Cada vez que una guerra cambia de modalidad o termina, queda material que la máquina bélica desecha o destruye junto a sus demás enseres obsoletos. No solo costosos bombarderos o acorazados que luego son chatarreados, pues también sobran toneladas de calzoncillos o calcetines que los ejércitos asimismo surten a las tropas que, al desmovilizarse, aún abarrotan sus almacenes. Igualmente sobran escuadrones humanos concebidos y entrenados para servir en operaciones que al cabo dejan de ejecutarse. Sobrantes que vistieron temibles uniformes después aparecen drogados en algún callejón o angustian a sus familias.

Escucharle decir a John Kerry que ya no somos rivales ni enemigos, sino simplemente vecinos, es fuerte. Juro que quisiera verlo así. Quisiera que Gandalf el blanco esgrimiera su bastón y de un golpe encantado borrara tantas oscuridades hechas y dichas, algunas demasiado recientemente. Pero no hay magos a la vista. Sólo la tierra yerma que medio siglo de fuego y demonios más bien han secado.

El análisis debe comenzar estableciendo los móviles de cada gobierno para aceptar este acuerdo que restablecerá las relaciones y permitirá un contacto más cercano entre ambos pueblos, tal como se ha planteado.

Un viejo chiste decía que en Cuba no había golpes de estado porque era el único país de la región donde no había embajada de Estados Unidos. El viernes 14, después de 54 años, la bandera de las barras, las estrellas y las invasiones e injerencias, comenzó a flamear otra vez en La Habana, frente a la Explanada Antiimperialista, donde solía juntarse el pueblo habanero en sus protestas contra la agresiones gringas.

El pasado 20 de julio fuimos testigos de un evento histórico que muchas personas de mi generación jamás pensamos sería posible observar en vida: el restablecimiento pleno de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos signado por la ceremonia de apertura de la Embajada de Cuba en Washington. Al frente de la delegación cubana en dicho acto, estuvo Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de relaciones exteriores del país antillano. La presencia de Bruno (permítanme la licencia) trajo a mi, añejos recuerdos de mi primer encuentro, en 1991, con el entonces joven dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC).

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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Correos del Sur Nº68

 

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