Más allá del primer misil de la medianoche del 5 de julio, un disparo que podría convertirse en una guerra comercial despiadada, la lucha de aranceles entre China y los Estados Unidos debe verse en el contexto de un gran escenario de combate geopolítico y económico.

La guerra comercial planteada por Estados Unidos contra China, la Unión Europea, Canadá y México –entre otros— es la expresión del agotamiento económico y político puesto en evidencia por el gobierno de Donald Trump. Después de cinco décadas de neoliberalismo, y de instigar al resto del mundo a abrirse a los mercados globales, Washington se lanza a reducir su déficit comercial y relocalizar sus empresas. Al mismo tiempo intenta darle continuidad a sus debilitadas ventajas tecnológicas, hoy desafiadas por la República Popular China.

Con su actitud característica de persona omnipotente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó y enseñó los documentos que imponen un arancel del 25 % sobre las importaciones de acero y del 10 % a las de aluminio.

A principios de 2013, cuando comenzó la ola especulativa que padecemos ahora con especial fiereza, el clamor favorito de los expertos económicos era la “necesidad” de “sincerar de precios”.

The Financial Times, portavoz del caduco neoliberalismo global, con tal de defender sus intereses plutocráticos amarra navajas entre Rusia y China por el control de la creativa Ruta de la Seda Polar (https://goo.gl/HGB1C1), mientras el muy bien informado portal ruso Sputnik devela la coordinación entre Moscú y Pekín.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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Correos del Sur Nº71

 

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