La controversia chileno-boliviana, llevada a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, derivada del enclaustramiento altiplánico, tras la Guerra del Pacífico que enfrentó a ambos países entre los años 1879 y 1881, ha significado 136 años de disputas.

La importante iniciativa política internacional del gobierno boliviano, en los últimos años, en relación al derecho a un acceso soberano al océano Pacífico ha interpelado directamente a las autoridades chilenas que, como en ningún otro momento de la historia, deberán responder con claridad y compromiso efectivo ante un diferendo originado en la invasión militar de 1879, que significó la apropiación de 400 kilómetros de costa, soberanía marítima y 120 mil kilómetros cuadrados de territorio rico en recursos naturales que pertenecían a Bolivia desde su formación en 1825 y que el propio gobierno de Santiago lo reconoció hasta la Guerra del Pacífico.

Bolivia es uno de los pocos países de América Latina que no tiene costas, debido a la Guerra del Pacífico con Chile, en 1879.

Guerra del Pacífico no fue tal, fue una invasión como ahora efectúan los norteamericanos en los países libres y soberanos para apropiarse de sus riquezas naturales.

Apenas un mes después de las elecciones presidenciales que otorgaron un amplio triunfo a Evo Morales, Bolivia volvió a la carga en el plano internacional: presentó un alegato ante la Corte Internacional de Justicia (Cij) de La Haya, a fin de que el tribunal declare su competencia para tratar la demanda marítima boliviana, presentada el año pasado.

La medida es una respuesta a la objeción anterior planteada por Chile, que consideraba que el tribunal no tiene atribuciones en este caso. La respuesta de Bolivia pide a la Cij que declare que la demanda boliviana se encuentra dentro de su jurisdicción y en consecuencia "se fijen los plazos para las futuras actuaciones", explicó la cancillería boliviana. Como se ve, la cuestión continúa siendo de primer orden para la gestión de gobierno de Evo, quien dirige el Palacio Quemado desde 2006.

La histórica demanda marítima surge a fines del Siglo XIX: fue en 1879 cuando Bolivia perdió allí unos 400 km de costa tras la guerra del salitre con Chile. En los últimos años, con el Movimiento Al Socialismo (Mas) en el poder, se acentuó la política exterior boliviana, llevando la problemática a diversas instancias integracionistas de la región. Un punto álgido, fue la recordada cumbre de la Celac de 2012 en Santiago de Chile, con un fuerte cruce entre Morales y el entonces presidente Sebastián Piñera, anfitrión de la reunión.

El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, sintetizó días atrás la situación con una contundente frase: "una invasión injusta promovida por intereses mezquinos, no de pueblos, sino de empresas y de imperios nos arrebató temporalmente nuestro mar". Más tarde prosiguió que "para que renunciemos a nuestro derecho al mar nos tienen que matar a todos, para que renunciemos a nuestro derecho al mar nos tienen que hacer desaparecer como pueblo, como cultura, tendrán que hacer desaparecer cerros, tendrán que hacer desaparecer la historia".

Esto fue replicado por el canciller chileno, Heraldo Muñoz, quien afirmó que esas palabras "altisonantes, hasta dramáticas, no importan, porque lo que importa son los argumentos que se presentan" en la Cij. Sin embargo, la postura del funcionario esconde otro elemento no menor: es Chile, el que desconoce la competencia de La Haya en dicha demanda, no proponiendo otra solución alternativa al litigio entre ambos países, en busca de "dejar caer" el reclamo boliviano. Bajo esa premisa es que Bolivia, confiada en su argumentación y en un apoyo internacional creciente, pretende una nueva redefinición de la Cij.

La administración de Morales quiere así avanzar en una solución desde La Haya al litigio, tal como sucedió recientemente entre el propio Chile y Perú, intentando lograr una conquista histórica para su país. Sólo el tiempo dirá qué posición triunfará: la de Santiago, que quiere dejar las cosas como están, confiada en que la Cij no tomará el reclamo; o la más audaz, pero a la vez también diplomática, de La Paz.

Fuente: Adital

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