En Nicaragua cualquier hijo de vecino puede ser periodista. Basta que cualquier atrevido grabadora en mano y sin baterías o con una libreta –aunque no sepa escribir- se acerque a cualquier persona que esté dando una declaración para que se crea la mentira de que efectivamente tiene a su alcance un reportaje o una noticia y que eso lo convierte inmediatamente en periodista.