El 16 de septiembre de 1810, el pueblo mexicano comienza su larga lucha por la independencia. Desde la ciudad de Dolores, en Guanajuato, el cura Miguel Hidalgo y Costilla y los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, llamarán a la insurrección popular, a deponer al Virrey y a combatir su autoridad. El estandarte es la imagen de la Virgen de Guadalupe y el programa es de revolución social.

Cuando Andrés Castro notó que se había quedado sin municiones para su fusil, no dudó un instante.

Así lo llamaban los obreros chilenos.  Era uno de ellos, el presidente mártir de Chile, Salvador Allende Gossens, el hombre que demostró que era posible tomar el poder por la vía electoral, por la llamada vía “democrática”, aun bajo las reglas de juego del modelo capitalista.

La insurrección indígena había estallado en todos los Andes. Quechuas y aymaras engrosaban las fuerzas rebeldes  lideradas por Túpac Amaru en el corazón del antiguo incanato y por Túpac Catari en el Alto Perú. Bartolina Sisa, una mujer aymara de apenas 30 años, comandaba el sitio a la ciudad de La Paz.

Para terminar con la Liga de los Pueblos Libres que levantaba el general Artigas, se combinaron las tropas porteñas de Buenos Aires, la oligarquía de la propia Banda Oriental y el ejército luso-brasilero. Las tres fuerzas bajo la supervisión estricta del Foreign Office.

Frases


“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº48