(+) DOCUMENTO COMPLETO LEIDO EN PLAZA DE MAYO POR EL COLECTIVO #NIUNAMENOS

El masivo reclamo se replicó en todo el país y hasta en el exterior. Antes, un paro de mujeres de una hora movilizó la jornada.

Cerca del mediodía, la voz de una mujer en la línea H ya anticipaba el clima de rabia de mujer que se abriría paso otra vez para sorpresa del orden establecido. La voz correspondía a la conductora de un convoy del subte H que avanzaba hacia Jujuy. Después de anunciar la siguiente estación, la voz de la mujer advirtió: “Cuide sus pertenencias, pero también cuide a las mujeres, que no son sus pertenecias. Ni una menos, vivas nos queremos”.

A las cinco de la tarde, lejos de la línea H, pero muy encima del reclamo, en la Diagonal Norte, a la altura del cruce con Sarmiento, ya había sido tomada por el luto. Pantalones, faldas, camperas, sacos, mucho paraguas, el color negro vestido en mujeres sueltas, en mujeres en racimos, solas, acompañadas, con sus parejas cualquiera fuese su género, con padres, hermanos, amigos, hijos, vaya uno a saber, mujeres encolumnadas o de participación espontánea, sueltas como se empieza a decir para dar nombre a la inmensa participación de mujeres impulsadas por sentirse en si mismas. Llegar desde Diagonal hacia el Obelisco, a esa hora, ya daba impresión y cerraba la garganta. Esta, quizás sea una crónica de eso, de la emoción anudada como testimonio de una impresionante convocatoria lograda por las mujeres.

A esa misma hora, la multitudinaria marcha convocada por Ni Una Menos a partir de la horrible muerte de Lucía Pérez, en Mar del Plata, era replicada por miles y miles de mujeres, miles de Lucías, en todo el país, en Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia, México, España, Francia, que marcharon con la absoluta y cada vez mayor convicción de que cualquiera de ellas ya es víctima de sujeción, relegada económicamente, laboralmente, en el hogar, en las costumbres, en los cuidados, en las miradas callejeras, en la precariedad, en la pobreza, en la política, en las cárceles, en los delitos, en la mirada de la justicia. Y su expresión más violenta: los femicidios. Tres horas antes había finalizado con notable éxito el primer paro de mujeres en la historia de Latinoamérica y el primer paro que estalló en las narices de Mauricio Macri.

El cantito se lo dedicaron. La cabeza de la marcha, las mujeres de Ni Una Menos cantaban con furor “Sí se puede/ sí se puede/ el primer paro a Macri/ se lo hicimos las mujeres”. ¿Un paro? ¿Quién? ¿Mujeres? ¿Cómo van a hacer sin estructura? ¿Sin gremios? Lo hicieron. Pusieron el cuerpo.

Fue absurdo concertar una cita para encontrarse en una esquina atravesada por la marcha, porque resultaba imposible entre tanto paraguas abierto. Paradójico desencuentro en un multitudinario encuentro.

A pasos del Obelisco, una chica alta posaba para un fotógrafo, orgullosa de su cartel manuscrito: “No llueve, son lágrimas”, mientras las lágrimas caían a su alrededor sin respetar pancartas, carteles ni nada. Daba ganas de llorar de emoción, porque la alegría como tal no cuajaba con el luto, sólo por eso. Porque la inmensa presencia de manifestantes empujaba a la felicidad de haberlo hecho otra vez, sin un peso, sin que nadie aportara ni una SUBE para llegar a la asamblea, porque el aporte externo fue el descrédito. Ellas pusieron el cuerpo y lo hicieron. Otra vez una rebelión de mujeres en la que los semáforos del poder de la city fueron esculturas inútiles y decadentes.

No fue sencillo encontrar la cabecera de la marcha. La espontaneidad fue la marca de ésta como de la segunda Ni Una Menos. La concentración en el Obelisco se organizó (nunca mejor el reflexivo) a medida que se iba llegando con lo que, como las vetas en los troncos de los árboles, el armado de las columnas fue concéntrico. En un momento, los bordes del círculo crecieron a tal punto que el Obelisco había sido desbordado, y las columnas comenzaban a avanzar cada una por su cuenta por Diagonal, alguna por Sarmiento, otras por Carlos Pellegrini y la principal, la cabecera de Ni Una Menos, ocupando el ancho de la 9 de Julio mano hacia el Sur. También la mano hacia el norte había sido tomada llevando a la inutilidad la división del metrobús.

¿Cuántas mujeres se habían concentrado allí? Difícil de saberlo. La multitud de paraguas hacía imposible ver a más de diez metros. Desde una perspectiva de la 9 de Julio, otra vez la garganta se anudaba. Desde la cabecera de Ni Una Menos, ubicada pasando Perón, a todo el ancho de la mano sur, estamos hablando de la 9 de Julio, la columna pasaba el Obelisco y, claro, el desorden de la espontaneidad y de la desobediencia al deber ser hacía que otras columnas continuaran por Diagonal, se animaran por Corrientes y por las calles laterales. Miles y miles.

Entre ellas, a la cabeza, Nina Brugo y Martha Rosemberg, María Pía López, las periodistas Marta Dillon y Mariana Carbajal, Florencia Minici, Vanina Escales, entre otras. Todas aferradas a un cartel rosa con el lema Ni Una Menos, Vivas Nos Queremos. Detrás, a unos diez metros, la bandera verde de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Faltaban 15 minutos para las seis cuando arrancó la cabecera de la convocatoria, al grito de “Alerta. alerta/ alerta que caminan/ mujeres feministas por America Latina”.

Quince minutos más tarde, las niunamenos habían llegado hasta 9 de Julio y Avenida de Mayo. La lluvia, las lágrimas, eran copiosas. Nadie aflojaba, al contrario, se sumaban. En Avenida de Mayo, la cabecera giró. Las de adelante se miraban cada tanto entre sí, tragaban antes de hablarse o se fundían en un abrazo que habilitaba la insensatez de las lágrimas que se mezclaban con las que lloraban desde el cielo. Eran todas Lucía Pérez y cada una de las chicas muertas durante este año, durante el anterior, durante cada año.

Sobre Bernardo de Irigoyen, desde el Sur, llegaba una importante columna de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), que ofreció su sede para las asambleas que dieron lugar a esta marcha. Al llegar a Avenida de Mayo se detuvo. Después de una breve conferencia las niunamenos avanzaron por avenida de Mayo mientras que ambos lados, las mujeres de CTEP flanqueaban su paso con aplausos y cánticos. No más caminar acompañando la cabecera provocaba una cerrazón en el alma, para qué decirlo de otra manera, daba ganas de llorar de emoción.

“Faltan las travas! faltan las travas!”, gritaba una travesti mientras una compañera agitaba una pancarta con el lema “Furia Trava”. “Basta de travesticidios”, se leía en la remera de una de ellas, mientras se enteraba que las travestis avanzaban a varias cuadras de allí. Mientras, la columna continuóahora con carteles negros en manos de las mujeres que portaban la bandera estandarte de Ni Una Menos. “#NosotrasParamos, #NiUnaMenos, #VivasNosQueremos, 19 de octubre de 2016”, se leía en letras blancas con fondo negro.

Semejante manifestación multitudinaria de rabia, porque era eso, de rabia, no podía respetar los cánones del orden establecido. Como ocurrió en la segunda marcha de Ni Una Menos, y posiblemente en las de los Encuentros nacionales de mujeres, primó el desorden y la resolución espontánea y horizontal de cada dificultad.

En este caso, avanzar por Avenida de Mayo no fue fácil. Principalmente porque las otras columnas que ya habían partido para llegar a Plaza de Mayo, donde se encontraba el escenario en el que se leería el documento del reclamo, ocupaban la avenida mirando hacia la plaza, con lo que daban la espalda a la cabecera que avanzaba. Las mujeres que hicieron de organizadoras del avance, lo que en las marchas comunes se denomina seguridad, pero que en este caso deberían denominarse abretesesamo, fueron abriendo paso pidiendo a las espaldas de las densas columnas, que abrieran paso a la cabecera que avanzaba por detrás. ¿Desorden? Tal vez, depende del punto de vista. El tránsito un día común a la salida bancaria, es peor, por la carga de agresividad que lleva y por la lentitud que desarrolla. Ayer, sin semáforos y sin policía, la marcha avanzó.

Sin policía, hay que decirlo. Se notó su inutilidad o costumbre de liberar zona, habrá que verlo. El principal desorden que sufrió la marcha, paradójicamente, vino de la mano de los presuntos guardianes del orden. Al llegar a Tacuarí, por avenida de Mayo, la cabecera se topó ya no con columnas de manifestantes sino con que los uniformados habían liberado el tránsito por avenida de Mayo desde Chacabuco. Una cuadra maciza de autos que no podía regresar ni avanzar porque llegaba la columna.

Imposible. Hubiera dicho cualquiera como se venía diciendo en relación a la concreción del primer paro de mujeres y a la tercera marcha de Ni Una Menos. Imposible. Pero no. Sin un solo uniformado que se hiciera cargo, las abretesesamos fueron ordenando a los malhumorados conductores, desviándolos o haciéndolos retroceder. Increible, en 22 minutos limpiaron al paso una cuadra atestada de autos.

Abrir el paso fue un festejo. Todas y todos en la cabecera festejaron, las niunamenos, las y los manifestantes, las y los periodistas, todas y todos gritaron, pura alegría descubrir que lo habían logrado.

“Yo sabía/ yo sabía/ que a los violadores/ los cuida la policía”, cantaban las manifestantes de la cabecera mientras el canto se replicaba en miles.

“Che Mauricio/ no te lo decimos más/ si nos tocan otra piba/ que quilombo se va a armar”, hizo eco apenas llegaban a la base de la plaza, Avenida de Mayo y San Martín, mientras cantidades de selfies de manifestantes buscaban capturar su imagen con el fondo de la marcha que desafiaba al statu quo.

Después fue dar vuelta a la plaza para descubrir por dónde entrar ya que los uniformados tampoco es que hubieran desalojado de autos la vereda.

En el escenario, la lectura final del documento ante una plaza que desbordaba de lágrimas, de paraguas, de luto y de rabia, sentó las razones de por qué “Nosotras paramos: para detener la violencia femicida”. “Paramos contra el disciplinamiento que implica que Milagro Sala esté presa por mujer, por indígena, por haberse organizado”, “contra la detención y el procedimiento judicial irregular que mantiene como rehén a Reina Maraz, migrante quechua hablante”, presa de una “justicia misógina”. Para denunciar la discriminación laboral, económica y cultural que precariza a las mujeres, les quita autonomía y las prepara como cuerpos baratos para el patriarcado.

DOCUMENTO COMPLETO LEIDO EN PLAZA DE MAYO POR EL COLECTIVO #NIUNAMENOS

Nosotras paramos.

Contra los que nos quieren parar. Mientras transcurría el 31 Encuentro Nacional de Mujeres, violaban y asesinaban a Lucía en Mar del Plata. Un año antes, habíamos sido reprimidas en esa ciudad, como este año en Rosario.

Nosotras paramos.

Para que no nos paren con su pedagogía criminal. Para hacer pedagogía nosotras, porque juntas vamos a construir una sociedad sin machismo. Porque libertad implica desmontar definitivamente el patriarcado.

Nosotras paramos. Porque nos duele y nos indigna que en este mes de octubre ya se cuenten 19 muertas. Paramos porque para detener a la violencia femicida necesitamos plantarnos desde la autonomía de nuestras decisiones y esto no es posible mientras el aborto no sea legal, seguro y gratuito para todas. Mientras las variables económicas sigan reproduciendo la violencia machista: porque nuestras jornadas laborales son dos horas más largas que las de los varones, porque las tareas de cuidado y reproductivas caen sobre nuestras espaldas y no tienen valor en el mercado de trabajo.

Porque la desocupación crece dos puntos cuando se habla de mujeres, porque la brecha salarial es, en promedio, de un 27 por ciento. Es decir, que a igual trabajo, las mujeres ganamos mucho menos que nuestros compañeros.

En un contexto de ajuste, de tarifazos, de incremento de la pobreza y achicamiento del Estado como el que propone el gobierno de la Alianza Cambiemos, nosotras nos llevamos la peor parte: la pobreza tiene rostro femenino y nos coarta la libertad de decir no cuando estamos dentro del círculo de violencia.

II

Nosotras paramos.

Paramos contras las balas que intentan detener nuestra fuerza. Una fuerza que crece en encuentros, movilizaciones, debates. Fuerza feminista, fuerza de mujeres.

Paramos contra el disciplinamiento para todas que implica que Milagro Sala esté presa por mujer, por indígena, por haberse organizado, por reclamar no sólo los derechos básicos sino también el derecho de todos y todas a la recreación y la fiesta. Contra la detención y el procedimiento judicial irregular que mantiene como rehén a Reina Maraz, migrante quechuahablante a quien los resortes de una justicia misógina y colonial han condenado injustamente a cadena perpetua. Contra las condiciones que una y otra vez hacen de las cárceles de mujeres espacios donde se amplifican las jerarquías clasistas y racistas. Contra las formas en que en barrios como el Bajo Flores las adolescentes son asediadas y desaparecidas durante días, después de ser amenazadas y chantajeadas, pero también contra el modo en que esos barrios se vuelven cada vez más asfixiantes, tomados por tramas de economías ilegales que habilitan nuevas y más duras formas de violencia.

Contra la política retrógrada que inaugura un centro de detención para migrantes, en un claro retroceso respecto de la legislación vigente.

Paramos tomando la iniciativa. Mostrando capacidad de reacción frente a una guerra contra las mujeres que se escribe día a día.

Nos movilizamos y nos auto-defendemos. Cuando tocan a una, respondemos todas. Por eso, hoy 19 de octubre de 2016 #Nosotras paramos.

Somos las amas de casa, las trabajadoras de la economía formal e informal, las maestras, las cooperativistas, las académicas, las obreras, las desocupadas, las periodistas, las militantes, las artistas, las madres y las hijas, las empleadas domésticas, las que te cruzás por la calle, las que salen de la casa, las que están en el barrio, las que fueron a una fiesta, las que tienen una reunión, las que andan solas o acompañadas, las que decidimos abortar, las que no, las que decidimos sobre cómo y con quien vivir nuestra sexualidad. Somos mujeres, trans, travestis, lesbianas. Somos muchas y del miedo que nos quieren imponer, y la furia que nos sacan a fuerza de violencias, hacemos sonido, movilización, grito común: ¡Ni Una Menos! ¡Vivas nos queremos!

III

Nosotras paramos.

Paramos contra los femicidios, que son el punto más alto de una trama de violencias, que anuda explotación, crueldades y odio a las formas más diversas de autonomía y vitalidad femeninas, que piensa nuestros cuerpos como cosas a usar y descartar, a romper y saquear.

 

La violación y femicidio de Lucía Pérez muestran una línea sostenida contra la autonomía y capacidad de decisión, acción y elección y deseo de las mujeres. Lucía fue considerada una cosa a la que hay que darle hasta que aguante y dejada en una sala de emergencias para hacer creer que había muerto de una sobredosis, intentó tapar la verdad. No fueron las drogas, fueron los machos. La violaron y mataron en Mar del Plata horas antes de la represión en la marcha del final del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario. La reunión más transversal y creativa que moviliza identidades y sensibilidades diversas bajo formas de organización también diversas: colectivos políticos, artísticos, barriales, sindicales, etc. Todas sumamente políticas: porque la política es la lucha insistente por la invención de libertades, por la construcción comunitaria y por la ampliación de derechos.

Como todos los femicidios, el de Lucía también apunta al disciplinamiento de las mujeres y de todas las personas que se rebelan contra los roles que esta sociedad defiende a capa y espada: serás lo que supuestamente es normal o no serás nada. Y no podrás decir NO porque el costo de decir NO será, en el extremo, la muerte.

De un cautiverio a otro. De un tipo de explotación a otras más cruentas. Entre las mujeres menores de 30 años, el desempleo es del 22 por ciento. Precariedad de nuestras vidas. Mujeres convertidas en putas o encarceladas. Trans y travestis reprimidas a diario en las calles mientras no se les asegura su derecho a incorporarse en la vida laboral y se les sigue imponiendo la prostitución como único destino. Mujeres asesinadas por sus parejas o por un empleado. Abusadas por sus padres o golpeadas por la policía. Estamos viviendo una temporada de caza. Y el neoliberalismo prueba sus fuerzas sobre nuestros cuerpos. En cada ciudad y en cada rincón del mundo. No estamos a salvo.

IV

Nosotras paramos.

Porque todas las variables económicas dan cuenta de la violencia machista. Los femicidios son el resultado de una serie de violencias económicas y sociales, de pedagogías de la crueldad, de una cultura del “por algo será”, el “algo habrán hecho” que los permite, los justifica y los avala. No son un problema de seguridad o inseguridad. Luchar contra esas violencias exige una respuesta múltiple. Nos implica a todos y a todas, pero sabemos que a los poderes del Estado y a todas sus instancias (nacional, provincial, municipal), sólo se los hace actuar bajo presión social, impulsada desde abajo. Por eso estamos aquí hoy, en todo el país y en varios países a la vez, diciendo #NiUnaMenos, #VivasNosQueremos.

¿Cómo creamos otro mundo posible si las medidas tendientes a esa transformación como el Programa de Educación Sexual Integral es desmantelado de a poco o directamente no se aplica en varias provincias?

¿Cómo se atreven a comparar las pintadas sobre una pared con el asesinato y tortura a una niña?

¿Cómo nos piden paciencia cuando ganamos un 27 por ciento menos que los hombres por el mismo trabajo?

¿Cómo quieren que nos cuidemos si al mismo tiempo desde los medios de comunicación nos dicen que las que nos vamos solas y amanecemos muertas tenemos la culpa? ¿Cómo quieren que tengamos paciencia si nos sacan la jubilación por amas de casa y no toman en serio el trabajo que significa cuidar a la familia? Sí, trabajo. El 76 por ciento de los trabajos no remunerados los hacemos nosotras. ¿Cómo se atreven a decirnos que nada de esto es tan grave cuando quitan la capacidad de autonomía económica a miles de mujeres cuando las echan de sus trabajos, cuando nos bajan los sueldos, cuando nos amenazan con paritarias cada vez más bajas? ¿Cómo quieren que esperemos cuando nos morimos por abortos mal hechos y nos encarcelan si vamos al hospital con un aborto espontáneo? Y así podríamos seguir. Nadie quiere hacerse cargo de estas preguntas. Y menos quieren pensar respuestas que nos incluyan no sólo como víctimas, muertas, cosas sino como protagonistas con voz propia. Nosotras sí queremos insistir, exigir, preguntar, responder, porque no queremos más víctimas de ningún tipo. Por eso, #NosotrasParamos.

Y este pedido se vuelve regional: Bolivia, Chile, México, Perú, Uruguay, Costa Rica, Guatemala, ElSalvador. En América Latina nos acompañamos entre todas.

Ni Una Menos. Vivas nos queremos

Fuente: Página12

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº41