Esta catástrfe natural en México no solo dejó un saldo de más de 300 muertos, centenares de edificios destruidos, sino también toda la miseria que rodea la gestión de gobierno de este país.

Los principales afectados: los pobres y las víctimas de la corrupción

El ex representante de Argentina en la Comisión de Cambio Climático, Osvaldo Girardín, afirmaba en 2011 que posiblemente los principales afectados por las futuras catástrofes naturales serían las personas y los países más pobres por no estar preparados en infraestructura, ni en respuesta rápida para afrontar esta clase de eventos.

32 años después del peor terremoto de México, este país es la imagen perfecta de esta afirmación con datos tan sobresalientes como que la mayor parte de los 47 edificios desmoronados en Ciudad de México se deben a malas construcciones, producidas por pagos a funcionarios públicos para que hicieran la vista gorda con edificaciones que no respetaban las normativas elaboradas después del terremoto de 1985 para que ese tipo de tragedias no se repitiesen.

En esa misma ciudad, la ayuda y los rescatistas se aglomeran en las zonas más acomodadas de Roma y Condesa, mientras que en las afueras los afectados de los barrios pobres denuncian que el gobierno de Enrique Peña Nieto no ha enviado lo suficiente para paliar la grave situación que afrontan. Enfocado en una lógica del espectáculo: Peña Nieto solo ha atendido las zonas donde han pasado las cámaras de televisión.

Denuncia que se repite por parte de ciudadanos de Morelos y Puebla, quienes afirman que la mayoría de la ayuda que les llega es de parte de otros de sus compatriotas, enviada por contingentes particulares que van de ciudad en ciudad hasta esta región considerada como el epicentro del terremoto. Ejemplo claro de esto es el testimonio del profesor jubilado Antonio Ramírez del pueblo San Gregorio de Morelos: "No han tenido ningún apoyo de las autoridades, solo de la gente, a tal punto que hasta los propios militares, en lugar de traer palas y picos, traen metralletas".

El uso de la tragedia como producto de espectáculo

La televisión mexicana, en el mismo sentido, ha utilizado las consecuencias del terremoto para posicionar figuras del espectáculo supuestamente sensibilizadas por la tragedia. Sin embargo, poco han hecho en evidenciar que ni las televisoras, ni los artistas, ni el gobierno de Peña Nieto han entregado más de una bolsa de galletas y chucherías a las comunidades afectadas de Oaxaca, una de las zonas más impactadas por el sismo.

Mucho más tiempo han gastado en dramatizar la historia de una niña llamada Frida Sofía, que supuestamente estaba atrapada bajo los escombros de un edificio caído en el terremoto. El detalle de importancia de esta historia terminó por ser que ni la niña existía ni su historia era real, sino que Televisa la utilizó, en parte, para captar una mayor audiencia en su cobertura de la tragedia, como si se tratase de vender una botella de Coca-Cola o cualquier otro producto de consumo masivo.

Aun y con eso, sobrevuela en el aire si todo el caso no fue realmente un montaje del gobierno mexicano para proyectar su presencia en escenas concretas del desastre, como se preguntaron desde algunos medios digitales mexicanos. 

En cierto punto, estos mismos medios son los que se encargan de ocultar la situación de México con el narcotráfico y la pobreza. Por lo que difícilmente estén interesados en sustituir con telenovelas el hecho de que la misma Agencia de Riesgos del país estima que la gran mayoría de víctimas de catástrofes naturales posiblemente se deban a la corrupción y la pobreza. Poco y nada les sirve desmoralizar a sus consumidores con un México que se cae a pedazos por culpa de los políticos y los empresarios.

 

Fuente: Misión Verdad

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº41