Sobrevolar la realidad se ha convertido en el deporte preferido de muchos analistas. En esta nueva época de lo exprés, cada vez son más frecuentes los exámenes aéreos. Sorprende que cualquiera pueda escribir al mismo tiempo de Venezuela, Ecuador, Paraguay o Brasil como si conociera cada casuística en profundidad. Cada vez que asoma una coyuntura atractiva, surgen venezolanólogos, ecuatorianólogos, paraguayólogos, brasileñólogos... Con Google bajo el brazo, se atreven a pontificar y sentenciar sin leer la letra pequeña de cada caso.

Habrá que empezar a desinstalar contenidos. Contenidos que no se encuentran en los prodigiosos aparatos con los que habitualmente interactuamos, sino en el gigantesco disco duro con el que contamos desde el mismo día en el que nacimos. Sin embargo, es aquél con el que menos interactuamos, al menos intencionalmente.

Desde hace varias semanas grandes medios de comunicación se han volcado publicando informaciones en las que se alerta sobre la creciente escalada de violencia en Venezuela en el marco de las protestas opositoras al Gobierno de Nicolás Maduro.

Hannah Arendt retrató la mentira política como la negación de la verdad factual, acompañada de imaginación. El uso de la publicidad y una elaborada estrategia de propaganda masiva en la esfera sicológica se encargarían de crear estados de ánimo, emociones y sentimientos acordes con el relato fraudulento, en el que es posible dar órdenes con la seguridad de que serán obedecidas sin rechistar.

La posverdad no es un contenido determinado, sino un programa que se instala en la cabeza de la gente y que luego procesa todos los materiales diseñados para ratificar esa convicción profunda. Es por eso que usted ve a unos vándalos destrozando las vías y otros bienes públicos, y piensa que son valientes luchadores pacíficos por la libertad.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38