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Antes de que sea tarde EEUU debe poner fin a su intervención en Yemen

Por Mohsen Khalif Zade

El nivel de la intervención de EE.UU. en los asuntos internos de Yemen y la violación de la soberanía de este país árabe fue más allá de la imaginación.

La cadena local Al Masirah divulgó recientemente una serie de documentos clasificados y de alto secreto de la embajada de EE.UU. en Yemen, que revelan la injerencia de Washington en los asuntos internos del país árabe.

Los documentos pertenecían a los hechos ocurridos en 2014, antes de que un levantamiento popular derrocara el expresidente yemení Abdu Rabu Mansur Hadi el 20 de enero de 2015. Los escritos incluían directrices del anterior embajador estadounidense, Gerald M. Feierstein.

Las filtraciones también expusieron las directrices estadounidenses a las autoridades yemeníes para que trasladasen las llamadas “Unidades Antiterroristas”, del Ministerio del Interior, al Ministerio de Defensa, y convertir así estas unidades en fuerzas de seguridad para proteger las fronteras terrestres y marítimas de Yemen.

Además, EE.UU. ordenó al Gobierno yemení que emitiera decretos presidenciales para nombrar varios comandantes militares para diversos puestos, incluido un nuevo comandante de las fuerzas de operaciones especiales yemeníes, su adjunto y el subjefe del Estado Mayor.

Por separado, los documentos emitidos por la Oficina de Seguridad Nacional de Yemen en ese momento revelaron el papel de EE.UU., y su estrecha supervisión sobre la destrucción de los sistemas de defensa aérea yemeníes, principalmente el sistema de misiles tierra-aire y de corto alcance Strela (SAM).

A principios de este año en curso, una fuente de seguridad yemení dijo que EE.UU. había destruido los misiles de defensa aérea del país durante el mandato del asesinado presidente yemení Ali Abdulá Saleh, alegando que las armas podrían caer en manos de la red terrorista Al-Qaeda en caso de que la entonces Administración yemení fuera derribada por el levantamiento popular.

La fuente dijo que una delegación estadounidense — que estaba compuesta por el gerente de la Oficina de Remoción y Reducción de Armas (PM/WRA), en la Oficina de Asuntos Político-Militares del Departamento de Estado, Dennis F. Hadrick, el oficial de enlace Santo Polizzi, el experto técnico Niels Talbot, la subdirectora de programas de la Oficina de Contraterrorismo y Lucha contra el Extremismo Violento del Departamento de Estado de EE.UU., Laurie Freeman, y el agregado militar de la embajada de EE.UU. en Saná — se reunió con funcionarios del Ministerio de Defensa de Yemen, en aquel momento, para presionarlos para que entregasen los misiles para su completa destrucción; sin embargo, la demanda estadounidense inicialmente fue rechazada.

La fuente agregó que a Ammar Muhamad Abdulá Saleh, sobrino del entonces presidente yemení y en aquel momento subdirector de la Oficina de Seguridad Nacional, se le encomendó la tarea de persuadir a los oficiales militares yemeníes para aceptar la propuesta estadounidense y destruir los misiles de defensa aérea a cambio de grandes sumas de dinero.

Otros documentos mostraron que las actividades de EE.UU. solo servían a sus intereses de seguridad nacional, sin tener en cuenta los intereses de Yemen. También revelaron la interferencia directa de EE.UU. en las labores de la Agencia de Seguridad Nacional de Yemen y la relación sospechosa entre los oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y miembros de la Agencia de Seguridad Nacional de Yemen.

EEUU es cómplice de crímenes de guerra en Yemen

Desde que Arabia Saudí y sus aliados lanzaran una guerra en Yemen, en marzo de 2015, EE.UU. ha brindado su pleno apoyo a una implacable campaña aérea, en la que aviones de combate y bombas saudíes han destruido emplazamientos e infraestructuras civiles.

Cuando se cuestionó por qué EE.UU. sigue ayudando al régimen saudí en una campaña de bombardeos que ha matado a miles de civiles en Yemen, los funcionarios de la Administración estadounidense, presidida por Donald Trump, han respondido que la participación estadounidense en esta contienda está ayudando a contener las bajas innecesarias.

No obstante, esta fue una mentira destinada a ocultar uno de los aspectos menos entendidos del apoyo de EE.UU. a Arabia Saudí y sus aliados en Yemen: el tema no es que las fuerzas lideradas por Arabia Saudí no sepan cómo usar armas de fabricación estadounidense o necesiten ayuda para elegir objetivos, la cuestión es el silencio de EE.UU. ante tales crímenes.

La coalición dirigida por Arabia Saudí ha atacado deliberadamente a civiles y a la infraestructura de Yemen desde los primeros días de la guerra, y los funcionarios estadounidenses lo han reconocido desde al menos 2016, pero no han hecho nada para detenerlo.

Dado que menores, madres, ancianos y otros no combatientes siguen muriendo bajo una lluvia de bombas fabricadas en EE.UU., la razón fundamental de la Administración de Trump se está diluyendo y se está convirtiendo en un asunto delicado en plena temporada de elecciones en el país norteamericano.

Un grupo creciente de legisladores de ambos partidos y funcionarios de la actual Administración y de la anterior también, así como el exvicepresidente Joseph Biden, candidato presidencial por el Partido Demócrata, dicen que la participación estadounidense en la guerra de Yemen debe terminar. Afirman que, en lugar de ayudar a detener la matanza de civiles, EE.UU. se está metiendo sus ensangrentadas manos en el atolladero.

En septiembre pasado, un equipo de investigadores del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) presentó un informe devastador que detallaba cómo EE.UU., junto al Reino Unido y Francia, es probablemente cómplice de los crímenes de guerra en Yemen debido a las continuas ventas de armas y al apoyo que ofrecen a los saudíes y sus aliados en la guerra de Yemen.

EE.UU. mira para otro lado mientras sus aliados cometen crímenes de guerra en Yemen, y elude la responsabilidad de instigar la peor crisis humanitaria del mundo. Sin embargo, en lugar de tomar medidas para abordar las atrocidades cometidas en el país más pobre del mundo árabe, Washington ha hecho todo lo posible para ocultarlas.

Aumenta el riesgo a que funcionarios estadounidenses sean acusados ​​de crímenes de guerra por un tribunal extranjero o un tribunal internacional. Incluso en noviembre de 2015, a menos de un año del inicio de la guerra saudí en Yemen, la ONG pro derechos humanos Human Rights Watch (HRW) advirtió que EE.UU. podría ser responsable de violaciones de las leyes de guerra en Yemen.

Casi seis años después, el Proyecto de Datos de Eventos y Conflictos Armados estima que 112 000 personas han muerto en Yemen a causa de las hostilidades, incluidos 12 000 civiles. Millones más sufren o han perecido por el hambre causada por el bloqueo de la coalición liderada por Arabia Saudí, una situación que se ha agravado en los últimos meses por el nuevo coronavirus, causante de la COVID-19.

Transcurridos más de cinco años desde el inicio de la guerra saudí en Yemen, ya llegó el momento de que EE.UU. revise sus políticas injerencistas en este país y pida cuentas a los directamente responsables de atacar a civiles, torturar a detenidos, desapariciones forzadas y otros delitos cometidos en Yemen, antes de que sea muy tarde.

Con el centro de atención nuevamente puesto en Yemen, es fundamental que el Congreso de EE.UU. aproveche esta oportunidad para reafirmar su autoridad constitucional y forzar a la Administración estadounidense a que ponga fin a su complicidad en la tragedia humanitaria en la tierra de la reina de Saba.

La Constitución es clara. El Congreso de EE.UU. tiene el poder exclusivo de tomar decisiones sobre la guerra y la paz. Al forzar más votos para poner fin a la participación de EE.UU. y a la venta de armas para la guerra en Yemen, los legisladores pueden poner fin a la participación destructiva de Washington en la brutal guerra saudí en Yemen. El momento de que el Congreso actúe es ahora. La vida de millones de yemeníes está en juego.

 

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Fuente: HispanTv

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