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Algo más sobre la noticia-mercancía

La prensa venezolana pudiera ser un ejemplo lo suficientemente rotundo para concluir en un solo párrafo el objeto de este análisis: tuvo su etapa de aprendizaje y su auge, y ahora chapalea en la hez de su decadencia. No ha llegado la hora de hablar de la muerte de la industria que compra/vende mentiras y propaganda bajo el rótulo de "periodismo", pero hay algunas señales claras: como ciertas especies que se alimentan de sus propios restos mortales, el charlero estandarizado como analista se las ha arreglado para proclamar que su deterioro, ya irreversible a estas alturas, es obra de su enemigo. La dictadura, tú sabes.

Prodigio milagroso: ese enemigo que se supone lo bastante sangriento para herirte de muerte es al mismo tiempo la fuente de tu sobrevida, y en algunos casos también de tu opulencia. La credibilidad y la calidad de algunos periodistas y de algunas aventuras periodísticas, factores que alguna vez mantuvieron en pie al negocio de la información, se han ido hace un rato a las cloacas de la vergüenza, pero en esta década ha surgido de pronto el factor emergente, el gran generador de limosnas: la industria de la lástima y el falso heroísmo. Si necesitas financiamiento, habla y compórtate como si te estuvieran persiguiendo y lacerando "por pensar distinto".

Los premios de periodismo se han convertido en el salvavidas y en la vía para drenar recursos hacia los venezolanos dispuestos a hacer propaganda sucia, y de paso autopromocionarse como sobrevivientes de un presunto holocausto contra la información. Aparte y a través de mecanismos no siempre visibles o legales, está el financiamiento directo de la USAID, la NED y otros tentáculos de la administración estadounidense a quien mantenga encendido el relato del suplicio y la destrucción de un país. A quién va a provocarle vivir en democracia, si el negocio del momento es denunciar dictaduras reales o ficticias.

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Pero los avisos y señales del quiebre no provienen solo de Venezuela. Hace un rato no tan largo (17 de septiembre) el New York Times anunció el cese de su edición en español, en una cortísima nota que no destiló, pero para nada, el consabido tono de nostálgica lamentación usual en estos casos. Dice el pasaje más esclarecedor de esa nota:

"Lanzamos NYT en Español como parte de un experimento que expandió nuestra cobertura a diferentes idiomas, en un intento de alcanzar y atraer más lectores internacionales. Si bien el sitio Español atrajo a una considerable nueva audiencia hacia nuestro periodismo, y produjo regularmente artículos de los cuales estamos orgullosos, no demostró ser financieramente exitoso".

Y ya: el objeto del periodismo (y sus "experimentos") no es informar sino hacer plata. Nada que no se haya dicho hasta el cansancio en las últimas dos décadas.

Hay otros objetos que no se revelan así como así, pero que están flotando en el ambiente como ciertos olores desagradables que todo el mundo percibe pero nadie se atreve a comentarlos. Por ejemplo, destruir o ridiculizar a un adversario; toda vez que la administración Trump ha invertido esfuerzos, tiempo y recursos en desestabilizar y precarizar la vida en Venezuela, el Times invirtió también lo suyo en desnudar las maniobras de la banda Trump para conseguirlo. De esa confrontación sorda entre el patriarca del periodismo gringo con el presidente actual nacieron piezas periodísticas insólitas, como aquella en la que el periódico arrastró por el piso el coleto de la operación sicológica conocida como "ayuda humanitaria". Ya hubiera querido el periodismo o la propaganda chavista producir un material como ese; ya hubiera querido la extrema derecha continental que el Times se hubiese callado la boca.

Pocos meses transcurrieron desde ese y otros atrevimientos del portal, y de pronto el bicho queda "fuera del aire". ¿De verdad suena a negocio no rentable, o a que Trump maniobró a la sombra para meter a ese segmento del Times en la onda de los muchos bloqueos y amenazas de sanción contra todo lo que no ataque a Venezuela? El director del portal silenciado publicó el día del cierre un tuit que pretendió ser más misterioso que explícito: "El show de Trump no durará para siempre". López sabe o sospecha cosas que los simples curiosos no sabemos.

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Hace pocos días el Defensor del Lector del diario El País (España) publicó algo con ánimo de reparación o corrección, y terminó pecando de cínico. El artículo que publicó en su sección se titula "Bombas durmientes", y comienza con esta metáfora de la autodestrucción:

"Cual artefactos explosivos enterrados tras las guerras, los datos erróneos no rectificados quedan peligrosamente emboscados. Sin embargo, cada una de esas bombas periodísticas durmientes puede estallar en cualquier momento para dañar la credibilidad de quien la difundió. Le acaba de ocurrir a EL PAÍS".

Se refiere el Defensor, Carlos Yárnoz, al hecho de que el mencionado pasquín se unió a la liturgia antivenezolana que acusaba a Maduro de haber incendiado los camiones de la "ayuda humanitaria" durante el show de Cúcuta (23 de febrero), y que nunca lo había desmentido o rectificado, pese a que ya todo el mundo (empezando por el NYTimes) sabe hace rato que los incendiarios fueron guarimberos antichavistas. El problema con Yárnoz es que se atribuye él mismo un mérito: "Siete meses después, un lector nos lo echa en cara y destapa el soterrado obús". La misión del Defensor del Lector es en realidad defender otro asunto: "Sirva esta columna para aclarar una cadena de equivocaciones de hace más de medio año. Nunca es tarde para desactivar una bomba durmiente y eliminar así una amenaza latente para la credibilidad del diario".

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Está otro asunto paralelo o complementario a este de la noticia-mercancía, y es el periodista-show. Con tal de vender, ciertos medios son capaces de captar a elementos como un Jaime Baily.

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Hace unos días reaparecimos en el circuito de los foros o conferencias sobre periodismo, comunicación y medios. Dije allí algo que tenía que decir, a saber: hace rato dejé de participar en ese tipo de actividades porque ese esquema o formato del especialista, experto o tótem que da clases magistrales sobre temas de comunicación ya se agotó, está en quiebra, está desprestigiado o en proceso de liquidación. En la década pasada anduvimos muy activos recorriendo el país diciendo cosas que para entonces eran impactantes y novedosas (sobre la muerte del periodismo, sobre la disolución del periodista intocable y dueño de la verdad, sobre la voz predominante en los medios, que no es la del periodista sino del dueño del medio), pero en este tiempo de masificación del tema comunicacional, en que todo el mundo se para en cualquier esquina a hablar del periodismo-mercancía y de operaciones sicológicas con una fluidez que da orgullo, ya debe ir ensayándose otra forma de abordar un tema sobre el que la ciudadanía en pleno hace rato perdió la ignorancia y la inocencia.

Con todo, parece no haberse extinguido ese público dispuesto a creer en cualquier cosa que le refuerce sus rabias o sus miedos, y a veces tambien su optimismo. Criterio de autoridad: si lo dice el Times (o VTV, o La Patilla, o el palabreador de moda) entonces es verdad.

Habrá que redimensionar ciertas cosas que hemos gritado en tono más alto de lo prudente. Ensayemos: el periodismo tal vez ha muerto, pero es el cadáver más activo de todo el cementerio de la cultura industrial y post industrial de Occidente.

 

          

Fuente: Misión Verdad

Frases

 

“Tenemos que unirnos porque el mundo lo acelera todo y sino aceleramos nuestra unidad, ese mundo se viene contra nosotros”

Hugo Chávez
 
 

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº114

 

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