Agradezco a los organizadores de la Feria Universitaria del Libro, de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, la honrosa invitación para presentar y hacer un breve comentario de un libro importantísimo: Privatización del Petróleo. El robo del siglo, del doctor y diputado Ricardo Monreal.

Acepté la invitación porque, aunque no soy afecto a los libros escritos por los políticos, que normalmente escriben para “llevar agua a sus molinos” o “sacudir el esqueleto de sus adversarios”, se toca en este un tema fundamental de la patria, que me apasiona y me preocupa y porque, lo leí dispuesto a ejercer mi crítica sin cortapisas, pues yo tengo también un compromiso propio irrestricto con la libertad y nada ni nadie me haría torcer el rumbo de expresar cuanto siento –lo que me he restringido en la vida sólo en contadas ocasiones por alguna actitud de prudencia que me ha dictado mi propia conciencia–, porque al igual que el Adriano de Margarita Yoursenar “he buscado la libertad más que el poder y el poder sólo porque en parte favorecía la libertad”.

Así, con la total convicción de mi verdad, califico este libro como importantísimo, porque se trata de un espléndido análisis sobre “el tema” nacional; un libro que es a la vez crónica y prospectiva, denuncia y advertencia, enseñanza y aviso, investigación, análisis y propuesta. Un documento de fácil lectura, que sintetiza largas horas de estudio y conocimiento, de una lucha intensa en defensa de nuestro patrimonio y de la soberanía de la nación. Un tema trascendental para los mexicanos.

Un libro bien escrito, lo que hay que recalcar en una feria del libro, que es expresión de la cultura, lo que además debe subrayarse, ya que su autor es uno de los raros políticos mexicanos no sólo que lee, pues son muy pocos los que saben leer, sino que sabe escribir, los que son muchos menos. Un libro grato para leerse por el buen manejo del idioma, aunque poco agradable por la situación del tema que aborda, documentada y razonadamente, pero que debiera ser de obligada lectura y del más alto interés de todos los mexicanos, ya que se refiere a un asunto del que depende en buena parte el futuro de la nación. Un libro en fin que interesa, que aprehende, que preocupa; que sacude la conciencia, obliga a la reflexión y provoca a la toma de posiciones como obligación ciudadana.

En su recorrido, confirmo con meridiana claridad lo que he expresado en no pocos foros, de que las leyes que conforman la reforma energética, contienen una enorme lista de agravios contra la Constitución, la soberanía, el patrimonio nacional, la seguridad energética, la propiedad de la tierra, la preservación y cuidado del medio ambiente, en suma contra el futuro completo de México, independientemente de los que para lograr su aprobación, se han cometido contra los procedimientos democráticos, con la manipulación del necesario debate y la opinión ciudadana y contra la división de poderes, al convertir al Legislativo, que debiera ser un espacio de deliberación inteligente, en un sujeto pasivo, subordinado y sumiso del Ejecutivo, cuya mayoría prefiere la comodidad de la servidumbre recompensada, a la lucha por la libertad de manifestación y de conciencia y la defensa de los intereses nacionales.

Deja claro igualmente, que la propuesta que es ahora ley y que llevó a modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, surge de premisas y diagnósticos que orientados a una conclusión tomada de antemano y que era la entrega del sector energético a la iniciativa privada, nacional y extranjera –y más a la extranjera que a la nacional– adolecían de múltiples defectos: insuficientes en el análisis económico, discutibles desde el punto de vista técnico, inconsistentes en el aspecto legal, ignorantes de contenido histórico, ayunos de sensibilidad política y carentes de patriotismo.

Como deja claro también el esfuerzo que tenemos que hacer para exigir que se consulte a la ciudadanía en junio próximo y para buscar una adecuada representación de la ciudadanía en la Cámara de Diputados, como exige la verdadera democracia y le urge a la supervivencia de nuestra patria como nación independiente. Para reencauzar el proyecto nacional. Para evitar lo que el autor llama“la resaca que le sigue a una borrachera: la crisis y la decepción generalizada de la ciudadanía cuando ya no se pudiera hacer nada para evitar las consecuencias de la apertura del sector energético”.

En el tránsito de su lectura, el libro de Monreal nos habla –porque los libros hablan– no sólo de la tragedia que la privatización del petróleo significa, sino de las raíces y las causas de su consumación: la compra del reconocimiento de una elección desaseada que va desde las iniquidades económicas y la manipulación de encuestas, hasta la compra y alteración de votos con procedimientos arcaicos, paradójicamente modernizados con tecnología sofisticada, pero aferrados a los mismos fines y principios de siempre. Sí, la convergencia de las viejas mañas y las herramientas de la modernidad.

Desde su introducción que hay que leer con cuidado –lo señalo porque no pocos lectores se brincan por costumbre introducciones y prólogos–, el doctor Monreal contextualiza, en un país lleno de carencias de toda índole para la inmensa mayoría de sus pobladores, la magnitud económica, política y social del agravio que significa la privatización del petróleo, porque no se trata, queda claro, sólo de los miles de millones de dólares que se sustraerán al Estado, sino de la entrega de soberanía, de albedrío, de libertad y con ello de la disminución de nuestras capacidades propias para definir nuestro futuro y nuestras posibilidades de desarrollo.

El trágico título del primer capítulo “Comprar la Presidencia, vender el petróleo”, resume el drama nacional y el costo para los mexicanos, de las ambiciones de poder de políticos sin más intereses que los de grupo, sin ideales ni conciencia social; que ignorando el compromiso inicial de respetar la Constitución, como pacto nacional, se arrodillan ante los dictados del Consenso de Washington, nuevo Evangelio según Uncle Sam, al que en 1990 John Williamson, economista del Banco Mundial elevara a nivel de Sagrada Escritura y que siguen sus fanáticos fundamentalistas como “dogmas de Fe”; que promueve la privatización a ultranza de las empresas públicas, teniendo desde luego, como objetivo el petróleo y se traducen en palabras de Monreal, “en la línea dura de las políticas neoliberales; lo privado por encima de lo público; la ganancia por encima de la dignidad y la propiedad social: el despojo”.

La cesión del país, como él la llama, hecha ahora por convicción de la clase en el poder, tirando al cesto de la basura la resistencia a las presiones que la historia de México recoge en los esfuerzos de Carranza, de Calles, desde luego de Cárdenas y de López Mateos.

“Hoy hay que pagarle al diablo su factura petrolera”, escribe Monreal, aunque yo pienso que lo que nuestros jerarcas pretenden en definitiva es, en palabras de López Velarde, de una vez por todas, “escriturarle los veneros de petróleo”.

Javier Jiménez Espriú / I parte

Fuente: lospuebloshablan.org

Fue en 1985 cuando el mulá Omar y su equipo Yihadista-Taliban-Al qaedista fueron invitados por Ronald Reagan a la Casa Blanca para tomar té y negociar la construcción del gaseoducto transafgano (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India, “TAPI”) sobre las ruinas del espacio soviético.

"Mientras los combatientes del Estado Islámico de Irak y Siria (en inglés, ISIS: Islamic State in Iraq and Siria) continúan conquistando territorio, este grupo ha ido organizando en silencio una estructura administrativa efectiva, compuesta sobre todo de iraquíes en edad madura que dirigen las secretarías de finanzas, armas, gobiernos locales, operaciones militares y reclutamiento", informa The New York Times en su edición de este 28 de agosto.

Mientras los medios de prensa occidentales presentan al Emirato Islámico en Irak y el Levante como una banda de yihadistas capaces de recitar el Corán de memoria, ese grupo armado ha iniciado en Irak la guerra del petróleo.

La economía mundial seguirá gravitando sobre la dependencia del petróleo en la próxima década pues las energías alternativas todavía necesitan enormes subsidios como para ser viables en los países en vías de desarrollo, la práctica del fracking (especie de panacea universal que resolverá los problemas energéticos de la Humanidad) es todavía incipiente y suscita recelos medioambientales y la inercia de los activos petroleros no permitirá que las grandes compañías abandones sus equipos e infraestructura actual.

Frases

“Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas.”

Fidel Castro

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