Posterior a la juramentación del presidente Nicolás Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia, el escenario latinoamericano oscila entre rectificaciones, aflojamiento de posturas y posiciones extremas con respecto a lo estipulado en el último comunicado del Grupo de Lima y al radicalismo que expresan las vocerías de la Administración Trump.

Juan Guaidó entre la confusión, la ambigüedad y los llamados a la violencia

El primer acto del día fue protagonizado por el presidente de la Asamblea Nacional en desacato durante la realización de un "Cabildo Abierto" en la pudiente zona de Altamira, ubicada en el este caraqueño, donde un reducido grupo de personas acató la convocatoria.

Allí, interpelado por las barras bravas de la sociedad civil que pedían que asumiera la presidencia y diera fin al chavismo en un solo grito, ofreció un mensaje confuso y ambiguo en el que intentó hacer equilibrio para ganar tiempo. El medio de comunicación opositor El Estímulo hizo patente la confusión posterior al acto: "¿El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, asumió la presidencia de la República? Sí y no", resaltando el limbo en el que se encuentra el bloque opositor para dar el siguiente paso.  

Mezclando artículos del texto constitucional en forma desarticulada, como el 233 y el 350, y estando fuera del Hemiciclo, intento calmar las presiones asumiendo simbólicamente las competencias del ejecutivo en camino a un "gobierno de transición" que conduzca a nuevas elecciones, pero al mismo tiempo pidiendo el apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), junta a la presión internacional y la movilización de calle, para "hacerlo realidad". Siguiendo a El Estímulo, Juan Guaidó es y no es presidente a la vez.

Ese mensaje laberíntico de Guiadó también puede verse como una rendición de cuenta de los frágiles puntos de apoyo en los que se soporta la agenda de cambio de régimen en curso, que en el campo institucional está determinada por hacer viable la fractura del chavismo, mientras que en el político, por la variante del golpe militar o una intervención extranjera. En resumen: variables que más allá del relato insurreccional en boga no están bajo el mando de las fuerzas locales del antichavismo.  

Aunque el evento fue convocado para diseñar "la hoja de ruta" para lograr la "transición", la sensación posterior en redes sociales ante el juego de palabras de Guaidó fue de desencanto y molestias por un lado, como alegría y triunfalismo, por otro. La percepción final del evento fue un acto reflejo de las tensiones y agendas en pugna que trasversalizan al bloque antichavista entre las vías traumáticas de la intervención y las posturas orientadas a la negociación, que llegaron a su punto clímax cuando la revolución de colores del año 2017 fue desarticulada por la Asamblea Nacional Constituyente.

Para el 23 de enero fue convocada una movilización antigubernamental, manejando el mismo lenguaje simbólico de sedición y violencia apocalíptica que antecedieron las revoluciones de color de años anteriores, pero ahora remasterizado bajo una narrativa de que la caída del chavismo es un hecho institucional.

Por el margen temporal de aquí a la movilización, la oposición pierde el efecto sorpresa y la primacía en el marcaje de los tiempos políticos, mientras que los cuerpos de seguridad del Estado ganan terreno para desarticular la incorporación de componentes armados a las manifestaciones.

Al mismo tiempo, opera la urgencia de Washington y sus alianzas más agresivas (hablamos de Colombia y Brasil, según la planificación inicial de Mike Pompeo), quienes también ven en un escenario de protestas el instrumento para promover la intervención militar o un escalamiento de la que ya existe por la vía económica –mediante banderas falsas o violencia profesionalizada- como "única salida" para dotar de poder material al "único poder legítimo" que existe para ellos en Venezuela: la Asamblea Nacional.

Por ello, lenguaje de disolución y guerra civil que se está empleando desde Washington, deja ver sus intenciones de que la situación escale rápidamente hacia un escenario de caos y fractura de la paz política que ha conquistado el país desde 2017.

El guión del "gobierno paralelo" tiene los mismos autores que el aplicado sobre Libia en 2011.

Reconducción de posturas, rectificaciones y el acelerador de Washington

Esto quedó reafirmado porque mientras Juan Guaidó intentaba calmar los aireados ánimos en Altamira autojuramentándose, el canciller Jorge Arreaza informaba que Argentina, Chile, Costa Rica, Panamá y Guatemala, rectificaban en el punto 9 de la declaración del Grupo de Lima, que cuestionaba los límites territoriales del Estado venezolano en el Esequibo, cumpliendo con el plazo dado por el presidente Nicolás Maduro y reconociendo de facto al Gobierno venezolano al abrir dicho canal de diálogo.  

Por su parte Argentina y Chile, tomaron la decisión de no romper relaciones con Venezuela, dejando la asunción simbólica de Guaidó sin el respaldo esperado y sin la salida masiva de embajadores que se proyectaba para reforzar su posición como "gobierno legítimo".

El chavismo ganó el primer round en la arena internacional luego de la juramentación de Maduro y debilitó la base de apoyo internacional para el aislamiento total planificado por Washington.

Estos hechos, que implican un quiebre relativo en la unidad de criterios del Grupo de Lima, fue respondido por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, con una felicitación a Juan Guaidó como "presidente interino de Venezuela". Recordemos que el relajamiento de estas posturas entran en contradicción con la resolución aprobada por en el Consejo Permanente de la OEA el pasado 10 de enero.

Así, Almagro le marcó la agenda por encima de sus equilibrismos, resolviendo la confusión generada a favor de movilizar el frente más extremo del bloque opositor y tratando de recomponer la vía del desconocimiento total antes las rectificaciones del Grupo de Lima que no beneficiaban precisamente a Guaidó ni a Washington.

Una maniobra que tampoco tiene el copyright de Luis Almagro, sino que empieza con el asesor de seguridad John Bolton y el secretario de Estado, Mike Pompeo, quienes respaldaron a Juan Guaidó llamando a la FANB a deponer al presidente Nicolás Maduro y afirmando la urgencia de que comience la transición.

Corte de caja

Como se ha dicho en anteriores oportunidades, la agenda de cambio de régimen contra Venezuela se demarca y empuja desde el extranjero. Esto implica que el pulseo se vuelva milimétrico y quirúrgico, que bien administrados pueden generar reacomodos por la propia base inestable, heterogénea y contradictoria sobre la cual opera el acoso internacional hacia Venezuela mediante el Grupo de Lima. Justamente esto se evidenció con las posturas en distintas direcciones e intensidades que se han desarrollado desde el 10 de enero.

La internacionalización interesada del conflicto venezolano, coloca a estos gobiernos en una posición que perjudica los intereses económicos y comerciales nacionales, además de sobreexponer sus principales figuras, en política interna, como políticos subordinados a EEUU. Lo que mejor narra los efectos negativos de esta identificación, fue cómo la sobreexplotó Andrés Manuel López Obrador contra Enrique Peña Nieto, con los resultados que ya todos sabemos.

Los gobiernos del Grupo de Lima deben calibrar también su política interna, ya que sus oposiciones utilizan esa subordinación como arma narrativa y de movilización electoral.

En tal sentido y ante las reconfiguraciones del mapa internacional, la reacción de Washington afianza el plan del gobierno paralelo desde la Asamblea Nacional para tantear las opciones antipolíticas de fondo y así disciplinar el concierto regional: revolución de colores, golpe militar, bloqueo y embargo ampliado, intervención extranjera mediante países proxys (como Colombia o Brasil).

Esto es un hecho patente debido a que las posiciones más beligerantes han sido las de Colombia, Brasil (que reconoce a la Asamblea Nacional como "único poder legítimo"), Perú y Paraguay, donde EEUU ha encontrado filtrar la ampliación de sanciones, la regionalización del bloqueo financiero y la base dura para el hostigamiento internacional de Venezuela.

En las últimas 48 horas la narrativa que soporta las agresiones contra Venezuela ha reenfocado sus orientaciones y se ha colocado a las FANB como un actor clave para iniciar la denominada transición mediante un golpe de Estado. Esto nuevamente coloca a la Unión Cívico-Militar como línea principal de defensa venezolana, que en momentos álgidos ha sido decisoria para la paz del país.

 

         

Fuente: Misión Verdad

Frases

Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad
          Simón Bolívar  

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº93

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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