A los 92 años de edad, el 1 de noviembre de 2001 moría en Santo Domingo, Juan Emilio Bosch y Gaviño. Cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, conferencista, educador y político, Bosch también fue Presidente de la República, pero sólo por 7 meses, entre febrero y septiembre de 1963.

Tal vez uno de los intelectuales más brillantes de nuestra América, Juan Bosch dejó una obra monumental a través de sus escritos. Hombre comprometido con su pueblo fue víctima de persecuciones, exilios y cárceles. Enemigo acérrimo del dictador Rafael Leónidas Trujillo, fue uno de los organizadores de la frustrada expedición de Cayo Confites, donde dominicanos y voluntarios latinoamericanos –entre otros Fidel Castro–, programaban invadir la República Dominicana desde Cuba, a fin de liberarla de la feroz dictadura. Era 1947 y nuevos exilios y cárceles sufriría Juan Bosch.

Luego del asesinato de Trujillo en 1961, el revolucionario quisqueyano regresa a su país, después de 23 años de exilio. Las masas populares ya lo admiran, y en las elecciones de diciembre de 1962 gana arrolladoramente. Como primera medida dicta una nueva constitución, de carácter patriótico, democrático y social. La oligarquía dominicana organiza el Golpe de Estado y Bosch es destituido debiéndose exiliar en Puerto Rico. Apenas dos años después del golpe otro patriota dominicano, Francisco Camaño Deñó, se pronuncia por la restitución de Bosch y la legalidad constitucional. Estados Unidos, responde de inmediato e invade la isla con 42.000 marines. La resistencia es heroica, pero no suficiente.

“El Caribe frontera imperial” es uno de los textos fundamentales de Juan Bosch. En carne propia experimentó esa realidad. El gobierno estadounidense no permitió que un gobierno democrático, patriótico y revolucionario se instalara en sus fronteras. Ya era suficiente con la Cuba de los barbudos.

Varias veces Bosch intentó alzarse con la presidencia, a través de su participación en elecciones democráticas, mas el control ideológico y político que el imperialismo ejercía sobre la población impidió su triunfo.

Ya en el ocaso de su luminosa vida Bosch escribió: “Nuestra aspiración es que un día, cuando los niños que están empezando hoy a hablar sean hombres viejos y de nosotros no quede sino una cruz sobre una tumba, esos viejos les digan a sus hijos que el compañero Juan vivió y murió pensando cada hora de cada día en servir a su pueblo”.

Fuente: Correos del Orinoco

 

Haití era un mal ejemplo para los Estados Unidos. Los negros haitianos no sólo se habían liberado del colonialismo español, inglés y francés, sino que también se habían liberado de la oprobiosa esclavitud. Mientras esto sucedía en la isla caribeña, miles y miles de esclavos se desangraban en las plantaciones sureñas del país fundado por Washington.

Los gobiernos estadounidenses siempre se ensañaron con Haití. Primero lo bloquearon, para luego apoyar a la oligarquía blanca en el despojo de las tierras de los campesinos pobres. Las plantaciones de azúcar se abrieron paso junto a la trágica deforestación. No satisfecho con esto, en 1915 invadieron el país, llevándose la caja de caudales con todas las reservas monetarias, apoderándose de la Aduana, permitiendo que extranjeros pudieran comprar tierras haitianas e instalando a la Haitian American Sugar Company como la principal empresa agroindustrial y al City Bank como el principal ente financiero.

Uno de quienes estuvo al mando de la invasión fue el general Smedley Butler. Este personaje, premiado con honores y medallas, ya en su retiro y con una mezcla de cinismo y sinceridad dijo: “He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: en la infantería de marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado, al servicio de los grandes negocios de Wall Street y sus banqueros”.

Ante la ocupación militar, un grupo de oficiales patriotas, al mando de Carlomagno Peralte, organizó la resistencia. La guerra de guerrillas se desató en todo el territorio. La lucha fue cruenta y los yanquis tuvieron que apelar a refuerzos. La brutal respuesta estadounidense fue el asesinato en masa, incendios de poblaciones enteras, torturas y atropellos de todo tipo. La contracara a la bestialidad imperialista fue el heroísmo de los haitianos.

Sólo la traición pudo con Carlomagno Péralte. Un oficial gringo, disfrazado, lo asesinó pegándole un tiro en el corazón. Fue en noviembre de 1919 y su cadáver fue colgado y exhibido, atado a una puerta, en una plaza pública. Los yanquis fotografiaron el cuerpo de Carlomagno e hicieron circular la imagen para escarmiento de los haitianos insurrectos. Más los haitianos vieron en esa imagen un Cristo negro martirizado, y también un ejemplo de patriotismo y convicción revolucionaria.

Fuente: Correo del Orinoco

Crecí oyendo hablar de Camilo. Mi padre, que nunca llegó a alzarse, fue miembro activo del Movimiento 26 de Julio y lo conoció mucho cuando cruzó el río Cauto, después del combate de La Estrella. Tengo la visión de su rostro en una nochecita invernal de 1958 y quizás por las tantas veces que me había enseñado mi abuela, se me pareció definitivamente a Cristo.

Pero claro, la mayor parte de las referencias que guardo de Camilo, las aprendí de mis mayores. Pude ver un papelito muy doblado que por mucho tiempo tuvo mi padre, hasta que lo perdió en una carrera a caballo en el potrero. Era la licencia que él le otorgaba para que pudiera portar un revólver Colt 45. A estas alturas esto me recuerda el interés del Ejército Rebelde por legitimar sus actos y sus acciones, como ya en el siglo XIX había hecho la primera República de Cuba en Armas.

Yo vivía con mi abuelo Agustín, en lo que ellos llamaban la finca de adelante (Santa Isabel); por eso no pude estar allá en El Monte, como se le decía a la otra finca, cuando Camilo llegó allí con su columna poco tiempo antes de emprender la invasión a Occidente.

Mi madre dice que llegaron ya cuando la noche era una boca de lobo, y se acomodaron silenciosos en la cocina. A esa hora lo que había en la casa era un racimo de plátanos manzanos y una bola de queso fresco. Ella puso en la mesa los alimentos, y Camilo le pidió un cuchillo. Cortó el queso en tantos pedazos, como soldados traía. Luego se los fue entregando junto con un platanito. Al final, apenas se comió las boronillas.

Esa noche del cincuenta y ocho, ni Camilo y por supuesto, mucho menos mis padres, se podían imaginar la sorpresa que traería la transmisión de la radio revolucionaria. Luego del queso y los plátanos, pasaron a la sala de la casa campesina, para poder sintonizar la radio alimentada por pilas secas. Después de salvar la impedimenta de las interferencias, se escuchó la voz de Violeta Casals: “¡Aquiiiiií Radio Rebelde….!” Dijeron los partes de los enfrentamientos en los diferentes frentes y luego leyeron informaciones enviadas desde la Comandancia de Fidel. Al final, informaban que por disposición del alto mando Orlando Lara —que siempre operó en el llano— era ascendido a capitán y Camilo Cienfuegos, a Comandante. Él se quedó mudo, dejándose abrazar, dice mi madre, por toda la gente de su tropa.

Después le vino ese manotazo de su desaparición. De creer que aparecía por momentos. De echar, todavía en el río Cauto un barquito con flores, con la esperanza de que llegara al mar. Tuvo que pasar mucho tiempo, para que yo entendiera, como lo habrán hecho tantos de mis semejantes que en lo mejor de cada uno de nosotros, está Camilo sonriendo y atreviéndose a todas las aspiraciones por venir.

Fuente: Cuba Debate

Los gobiernos adecos y copeyanos fueron los responsables de la tortura, asesinato y desaparición de miles de venezolanos que se enfrentaban a las políticas proimperialistas y hambreadoras impulsadas por el Partido Acción Democrática y el Partido COPEI, los cuales estaban (y están) plagados de burdos negociantes politiqueros que no son otra cosa que miserables ladrones y asesinos: la utilización pertinaz de la injuria, la calumnia, la traición y la burla más descarada e infame, el asesinato y la amenaza con escuadrones armados hasta los dientes eran las “políticas” que generaban y generan contra el Pueblo Pobre de Venezuela estos esbirros del imperialismo.

Una de las víctimas de estos asesinos fue el camarada revolucionario Alberto Lovera (1923 — 1965). Desde muy joven estuvo vinculado a las luchas emprendidas por los trabajadores portuarios y pescadores del oriente del país. Fue dirigente revolucionario surgido de la clase obrera petrolera venezolana que fundó varios sindicatos petroleros en el estado Zulia, al tiempo que fue cofundador de la Juventud Comunista (JCV). Luego fue dirigente del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en Zulia, Lara y Caracas. Estuvo a la cabeza de la huelga petrolera de 1950 y luchó desde los primeros instantes en la derrota de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958.

Alberto Lovera lo entregaron elementos infiltrados en el Partido Comunistas que trabajaban para la CIA, entre ellos Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez. Al parecer lo delató un “camarada” llamado Aníbal González, siendo Gonzalo Barrios el mayor cómplice en el asesinato del profesor Lovera. En Venezuela, la CIA se enfocaba en la persecución y el monitoreo de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y específicamente de su líder, Alberto Lovera.

El 17 de octubre de 1965, Alberto Lovera es detenido en Caracas por funcionarios de la DIGEPOL, y trasladado a las instalaciones de esa policía, donde comienzan a torturarlo durante nueve días consecutivos, hasta que lo asesinan. El 27 de octubre de 1965, apareció sumergido su cuerpo en las costas del estado Anzoátegui.

El cadáver de Alberto Lovera tenía la cara y las manos destrozadas totalmente, para evitar ser identificado a través de sus facciones, estudios dentales o a través de sus huellas digitales. Sin embargo, la medicatura forense logró determinar que éstos pertenecían al dirigente político.

El caso de la tortura y asesinato de Alberto Lovera es uno de los miles que han quedado en la impunidad y el cual nos llena de coraje e indignación ante el Sistema de Justicia que privilegia a unas elites corruptas y asesinas solo por su poder político o militar. Y a su vez, es un llamado a no olvidar el régimen de terrorismo de Estado a que fue sometido el Pueblo venezolano por la derecha fascista encarnadas en los dirigentes adecos y copeyanos de siempre, y a sus ahora presentes trasmutaciones en partidos con su misma ideología y sus mismas prácticas.

Rescatando la Memoria Histórica Revolucionaria.

Desde Venezuela, Tierra de Libertadores, a 522 años del inicio de la Resistencia antiimperialista en América, y a 204 años del inicio de Nuestra Independencia,

Coordinadora Simón Bolívar

Revolucionaria, Solidaria, Internacionalista, Indigenista, Popular y Socialista.

 

Fuente: Coordinadora Simón Bolívar

Nació en La Guayra, promediando el Siglo XVIII. Fue educado en las milicias de su pueblo natal, donde su padre era comandante de la plaza, llegando al grado de capitán.

Junto a todo tipo de mercancías que llegaba al puerto, a Gual sólo le interesaba una: los libros que venían en secreto desde la Europa revolucionaria. Es así que el capitán se sumergirá en las lecturas de D'alembert, Rousseau, Montesquieu, Locke, Voltaire y otros representantes del pensamiento liberal republicano. La idea de derrocar a los representantes de la monarquía española e instalar una República independiente maduraba y se fortalecía.

Junto a otros camaradas, hastiados del poder español, Manuel Guay comenzará a planificar una conspiración sostenida en los principios republicanos y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. La libertad de los esclavos sería una de las principales banderas de lucha. A sus amigos revolucionarios, entre otros José María España y Simón Rodríguez, pronto se le sumará el mallorquín Juan Bautista Picornell, hombre experimentado en conspiraciones.

Manuel Gual fue nombrado Comandante en Jefe del Ejercito Revolucionario del Pueblo Americano, y fue encargado de elaborar el plan de acción para derrocar a las autoridades españolas. Descubiertos estos planes por la delación de uno de los miembros de la sociedad secreta, los colonialistas actuaron con premura, desatándose una implacable persecución contra todos los implicados en la conspiración. De los acusados unos fueron condenados a prisión, otros deportados, y un grupo sentenciado a la horca.

Luego de huir hacia las islas del Caribe, Gual intentará armar un ejército de liberación a fin de invadir Venezuela e independizarla. Para esto se escribe con Miranda, a quien le confiesa sus intenciones. Mientras tanto los españoles ponen precio a la cabeza de cada uno de los conjurados. José María España  regresará a La Guayra a continuar la lucha. Intenta levantar a los esclavos de Nayguatá, pero es apresado y ahorcado.

Las órdenes del Capitán General son claras y los revolucionarios tienen que ser asesinados. Es así que Manuel Gual, patriota, republicano y revolucionario, muere envenenado por un esbirro de los colonialistas en Trinidad, el 23 de octubre de 1800. La conspiración había sido detenida, pero la lucha por la igualdad y la independencia recién comenzaba.

Fuente: Correo del Orinoco

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº98

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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