Informar no es tarea fácil. El periodismo de guerra es, tal vez, el más complejo. Inmerso en una batalla sicológica, está destinado a crear una opinión pública sumisa, acorde con los objetivos militares. Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para Occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. En esta guerra todo vale. Hasta el Vaticano se ha decantado. La Iglesia se siente amenazada y decide apoyar a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. El papa Francisco se quita la careta, se decanta por la oposición, que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. Lo mismo hizo la Iglesia en Chile con el gobierno de Salvador Allende, en 1973. Apoyó el golpe. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde. Miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es siempre el mismo: la fe está en peligro y la amenaza a los católicos.

La mayor parte de los medios de comunicación españoles han utilizado la violencia durante la jornada electoral en Venezuela para cargar contra “la represión del régimen de Maduro”, a pesar de que se trataba de ataques de los grupos de encapuchados que colaboran con las marchas opositoras. Así lo reseña Pascual Serrano en el medio digital español Público.

Caracas iba a amanecer como ciudad sublevada. Eso se podía imaginar al leer las declaraciones de los dirigentes de la derecha. Era el día uno del paro de 48 horas, una medida destinada a escalar la presión de calle para impedir las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente del próximo domingo 30 de julio. La realidad fue otra: Caracas se pareció a un día feriado en algunas zonas.

 

Una amiga de origen venezolano y vasco formuló la pregunta: «¿Que diría la prensa si alguien atacase en Madrid la sede del Tribunal Constitucional?» La respuesta era obvia; la manipulación mediática y la doble vara de medir respecto a Venezuela se han convertido en diarrea pestilente y diaria.

«La verdad es la primera víctima de la guerra», dijo Esquilo, predecesor de Sófocles y Eurípides, considerado el creador de la tragedia griega, 500 años antes de nuestra era. Lord Ponsonby es recordado por la declaración:«Cuando se declara la guerra, la verdad es la primera víctima», que hizo en su libro Falsehood in Wartime: Propaganda Lies of the First World War (La falsedad en tiempo de guerra: Las mentiras de la propaganda de la Primera Guerra Mundial, 1928).

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46