En estos días los medios de comunicación y las redes sociales se inundan de las escenas de drama, horror y espanto de ese día, y no hay nadie en el planeta que no se llene de indignación ante tal barbarie. Pero no todo el mundo cree que fue la red terrorista de Al-Qaeda los verdaderos actores intelectuales de dicho horror. Ya que ¿acaso estos no fueron creados por los mismos norteamericanos?

E.K. Kolbaniev, oficial en retiro de la inteligencia rusa (SVR), en el sexto tomo de la Historia de la Inteligencia Rusa (2006), escribe sobre la creación de Al-Qaeda por la CIA y el Pentágono y sus verdaderos planes desde la creación de la "Contra afgana". Constituida por unos 350 mil hombres, lograron expulsar al ejército soviético de Afganistán hasta crear un ejército árabe musulmán al mando de varios países como Arabia Saudita y Paquistán, que lucharon contra la URSS propiciando su desintegración a través de la salida de todas las repúblicas (musulmanas) soviéticas de Asia Central.

Planes paralelos de "desintegración" contra la URSS y el campo socialista, consistían en lograr la desintegración soviética por la vía económica, debilitando el poderío central y étnico, encendiendo el nacionalismo y odio entre los diversos pueblos que conformaban la URSS. No son planes nuevos; ya a mitad de los años 30, el alto mando militar alemán, se reuniría con sus homólogos polacos, para desintegrar a la URSS vía su colorido y diferencia cultural interna. Un Plan más renovado lo pueden encontrar en el famoso "Plan del Juego" de Zvignew Brzezinski ex asesor de seguridad nacional de EEUU.

Ejemplo de lo dicho es que para los años 80, la CIA en Afganistán –como afirma el escritor Bob Woodward– llevaba a cabo la operación más importante a la que solo le seguía Nicaragua y Angola. En estos tres países, se crearon organizaciones contrarrevolucionarias con los mismos propósitos de revertir la "expansión del comunismo internacional".

La vinculación de la Central de Inteligencia está más que documentada en las memorias de sus altos oficiales operativos como Milt Bearden en su obra "Main Enemy" (2003), que explica cómo desde Pakistán se dirigía la guerra contra los soviéticos. Con la ayuda de Arabia Saudita y Pakistán convirtieron a Al-Qaeda en una fuerza fundamentalista antisoviética con tremendos resultados. Estos llevaron a los talibanes finalmente al poder.

Y no es de extrañarse para qué Duane Clarridge, quien dirigió la guerra de la CIA contra el gobierno sandinista hasta 1984, fue trasladado a fundar el centro antiterrorista en Langley, el cuartel general de la CIA en 1985. Toda la experiencia de dirección de fuerzas irregulares con métodos de terror aprendida por Duane Clarridge, fueron puestas en función de los proyectos globales a futuro de la política norteamericana.

El derrumbe soviético permitió a los norteamericanos alcanzar mejores espacios en Medio Oriente y Asia Central, sobre todo en el Cáucaso donde la guerra en Chechenia iba a ser una continuidad de los planes en los años 80. También en el proceso de eliminar la herencia de la fenecida Yugoslavia en Kosovo como símbolo de la separación musulmana de Serbia.

El invento de Al-Quaeda

Finalmente, las publicaciones norteamericanas establecen que la respuesta norteamericana a la invasión de Kuwait por parte de Irak, en el plano de la operación "tormenta del desierto", hizo que los líderes de Al-Qaeda se voltearan en contra de EEUU. Pero Michael Scheuer, oficial de la CIA (quien trabajó por más de veinte años en la agencia y entre 1996 y 1999 fue jefe de la Unidad Bin-Laden, encargada de rastrear al jefe de esa organización desde el Centro Contraterrorista de la CIA y posteriormente asesor del jefe de esta misma unidad desde 2001 hasta 2004) asegura, en su libro "Through our enemie´s eyes", que "Al Qaeda fue un invento que nunca existió. Simplemente la administración Bush necesitaba una razón que cumpliera con las leyes para que fuéramos a atrapar a los malos que ellos mismos escogieran".

Pero ¿cómo pudo una agrupación terrorista lograr lo que nadie nunca se había atrevido? Para muchos, el peso económico, político y militar que ejercen EEUU en la arena internacional le otorgan una calidad de casi invulnerables; más aún después que estos salieron triunfantes en la Guerra Fría, y de dirigir la guerra contra Irak (la Tormenta del Desierto), Yugoslavia, y ahora Libia.

Para otros era cuestión de tiempo el que Estados Unidos fuese atacado en su propio territorio. Por ejemplo, en la primera reunión sobre terrorismo sostenida por el gabinete de la recién electa administración Reagan, celebrada el 26 de enero de 1981. Varios meses atrás un gran número de funcionarios diplomáticos norteamericanos habían sido tomados como rehenes en la embajada de EEUU en Irán... por eso en esa reunión el entonces Secretario de estado Alexander Haig se refería a Irán como una muestra de lo que un grupo de terroristas o de fanáticos podían hacer. La intervención del experto en terrorismo del Departamento de Estado, Anthony Quainton, fue aún más contundente: "es posible para un grupo de terroristas golpear directamente a EEUU en suelo norteamericano... EEUU es vulnerable".

Aparecen los ataques contra EEUU

Es durante la administración Bill Clinton que los ataques a objetivos norteamericanos se hicieron constantes y mortales.

1993. Por primera vez es objeto de ataque el World Trade Center en Nueva York.

1996. Son asesinados 19 marines en las torres de Khobar en Arabia Saudita.

1998. Las embajadas de EEUU son atacadas por Kenia y Tanzania.

1999. La CIA advierte que esperan por lo menos 15 ataques a objetivos norteamericanos a realizarse al final del milenio.

1999. Es arrestado Ahmed Ressan, un nigeriano es capturado en la frontera con Canadá llevando consigo explosivos a detonar en el aeropuerto de Los Ángeles.

2000. En enero es atacado el barco USA The Sullivans en Yemen.

2000. En octubre ataque al U.S.S Cole en Yemen. Perecen 17 marinos norteamericanos.

Durante la administración Clinton fueron muchos los planes elaborados para destruir las redes de Al-Qaeda y arrestar a su máximo líder Osama Bin Laden. Estos iban desde la utilización de agentes de la CIA infiltrado en sus redes hasta el uso de misiles cruceros que hicieran blanco en aquellos campamentos que los agentes o los vehículos aéreos no tripulados, conocidos como "predadores" ubicaran en los desiertos y montañas árabes.

¿Y cómo lograron burlar al sistema de seguridad nacional estadounidense? Cierta explicación surge de la enorme cantidad de información de inteligencia que produce la gigantesca comunidad de inteligencia norteamericana, lo cual resulta difícil de creer.

Planes engavetados, informes ignorados

A medida que los ataques contra los blancos norteamericanos se hacían más continuos y precisos, el presidente Clinton ordenó mayores y mejores medidas en efectividad contra el terrorismo. Así, desde el ataque al US Cole en Yemen el 12 de octubre del 2000, Richard Clarke, jefe del grupo de seguridad contraterrorista, comenzó a diseñar un plan agresivo contra Al-Qaeda. Cuando este finalizó su elaboración y lo presentó el 20 de diciembre de ese mismo año a Berger, Asesor de Seguridad Nacional, este decidió engavetarlo y presentárselo a la próxima administración en la Casa Blanca para su seguimiento. ¿Entonces qué? ¿acaso puede haber tiempo para el terrorismo inminente?

Este plan tenía como propósito destruir las redes de Al-Qaeda y encarcelar a los miembros. Cortar el apoyo financiero para sus actividades terroristas, congelar sus cuentas, asistir a aquellas naciones donde Al-Qaeda estaba causando problemas Uzbekistán, Filipinas, Yemen, Afganistán, etc. Otra de las medidas mayores del plan era el aumento dramático de las acciones encubiertas en Afganistán donde Al-Qaeda tenía sus campos de entrenamiento y eran protegidos por el régimen radical Islámico de los Talibanes, a quienes ellos precisamente habían llevado al poder en los años 80. Para eso se debía apoyar a la "Alianza del Norte", la última fuerza militar que luchaba contra el gobierno Talibán. Al mismo tiempo, EEUU bombardearía los campos de Al-Qaeda e introduciría fuerzas especiales en ese país. En general el plan tenía un costo de varios cienes de millones de dólares y sus objetivos se sumaban a todo lo que EEUU tuvo que hacer después del 11 de Septiembre.

2001. En junio, producto de las amenazas de Al-Qaeda, el Pentágono pone en alerta a todas las fuerzas EEUU en el Medio Oriente y en Europa, suspende los ejercicios militares en Jordania y ordena que todas sus naves de la V Flota ubicadas en Bahréin salgan a mar libre.

2001. En julio, el agente del FBI Kennet Williams envía un reporte avisando que estudiantes árabes están entrenando en la escuela de aviación en Arizona y que pudieran estar tramando algún tipo de infiltración de la aviación EEUU. Pero los analistas en la sede central no le dan ningún valor a ese informe, que queda estancado en niveles inferiores.

2001. En ese mismo mes, el presidente Bush viaja a la cumbre del grupo G-8, fuertemente custodiado con naves de la marina de guerra y aviones interceptores.

Al final, el plan de Richard Clarke fue víctima de la transición burócrata a la nueva administración de George Bush (hijo). En enero de 2001, los nuevos encargados de seguridad nacional recibieron el plan, pero solo fue aprobado hasta el 4 de septiembre cuando este ya había sufrido varias reformas para su implementación. Siete días después ocurre el ataque contra las Torres Gemelas.

Sin olvidar los planes contra el debilitamiento de Rusia antes abordado, una segunda respuesta al por qué no evitaron el ataque, es la lógica de la Doctrina del Sub Secretario de Defensa Paul Wolfowitz, conocida como "El Momento Americano", promulgada en 1992, para construir un orden internacional bajo el paraguas EEUU a través del uso de la fuerza. Lo anterior nos dice que las estrategias y planes de política exterior norteamericana no caducan, sino que sufren tan solo modificaciones según la coyuntura internacional y además tienen un carácter global.

Las revelaciones de Susan Lindauer

Una tercera respuesta vinculante proviene de los mismos funcionarios del gobierno de Bush, que han escrito sus memorias y dejan entreabierta una conspiración del gobierno mismo al que servían.

Las revelaciones de Susan Lindauer, un "activo" de la CIA en su libro "Prejuicio Extremo: La Historia Aterradora del Acta Patriótica y los ocultamientos del 9/11 e Iraq", relata que en su labor de "Canal Secreto" entre el gobierno de Iraq y EEUU, a través de la misión iraquí ante la ONU en Nueva York, para noviembre de 2000 se había logrado elaborar un acuerdo marco entre los gobiernos de Iraq y EEUU, y que la CIA tenía una amplia agenda para resolver el conflicto sin ir a la guerra.

Para febrero de 2001, los iraquíes habían propuesto como acto de buena voluntad y transparencia que EEUU enviara al FBI a Iraq a realizar investigaciones y arresto a los sospechosos de terrorismo. Además, Sadam era uno de los mejores informantes de EEUU sobre el terrorismo en la región.

En abril, Susan es enviada por su operador de la CIA, Richard Fuiz, a transmitirle a los iraquíes en Nueva York una seria advertencia. "EEUU estaba tras una conspiración terrorista y demandaba que los iraquíes les entregaran toda información de inteligencia sobre el secuestro de aviones y su utilización para estrellarlos en las Torres Gemelas (¿?). Si se daban cuenta, de que tal información la tenían y no la entregaron, entonces EEUU tenía preparada la guerra contra Iraq". En tono amenazante, les dijo que los iban a regresar a la Edad de Piedra, que nadie nunca los había golpeado como EEUU lo haría. Que dicha advertencia, no provenía ni de él ni de ella, sino del nivel más alto del gobierno estadounidense (Presidente, Vice Presidente y Secretario de Defensa). La respuesta de los iraquíes fue: "¡envíen al FBI!".

Iraq nunca quiso la guerra

Susan expresa que nadie más que los iraquíes querían evitar la guerra y estaban proponiendo reanudar las inspecciones de armamento, ampliar la cooperación contra el terrorismo, brindar contratos jugosos para las corporaciones EEUU en telecomunicaciones, salud, equipos de hospitales, transporte y comprar anualmente un millón de vehículos norteamericanos. En fin ¡lo que se les pidiera! Iraq era un Estado en ruinas para esa fecha producto de las sanciones norteamericanas. Más de 1 millón de niños habían muerto; toda una generación había entrado al analfabetismo, el sistema de salud había colapsado etc.

En agosto su operador dijo a Susan que esperaban en las próximas semanas un ataque inminente y aunque no fuera a Nueva York, era muy peligroso pues esperaban la utilización de un dispositivo termonuclear en miniatura (¿?). La característica principal de un arma térmica es la generación de calor que puede derretir el acero.

Otra aportación curiosa de la autora, es la información recibida de "un amigo" que entre el 23 de agosto y el 3 de septiembre, entre las 3 y 5 de la mañana, las cámaras del Centro Mundial de Comercio habían grabado la llegada a los sótanos de varias camionetas que nunca antes habían llegado. Con esto, la autora concluye que si se sabía de antemano sobre el secuestro de los aviones, si los edificios colapsaron no fue necesariamente por la colisión de los aviones y que los árabes que secuestraron los aviones eran "activos" también de la CIA.

Al final se puede aseverar que el tipo de ataque no era secreto para los norteamericanos, pues Susan Lindauer confirma que desde abril esperaban dicho ataque y que también Ahmad Shah Masud (el "Leon de Panshir"), su aliado de la Alianza del Norte en Afganistán, fue asesinado el 9 de septiembre tras haber advertido semanas antes del ataque. O como sugiere George S. Beebe, ex analista de inteligencia de la CIA para Rusia, que Putin informó a Bush hijo, dos días antes de los trágicos atentados contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono, que la inteligencia rusa había detectado signos de una incipiente campaña terrorista, "algo largo en preparación", que provenía de Afganistán contra Estados Unidos.

El invento de Irak como autor

En una entrevista al diario El País, de España, Richard Clarke relató que Si bien la CIA confirmó el 12 de septiembre de 2001 que Al Qaeda y Bin Laden eran responsables de los atentados, ese mismo día salió en la Casa Blanca el tema de Irak. Esa mañana, Wolfowitz (de nuevo sub secretario de defensa y el autor de la doctrina del momento norteamericano) volvió a plantear que un ataque como éste debía tener un Estado detrás y mencionó a Irak. Esa tarde, Rumsfeld (Secretario de Defensa) dijo que debíamos ampliar el foco y que se debía incluir entre nuestros objetivos a Irak. Un rato después de consultar con sus asesores, Rumsfeld dijo que no había objetivos serios para bombardear en Afganistán y que debíamos estudiar hacerlo en Irak. El presidente Bush no rechazó completamente la idea, pero matizó que en Irak se trataba de cambiar el Gobierno, no sólo de bombardear. Más tarde, el presidente Bush estaba dando vueltas en la Casa Blanca. Nos cogió del brazo a algunos y cerró la puerta. "Miren, sé que tienen muchas cosas que hacer..., pero quiero que, tan pronto como puedan, vuelvan a revisarlo todo, todo. Miren si Sadam ha hecho esto. Fíjense si está vinculado de alguna manera". Pero presidente, le dije, esto es obra de Al Qaeda. "Lo sé, lo sé, pero... vean si Sadam está involucrado. Simplemente miren. Quiero saberlo todo, cualquier rastro...". Le dije que lo haríamos, pero le señalé que, con todo mi respeto, ya habíamos estudiado con detenimiento quienes podían patrocinar el terrorismo de Al Qaeda sin hallar ningún vínculo con Irak. Bush insistió una vez más antes de marcharse: "Miren dentro de Irak, Sadam".

El general retirado del Ejército de EEUU, Wesley Clark, fue Comandante Supremo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) durante la Guerra de Kosovo, donde dirigió el bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia. En 2003 se postuló como precandidato del Partido Demócrata a la presidencia de EEUU y reveló en una entrevista realizada en marzo de 2007, que los planes para Libia, otros países africanos y de Oriente Medio, junto con los de invadir Irak, salieron del Pentágono una semana después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

«Días después del 11 de septiembre aproximadamente, fui al Pentágono. Vi al secretario Rumsfeld y al subsecretario Wolfowitz. Así que bajé las escaleras para ver a un montón de gente que solía trabajar para mí y entonces uno de los generales me llamó y me dijo: "Señor, venga aquí, tengo algo que hablar con usted un momento". Y le dije: "Lo siento, estoy muy ocupado". Y me dijo: "no, no...". Me dijo: "Hemos tomado la decisión de entrar en guerra con Irak". Esto sucedió alrededor del 20 de septiembre aproximadamente. Así que dije: "¿Vamos a entrar en guerra con Irak? ¿Por qué?". Él dijo: "No lo sé".Dijo: "Supongo que no tenemos otra cosa que hacer". Así que le pregunté: "¿Hay alguna información que conecte a Sadam con Al Qaeda?". Y él me dijo: "No, no, no hay nada nuevo en ese sentido. Ellos simplemente tomaron la decisión de entrar en guerra con Irak". Él dijo: "Supongo que es como si quisiéramos hacer algo con los terroristas, pero tenemos un buen ejército y podemos derribar gobiernos". Y... dijo... "Supongo que sí... Si todo lo que tenemos es un martillo, todos los problemas tienen forma de clavo...".Y después fui a verle unas semanas después. Y por aquel entonces ya estábamos bombardeando Afganistán. Y le pregunté: "¿Aún vamos a entrar en guerra con Irak?". Me dijo: "No, es peor que eso". Y dijo... él fue a su escritorio, cogió un papel y dijo... Dijo: "He cogido esto de arriba". Es decir, de la oficina del secretario de defensa. Y me dijo: "Esto es una memoria que describe cómo vamos a invadir 7 países en 5 años. Empezando por Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán... y para terminar, Irán"».

Uno de los más controversiales al abordar este tema es Webster Griffin Tarpley, periodista, muy crítico de las políticas internas y exterior de EEUU. Tarpley sostiene que los ataques del 9-11 fueron organizados por una red que incluye al Pentágono, la CIA y otras agencias de inteligencia occidentales como la MI 5 – MI 6 británicos y el Mossad israelí. Griffin describe el atentado como "operaciones terroristas de bandera falsa", hechas por un sector de militares y de la inteligencia que trabajan con miembros del sector privado y de las grandes corporaciones interesadas en mantener los estados de guerra, que les generan grandes ganancias económicas y políticas. En todo caso, el 9/11 es "la antesala del infierno político y militar en el Medio Oriente" donde las ganancias del Complejo Militar industrial han sido más que jugosas.

Una demolición controlada

El agente retirado de la CIA, Malcom Howard, afirma que estuvo involucrado en la "demolición controlada" del World Trade Center 7, el tercer edificio que fue destruido el 11 de septiembre. Howard, que trabajó para la CIA durante 36 años como operario, afirma que trabajó en la operación de la CIA llamada "New Century" entre mayo de 1997 y septiembre de 2001.

Howard dice que la operación del World Trade Center 7 fue una demolición controlada clásica con explosivos. Utilizamos materiales compuestos nanotérmicos de grado militar superfinos como explosivos. La parte difícil era conseguir miles de libras de explosivos, fusibles y mecanismos de encendido en el edificio sin causar demasiada preocupación. Pero casi todas las oficinas del Edificio 7 fueron alquiladas por la CIA , el Servicio Secreto o el ejército, lo que facilitó la tarea.

El World Trade Center 7 se derrumbó en su propia huella a las 5:20 pm, siete horas después de la destrucción de WTC 1 y 2. Su derrumbe sorprendió a los testigos al caer a una velocidad de caída libre, indicando que encontró resistencia cero en su desplome. Según el informe oficial del 11 de septiembre emitido por el gobierno, el WTC 7 se derrumbó debido a "fuegos incontrolados" que fueron causados ​​por los escombros que flotaban sobre del WTC 1 y 2, que habían sido golpeados por los aviones de pasajeros. Si la narración oficial fuera cierta, el WTC 7 sería el primer edificio alto del mundo que se derrumbaría debido a incendios incontrolados y el único rascacielos de acero del mundo que se derrumbó en sí mismo, debido a fuegos de oficina.

Howard tiene consejos para los investigadores que buscan entender todo el rompecabezas y averiguar quién estuvo detrás del ataque más devastador de la historia en suelo americano. "Cuando quieran saber quién está detrás de algo, simplemente sigan el dinero. Mira los contratos realizados justo antes del 11 de septiembre. Estos son los tipos que sabían lo que vendría. Los hijos de agentes de la CIA, los funcionarios del gobierno, parientes cercanos de los hombres más poderosos de América. Cheney, Rumsfeld. Todos se hicieron ricos. Sólo hay una organización que se extiende por todo el mundo, y déjenme decirles ahora, no lo es y nunca fue al-Qaeda. ¡Es la CIA!".

El caso Libia

Durante la guerra contra Libia, muchos analistas venían opinando que Estados Unidos, en vez de usar sus tropas o las de la OTAN, emplearan a los mercenarios de Al Qaeda, a cambio de ceder posiciones de poder al final del derrocamiento de Gaddafi.

Susan Lindauer, ex agente de la CIA y especialista en Libia, ahora periodista, asegura que los opositores de Gadafi en Libia no eran más que tropas de Al Qaeda que habían peleado en Iraq y otros lugares del Medio Oriente, y que son estos quienes gozan del financiamiento norteamericano. Ellos al final entienden que si bien es cierto el fin justifica los medios, aquí hay una profunda contradicción entre valores morales e intereses políticos.

Algo similar ocurre ahora en Siria, afirmó el Presidente de Rusia Vladimir Putin, al referirse a la participación de los miembros de Al Qaeda en el conflicto, como integrantes del llamado Ejército Libre de Siria. Además dijo que apareció información sobre los presuntos acuerdos entre EEUU y la organización terrorista sobre el envío de varios miles de combatientes de Al Qaeda a Siria para derrocar a Bashar al Assad. En su opinión, "pactar con Al Qaeda, es una política muy peligrosa y poco previsora".

¿Qué tan posible es que se repita un 9/11?

La política aislacionista de Donald Trump tiene muchos parecidos con la de George W. Bush en 2001. Ambas resaltan por la mentalidad de guerra fría en un mundo ya multipolar.

Para los europeos occidentales es preocupante la posición unilateralista de esta nueva administración, lo cual afecta el sistema de tomar de decisiones colectivas, establecido entre ellos. Bush incumplió la reducción de las emisiones de Dióxido de Carbono y rechazó algunas regulaciones sobre el arsénico presente en el agua potable y también el Acuerdo de Kioto. Aún más: pasando por encima de cualquier noción de bienestar global, expresó que era un asunto de economía nacional. Trump se salió del Acuerdo de París sobre la Protección del Medio Ambiente por las mismas razones.

Desde Bush hijo, los europeos están preocupados con la iniciativa de defensa con misiles, tan costosa para la economía estadounidense como también por la actitud que exige EEUU de los europeos hacia Rusia. Ahora Trump demanda que el 2% del PIB de los países miembros de la OTAN sean destinados a esa organización.

Hoy día, los rusos y los chinos están más unidos que nunca contra EEUU, producto de las acciones de Bush y de Trump para crear la defensa de los misiles y su renuncia al tratado de reducción de misiles de alcance intermedio INF, lo que ven como el repunte de la carrera armamentista nuclear. Ya ni se diga de la posición de China, después que primero Bush y ahora Trump, anunciaron que EEUU hará lo que sea necesario para defender a Taiwán de China, rompiendo así con más de dos décadas de ambigüedad estratégica con relación al gigante asiático.

Ahora, al igual que en 2001, la Agenda de Otoño (sobre el presupuesto y los gastos federales) es muy compleja de conseguir debido a los síntomas de recesión que presenta la economía norteamericana. En aquel entonces, entre los puntos de mayor importancia figuraban el plan de educación, el derecho de los pacientes a un bono federal y la prescripción de las drogas (para el cual estaban solicitando 190 billones de dólares para ser utilizados durante los próximos 10 años). Pero el plan de mayor relevancia y sobre todo el más difícil de conseguir, era hasta ahora el incremento del presupuesto de defensa, incluyendo el famoso plan de defensa aérea de anti misiles, muy costoso por cierto y por eso la dificultad de conseguir del congreso tan rápido las asignaciones presupuestarias. Para tener apenas una ligera idea de este plan, se suponía que solo en materia de gastos en la etapa de pruebas se solicitaban unos 8 billones de dólares.

Pero tras el ataque del 9/11, el gobierno de Bush gozó con el apoyo de todo el pueblo norteamericano que antes se encontraba dividido (sobre todo los demócratas) producto de los oscuros resultados de las elecciones presidenciales del año 2000. También logró cohesionar el apoyo de sus aliados occidentales quienes hasta antes del ataque tenían opiniones diferentes sobre el plan de defensa anti-misil y el acuerdo de Kioto.

Su tercera victoria fue aún más concreta. El congreso estadounidense asignó 40 mil millones (el doble de lo que había solicitado el presidente Bush) como una primera parte. Además, autorizó al mandatario a hacer uso de la fuerza contra quienes perpetraron tal acto de terror.

Ahora los mismos problemas estructurales tiene la administración Trump y sus gastos en defensa y sistemas nucleares son mayores que en 2001. La pregunta del millón: ¿qué otra situación similar al 9/11 ocurrirá para continuar con su lucha por mantener la supremacía y el control norteamericano en el mundo? Lo que no cabe duda es que la Doctrina Wolfowitz sigue siendo base fundamental en el corolario de la política exterior norteamericana y en la mira aun esta Irán y Venezuela.

Frases

"Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes".

Antonio Gramsci

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº107

 

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 Cuadernos para la Emancipación 

 

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