El pasado 23 de enero comenzó la primera ronda anual del Programa para la Eliminación de la Oncocercosis en América en el Amazonas venezolano. Se trata del esfuerzo por terminar con el último foco continental de esta enfermedad, que se encuentra en la población de frontera entre Venezuela y Brasil.

La oncocercosis es una enfermedad que provoca severas lesiones en la piel y en los ojos, pudiendo llevar a la ceguera. Es transmitida por jejenes y afecta principalmente a los yanomamis, pueblo seminómade que habita en pequeñas comunidades en el corazón de la selva bifronteriza. Su distribución geográfica implicó históricamente esfuerzos de articulación bilateral entre estos países, que entraron en suspenso cuando asumió el gobierno de Temer.

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Mapa del estado Amazonas, Venezuela, que registra las comunidades dentro del programa de salud.

Durante los últimos diez años este trabajo ha sido sostenido por el médico uruguayo Carlos Botto, quien coordina el “Programa Nacional para la Eliminación de la Oncocercosis”. A través del mismo se logró suprimir la transmisión en más del 70% de la población expuesta a la picadura del jején.

El trabajo invisible y la salud yanomami

En el estado Amazonas venezolano conviven más de veinte etnias originarias. En particular, el pueblo yanomami se distribuye en la Reserva de Biósfera Alto Orinoco Casiquiare, región protegida y de accesibilidad muy limitada. Allí no existen carreteras; el transporte más “a la mano” es el fluvial.

El Plan de Salud Yanomami nace como demanda de esta población a partir de la masacre de Hashimu, cuando en 1993 miembros del “garimpo” (minería ilegal) asesinaron a 16 integrantes de esta comunidad. Este modus operandi criminal, denominado “desposesión por despojo”, se aplica desde hace tiempo en varios países latinoamericanos como modo de apropiación de territorio y bienes naturales de manera ilegal, afectando directamente a los pueblos originarios.

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Carlos Botto trabajando junto a Daniel Borges, yanomami que asiste como técnico del programa.

La minería ilegal es también responsable de gran parte de la incidencia de malaria de la región, ya que la deforestación multiplica los reservorios de su vector, el mosquito Anopheles. También contamina los ríos y peces con mercurio, produciendo intoxicaciones en las poblaciones. Además de las afecciones endémicas -propias del lugar-, están las “importadas”. Existe un registro de introducción de enfermedades de transmisión sexual, como HIV, a partir del contacto entre “garimpeiros” y las comunidades yanomamis.

Médicos internacionalistas en Venezuela: sanando el Amazonas

Este tipo de operativos de salud comenzaron en 2006, cuando el presidente Hugo Chávez visitó la zona y ordenó la puesta en marcha del Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en La Esmeralda, capital del municipio Alto Orinoco. Desde el año 2008, el satélite Simón Bolívar -el primero de propiedad estatal venezolana-, brinda las imágenes para la identificación de comunidades, fundamentales para guiar las operaciones.

Los resultados son visibles: el número de comunidades yanomami incorporadas al sistema de salud se incrementó en 153%, pasando de 115 comunidades en el 2006 a 291 en enero del 2017.

El abordaje sanitario es de gran complejidad, por las barreras geográficas mencionadas, el delicado ecosistema y la diversidad cultural. Implica la coordinación entre el Ministerio del Poder Popular para la Salud, el Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y organismos autónomos como el Centro Amazónico de Investigación y Control de Enfermedades Tropicales “Simón Bolívar”.

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Equipos médicos y técnicos son trasladados por helicópteros de la Fuerza Armada de Venezuela.

Los equipos de salud están conformados por médicos graduados de distintas universidades del país y de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). También por médicos cubanos de la internacionalista Misión Barrio Adentro, que aportó el trabajo de más de 20 mil profesionales al sistema de salud venezolano. Estos equipos se distribuyen entre el CDI de La Esmeralda, de mediana complejidad, y los Centros de Salud Popular, de atención primaria en las comunidades, integrados también por agentes y técnicos de diferentes pueblos amazónicos (Yanomami, Jivi, Yekuana, Baré, Curripaco).

En octubre de 2016 tuvo lugar la operación Parima-Siapa, en la que participó la médica argentina Lucía Rabini. Su objetivo se centró en brindar asistencia integral a las comunidades yanomami más remotas del Alto Orinoco y Alto río Siapa, en la frontera con Brasil. Áreas donde sólo se accede por helicóptero.

“El esfuerzo logístico, económico y humano en este tipo de acciones es de gran envergadura: cada hora de vuelo equivale a unos 1600 dólares”, cuenta Lucía. El operativo alcanzó a 39 de las 40 comunidades identificadas y pudo realizarse por el apoyo de los helicópteros de la FANB, que además recuperó seis pistas para avionetas y más de una decena de helipuntos cercanas a la frontera. Otras 252 comunidades fueron visitadas mediante avionetas, embarcaciones y trayectos de hasta 30 días a pie.

“Esta población concibe a la medicina occidental como complementaria a su propia medicina chamánica”, describe la médica. “Allí se puede ver cómo interactúan diferentes universos culturales, cosmogonías y sistemas terapéuticos desde un enfoque que pretende, al calor de las contradicciones de todo proceso, ser de interculturalidad crítica y decolonial”, explica.

“La intervención del Estado venezolano es fundamental ante la amenaza depredadora del capitalismo en esta región”, opina Lucía, que agrega: “Se trata de la supervivencia del pueblo yanomami y de sus saberes, como también de su territorio, que es el pulmón de la Tierra e imprescindible para el equilibrio ambiental del planeta”.

“Estas acciones son llevadas adelante por héroes y heroínas en su mayoría anónimos, militares y civiles, voluntarios de diferentes países y regiones de Venezuela”, explica por su parte Botto, cuyo aporte ha sido central para el desarrollo sostenido de estas acciones y la conformación de equipos que trabajan en la región. En este sentido, enfatiza: “muchos han puesto su integridad física y su vida en riesgo, algunos la han brindado generosamente en la luz y la oscuridad de la selva”.

Producción: Carlos Botto y Lucía Rabini

Fuente: Notas

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38