerse de Maduro (…) Temo que si se implementan esas sanciones en su forma actual, seamos testigos de una hambruna", dijo Francisco Rodríguez, economista y jefe de campaña presidencial del opositor Henri Falcón, ante la consulta de los periodistas del rotativo neoyorquino.

NYT responsabiliza a la Administración Trump de los daños a la economía venezolana producto del bloqueo financiero implementado, para ello entrevistó al director de la Cámara Petrolera de Venezuela, Reinaldo Quintero, quien expresó lo siguiente: "No podemos cobrar y no podemos recibir dinero. Nuestras finanzas están paralizadas (…) Habrá grandes daños colaterales".

Contraviniendo la narrativa de que las sanciones están diseñadas para castigar a Maduro y a la alta jerarquía del gobierno venezolano, NYT afirma que "a muchos venezolanos les preocupa que los flujos reducidos de ingresos empeoren drásticamente la escasez de por sí grave de alimentos y medicina, y cierren los pocos negocios privados que quedan".

Recalcando que "debido a la prevalencia del sistema financiero de Estados Unidos y el dólar en la economía global, los efectos en cadena de las sanciones se extendieron más allá de las fronteras estadounidenses e hicieron que fuera muy difícil para el gobierno venezolano seguir comprando y vendiendo productos", el medio confirmó lo que los venezolanos atestiguan desde hace par de años atrás: el cierre de las cadenas de suministro en alimentos y medicinas, sumado al cierre de cuentas internacionales del país, que han estimulado una feroz inflación.

El castigo ha sido colectivo desde el principio.

De filtrar un golpe en marcha al "cuestionamiento" de las sanciones

El pasado 8 de septiembre, NYT publicó un artículo que terminó de develar una operación encubierta de golpe de Estado que encabezaba la Administración Trump con militares desertores en el extranjero. El plan denominado "Operación Constitución" contaba con el respaldo de funcionarios de Trump y buscaba secuestrar al presidente Maduro antes de las elecciones presidenciales del 20 de mayo.

El medio estadounidense Bloomberg también contribuyó a la filtración de este plan, golpeando mediáticamente a la Casa Blanca dos meses antes de que el NYT hiciera su parte.

La publicación del NYT, posterior al fallido magnicidio contra el presidente Maduro el 4 de agosto, vino a confirmar las denuncias del gobierno venezolano sobre la relación de Estados Unidos con planes golpistas e insurreccionales. Esto impulsó la credibilidad internacional del presidente Nicolás Maduro y dejó a los voceros políticos de Trump para Venezuela, el más resaltante de ellos es Marco Rubio, en una situación defensiva.

El artículo en el que cuestiona el bloqueo financiero contra Venezuela parece seguir el mismo patrón de la filtración del golpe de Estado en septiembre. Siendo el NYT una empresa ligada al Partido Demócrata, el cual está en pleno combate preelectoral contra Trump de cara al 2020, sus publicaciones tienen el interés de socavarlo también en su política exterior hacia Venezuela.

La publicación del NYT parece tener ese interés en específico, pues en el artículo, aunque reconocen el peso negativo de las sanciones, omiten la participación de dirigentes opositores como Julio Borges y Antonio Ledezma en la aplicación de esas armas de guerra económica en una coyuntura de protestas violentas.

También hacen ver que las sanciones golpean a Venezuela desde su última aplicación en enero de este año, ignorando que con la oficialización del bloqueo financiero vía Orden Ejecutiva de Donald Trump en agosto de 2017, sus efectos nocivos comenzaron a sentirse en la alta inflación y el desabastecimiento de medicinas.

El límite del "cuestionamiento" a la guerra económica de Estados Unidos contra Venezuela tiene que ver más con el interés de debilitar la imagen pública de Trump, que con una preocupación sincera del acoso económico que vive la sociedad venezolana. A su modo, defienden a Julio Borges y otros operadores de la guerra contra Venezuela.

El reflejo de una batalla campal en suelo estadounidense (y en La Florida)

Esta publicación también es posterior a la discusión que hubo en el Senado por una resolución que buscaba legitimar la autoproclamación de Juan Guaidó y aprobar el uso de la fuerza militar. Este ítem no fue autorizado por el voto demócrata en el Senado, siendo el más visible el de Bob Menendez.

A raíz de esto, el congresista demócrata Ro Khanna le advirtió a Guaidó que sólo el Congreso puede autorizar el uso de la fuerza militar, colocando al autoproclamado en una posición de descrédito con su supuesta capacidad para hacer viable la opción militar.

Al igual que el reportaje contra las sanciones, esta ubicación del Partido Demócrata no corresponde tanto al interés de una salida pacífica y constitucional del conflicto venezolano, como al interés de mejorar su puntaje contra Trump para las presidenciales de 2020.

Para el Partido Demócrata, que durante la Administración Obama promovió el golpe de Estado de 2014 y las primeras sanciones para cercar la economía venezolana, ve con mayor importancia estratégica en este momento reducir el apoyo electoral de los republicanos desencajando su política exterior. Para los republicanos, en cambio, Venezuela es un medio para enviarle un mensaje de autoridad internacional a China y Rusia en el marco de su Guerra Fría del siglo XXI. El consenso de esa guerra geopolítica es de ambos partidos, sólo que los demócratas no quieren que Trump se lleve todos los créditos.

En plena batalla campal preelectoral entre el cierre del gobierno federal y la exigencia de ampliar el muro fronterizo con México, el foco excesivo en la situación venezolana es visto por los demócratas como una válvula de escape para exportar la tensión de la política interna y distraer a los medios de comunicación, dedicados en convertir la figura de Trump en un caso judicial.

Venezuela como actor decisivo para 2020

Las elecciones de 2020, vistas desde la correlación de fuerzas expresada en las pasadas legislativas, parecen anunciar un final de fotografía. El punto de inflexión podría ser, nuevamente, el estado de Florida, que en 2016 aportó los más de 100 mil votos necesarios para definir la elección a favor de Trump.

Por esa razón, Trump mantiene a Marco Rubio en la primera línea de mando de su política exterior hacia Venezuela, pues con su retórica agresiva es el encargado de movilizar a la diáspora cubano-venezolana y su corretaje de mafias inmobiliarias, que ven con buenos ojos a Trump por querer hacer la guerra que tantos años han estado esperando. John Bolton, Mike Pompeo y Mike Pence también se juegan su futuro en 2020 en su agenda demente contra Venezuela, que es también una extensión de sus maniobras de guerra contra Irán, China y Rusia. 

Sin embargo, las pasadas elecciones legislativas mostraron un cambio político en ciernes en Florida, donde los demócratas lograron arrebatarle el escaño a la icónica congresista Ileana Ros y aumentar sensiblemente su votación. Justamente, tratando de frenar esa nueva correlación de fuerzas y continuar en el mando de la Casa Blanca, los sectores más radicales de Florida, en alianza con la Casa Blanca, han forjado una alianza para llevar la confrontación contra Venezuela hasta un extremo bélico que le dé los réditos electorales esperados.

Justamente por eso también la postura de los demócratas de utilizar su poder mediático para impugnar esta estrategia que busca exportar la crisis estadounidense hacia Venezuela. En su cálculo, a medida en que sigan obstaculizando la ampliación del muro de Trump y reforzando la tensión interna por el cierre del gobierno federal, piensan desgastar a la administración republicana a tal punto que eso se traduzca en votos a favor. Desgastar y desacreditar a Rubio, colocarlo como un personaje que no cumple sus promesas, es de igual forma una apuesta para frustrar el voto republicano.

Así, la publicación del NYT se acomoda al contexto de la política interna de Estados Unidos y es también un reflejo de las altas tensiones que vive su clase política, para la cual la cuestión venezolana es vista y utilizada como una herramienta de sabotaje, desgaste y búsqueda de votos.

Al cierre de esta nota el autoproclamado Juan Guaidó anuncio "la entrada de la ayuda humanitaria para el 23 de febrero" y el senador Marco Rubio implora por su cuenta Twitter que el alto mando militar del país revierta su apoyo a la Constitución antes de que las garantías para suspender las sanciones personales desaparezcan.

Desde hoy hasta esa fecha, muy probablemente la retórica de la intervención aumentará sensiblemente y la Casa Blanca buscará seguir propiciando las condiciones para que, bajo el formato de la Responsabilidad de Proteger, se estimule una intervención multinacional (junto a Colombia y Brasil) contra Venezuela, que sobrepase los límites institucionales del Senado estadounidense, la OEA y del propio Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde se ven debilitados por el poder de veto de Rusia y China.

La crisis política estadounidense ha tenido como resultado geopolítico que la situación en Venezuela sea un aspecto definitorio para las elecciones presidenciales de 2020, donde el ala radical de Florida busca mantener sus cuotas de poder y los demócratas quitarle el trono a Trump.

Para Marco Rubio, Mike Pence, Mike Pompeo y John Bolton, un quiebre violento en Venezuela o una intervención está íntimamente relacionada a su sobrevivencia política y la de Trump como presidente. Ellos mismos se enredaron en esa trampa.

 

          

Fuente: William Serafino/Mision Verdad

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