Hacer de la democracia, el respeto a los derechos humanos, la justicia social y el estado de derecho una realidad en la República El Salvador, fue la principal lucha del incansable líder histórico revolucionario Schafik Hándal, quien nació el 13 de octubre de 1930 en la ciudad de Usulután.

Con tan solo 13 años de edad, inició su combate apoyando la Huelga Nacional de Brazos Caídos, una gesta heroica del pueblo salvadoreño que derrocó la dictadura militar que encabezaba el general Maximiliano Hernández Martínez, responsable de la masacre de más de 30.000 campesinos en 1932.

El hilo conductor de toda su lucha fue empuñar la bandera de la democracia en la nación para abrir al pueblo salvadoreño la posibilidad de decidir por sí mismo.

Hándal ingresó a la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador donde junto a un grupo de jóvenes fundó la Alianza de la Juventud Demócrata Cristiana en 1949, que cumplió con el objetivo de lograr la autonomía de la Universidad de El Salvador.

Exiliado en Chile en 1951, tras ser reprimido y expulsado de su país, culminó la carrera de Derecho en Santiago, donde también participó como militante del Partido Comunista chileno hasta que 1957 regresó a El Salvador.

Entre 1970 y 1979, Hándal trabajó activamente por la unificación de las cinco organizaciones de la izquierda revolucionaria que condujeron a la fundación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) con un claro objetivo: Abolir el capitalismo neoliberal y asegurar el desarrollo nacional con justicia social y en democracia.

Durante el conflicto armado salvadoreño (1980-1992), bajo el seudónimo de Comandante Simón, integró la Comandancia General del FMLN que dirigió la guerra revolucionaria, hasta la firma de los acuerdos de paz en 1992.

El FMLN es ejemplo de inclusión, unidad, colectivismo y organización, en función de los intereses y anhelos de las grandes mayorías de El Salvador. Desde sus inicios, mantiene el compromiso con la libertad, la justicia y la democracia.

Hándal, un pensador de todos los tiempos, sabía que el pueblo organizado era clave para el desarrollo libre de un país.

Además de su batalla incansable por la justicia de los pueblos, en Venezuela Hándal es recordado como entrañable amigo del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, con quien ideó varios programas bilaterales en diversas áreas.

El comandante Chávez destacaba que la lucha de FMLN y de Schafik Hándal es la misma que la de la Revolución Bolivariana: Darle poder a los pobres.

El 24 de enero de 2006, a los 76 años de edad, Schafik Hándal murió a causa de un paro cardíaco cuando regresaba de La Paz, Bolivia, donde se celebró la toma de posesión del presidente de esa nación, Evo Morales.

Fuente: AVN

Se dice con cierta liviandad que allá en la Higuera, allí donde los asesinos creyeron matarlo, los campesinos, los pobladores aún ven a Ernesto CHE Guevara andando por aquellos lugares más olvidados.

O que "creen "que en realidad es un santo, que llegó hasta ese lugar en el mundo, para redimir, salvar y curar a los pobres, No, no lo creen, así, como creencia vaga. Sienten ese peso de amor regado por el CHE, en cada uno de los caminos que anduvo.

Y sólo imaginándolo en su integridad humana, en su capacidad asombrosa de imaginar y sembrar sueños de redención, podemos entender que aquellos campesinos saben, con la sabiduría con que resisten a la dura realidad en que viven, que es imposible que el CHE haya muerto.

La interpretación intelectual dirá que los hombres como el Che no mueren nunca, y es así el eterno renacer de los mitos.

"¿Es que no somos los revolucionarios los primeros que empezamos por reconocer lo efímero de la vida física de los hombres y lo perdurable y duradero de las ideas, la conducta y el ejemplo de los hombres, si ha sido el ejemplo el que ha inspirado y ha guiado a los pueblos a través de la historia?". Es algo que se preguntaba y preguntaba al pueblo cubano el comandante Fidel Castro en la dolorosa hora en que tuvo que dar la noticia de la muerte del comandante Guevara, el compañero eterno, el amigo cuya lealtad con la verdad siempre destacó.

"Porque los cantos de victoria de los imperialistas de que (la muerte del CHE) va a servir para desalentar la lucha revolucionaria, no tardarán en ser desmentidos por los hechos. Los imperialistas saben también la fuerza del ejemplo, la tremenda fuerza del impacto; y los imperialistas saben que si un hombre físicamente puede ser eliminado, un ejemplo como ese nada ni nadie lo puede eliminar jamás" diría también en su memorable informe al pueblo.

El CHE, ya era ese mito, cuando se largó a los caminos de América Latina. Un viajero juvenil, que iba descubriendo asombrado a sus hermanos en un territorio, que nunca pudo ver como una sucesión de fronteras, de líneas demarcatorias falsas y frágiles. Lo reflejó en su escritura, que siempre fue un viaje, y sus viajes eran literatura hablada o escrita.

Y también combate cotidiano, cuando tocaba la realidad hasta que esta doliera en su cuerpo. Combate cotidiano, no sólo por la liberación de los pueblos, sino la lucha interior para liberar al "hombre nuevo" que algunos no quieren ver, ni dejar nacer porque entienden que la capacidad de amar al otro, al prójimo, al compañero, al hermano, al combatiente, al poeta, al niño que busca comida en los desperdicios, al ser humano más desvalido y al más intenso, sensible y desamparado, los puede hacer "débiles".

No entienden -como bien lo explica el CHE en cada una de sus líneas- y no sólo en su elaborado pensamiento político exhumando realidades a la intemperie, como él las vivió, que para andar libre en este mundo ciego, uno no debe cegarse para ser aceptado dentro de los cánones de un capitalismo feroz y desalmado.

Todo lo contrario, despertar y renacer a cada paso, mirar como miran los que construyen una vida viva.

Mirar con la ética de un apóstol, como miraba José Martí, iluminando todo lo que estaba a su alcance.

Así iluminaba e ilumina el Che. Así escribía, no para la vanidad o la gloria, sino para una humanidad humanísima. "Creo que escribir es una forma de encarar problemas concretos y una posición que por sensibilidad se adopta ante la vida", dijo alguna vez.

Bien podría decirse, que ese hombre, ese mismo CHE, que con ojos entreabiertos, la barba desafiante, una leve sonrisa, que lo hizo ver como a un Cristo, allí sobre una fría y gris mesa de morgue, se burló de la muerte, desconcertó a sus asesinos, que comenzaron a conjeturar los misterios de increíbles resurrecciones que matan a la muerte.

Ese mismo CHE que insurreccionaba todo a su paso, que recreaba pensamientos y teorías, con la precisión que da la dialéctica como condición vital, como ejercicio de la realidad, que reverdece y no apaga o envejece las concepciones teóricas.

"El CHE podía llorar por dentro mientras daba las órdenes más duras en los momentos cruciales", me dijo alguien alguna vez.

"Un CHE humanísimo", dijo otro encendedor de fuegos, que siempre lo miró como alguien que podía errar, equivocarse, volver atrás, "humanísimo" en el sentido de la imperfección humana, con una voluntad de convertir la independencia en una liberación nacional definitiva. Pudo interpretar comprensiva y críticamente al mundo moderno.

Había entendido la esencia brutal del colonialismo que hasta hoy nos agobia, tratando de enterrar nuestras culturas, ideas, renaceres y nos enseñó a luchar contra la colonización eterna, que aún anida en mentes y corazones. Esas que el enemigo intenta ganar en una guerra encubierta, cuyos mayores combates se dan en los medios masivos de comunicación, controlados militar y sicológicamente, en los entretenimientos disparados como baterías sobre nuestros pueblos, para colonizarnos mejor.

Quería recordar al CHE, quizás de otra manera, con otras palabras que brotaran como el agua, su enseñanza más profunda y más simple, vivir revolucionariamente sus ideas, reelaborar conceptos teóricos, romper con los dogmas para construir un socialismo vivo, candente, como soñó alguna vez la dirigente comunista chilena, Gladys Marín: "un socialismo de colores", universal, pero salido desde las realidades y culturas más diversas, como un arcoíris.

Un socialismo del Siglo XXI, que recree el paso de los tiempos, las renovadas realidades, y con la precisión científica de la dialéctica, que devora esquemas, mediocridades, individualismos, porque es la esencia de lo colectivo, de lo trascendente sobre lo banal o los estancamientos.

Junto a Fidel y sus compañeros de la Sierra Maestra, el alcanzó a imaginar ese socialismo vivo. Alcanzó a vivir sus primeros pasos en esa pequeña isla del Caribe, que amó y que es hoy el espejo de todo lo que es capaz de hacer el hombre nuevo o en proceso de serlo en medio de todas las adversidades, con la fuerza de la convición, con la pasión del creador, con la dignidad del justo.

Fuente: Prensa Latina

Cuando se formó la Primera Junta de Gobierno en Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, Juan José Castelli ya tenía 46 años de edad.

El escritor argentino expresó en esta carta a Roberto Fernández Retamar y Adelaida de Juan la tristeza que le provoca la noticia de que el Che Guevara ha muerto.

Adelaida y Roberto Fernández Retamar
París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Sólo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadi­lla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos ca­bles y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. En­tonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiem­po de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las fra­ses. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperada­mente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me que­da más que el silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié ese texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como si uno pudiera sacarse las pala­bras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica.

Y eso no, sobre todo eso no. Li­sandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me impor­ta; en todo caso tú sabrás lo que siento.

Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organi­zación internacional. Y todo esto que te cuento también me aver­güenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje.

Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

CHE

Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca
Pero no importaba. Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.



Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,

Julio

Fuente: Julio Cortázar, Cartas 1964-1968, Edición a cargo de Aurora Bernárdez, Tomo 2, Alfaguara / Biblioteca Cortázar, 2000.

Fuente: La Haine

Familiares de una de las esgrimistas cubanas asesinadas en la explosión por bomba en vuelo de un avión civil en Barbados hace 38 años, exigieron que se haga justicia contra Luis Posada Carriles, uno de los principales responsables del acto terrorista.

“Mis hermanas y yo nos sentimos indignados porque después de tanto tiempo ese criminal vive tranquilamente en Estados Unidos, sin cumplir sentencia alguna por el hecho que nos privó de Milagro”, dijo Osvaldo Peláez Cuesta.

De 19 años de edad entonces, Milagro integró el equipo juvenil de esgrima ganador de todas las preseas de oro en un certamen en Venezuela en 1976 y que regresaba a su país en el vuelo de Cubana de Aviación, en el cual viajaban otras 72 personas.

Es algo oprobioso que sucesivos gobiernos de Estados Unidos se hayan confabulado con las acciones terroristas contra Cuba de organizaciones violentas asentadas y permitidas en la Florida, agregó.

Residente en la ciudad de Esmeralda, en el noreste de la provincia de Camagüey y de donde es oriunda la mártir, Peláez añadió que no concibe como la Casa Blanca incluye cada año a Cuba como país patrocinador del terrorismo.

Nosotros somos víctimas y luchadores contra ese flagelo, como hicieron los dignos cubanos que cumplen severas e injustas sanciones en cárceles de Estados Unidos, manifestó.

Cuba declaró al 6 de octubre como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, flagelo que tiene en su haber la muerte de tres mil 478 cubanos.

Fuente: Cubadebate

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº98

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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