Lejos de los sueños de una red de iguales donde ni Estado ni empresas podrían someter a las mayorías, Internet comenzó su adaptación hacia un mundo neoliberal perfecto. Se desarrolla con la captura de trabajo no remunerado, flexibilización laboral y control monopólico de nichos del mercado con promesa de ganancias rápidas y muy por encima de las inversiones. Existen pocos grandes ganadores en esta suerte de utopía neoliberal desregulada.

El 15 de diciembre la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos decidió revocar las reglas que impiden a los proveedores del servicio de Internet acelerar, bloquear o hacer más lento el acceso a cierto contenido, aplicaciones o sitios de la red. La administración Trump cumple así su promesa de desmantelar la regulación heredada de su predecesor y puesta en marcha en 2015 para garantizar la neutralidad de Internet. Los argumentos son los mismos que hemos escuchado una y otra vez para justificar la desregulación: la intervención gubernamental es un obstáculo para la inversión y para la introducción de innovaciones, lo que impide refinar el servicio.

La comunicación a través de la red de redes se ha constituido es un espacio de disputa geopolítico que incluye aspectos ligados a la soberanía territorial, la seguridad internacional y a las lógicas de acumulación capitalista. Sólo una mirada ingenua puede describir su actual relevancia como un mero canal de interacción horizontal carente de manipulación digitada por actores políticos y económicos cuyos intereses están íntimamente ligados al control y a la concentración (y ampliación) de poder.

Pocas personas se han percatado del post aparecido en el blog oficial de Google el 4 de diciembre de 2009. No buscaba llamar la atención, ninguna declaración llamativa ni anuncios impactantes de Silicon Valley, solo unos pocos parágrafos ensartados entre la lista de las palabras más buscadas y una actualización sobre el software financiero de Google.

Antecedentes: Vale la pena retomar la definición sobre el poderdel británico Correlli Barnett: El Poder de un país no consiste solamente en su fuerza armada, también en sus recursos económicos y tecnológicos; en la destreza, previsión y resolución con que se conduce su política exterior; en la eficiencia de sus organizaciones políticas y sociales. Consiste en la nación misma, su gente, habilidades, energía, ambición, disciplina, iniciativa, creencias, mitos e ilusiones.Y además, en la forma en que todos estos factores están relacionados entre sí.

Frases

"Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano."

Hugo Chávez

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº87

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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