Las fuerzas de la derecha cantan victoriosas su supuesto triunfo, pero en realidad no hay ningún triunfo. Como escribí alguna vez en mis años mozos, siendo discípulo del Profesor Hegel: el amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados.

Con mi pobre alemán me permití hacer la traducción, y como creo que esto es muy importante, hago circular el texto de marras en su versión española.

Trabajadores del mundo:

Las fuerzas de la derecha internacional festejan alborozadas estos 25 años de la Caída del Muro de Berlín. Pero se equivocan. ¿Qué festejan en realidad? ¿El fin del socialismo?

La historia, contrariamente a como dijo ese apologista del sistema de apellido Fukuyama hace algunos años atrás, no ha terminado. ¿De dónde saldría tamaño disparate? La historia continúa su paso sin que sepamos hacia dónde va. Hoy, sin temor a equivocarnos, dadas las características que ha tomado el sistema capitalista internacional, perfectamente podría estar dirigiéndose hacia la aniquilación de la especie humana, dado el afán de lucro imparable que lo alimenta, y que bien podría llevar al holocausto termonuclear de activarse todas las armas de destrucción masiva que existen sobre la faz del planeta. O también, dado ese afán insaciable de obtención de ganancia que no puede eliminar, a la destrucción del planeta por el consumo irracional que se está llevando a cabo.

Las fuerzas de la derecha cantan victoriosas su supuesto triunfo, pero en realidad no hay ningún triunfo. Como escribí alguna vez en mis años mozos, siendo discípulo del Profesor Hegel: el amo tiembla aterrorizado delante del esclavo porque sabe que inexorablemente tiene sus días contados.

¿Qué quise decir en su momento con esta frase, algo enigmática quizá, antes de ponerme a estudiar economía política para luego redactar el Tomo I de El Capital? Pues no es nada complicado: aparentemente el sistema capitalista “triunfó” de manera inexorable sobre las experiencias socialistas que se estaban construyendo, siendo la demostración palpable de ello la caída de este muro de la que ahora se cumplen 25 años. Supuestamente, según la fanfarria con que esa derecha presenta las cosas, la misma población alemana del este, “sojuzgada” por el yugo socialista, habría derrumbado el tal muro para “liberarse” y acceder a las bondades del capitalismo. ¡Pamplinas! Puras pamplinas, estupideces con que los actuales medios masivos de comunicación presentan las cosas.

En realidad lo que esta derecha, por ahora ganadora, festeja es que el Amo, para tomar la metáfora hegeliana (léase: la clase capitalista) alejó por un tiempo el fantasma que la persigue (la clase trabajadora y la posibilidad que alguna vez la misma se organice, abra los ojos y la expropie, tal como pasó varias veces durante el siglo XX, en Rusia, en China, en Cuba). Es decir: la clase por ahora dominante (industriales, banqueros, terratenientes) sabe que está sentada sobre un barril de pólvora; sabe que los trabajadores del mundo (obreros industriales urbanos –que fue lo que yo más estudié en su momento–, campesinos, trabajadores explotados de toda índole, sub-ocupados y desocupados –lo que yo en otro tiempo llamé Lumpenproletariät, es decir: población excluida y marginalizada) en algún momento van a explotar.

La historia de la humanidad, y también la historia del capitalismo, se los muestra. Las clases oprimidas aguantan (porque no tienen otra alternativa, porque están sojuzgadas, reprimidas brutalmente a veces, manipuladas en otras ocasiones). Aguantan hasta que, llegado a un punto de la acumulación de contradicciones, estalla un período de violencia revolucionaria, transformándose las relaciones de poder, pasando la propiedad de los medios de producción de una clase a otra. Esto la derecha lo sabe. Sabe muy claramente que la propiedad privada de esos medios es un saqueo legalizado; sabe con precisión milimétrica que no puede dejar ni por un segundo de cuidar esa propiedad, asentado en una explotación inmisericorde. Sabe que si se descuida, si deja de proteger a capa y espada sus privilegios, las grandes mayorías excluidas se levantan. Por eso, día a día, minuto a minuto, no dejan de controlar y evitar que los trabajadores se organicen, piensen, conozcan la verdadera realidad. Por eso los embrutecen con dádivas: es decir, el viejo pan y circo de los romanos.

Pero esa derecha sabe que el barril de pólvora sobre el que está sentada puede explotar, lo cual significaría perder sus privilegios de clase. De hecho, eso ya sucedió varias veces el siglo pasado. Por eso mismo, ante el retroceso que sufrió el primer Estado obrero del mundo, la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, las fuerzas de la derecha cantaron victoria, mostrando el derribamiento del Muro de Berlín como la caída de las ideas socialistas. Dicho de otra manera: como están tan aterrorizados con la posibilidad que los trabajadores reaccionen alguna vez, se permitieron mostrar ese incidente como el fracaso inexorable de las ideas socialistas. Pero ello no es sino una demostración del pavor que sienten a ser expropiados. De ahí que lo presenten como un triunfo apoteósico y que cierra de una vez la historia.

No hay dudas que con la involución que sufrieron las primeras experiencias socialistas del mundo (la Unión Soviética se desintegró, China se abrió al mercado capitalista, Cuba quedó flotando en el aire como pudo), el capitalismo internacional avanzó groseramente sobre las conquistas de los trabajadores obtenidas a fuerza de sacrificio en décadas y décadas de lucha. Por eso ahora ese sistema, que se autopresenta como ganador y única salida posible, se permite explotar más aún que hace un siglo atrás. Hoy día se perdieron conquistas sindicales, se hacen contratos sin prestaciones laborales, no se respeta la jornada laboral de ocho horas, se expolia sin la menor pudicia y se entroniza la figura del “ganador”.

No hay dudas, para tratar de concluir la referida cita que hice más arriba, que el sistema sabe que ya le va a llegar el turno, que su cabeza, igual que la del monarca francés en 1789, rodará por el polvo. Por eso festeja este triunfo parcial –que, sin dudas, hizo retroceder mucho al campo popular en estos últimos años– como un triunfo absoluto, queriendo presentar las cosas como que con el Muro de Berlín derribado terminó la explotación, y por tanto el ideal revolucionario socialista de transformación social.

Pero los trabajadores del mundo siguen siendo explotados, más que antes incluso, apaleados, reprimidos. ¿Por qué no habrían de reaccionar? Tal vez hoy día, hay que reconocerlo, los partidos comunistas están un tanto despistados. Mis ideas –que, en realidad, no son mías, sino producto de una reflexión científica (¡no digan “marxismo” sino materialismo histórico!)– se han querido presentar como anticuadas, fracasadas, “pasadas de moda”. Nada más contrario a la verdad.

Mientras siga la explotación en el mundo (y esa es la esencia del sistema capitalista) habrá quien proteste, quien alce la voz, quien busque organizarse para cambiar la situación. Que hoy día esa organización y los programas políticos al respecto estén golpeados, es una cosa. Pero pretender que se esfumaron, que los explotados quedarán contentos y felices con su condición de tales, que las injusticias cesaron porque el sistema ganó esta batalla, es un craso error.

No hay que olvidar que el capitalismo, como proyecto económico-político, comenzó a surgir en los siglos XII y XIII, allá en la Liga de Hansen, y demoró varias centurias hasta poder tomar mayoría de edad constituyéndose en sistema dominante, casi a fines del siglo XVIII, tanto en Francia e Inglaterra como en los nacientes Estados Unidos de América. Las experiencias socialistas no tienen ni 100 años de vida. ¡No olvidarlo! Cantar victoria porque se ganó una batalla es de mal guerrero. Lo único que demuestra es que sí, efectivamente, ese Amo tiembla porque sabe que ya le va a llegar su guillotina…, aunque en este momento se sienta ganador.

Los 25 años que ahora se pretenden festejar no son sino una demostración que el sistema capitalista no tiene salida. Se festeja el triunfo de la explotación y la injusticia. Si el sistema tuviera “responsabilidad social empresarial”, como parece que ahora se puso de moda decir, debería echarse a llorar por el descalabro absoluto que ha creado. Para decirlo sólo con dos ejemplos, lapidarios y terminantes por cierto: en estos momentos –créanme que sigo muy de cerca estos acontecimientos y estoy perfectamente informado– la humanidad produce un 45% más de los alimentos necesarios para nutrir a los 7.300 millones de almas que pueblan el mundo, y vergonzosamente la principal causa de muerte sigue siendo nada más y nada menos que ¡el hambre! ¡Infame!, no caben dudas. Y para terminar: la principal actividad de la especie humana, la que más ganancias genera desde el punto de vista capitalista, la vanguardia de la ciencia y de la técnica es la producción de armamentos. Es decir: la defensa a muerte de los privilegios de algunos. ¡Más patético todavía!

Por tanto, camaradas, los insto a que no nos dejemos confundir por estos cantos de sirena: la derecha no festeja un triunfo sino que sigue estando en guerra, y con miedo, porque sabe que los trabajadores, tarde o temprano, reaccionaremos.

Hoy, como hace un siglo y medio, la consigna no es lamentarse por la paliza recibida recientemente ni quedarse embobados viendo la televisión. Sigue siendo como escribí con Federico en 1848: “No hay nada que perder más que las cadenas. Por tanto: ¡uníos!”

Fuente: Questión Digital

En los territorios de la antigua República Democrática Alemana (RDA) circula un chiste amargo: "Lo que nos dijeron del comunismo era mentira, pero lo que nos dijeron del capitalismo sí era verdad".

Este conocimiento de realidades y mentiras se inició el 9 de octubre de 1989, cuando fue desmantelado el muro de Berlín y se inició el proceso conocido como "Reunificación Alemana".

La intensa propaganda de la derecha mundial no ha logrado borrar que durante 40 años existió una sociedad socialista en territorio alemán. Una realidad que surgió desde las ruinas de ciudades destruidas por las bombas y los combates, con una población desmoralizada que despertaba de la ilusión de que su país iba a ser dueño del mundo, para confrontar una realidad en la que Alemania había sido dividida en cuatro zonas administradas por Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética.

"La RDA, quedará para siempre grabada en la historia por haber sido el primer Estado socialista construido en suelo alemán. Dirigido por los trabajadores, se formó en la parte de Alemania más atrasada y devastada por la guerra, tenía menos territorio que la Segunda Región de Chile —solo 108 mil kilómetros cuadrados— y solo 16 millones de habitantes. A pesar de estas limitaciones, llegó a ser uno de los 10 países más industriales del planeta, alcanzando un alto grado de desarrollo y un buen nivel de vida", escribió el chileno Luis Corvalán, en el prólogo a su libro La otra Alemania, la RDA, en la que transcribe una entrevista a Margot Honecker, ministra de educación de la RDA y esposa de Erick Honecker, quien fuera el jefe de Estado de la alemania socialista desde 1976 hasta 1989.

La división de Alemania en cuatro zonas había sido acordado por Franklin Delano Roosevelt, Wiston Churchill y Josef Stalin, los jefes de Estado de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética, en la Conferencia de Yalta, realizada en febrero de 1945. Estos acuerdos estipulaban también el desarme, la desmilitarización y el desmantelamiento del fascismo y la creación de condiciones para que nunca más saliera una guerra de suelo alemán.

Incumpliendo casi en su totalidad lo acordado en Yalta, se creó la República Federal Alemana (RFA) en mayo de 1949, uniendo las zonas bajo dominio de las tres potencias capitalistas. En respuesta, fue creada la RDA en octubre del mismo año, en la zona bajo administración soviética.

La RDA con un territorio cercano a la mitad del estado Bolívar, fue uno de los 20 países con más alto nivel de vida del planeta. Logró garantizar a todos sus ciudadanos salud y educación gratuitas, vivienda, empleo y acceso a la recreación y la cultura.

Desapareció en 1990. Fue entregada por Gorbachov a la República Federal Alemana. El propio Helmut Khol, canciller de la RFA desde 1982 a 1998, dice que "es totalmente falso pensar que de pronto el espíritu santo llegó a las plazas de Leipzig [ciudad en la que comenzaron las protestas contra el Estado presidido por Erich Honecker] y cambió el mundo. [...] Gorbachov tuvo que admitir que no podía sostener el régimen".

Margot Honecker cuenta que en las calles había críticas con base en una idealización del socialismo que suponía que la RDA debería haber alcanzado mucho más o que las metas ya estaban realizadas y eran irreversibles.

La llamada "reunificación" fue una ocupación hecha por la República Federal Alemana sobre la RDA. Se inició una cacería contra los cuadros de dirección política, económica, militar, académica, cultural y deportiva. A cientos de miles de personas se prohibió ejercer sus profesiones acusados de haber sido "cercanos al Estado".

En términos generales, el poder de la República Federal Alemana actuó contra los dirigentes y trabajadores de las instituciones gubernamentales de la RDA con absoluta arbitrariedad, desconociendo su legalidad y tratando a sus dirigentes como si nunca hubiesen representado a un Estado, obviando que la RDA contó con tal reconocimiento mundial que presidió la Asamblea General de la ONU, fue miembro del Consejo de Seguridad y el propio Helmud Kohl llegó incluso a recibir a Honecker en Bonn, como jefe de Estado, con las ceremonias correspondientes, en septiembre de 1987.

Han transcurrido 25 años desde la desaparición del Muro de Berlín y del nacimiento del muro de la injusticia. Aquella celebración del capitalismo del comienzo de la "reunificación", hoy no ha logrado igualdad de condiciones económicas y sociales entre ambos territorios. Más allá de la propaganda antisocialista, para los alemanes que crecieron en la RDA el cambio significó el conocimiento de la inseguridad social, el deterioro de la educación y la salud, el desmantelamiento de su industria, la aparición de la indigencia, la xenofobia, el neofascismo y una tasa de desempleo que durante todo este período ha sido siempre el doble en la zona de la antigua RDA, en comparación con el resto de Alemania.

 Fuente: AVN

Este domingo se cumplirán 25 años de la caída del Muro de Berlín. Anunciaba el politólogo neoconservador estadounidense Francis Fukuyama en 1992 que la caída de la URSS significaba el “Fin de la Historia”, la desaparición de la lucha de clases, de la confrontación de ideologías, dando paso a una especie de estadio final en el que la hegemonía capitalista se mantendría a lo largo de los tiempos.

Sin duda, muchos sabíamos que Fukuyama, quizás por euforia ‘hooligan’, quizás por ingenuidad, había errado por completo en su teoría. Hoy la realidad que vive Europa lo confirma y nos permite visualizar las trágicas consecuencias que ha tenido para la clase trabajadora del viejo continente el despliegue y la consolidación del capitalismo: guerras imperialistas de rapiña y saqueo en medio mundo, altos índices de desempleo, pobreza, desahucios, pérdida de derechos laborales y privatización gradual de la educación, la sanidad, las pensiones y el transporte público.

Estos últimos años, a raíz del estallido de la crisis sistémica en 2007-2008, algunos todavía daban por buena la llamada “democracia liberal” aludiendo al Estado del Bienestar, esa especie de capitalismo de “rostro humano”, benévolo, que al final resultó ser otra gran mentira y cuya fachada ya está siendo desmantelada por los propios ‘think tanks’ neocons.

Parece, entonces, que la clase trabajadora europea está comenzando a interiorizar que el capitalismo, además de ser un sistema criminal e injusto de puertas para afuera (guerras, esclavitud laboral…), también resulta ser incapaz de garantizar los derechos más fundamentales a su propio pueblo.

Este domingo se conmemorará la caída del muro de Berlín en un contexto político-social donde los datos objetivos y las luchas obreras y populares que se están articulando en el continente refutan por completo la tesis del Fin de la Historia: lo que Fukuyama jamás entendió es que hace 25 años se perdió una batalla importante, pero no la guerra, que la lucha de clases se encuentra más viva que nunca, pues fue y es el motor de la historia, la que la hace avanzar y la que desencadenará las futuras revoluciones que mandarán al capitalismo al vertedero de la historia.

Fuente: LibreRed

Durante cuatro años antes de ser asesinado el 15 de octubre de 1987 de manos de traidores, el presidente de Alto Volta realizó profundas transformaciones políticas. Aquel joven lanzó esta proclama a su oprimido pueblo:

“Te invito a dar un vistazo retrospectivo para aprender las lecciones necesarias y determinar correctamente las tareas revolucionarias que se plantean actualmente y en el futuro próximo. Equipándonos de una opinión clara del camino de los acontecimientos, nos consolidaremos más en nuestra lucha contra el imperialismo y contra los reaccionarios a las fuerzas sociales del cambio”.

En el año 1983, ese joven capitán de 34 años alcanza revolucionariamente la presidencia de un país de África occidental llamado Alto Volta.

Si buscan en un mapa actualizado de África, no encontraran ese país. En ese acto revolucionario el joven presidente Thomas Sankara cambió el nombre de Alto Volta por el de Burkina Faso, que en lengua local significa “Patria de hombres íntegros”…significaba la ruptura definitiva con el imperio francés.

Llamado también el “Che Guevara de África”, y Thom Sank, Thomas Sankara estudió artes militares en Madagascar, la mayor de las islas africanas. Se convirtió, para conocer las causas de la pobreza de África, en un experto de la historia de la colonización, economía y sociología. Estaba convencido que, si bien el Alto

Volta había alcanzado su independencia ésta no sería completa mientras estuviera sumido en la miseria y tutelado por un imperio.

Sankara ingresa al ejército y funda un núcleo de oficiales progresistas que se dedicaban al análisis de la sociedad, de su momento y a la formación continua al servicio de sus ideas para cambiar el país. Entre sus convicciones estaba la de que:

“Un militar sin formación es un asesino en potencia”.

El era un joven ilustrado, no un improvisado…Para describir la revolución en su país decía:

“Nuestra revolución en Burkina Faso se inspira en todas las experiencias de los hombres desde el primer aliento de la humanidad. Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del tercer mundo. Sacamos lecciones de la revolución americana.

“La revolución francesa nos enseño los derechos del hombre. La gran revolución de octubre permitió la victoria del proletariado e hizo posibles los sueños de justicia de la comuna de París”.

Thomas Sankara luchó a fondo contra la corrupción y el nepotismo. Hasta su propia madre continuó trabajando en el mercado de especies de Uagadugú y ningún miembro de su familia ocupó altos cargos del gobierno central. El mismo manejaba un pequeño vehículo, aún siendo presidente.

Durante su abortado mandato hubo una disminución sin precedentes del analfabetismo. Decretó la instrucción escolar en los nueve idiomas indígenas del país, y en la salud realizó jornadas masivas de vacunación contra enfermedades pandémicas, se incorporó a la mujer en la administración pública y repartió tierras entre los campesinos.

Por cuatro años, antes de ser asesinado el 15 de octubre de 1987 en manos de traidores, Tom Sank implementó en Burkina Faso profundas transformaciones políticas. Tiempo que sirvió para revolucionar la conciencia de su pueblo y de millones de africanos, los más pobres y los más jóvenes. Fue un promotor a ultranzas de la igualdad entre hombres y mujeres.

Su asesinato, a tan solo 37 años desencadenó una gran confusión en África. Un golpe de estado y un magnicidio encabezado por Compaoare detuvo el progreso de su país. Su mítico nombre pasó a denominar universidades, campus, residencias y comedores… Fue un paradigma estudiantil. El recuerdo de la obra de Sankara permanece vivo en África:

“Yo quisiera dejar detrás de mí la convicción de que si mantenemos cierta cantidad de precaución y de organización merecemos la victoria…no puedes realizar el cambio fundamental sin cierta dosis de locura. En este caso viene de la inconformidad, el valor de dar la vuelta al pasado de viejas formulas, el valor de inventar el futuro…emulemos a los locos de ayer para poder actuar con claridad extrema hoy. Deseo ser uno de esos locos. Debemos atrevernos a inventar el futuro”.

En la sencilla tumba de Sankara, visitada por miles de sus compatriotas, reza: “La patria o la muerte, nosotros venceremos”…

Venceremos Tom Sank, venceremos. Porque tu pueblo de mujeres y mujeres íntegros, Burkina Faso, está despertando.

Fuente: Aporrea

Alí Primera, cantautor venezolano, nació un 31 de octubre de 1941, en Coro, estado Falcón (noreste). Fue bautizado como Ely Rafael Primera Rosell, pero le decían Alí porque sus abuelos eran árabes. Fue compositor, poeta, activista político y militante del Partido Comunista de Venezuela.

Las composiciones de Alí recogen el sufrimiento del pueblo desgastado por la pobreza y la desigualdad social, por lo que rápidamente cala en el sentir de la gente y se convierte en el "Cantor del Pueblo".

En 1972 graba desde Alemania su primer disco titulado “De una vez”, donde se incluyen temas emblemáticos como “Techos de cartón”, “Yo no sé filosofar”, “El despertar de la historia”, “No basta rezar”, entre otros.

Sin embargo y a pesar de contar con el apoyo de quienes se identificaron con sus canciones, Alí Primera fue objeto de un veto por parte de los medios de comunicación y el Gobierno de turno en Venezuela (Rafael Caldera), lo que lo llevó a fundar su propio sello discográfico, Cigarrón, para buscarle difusión a sus composiciones.

El Líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, en una visita a la casa del cantautor escribió unas líneas donde destaca el legado del músico. “Alí, tu canto siempre fue arma para la lucha, tu ejemplo y tu guitarra van grabados en nuestras banderas.”.

Su vida

Alí quedó huérfano de padre a los tres años, luego que éste muriera accidentalmente durante un tiroteo que se produjo en un intento de fuga de unos prisioneros en la ciudad de Coro.

Tras la muerte de su padre, Alí acompañó a su madre y a sus dos hermanos por diferentes pueblos de la península de Paraguaná, terminando finalmente en el La Vela, donde por la precariedad en la que vivían se desempeña en varios oficios que iban desde limpiabotas a los seis años, hasta boxeador, que no le impidieron continuar sus estudios.

A la edad de 19 años se trasladan a Caracas (capital), donde culmina su educación básica, y se inscribe en la Universidad Central de Venezuela para cursar la carrera de Química, estudios que no finalizó al decidir que no iba a trabajar para las petroleras y en cambio se dedicaría definitivamente a luchar por y con su pueblo a través de su canto.



En 1977 conoce en Barquisimeto, a quien sería su esposa hasta sus últimos días, Sol Musset, con quien tuvo cuatro hijos: Sandino, Servando, Florentino y Juan Simón. Anteriomente tuvo dos hijas con una pareja que conoció en Suecia, Taria Osenius: María Fernanda y María Ángela. Con la venezolana Noelia Pérez tuvo a su hijo Jorge Primera Pérez.

La Canción Necesaria

Sus canciones se multiplicaron en defensa de la humanidad y aunque era considerado un cantante de protesta, él mismo insisitía que no era una canción de protesta sino una canción necesaria.

"Nuestro canto no es de protesta, porque no hacemos una canción por malcriadez, no la tomamos para encumbrarnos ni hacernos millonarios, es una canción necesaria. (...) cada día nos motiva a hacerla más profunda, pues un hombre armado de una canción y una poesía humana, es un hombre desarmado para la envidia y para ser un hombre malo. (...) No canto porque existe la miseria, sino porque existe la posibilidad de borrarla, de erradicarla de la faz de la tierra".

Alí Primera

En noviembre de 1973 ya figuraba como uno de los principales compositores y cantantes populares no sólo del país, sino también de América Latina. Desde entonces y hasta la fecha de su muerte, grabó 13 discos de larga duración y participó en numerosos festivales en toda América Latina.

Actualmente, Alí es símbolo de lucha e ídolo de muchos jóvenes que ven en su música, su conciencia, su visión, su filosofía, un mensaje lleno de lucha revolucionaria. Sentir de quienes lo conocieron y admiraron por ser vocero de los excluidos y de los que nunca tuvieron voz.

Disco póstumo

Hasta finales de 1984 el cantautor había grabado en forma casera, según el testimonio de su amigo, el músico y arreglista venezolano Alí Agüero, un casete que contenía las maquetas de los temas que había compuesto para su inclusión en su siguiente disco, que fue frustrado por la trágica y extraña muerte del cantante.

Vea aquí una galería fotográfica sobre la vida de Alí

Semanas después de su muerte, un hermano de crianza de Alí Primera, Esmil Padilla, mejor conocido por su nombre artístico de José Montecano, también cantante, músico y compositor, se ocupó de completar el proyecto acompañado de sus sobrinos y de la viuda del artista.



El álbum, que fue llamado “Por Si No Lo Sabía”, fue editado por la compañía discográfica Distribuidora Sonográfica, y se considera el último disco del artista. Sin embargo y debido a su muerte, Alí Primera solo pudo colocar su voz a uno de los temas, el resto de ellos quedó en forma de maqueta.

Su muerte

Al salir de su apartamento, el 16 de febrero de 1985, el intérprete perdió la vida en un accidente automovilístico, ocurrido en la autopista Valle Coche de Caracas. Sin embargo, pese a que su acta de defunción y los reportajes de la época certificaron la causa de fallecimiento, aún en la actualidad hay quienes piensan que Alí fue víctima de un atentado.



Primera fue objeto de numerosas persecuciones a causa de la temática de sus canciones y su militancia de izquierda. Hay quienes afirman que el supuesto atentado fue perpetrado por enemigos políticos, aunque de esa teoría nunca se hallaron pruebas concretas.

Para algunos, Primera fue una víctima más de la polarización política impulsada por la casta militar que mandó en aquel entonces en Venezuela (Jaime Lusinchi).

En 2005 el Gobierno de Venezuela declaró la música de Alí Primera como patrimonio nacional, no obstante, los derechos de sus obras son manejadas por la empresa Korta Records, la cual se encargó de hacer una reedición digital de su obra bajo el título común de "Alí Primera: La Canción Necesaria".

teleSUR te invita a escuchar y descargar: 20 Éxitos de Alí Primera

Fuente: TeleSur

Frases

"Cuando un pueblo despierta, se llena de coraje y decide ser libre, jamás podrá ser derrocado"

Hugo Chávez Frias

Correos del Sur Nº80

 

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Número Especial  1. Junio 2018.

 

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