El martes 28 de julio, justo un siglo después de la primera invasión estadounidense a Haití, miles de personas salieron a las calles de Puerto Príncipe y otras ciudades de la semiisla, a protestar contra las nuevas formas de violación a su soberanía y a reclamar “por dios, no nos ayuden más”.

Aunque las misiones de paz ganan espacios mediáticos por los abusos sexuales de los cascos azules, detrás de estos “efectos colaterales” se observa la subordinación del país receptor, así como del que envía soldados, a una estrategia de disciplinamiento que los desborda y está fuera de su control.

En abril de 2014, el World Food Program –Programa Mundial Alimentario– lanzó una alerta sobre la crisis de inseguridad alimentaria de la región norte-oeste de Haití.

A lo largo del año 2014, casi cinco años después del devastador terremoto, en Haití se han celebrado muchas manifestaciones importantes pidiendo a la vez el fin de la ocupación de la ONU (MINUSTAH [siglas en francés de Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití] ), el cese del presidente haitiano Michel Martelly y el del primer ministro Laurent Lamothe, el cual dimitió finalmente en diciembre de 2014.

El apoyo presupuestario para las cuentas del Gobierno Haitiano ha sido sólo de $ 340 millones desde el terremoto. En otras palabras, el 95% de los fondos de ayuda no ha pasado por el gobierno y a desembocado en un sector de ayuda extranjera, a menudo corrupto y sin control. 

Frases

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº51