El Banco Mundial pretende que para progresar, los PED[1] deben recurrir al endeudamiento externo y atraer las inversiones extranjeras. Este endeudamiento sirve principalmente para comprar bienes de equipamiento y de consumo a los países más industrializados. Los hechos han demostrado día tras día, durante décadas, que esto no funciona. Los modelos que han influenciado la visión del Banco Mundial conducen naturalmente a los PED a una fuerte dependencia de los aportes externos de capitales, en general en forma de préstamos, con la ilusión de alcanzar un nivel de desarrollo autosostenido. Los proveedores de fondos públicos —gobiernos de los países industrializados y el Banco, en particular— consideran los préstamos como un poderoso medio de influencia sobre los países que se endeudan. Las acciones del Banco no se resumen en una sucesión de errores o de malas jugadas. Al contrario, son parte de una visión coherente, teorizada, sistematizada, que se enseña doctamente en la mayoría de las universidades. Centenares de libros de economía del desarrollo la destilan. El Banco ha producido toda una ideología del desarrollo. Cuando los hechos la desmienten, el Banco no la vuelve a considerar. Al contrario, intenta deformar la realidad para continuar protegiendo el dogma.

 
En el curso de los primeros diez años de su existencia, el Banco generó muy pocas reflexiones sobre el tipo de política económica que debía mantener con los países en desarrollo. Se explica por varias razones: porque 1) esto no formaba parte aún de sus prioridades. En 1957, la mayoría de los préstamos del Banco (52,7 %) se concedían a países industrializados;[2] 2) la matriz teórica de los economistas y dirigentes del Banco era de inspiración neoclásica, teoría que no atribuye un lugar específico a los PED;[3] 3) hasta 1960, cuando se creó la Asociación Internacional de Desarrollo (AID), no se había dotado de un instrumento específico para prestar dinero a bajo interés a los países en desarrollo.
 
El Banco trabajó poco la teoría, pero ello no le impidió criticar a los otros. Así, en 1949 criticó un informe de la comisión de las Naciones Unidas para el empleo y la economía que defendía la inversión pública en la industria pesada de los PED. El Banco objetó que los poderes públicos de los PED ya tienen bastante que hacer con la realización de buenas infraestructuras y que deben dejar la responsabilidad de la industria pesada a la iniciativa privada local y extranjera.
 
Según Mason y Asher, historiadores del Banco Mundial, su orientación partía del postulado de que los sectores público y privado deben desempeñar papeles diferentes. El sector público debe asegurar el desarrollo planificado de una infraestructura adecuada: ferrocarril, carreteras, centrales eléctricas, instalaciones portuarias y medios de comunicación en general. Al sector privado le corresponde la agricultura, la industria, el comercio y los servicios personales y financieros, puesto que se da por sentado que en todos estos ámbitos la iniciativa privada obtiene mejores resultados que el sector público.[4] En realidad, hay que ceder al sector privado todo lo que puede producir un beneficio. En cambio, las infraestructuras son actividades del sector público porque la cuestión es socializar los costes, en beneficio del sector privado. En resumen, El Banco Mundial recomienda la privatización de los beneficios, combinada con la socialización de los costes de lo que no es directamente rentable.
 
Una visión del mundo conservadora y etnocéntrica
 
La visión del Banco está marcada por diversos prejuicios conservadores. En los informes y discursos de sus primeros quince años de existencia, se refería regularmente a regiones atrasadas y subdesarrolladas, lo que ya es todo un programa. Sobre las causas del subdesarrollo, el Banco adoptó un enfoque etnocéntrico. Se puede leer en el octavo informe anual de Banco: «Las razones de que ciertas regiones del mundo no estén desarrolladas son numerosas y complejas. Muchas culturas, por ejemplo, conceden poco lugar al progreso material y, de hecho, algunas lo consideran incompatible con unos objetivos más deseables para la sociedad y para el individuo[5] La falta de deseo o de voluntad de progreso material y de modernización de la sociedad es presentada como una de las causas del atraso. El profundo respeto de los hindúes por las vacas resulta así un resumen que permite comprender el retraso de la India. A propósito de África, Eugene Black, presidente del Banco, declaró en 1961: «Aún a día de hoy la mayoría de los doscientos y pico millones de habitantes de África apenas comienzan a formar parte de la sociedad mundial[6] El carácter reaccionario de la visión del Banco Mundial no ha desaparecido del todo con el correr de los años. En el Informe sobre el Desarrollo en el Mundo de 1987 manifiesta: «En Principios de economía política (1848), John Stuart Mill evoca las ventajas que resultan del “comercio exterior. Aunque haya pasado más de un siglo, sus observaciones siguen siendo tan válidas hoy como en 1848. Hablando de las ventajas indirectas del comercio, Mill dice: “... un pueblo puede estar en un estado letárgico, indolente, inculto, con todas sus aspiraciones satisfechas, adormecido, y no puede poner en acción todas sus fuerzas productivas por la falta de un objeto que desee. La aventura del comercio exterior, al hacerle conocer nuevos objetos u ofrecerle la tentación de adquirir objetos que hasta entonces no pensaba poder procurarse [...] alienta a quienes se contentaban con un poco de comodidad y un poco de trabajo a trabajar duro para satisfacer sus nuevos gustos, incluso a ahorrar y acumular capital.”»[7] El retorno al poder de los neoconservadores, con Bush en el gobierno desde 2001, ha fortalecido su carácter profundamente materialista y reaccionario. La nominación de Paul Wolfowitz, uno de los principales neocons, a la presidencia del Banco (2001-2008), había consolidado esta orientación.
 
Lo que resulta sorprendente en los documentos del Banco y en la literatura en boga en materia de desarrollo, de los años 50 a los años 70 es el espacio dedicado a la planificación del crecimiento y del desarrollo (tanto en las economías industrializadas como en los PED). Hasta finales de los años 70, la presencia de la planificación se puede atribuir a varios elementos: 1) la voluntad de planificación —el planismo— surgida en el curso de la prolongada depresión de los años 30 como respuesta al caos provocado por el laissez-faire; 2) la necesidad de organizar la reconstrucción de Europa y Japón; 3) era el período de los treinta gloriosos, caracterizado por un crecimiento económico sostenido, que había que dirigir y planificar; 4) los éxitos, comprobados o supuestos, de la planificación soviética, que ejercían una indudable atracción real hasta sobre los enemigos declarados del llamado bloque comunista. La planificación es un tema que fue totalmente ignorado a partir del comienzo de los años 80, con el retorno de la ideología y las políticas neoliberales.
 
Otra preocupación, muy presente al principio, pero que fue olvidada a partir de los años 80, era la decisión tomada por una serie de países latinoamericanos de recurrir a la sustitución de importaciones y la posibilidad (vista como una amenaza por la mayoría de los dirigentes de los países más industrializados) de que otros países, de reciente independencia, siguieran la misma vía.
 
Pasemos revista a varias aportaciones de economistas que tuvieron una influencia directa sobre el Banco y en el seno de éste.
 
El modelo HOS (Heckscher-Olin-Samuelson)
 
La teoría de las ventajas comparativas de Ricardo fue reforzada en los años 30 por el análisis de los economistas suecos Heckscher y Olin, al cual se incorporó más tarde Samuelson (cuya síntesis se conoce como modelo HOS). Este modelo habla de «dotación en factores de producción» (trabajo, tierra y capital) y sostiene que todos los países tienen interés en especializarse en la producción y la exportación de bienes que utilicen con mayor intensidad el factor de producción más abundante en ellos —que también es el más barato—. Gracias al librecambio, se operará la equiparación de la remuneración de los factores en todo los países que lo practiquen (el factor abundante —exportado— se hace escaso y por lo tanto se encarece; el factor escaso —importado— abunda y en consecuencia se abarata). La especialización establecerá una distribución óptima de los factores en un mercado mundial homogeneizado. Según esta óptica, la búsqueda de la máxima integración del mercado mundial sería una apuesta ganadora y un juego de suma positiva para todos los participantes. Diversas investigaciones efectuadas más tarde, especialmente por Paul Krugman,[8] para verificar la pertinencia del modelo HOS han demostrado que éste no se ajusta a la realidad.
 
Las cinco etapas del crecimiento económico según Walt W. Rostow
 
En 1960, Rostow[9] enumeró cinco etapas del desarrollo en su libro Las etapas del crecimiento económico, un manifiesto no comunista.[10] Para él, todas las sociedades se pueden clasificar en alguna de las cinco categorías, y deben seguir este itinerario.
 
La primera etapa es la sociedad tradicional, caracterizada por el predominio de la actividad agrícola. El progreso técnico es nulo, casi no hay crecimiento del producto y no se prevé un cambio de mentalidad.
 
Luego, la etapa previa al despegue, que ve nacer el desarrollo de los intercambios y de las técnicas, una evolución de las mentalidades que rompe con el fatalismo y un aumento del ahorro. Ha sido, de hecho, la evolución de las sociedades europeas entre el siglo xv y principios del siglo xviii.
 
La tercera es la del despegue (take-off), una etapa crucial que corresponde a un salto cualitativo, con un aumento significativo del ahorro y de la inversión, así como al paso a un crecimiento acumulativo.[11]
 
La cuarta etapa es calificada de «marcha hacia la madurez»: el progreso técnico se impone en todas las actividades y la producción se diversifica.
 
En fin, la era del consumo de masas, que coincide con la quinta y ultima etapa.[12]
 
Según Rostow, en el nivel del despegue, la aportación de capitales exteriores (bajo forma de inversiones extranjeras o de crédito) es indispensable.
 
Este modelo se caracteriza por un esquematismo caricaturesco. Presenta el estado de desarrollo alcanzado por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial a la vez como objetivo a alcanzar y como modelo a reproducir. Asimismo, considera que el modelo de despegue de Inglaterra, donde se sucedieron la revolución agrícola y la revolución industrial, debe reproducirse en otras partes. Esto significa no tener en cuenta la historia concreta vivida por los demás países. No hay nada que demuestre que cada país tenga que pasar por las cinco etapas descritas.
 
Insuficiencia del ahorro y necesidad de recurrir a la financiación externa
 
Según el enfoque neoclásico, el ahorro es un requisito previo a la inversión y es insuficiente en los PED. De donde la insuficiencia del ahorro es un factor fundamental que explica el bloqueo del desarrollo. Paul Samuelson se basa, en Economics,[13]14 en la historia del endeudamiento de Estados Unidos en los siglos xix y xx para determinar cuatro etapas diferentes, que conducen a la prosperidad: nación endeudada, joven y emprendedora (de la guerra revolucionaria de 1776 a la guerra civil de 1865); nación endeudada madura (de 1873 a 1914); nueva nación acreedora (de la primera guerra mundial a la segunda); nación acreedora madura (años 60). Samuelson y sus émulos aplicaron al centenar de países que constituyen el Tercer Mundo, desde la última postguerra, el modelo de desarrollo de Estados Unidos desde finales del siglo xviii hasta la Segunda Guerra Mundial, como si todos estos países tuvieran que imitar, lisa y llanamente, la experiencia estadounidense.[14]
 
En lo que respecta a la necesidad de recurrir al aporte de capitales extranjeros (en forma de préstamos o de inversiones), uno de los socios de Samuelson, Paul Rosenstein-Rodan, emplea la siguiente fórmula: «Los capitales extranjeros reforzarán la formación del capital nacional, es decir, serán íntegramente invertidos; la inversión generará un aumento de la producción. La principal función del ingreso de capitales extranjeros es ayudar a que la tasa de formación del capital nacional alcance un valor que pueda mantenerse sin ayuda exterior suplementaria[15] Esta afirmación es refutada por la realidad: no es verdad que los capitales extranjeros refuerzan la formación de capital nacional y son invertidos en su totalidad. Una gran parte de estos capitales se van rápidamente del país al que se dirigieron temporalmente (fuga de capitales, repatriación de los beneficios).
 
Otro error monumental: Rosenstein-Rodan, director adjunto (assistant director) del departamento económico del Banco Mundial entre 1946 y 1952, hizo predicciones sobre la fecha en la que una serie de países alcanzarían un crecimiento autosostenido. Vaticinó que Colombia llegaría a ese estadio en 1965, Yugoslavia en 1966, Argentina y México entre 1965 y 1975, India a principio de los años 70, Pakistán 3 o 4 años más tarde, Filipinas después de 1975. ¡Majaderías!
 
Destaquemos que esta definición de crecimiento autosostenido es utilizada con frecuencia por el Banco Mundial. En 1964, Dragoslav Avramovic, por entonces director del departamento económico del Banco, emitió la siguiente definición: «Se define el crecimiento autosostenido como el que implica una tasa de crecimiento de los ingresos del orden del 5 % anual, financiado por fondos gestionados dentro de las fronteras, así como por capitales extranjeros...»[16]
 
La planificación del desarrollo vista por el Banco Mundial y el establishment universitario estadounidense conduce a una impostura pseudocientífica, basada en ecuaciones matemáticas que tratan de dar legitimidad y credibilidad a la voluntad de hacer que los PED dependan del recurso a la financiación exterior. Veamos un ejemplo, formulado muy doctamente por Max Millikan y Walt Rostow en 1957: «Si la tasa inicial de inversión local de un país representa el 5 % del producto nacional, si los capitales extranjeros ingresan a una tasa constante equivalente a un tercio del nivel inicial de la inversión local, si el 25 % de todo ingreso suplementario es ahorrado y reinvertido, si la ratio capital/producto es 3 y si la tasa de interés de la deuda externa y los dividendos repatriados son equivalentes al 6 % anual, el país estará en condiciones de prescindir del préstamo neto externo después de catorce años, y podrá mantener una tasa de crecimiento del 3 % sobre la base de sus propios ingresos.»[17] ¡Otra necedad!
 
El modelo de doble déficit de Chenery y Strout
 
A mediados de los años 60, el economista Hollis Chenery, que unos años más tarde sería economista jefe y vicepresidente del Banco,[18] elaboró con su colega Alan Strout un nuevo modelo llamado «modelo de doble déficit»,[19] partiendo de dos condiciones previas: primero, un ahorro interno insuficiente, y después una insuficiencia de divisas. Charles Oman y Ganeshan Wignarja resumen este modelo con los siguientes términos: «Por definición, las hipótesis del modelo de doble déficit son: que mientras en las etapas iniciales del crecimiento industrial un ahorro insuficiente puede constituir la principal limitación de la tasa de formación del capital nacional, una vez que la industrialización está bien encaminada, la limitación principal puede no ser ya el ahorro interno en sí mismo, sino la disponibilidad de divisas requeridas para importar bienes de equipamiento, bienes intermedios y quizás incluso materias primas empleadas como insumos industriales. El déficit de divisas puede así superar el déficit de ahorro como principal limitación del desarrollo[20] Para resolver este doble déficit, proponen una respuesta simple: pedir un préstamo de divisas o aumentar las exportaciones.
 
El modelo Chenery-Strout es muy matemático. Era lo que se estilaba. Tiene la ventaja, para sus partidarios, de otorgar credibilidad y apariencia de rigor científico a una política que sobre todo pretende incitar a los PED a recurrir masivamente al empréstito exterior y a las inversiones extranjeras, por un parte, y por otra a hacer depender su desarrollo de las exportaciones. El modelo fue objeto de muchas críticas en su momento. Citaremos la opinión de Keith Griffin y Jean Luc Enos, quienes afirman que el recurso a los aportes externos limitará el ahorro local: «Mientras el coste de la ayuda (por ejemplo, los intereses del préstamo externo) sea inferior al crecimiento marginal del capital y de la producción, a un país le convendrá endeudarse todo lo posible y a sustituir el ahorro local por el préstamo externo. En otras palabras, dado un objetivo a alcanzar en términos de tasas de crecimiento, la ayuda exterior permitirá un aumento del consumo y limitará el ahorro local a la diferencia entre la inversión deseada y el monto de la ayuda exterior disponible. En consecuencia, el fundamento de los modelos del tipo Chenery-Strout es endeble en la medida en que, en teoría, se debería encontrar una relación inversa entre la ayuda exterior y el ahorro interno[21]
 
La voluntad de incitar a los PED a recurrir a la ayuda exterior como medio de tener influencia sobre ellos
 
La política de ayuda bilateral y la del Banco están relacionadas con los objetivos políticos que persigue Estados Unidos en materia de asuntos exteriores.
 
Para Hollis Chenery: «El objetivo principal de la ayuda exterior, así como de otros instrumentos de política exterior, es producir a escala mundial el tipo de ambiente político y económico en el que Estados Unidos pueda perseguir en las mejores condiciones sus propios fines sociales.»[22]
 
En un libro titulado Las naciones emergentes: su crecimiento y Estados Unidos, Max Millikan[23] y Donald Blackmer, ambos colegas de Walt Rostow, describen con claridad, en 1961, ciertos objetivos de la política exterior estadounidense: «Es del interés de Estados Unidos ver emerger del proceso de transición unas naciones dotadas de ciertas características. En primer lugar, deben ser capaces de mantener su independencia, especialmente frente a poderes hostiles o potencialmente hostiles con respecto a Estados Unidos. [...] En cuarto lugar, deben aceptar el principio de sociedad abierta, en la cual sus miembros estén invitados a intercambiar ideas, mercaderías, valores y experiencias con el resto del mundo; esto implica que sus gobiernos deben estar dispuestos a comprometerse en disposiciones de control social, policial y económico necesarias para el funcionamiento de una comunidad internacional interdependiente»,[24] bajo el liderazgo de Estados Unidos, naturalmente.
 
Más adelante, en el libro, señalan explícitamente cómo la ayuda se utiliza como instrumento para orientar la política de los países ayudados: «Para que la ayuda en capitales alcance una potencia óptima de incentivo con el fin de persuadir a los países subdesarrollados de que sigan una vía compatible con los intereses de Estados Unidos y del mundo libre, las sumas ofrecidas tienen que ser suficientemente importantes y las condiciones suficientemente flexibles para persuadir a los países receptores de que el juego vale la pena. Esto significa que debemos invertir unos recursos sustancialmente más importantes que hasta ahora en nuestros programas de desarrollo económico.»[25] (El subrayado es del autor.)
 
Veremos más adelante que el volumen de los préstamos a los PED aumentó a un ritmo creciente en el curso de los años 60 y 70, como consecuencia de una política deliberada de Estados Unidos, de otros gobiernos de países más industrializados y de las instituciones de Bretton Woods destinada a influenciar las políticas del Sur.
 
Privilegiar las exportaciones
 
Chenery y Strout afirman en una de sus principales contribuciones que el recurso a la sustitución de importaciones constituye un medio admisible para reducir el déficit de divisas.[26] Después cambiaron de opinión, en un momento en el que la aplicación de políticas de sustitución de importaciones por algunos PED se convertía en uno de los principales temas de las críticas formuladas por el Banco, el FMI, la OCDE y los gobiernos de los más importantes países industrializados.
 
Es así como otros trabajos de economistas directamente asociados al Banco se dedicaron a valorar las tasas efectivas de protección de las economías y los sesgos resultantes en términos de utilización de recursos productivos y de rentabilidad de las inversiones. Preconizaban una orientación de las estrategias hacia las exportaciones, el abandono de las tarifas proteccionistas y, en general, una política más basada en los mecanismos de mercado para la fijación de precios. Bela Balassa, Jagdish Bhagwati y Anne Krueger[27]28 sistematizaron este enfoque y sus análisis marcaron la evolución de las instituciones internacionales, constituyendo el zócalo teórico de las medidas de apertura comercial propugnadas en las décadas de los años 80 y 90. Anne Krueger[28] escribió: «Un régimen de promoción de exportaciones puede liberar la economía del país del yugo del subempleo keynesiano, pues, al contrario del régimen de sustitución de importaciones, puede disponer de una demanda efectiva virtualmente infinita para sus productos en los mercados internacionales, y por lo tanto siempre puede tender al pleno empleo, a menos que haya una recesión mundial. Una economía pequeña orientada a la exportación será capaz de vender cualquier cantidad de bienes que produzca; en otras palabras, la capacidad de oferta del país será la única limitación.»[29] Siempre el mismo cuento.
 
Trickle-Down effect o el efecto derrame
 
El efecto escurrimiento o derrame es una metáfora trivial que ha guiado la actividad del Banco Mundial desde el principio. La idea es muy simple: los resultados positivos del crecimiento se derraman, beneficiando en primer término a los más ricos, pero al final llegan también a los más pobres. Así, éstos tienen interés en que el crecimiento sea lo más fuerte posible, pues de ello dependen las gotas de riqueza que les lleguen. En efecto, si el crecimiento es débil, los ricos retienen una parte mayor que cuando el crecimiento es fuerte.
 
¿Cuales son las consecuencias para la conducta del Banco? Hay que favorecer a cualquier precio el crecimiento para que la escorrentía llegue a los más pobres. Toda política que frene el crecimiento en nombre de la redistribución de la riqueza (aunque sea parcial) o en nombre de la defensa del ambiente reduce el efecto derrame y causa un perjuicio a los pobres. La actitud de los dirigentes del Banco se guía en la práctica por esta metáfora, cualquiera que sea el discurso, más sofisticado, de algunos expertos. Los historiadores del Banco dedican una veintena de páginas a las discusiones sobre el trickle down[30] y reconocen que «esta creencia ha justificado unos esfuerzos duraderos para persuadir a los deudores de las ventajas de la disciplina, del sacrificio, de la confianza en el mercado y por ende de la necesidad de no caer en las tentaciones políticas».[31] Afirman que esta creencia ha caído en desgracia progresivamente, a partir de los años 70, por los violentos ataques de una impresionante cantidad de investigaciones sobre el tema, tanto en Estados Unidos como en los PED.[32] Pero revelan que en la práctica no se ha cambiado gran cosa,[33] sobre todo desde que en 1982 el trickle down recuperó su posición en el Banco. Evidentemente, el trickle down es inseparable de la cuestión de la desigualdad, que ahora abordamos.
 
La cuestión de la desigualdad en la distribución de la riqueza
 
A partir de 1973, el problema de la desigualdad en la distribución de los ingresos en los PED, como factor que influye sobre las posibilidades de desarrollo, comenzó a ser estudiado por el Banco.[34] El equipo económico dirigido por Hollis Chenery se dedicó a ello con un cierto brío. El libro más importante que el Banco dedicó al tema fue coordinado por el propio Chenery y se tituló Redistribución y crecimiento.[35] Se publicó en 1974. Chenery era consciente de que el tipo de crecimiento inducido por la política de préstamos del Banco generaba un aumento de la desigualdad. La preocupación del Banco fue expresada en muchas ocasiones de forma muy clara por Robert McNamara: si no se reduce la desigualdad, se asistirá a repetidas explosiones sociales y éstas perjudicarán los intereses del mundo libre, cuyo liderazgo ha asumido Estados Unidos.
 
Chenery no compartía el punto de vista expresado por Simon Kuznets[36] en los años 50, según el cual después de una fase necesaria de aumento de la desigualdad durante el despegue económico, ésta es posteriormente resorbida. La necesidad de ver crecer la desigualdad estaba muy arraigada en el Banco, como lo prueban las palabras de su presidente, Eugene Black, en abril de 1961: «La desigualdad de la renta depende necesariamente del crecimiento económico [que] da la posibilidad a la gente de escapar de una existencia en la pobreza[37] Sin embargo, los estudios empíricos realizados por el Banco en la época de Chenery desmienten las afirmaciones de Kuznets[38].
 
De todos modos, después de la salida de Chenery en 1982 y su reemplazo por Anne Krueger, el Banco abandonó por completo la preocupación por el aumento o el mantenimiento de la desigualdad, a tal punto que se decidió no publicar más datos sobre el tema en el Informe anual sobre el desarrollo en el mundo. Anne Krueger, como veremos luego, no vaciló en retomar la curva de Kuznets por su cuenta, haciendo del aumento de la desigualdad una condición del comienzo del crecimiento ya que el ahorro de los ricos es capaz de alimentar las inversiones. Hubo que esperar la llegada de François Bourguignon como economista jefe, en el año 2003, para asistir a una reactivación del interés del Banco en esta cuestión.[39] En el 2006, en el informe del Banco Mundial sobre el desarrollo en el mundo titulado Equidad y desarrollo se vuelve a hablar de la desigualdad como freno del desarrollo.[40] Su enfoque es considerado, en el mejor de los casos, como de buen marketing por James Wolfensohn (presidente del Banco entre 1996 y 2005) y por su sucesor, Paul Wolfowitz.
 
- Éric Toussaint, portavoz del CADTM internacional (www.cadtm.org), es autor de varias obras, entre ellas: Bancocracia, Icaria, Barcelona, 2014; Procès d’un homme exemplaire, Edition Al Dante, Marsella, 2013; Banco Mundial: el golpe de Estado permanente. La agenda oculta del Consensus de Washington, Ediciones El Viejo Topo, Mataró (Barcelona), 2007, y una Tesis doctoral, presentada en 2004 a las Universidades de Lieja y de París VIII, titulada: «Enjeux politiques de l’action de la banque internationale pour la Reconstruction et le Développement et du Fonds Monétaire International envers le tiers-monde»http://cadtm.org/Enjeux-politiques-..., Además es coautor junto a Damien Millet de 60 preguntas, 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, Icaria Editorial, Barcelona, 2009; del libro colectivo La deuda o la vida, Icaria Editorial, Barcelona 2011 que tuvo el premio al libro político concedido por la Feria del libro político de Lieja.


[1] El vocabulario para designar a aquellos países a los que el Banco Mundial destina sus préstamos para el desarrollo ha evolucionado en el tiempo: en un principio se empleó el término “regiones atrasadas”, después se pasó a “países subdesarrollados” para llegar al término “países en desarrollo” donde algunos de ellos son denominados “países emergentes”.
[2] «El período durante el cual el Banco tenía una opinión sólida de la naturaleza del proceso de desarrollo, aunque poco hizo para alcanzarlo, se extendió, grosso modo, hasta el fin de los años 50, y coincidió con una fase de los préstamos del Banco en la que la mayoría de éstos se dirigían aún a los países desarrollados (en 1957, el 52,7 % de su financiación iba aún a estos países).» Nicholas Stern y Francisco Ferreira, The World Bank as “intellectual actor”, 1997», in Devesh Kapur, John P. Lewis y Richard Webb, The World Bank, Its First Half Century, 1997, vol. 2, p. 533.
[3] «Los instrumentos de análisis neoclásico se aplican en general, sin ninguna especificación, a las cuestiones que plantea el subdesarrollo. El subdesarrollo o el bloqueo del desarrollo no son objeto de un análisis sistemático en la teoría neoclásica», Gérard Azoulay, Les théories du développement, Presses Universitaires de Rennes, 2002, p. 38.
[4] Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., ibid.
[5]Edward S. Mason y Robert E. Asher, The World Bank since Bretton Woods, The Brookings Institution, Washington D.C., 1973, pp. 458-459.
[6]World Bank (BIRD), 8th Annual Report 1952-1953, Washington D.C., 1953, p. 9.
[7]Eugene Black, «Tale of Two Continents», Ferdinand Phinizy Lectures, delivered at the University of Georgia, April 12, 1961, in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 145. Eugene Black presidió el Banco de 1949 a 1962.
[8] Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 1986, Washington D.C., 1987, p. 4.
[9] La verificación del predominio de los intercambios entre economías dotadas de factores similares (intercambio de productos similares entre las economías más industrializadas) fue realizada por los trabajos de P. Krugman y E. Helpman durante los años 80.
[10] Walt W. Rostow es un economista influyente y también consejero político de primer orden. Fue asesor de Robert McNamara durante la guerra de Vietnam. Se encuentran en la red algunas de las notas que remitiera a McNamara sobre la estrategia política y militar a seguir con respecto a Vietnam del Norte y sus aliados en 1964. Una nota titulada «Dispositivo militar y señales políticas», del 16 de noviembre de 1964, es particularmente interesante (http://www.mtholyoke.edu/acad/intrel/pentagon3/doc232.htm). Es importante señalarla para enfocar la relación entre política económica y estrategia militar.
[11] Walt W. Rostow, Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista, Fondo de Cultura Económica, México, 1961.
[12] Señalemos que, según Rostow, Argentina ya había alcanzado la fase de despegue antes de 1914.
[13] Siempre según Rostow, Estados Unidos llegó definitivamente a la etapa del consumo de masas justo después de la Segunda Guerra Mundial, seguido por Europa occidental y Japón. En cuanto a la URSS, técnicamente estaba preparada para alcanzarla pero debía aplicar un ajuste previo.
[14]Paul Samuelson, Economics, McGraw Hill, Nueva York, 1980, 11ª edición, pp. 617-618.
[15]Cheryl Payer, Lent and Lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, Londres, 1991, pp. 33-34.
[16]Paul Rosenstein-Rodan, «International Aid for Underdeveloped Countries», Review of Economics and Statistics, 1961, vol.43, p. 107.
[17]Max Millikan y Walt W. Rostow, A Proposal: Keys to An effective Foreign Policy, Harper, Nueva York, 1957, p. 158.
[18] Hollis Chenery fue en 1970 asesor del presidente del Banco, Robert McNamara. En 1972 McNamara creó para él el cargo de vicepresidente vinculado al de economista jefe. Más tarde entró en la tradición. Ejerció las funciones de economista jefe y vicepresidente del Banco de 1972 a 1982. Es, hasta hoy, el economista que ha permanecido más tiempo como economista jefe; sus predecesores y sucesores se mantuvieron en el cargo entre 3 y seis años. Fuente: Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 2, p. 538.
[19]Hollis B. Chenery y Alan Strout, «Foreign Assistance and Economic Development», American Economic Review nº 56, 1966, pp. 680-733.
[20]Charles Oman y Ganeshan Wignarja, The Postwar Evolution of Development Thinking, OCDE, 1991, citado por Stéphanie Treillet, L’Économie du développement, Nathan, París, 2002, p. 53.
[21]Keith B. Griffin y Jean Luc Enos, «Foreign Assistance: Objectives and Consequences», Economic Development and Cultural Change, nº 18, 1970, pp. 319-320.
[22]Hollis B. Chenery, «Objectives and Criteria of Foreign Assistance», in The United States and the Developing Economies, ed. G. Ranis, W.W. Norton, Nueva York, 1964, p. 81.
[23] Max Millikan había sido miembro del Office of Strategic Services (OSS) y luego de la Central Intelligence Agency (CIA), su sucesora, y era director del CENIS (Center for Internacional Affairs) del Massachussets Institute of Technology, directamente relacionado con el Departamento de Estado.
[24]Max Millikan y Donald Blackmer, The Emerging Nations: Their Growth and United States Policy, Little, Brown and Company, Boston, ed. 1961, pp. x-xi.
[25] Ibid., pp. 118-119.
[26]Hollis B. Chenery y Alan Strout, op. cit., pp. 682, 697-700.
[27]Bela Balassa, Development Strategies in Some Developing Countries: A Comparative Study, John Hopkins University Press for the World Bank, Baltimore, 1971; Jagdish Bhagwati, Anatomy and Consequences of Exchange Control Regime, Ballinger for the National Bureau of Economic Research, Cambridge, 1978; Anne Krueger, Foreign Trade Regimes and Economic Development: Liberalization Attempts and Consequences, National Bureau of Economic Research, Nueva York, 1978.
[28] Anne Krueger fue economista jefe y vicepresidenta del Banco desde 1982 (cuando Chenery fue destituido por Ronald Reagan, quien acogió en el Banco a los partidarios de su orientación neoliberal) hasta 1987.
[29] Anne Krueger, Trade and Development: Export Promotion vs. Import Substitution, citado por Stéphanie Treillet, op. cit., p. 37.
[30] Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, pp. 215-233.
[31] Ibid., p. 218.
[32]Ver en particular James P. Grant, «Development: The End of Trickle-Down», Foreign Policy, vol. 12 (otoño de 1973), pp. 43-65.
[33] Refiriéndose al período 1974-1981, dicen: «De las inversiones destinadas directamente a los pobres, la atención del Banco comenzó a dirigirse a un fortalecimiento de los beneficios indirectos destinados a ellos por el aumento del empleo en las ciudades. En efecto, esta estrategia recurrió al enfoque del derrame.», en Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 264.
[34] A propósito del giro operado en 1981-1982, escribían: «La reducción de la pobreza dependerá en adelante del crecimiento y del efecto derrame.», in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 336.
[35]Hollis B. Chenery et al., Redistribution with Growth, Oxford University Press for the World Bank and the Institute of Development Studies, Londres, 1974.
[36]Simon Kuztnets, «Economic Growth and Income Inequality», American Economic Review, nº 49, marzo de 1955, pp. 1-28.
[37] Citado por Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 171.
[38] Más recientemente, en su libro Le capital au XXIe siècle, Le Seuil, 2013, Thomas Piketty presentaba una crítica muy interesante a la curva de Kuznets. Piketty recuerdo que en un inicio, el propio Kuznets dudaba de lo bien fundada que podía estar su curva, lo que no le impidió hacer una teoría con una larga vida.
[39]François Bourguignon, «The Poverty-Growth-Inequality Triangle», trabajo presentado en el Indian Council for Research on International Economic Relations, Nueva Delhi, 4 de febrero de 2004.
[40] Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo en el mundo 2006, Equité et développement, Washington D.C., 2005.
 
Fuente: Alainet

Timothy Geithner fue la persona, dentro de la Administración Obama, que jugó un papel más central en la recuperación del sistema bancario de EEUU. De ahí que sus memorias hayan despertado un interés considerable en EEUU. Durante muchas semanas, tales memorias han sido sujeto de amplios análisis y comentarios, tanto en la prensa de mayor difusión, como en los medios y fórums influenciados por la banca (que son muchos y muy potentes). Ni que decir tiene que, en estos últimos, Geithner ha pasado a estar en el pabellón de los grandes servidores al país, uno de los mayores salvadores de la patria. La gente con mucho dinero siempre tiene la manía de identificar sus intereses con los intereses de la nación, llamada, en ocasiones, la patria.
 
Me leí las memorias, a pesar de que tengo una sana aversión hacia este tipo de documentos, pero me interesaba averiguar si añadía alguna información sobre las medidas de recuperación bancaria que se me hubiera escapado y que no conociera. Pues no, no descubrí nada nuevo. En realidad, las memorias eran sumamente predecibles y podrían haber sido escritas por cualquier figura protagonista de los rescates bancarios en cualquier país de la Unión Europea, incluyendo España. La gente que protagoniza los negocios financieros es extraordinariamente predecible. Veamos algunas de las actividades predecibles:
 
1. A pesar de que los datos los tenía delante de sus narices, el Sr. Geithner no anticipó la creación de la burbuja inmobiliaria, y ello a pesar de que era enormemente (repito, enormemente) fácil de ver. El precio de la vivienda estaba creciendo casi exponencialmente, mientras que la media de los ingresos de las familias estaba bajando o estaba estancada. Era obvio que algo estaba pasando y que en algún momento todo el sistema bancario (enriquecido como consecuencia del incremento de la deuda, incremento necesario para poder conseguir las hipotecas) iba a colapsar. El Sr. Geithner no lo vio. ¿Cómo es que no lo vio?
 
2. Otro desarrollo que tampoco vio fue el peligro de los nuevos instrumentos bancarios. A pesar de las alarmas que vinieron por parte de investigadores en áreas financieras, independientes y críticos con la banca, el Sr. Geithner no reguló ni hizo nada para disminuir la introducción de instrumentos financieros nuevos como los derivados, definidos por uno de estos críticos como armas financieras de destrucción masiva. ¿Cómo es que Geithner no vio ni el peligro de la burbuja inmobiliaria ni el peligro de esas armas de destrucción masiva?
 
3. Las respuestas a estas preguntas también son fáciles de ver. No vio nada porque estaba sumergido (en realidad, metido hasta la médula) en los círculos financieros. Toda su vida estaba impregnada y se realizaba en los círculos financieros, que eran los círculos donde se estaba cocinando el desastre. Sus vidas privada y pública estaban claramente interrelacionadas con el mundo de los banqueros y financieros de Wall Street. Estos eran sus amigos, que le invitaban a desayunar, a comer, a cenar, a fiestas y a viajes. Ellos eran sus amigos y él era su servidor. Y no tenía ni idea de los problemas de la gente normal y corriente, que estaba ahogada con las hipotecas que no podía pagar. Para él, el centro de la economía (y, por lo tanto, del mundo) era Wall Street. Y a él le había tocado la enorme responsabilidad y honor de salvarlo. Salvar Wall Street pasó a ser su deber patriótico.
 
4. En aquel escenario puede entenderse que la única alternativa que se le ocurriera para evitar el colapso financiero de EEUU fuera salvar a sus grandes amigos de Wall Street. Así de claro. Y así lo dice (naturalmente, sin referirse a Wall Street como sus amigos), aunque por la narrativa que utiliza aparece un entendimiento y simpatía para los banqueros, mostrando una clara empatía hacia los grandes gestores del dinero acumulado en Wall Street.
 
5. De ahí que el rescate del sistema financiero consistiera en darles billones y billones de dólares procedentes de las imprentas del Estado. Utilizo la expresión “darles” deliberadamente, pues fue uno de los mayores casos de beneficencia que hayan existido a lo largo de la historia de la humanidad. La única diferencia es que no se llamó a aquella dádiva “beneficencia”, sino rescate. Y la banca y las compañías de seguros fueron salvadas a base de una cantidad de dinero público nunca antes visto en cualquier intervención estatal. Y lo que es predecible es que el Sr. Geithner lo considera como lo razonable, lógico y necesario que tenía que hacerse. Para él era obvio que no había otra alternativa.
 
6. Ahora bien, de obvio no tenía nada. En realidad, el rescate le ha costado muchísimo, pero que muchísimo dinero, al ciudadano estadounidense, sin que se haya cambiado nada en el sistema bancario que pueda prevenir otro desastre, o que facilite la disponibilidad del crédito. En realidad, el hecho de que la economía estadounidense esté creciendo mucho menos de lo que su potencial le permitiría, se debe precisamente a que el sistema crediticio no funciona bien todavía. Dean Baker ha documentado cómo la situación financiera continúa igual que antes de la crisis. Salvar a Wall Street ha sido salvar un sistema que es corrupto hasta la saciedad, y que es profundamente disfuncional.
 
7. Y sí que había alternativas. Además, era fácil de ver que sí las había. Se podría haber nacionalizado la banca. Sí, como lo lee. Se podía y se tendría que haber nacionalizado la banca, tal como habían sugerido muchos economistas progresistas no vinculados a la banca, tales como Stiglitz, Baker, Weisbrot, Roubini y una larga lista. Es más, incluso el que había sido el gran gurú neoliberal, Alan Greenspan, había sugerido la nacionalización, pues conocía bien el sistema financiero desde dentro, y no lo veía capaz de salvarse. De ahí que también sugiriera su nacionalización. La diferencia, sin embargo, era que Greenspan quería después privatizar la banca de nuevo, como Guindos y otros han hecho con Bankia. La mayoría, sin embargo, quería nacionalizarla para siempre. No hay duda de que hoy tendríamos sistemas financieros saneados, garantizando el crédito. Y con un coste mucho menor de lo que le ha costado al erario público.
 
8. La pregunta clave que debe hacerse es: ¿por qué Obama nombró a Geithner? Y la respuesta es también fácil de dar. Porque Obama pensaba como Geithner. Obama es un producto típico del establishment estadounidense. Pensar en él como en el gran reformador es pedirle peras al olmo. Nacionalizar la banca no estuvo, ni por un minuto, en su escenario de intervenciones. Ninguno de sus amigos se lo hubiera aconsejado. Hubiera aparecido como un bolchevique digno de olvido o desprecio. Y ahí estaba la victoria del sistema ideológico promovido por la banca. Todo lo que afecte negativamente a sus intereses está fuera de lo que la sabiduría convencional define como “razonable”. Y así estamos.
 
- VicençNavarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
 
Fuente: http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/escandalo-rescate-bancario-caso-geithner/20141111142601109093.html

Fuente: Alainet

En el mercado interbancario europeo existe una actitud favorable hacia las entidades bancarias alemanas y francesas

Para defender a Europa del problema del riesgo bancario, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea han diseñado una Unión Bancaria a fin de resolverlo y financiada con los ingresos de los impuestos a las transacciones financieras. La Unión Bancaria estará conformada por tres mecanismos y abarcará 130 entidades bancarias (80% de los activos de la Zona Euro). Estos son: 1) el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) encargado de la supervisión bancaria europea; 2) el Mecanismo Único de Resolución (MUR) responsable de resolver los problemas bancarios de gran envergadura; y finalmente 3) el Fondo Único de Resolución (FUR) que financiará los rescates de los bancos. El objetivo de dichos mecanismos será atenuar la diferenciación del riesgo entre los países de la Zona Euro, elemento que agravó la fragmentación financiera desde el estallido de la crisis estadounidense de 2008. El comportamiento diferente de los mercados de dinero y capitales en cada Estado miembro de la Zona Euro incrementa las asimetrías dentro de la región cuyos países centrales han recibido calificaciones de riesgo-país más favorables que los países periféricos.

En el mercado interbancario europeo existe una actitud favorable hacia las entidades bancarias alemanas y francesas, mientras que para las entidades de Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España, la posición es desfavorable (BIS, La actividad interbancaria en retroceso, marzo 2014, http://bit.ly/1nLJ3F9). Las entidades de los países de la periferia europea aún no regresan al mercado de capitales, situación que pone de manifiesto la fragilidad de la recuperación de toda Europa y no sólo de la periferia.

Como no existen mecanismos que consoliden el riesgo de los Estados, los activos transfronterizos europeos se redujeron en 31% de 4.787 a 3.234 billones de euros en el período 2009-2013 acentuando la desintegración financiera europea (BCE, Financial Integration in Europe Report, 2014, http://bit.ly/1lqfFn8). Por lo tanto, la meta de la Unión Bancaria es revertir dicha tendencia y reforzar la integración del sistema financiero a fin de compartir el riesgo de las operaciones financieras.

Según la Comisión Europea (European Comision, 6/6/2012, http://bit.ly/1qmmLZV), las consecuencias negativas de la fragmentación pesan sobre los Estados que han realizado transferencias al sector financiero por un monto de 4.5 billones de euros entre 2008 y 2011 (37% del PIB de la Unión Europea). De esta manera, se ha impulsado el MUR, mecanismo comunitario que manejará los planes de reestructuración de los bancos en crisis en reemplazo de las autoridades nacionales. Las pérdidas bancarias serán asumidas primero por los accionistas, luego por los acreedores y en último término por los Estados con la ayuda del FUR. No obstante, el FUR, disponible hasta 2024, poseerá un monto insignificante de recursos (55,000 millones de euros), el equivalente a 1% de los depósitos de las instituciones de crédito de los Estados participantes.

Por otro lado, los bancos más grandes se oponen a la Unión Bancaria ya que cargarían con la mayor parte de los impuestos sobre las transacciones financieras. Hay que tener presente las pérdidas registradas por Deutsche Bank en los años recientes como consecuencia de las multas aplicadas por infracciones en el mercado de derivados de Nueva York. La oposición de los bancos europeos no favorece la recuperación financiera de la periferia. Los mercados de valores de Atenas, Madrid, y Lisboa han visto caídas de 17, 11 y 13% respectivamente en términos anuales con datos actualizados a octubre del año en curso, mientras las bolsas del centro europeo están estancadas o presentan leve recuperación.

Finalmente, las pruebas de estrés del BCE dadas a conocer el 26 de octubre de 2014 muestran un panorama sombrío. Las pruebas consistieron en la evaluación de los activos y la resistencia de las entidades bajo escenarios adversos a fin de implementar la Unión Bancaria. Los resultados revelaron la persistencia de escasez de capital en 25 bancos. Dichas entidades deberán reunir 263,000 millones euros para enfrentar mejor una posible crisis y no poner en riesgo su solvencia. (BCE, Aggregate report on the comprehensive assessment, 2014, http://bit.ly/ZYCdoj). Los países con mayor vulnerabilidad son Italia, Grecia y Chipre, con nueve, cuatro y dos entidades bancarias respectivamente.

Las pruebas de estrés dan cuenta de que los problemas de las entidades bancarias europeas están subestimados frente a la inflación de 0.3% de septiembre pasado, la contracción del PIB alemán y la fragilidad económica de Francia. En suma, la Unión Bancaría profundiza las asimetrías del sistema financiero europeo y subordina el proceso de integración regional frente a los bancos de mayor poderío.

Oscar Ugarteche

Economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Miembro del SNI/Conacyt. Coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org y presidente de ALAI www.alainet.org

Ulises Noyola Rodríguez

Miembro del proyecto OBELA, IIEc-UNAM. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Fuente: TeleSur

Son ganas de enredar. Se escribe sobre default y deuda en Venezuela a sabiendas que es absolutamente falso. El artículo de Ricardo Hausmann y Miguel Angel Santos (¿Hará default Venezuela?) fue un claro ejemplo de cómo se viene manipulando este tipo de información. Después de haber sido imposible demostrar que Venezuela tiene incapacidad de pago frente a la deuda externa, la oposición ha decidido atacar por la vía de la deuda interna con acreedores internacionales que operan en territorio nacional. Abusando de su posición dominante en la prensa hegemónica mundial, se han dedicado juiciosamente a generar un escenario tenebroso en el que la escena central gira en torno al miedo al default.

El nudo gordiano del artículo de los profesores venezolanos residentes en Harvard fue simple: hacer creer que Venezuela no tiene recursos para pagar sus deudas, y en consecuencia, esa sensación instalada tendría un efecto negativo en contra de los venezolanos pero muy positivo para los especuladores. ¿Por qué? Cuando un tecnócrata-experto-economista de gran apoyo y eco mediático afirma que un país no tiene recursos para pagar (lo puede hasta inventar), entonces, aquellos compradores (lectores-seguidores de estos gurúes económicos) de esa deuda exigen una mayor rentabilidad en cuanto a la tasa de interés por el supuesto alto riesgo que asumen. Así los bonos venezolanos se encarecen obligando a destinar más fondos públicos a amortizar mayor tasa de interés en detrimento de otros menesteres sociales o productivos. Esto es lo que se llama mercado o economía de casino en el que cada partida de juego siempre favorece a los buitres. La estrategia se basa en la construcción de un circulo vicioso. Primero, alguien lanza la piedra y esconde la mano, esto es, actúa como detonante. Tal es el caso de las primeras palabras de cualquier artículo-bomba, como por ejemplo comienza el citado artículo: “¿Hará default Venezuela? Los mercados temen que sí”. Segundo, una buena orquesta coral y mediática continúa repitiendo la misma música hasta que, al mejor estilo del propagandista nazi Goebbels, se consigue que “una mentira repetida mil veces se convierta en verdad”. Y tercero y último, los grupos económicos (también llamado eufemísticamente mercados) hacen la suya al exigir mayor tasa de interés por comprar un bono venezolano supuestamente con alta probabilidad de impago. Así se cierra el circulo auto profético: “se cumple aquello que se preveía gracias a que realmente se hizo todo lo posible para que así sucediera”.

Lo paradójico es que después de dos meses de tal artículo apocalíptico el default venezolano sigue sin llegar. Tan inexistente es tal default que incluso el propio diario español El País detrás de un titular sensacionalista (“Venezuela paga la deuda externa pero mantiene la de los acreedores locales”) acaba admitiendo que: “la deuda con los particulares se origina en la imposibilidad de las compañías de repatriar ganancias a sus casas matrices debido al control de cambios vigente en este país desde 2003”. ¿Qué quiere decir esto? Esta simple frase, camuflada en un bosque dialéctico propio de la economía del miedo, demuestra que realmente lo que llaman deuda no es deuda en el sentido estricto del término, sino que más bien es una disputa abierta entre un país soberano que fija tiempo y reglas para que los poderes económicos transnacionales puedan convertir su ganancia en bolívares en ganancia en dólares en pos de sacarlos afuera del país. Lo que llaman default o en su defecto deuda pendiente de pago a los acreedores locales son 21.200 millones de dólares que los grupos económicos están demandando al Estado venezolano para extraerlos afuera del país como remesas en dirección a su casa matriz en concepto de utilidades netas, y por tanto, que descansen improductivamente (y quizás especulativamente) en cuentas bancarias extranjeras. He aquí el verdadero trasfondo de la disputa: permitir que las transnacionales dispongan de dólares para sacarlos afuera del país versus demandar que esos dólares se reinviertan en el país para el desarrollo nacional (aunque ello no impida que puedan seguir obteniendo beneficios empresariales).

Por el lado de la verdadera deuda, Venezuela sigue cancelado religiosamente sus obligaciones de pago. Por ejemplo recientemente se ha cumplido con el primer tramo de 1.561 millones correspondientes al bono soberano de 2014 conforme a la fecha prevista. Ha vuelto a demostrar que a pesar de la caída del precio del petróleo, Venezuela no ha entrado en default porque ha cancelado su deuda, y porque tiene suficiente capacidad de pago en el futuro. Seguramente la reducción del precio del barril de petróleo es una variable que presiona fuertemente a un país con gran dependencia presupuestaria de este recurso. No obstante, hay herramientas de política económica que pueden ser efectivas para combatir esta restricción externa. Con soberanía, como aquella de la que goza Venezuela, es mucho más sencillo buscar las fórmulas para acometer los desafíos actuales de la economía venezolana en materia social, productiva, tecnológica, alimentaria; por ejemplo, una reforma tributaria socialmente eficiente podría permitir captar con justicia más riqueza interna sobre aquella que se genera y que todavía se concentra en pocas manos; una reforma financiera podría permitir que se democratice aún más el acceso al crédito y se oriente definitivamente a las nuevas prioridades planteadas en el sacudón económico necesario en el área productiva y tecnológica; la política cambiaria podría seguir afinándose para que haya justicia en la asignación de la divisa de tal forma que los bienes básicos sigan al tipo de cambio preferencial mientras que los dólares que quieran huir del país en forma de beneficios empresariales transnacionales sean más caros. Esta última sería una forma virtuosa para reorientar el excedente económico obtenido por tantas transnacionales a favor del nuevo orden económico interno, desanclándolo del rentismo importador privado y del rentismo exportador público.

Cualquier proceso económico de transformación exige cambios constantes. En Venezuela, el objetivo está fijado y apoyado plenamente por la voluntad popular: la deuda social es innegociable, es cuestión económica absolutamente prioritaria. A partir de ello, se puede discutir en torno a las políticas económicas pero sin caer en falacias apocalípticas porque el default en Venezuela sigue sin aparecer, y lo que llaman deuda es una renta exigida por las transnacionales para sacar los dólares venezolanos afuera del país. Es legítimo que ciertos expertos defiendan jerarquizar la salida de dólares afuera del país para que las transnacionales sigan sobrellenando sus bolsillos, pero lo honesto sería decirlo así, tal cual, y que abandonen su vicio de engañar con subterfugios irreales afirmando aquello que no es, default. Que le llamen a cada cosa por su nombre, y que en vez de deuda digan que se trata de dólares reivindicados por las transnacionales para sacarlos del país. Así el debate sí respondería fielmente a las visiones contrapuestas entre aquellos que siguen defendiendo el poder económico de las transnacionales y el gobierno venezolano que se ocupa de que nunca más haya deuda social. Usar lo de default para esconder esta posición es como mínimo poco riguroso.

Fuente: TeleSur

El proceso electoral en Bolivia, Brasil y Uruguay pone en discusión los modelos de desarrollo en la región, el presente, el pasado reciente y el futuro.

Incluso, la Argentina, a un año de la elección para renovación de autoridades nacionales abre el debate sobre el rumbo económico, el modelo productivo, el patrón de consumo y los beneficiarios de la estrategia o rumbo civilizatorio, incluso más allá del orden capitalista.

Desde el discurso mayoritario se sostiene una polémica que atrasa, entre mercado y estado, como si fueran aspectos autónomos o contradictorios. En un marco más reducido, la discusión pretende ir más allá para discutir otro orden económico de la producción y circulación de bienes y servicios, de las relaciones de intercambio y el consumo, más pensado en satisfacer necesidades amplias de la mayoría más desprotegida

Para que se entienda, debemos preguntarnos quien fue el que habilitó la liberalización de la economía local o mundial en las últimas cuatro décadas, es decir, el proceso de apertura de las economías, flexibilizando fronteras para la circulación de mercancías, servicios o capitales. El Estado ha sido el gran protagonista, quién sentó las bases institucionales de un cambio reaccionario que se remonta a las leyes de inversiones externas o de entidades financieras, en un marco de endeudamiento estatal deliberado que condiciona el presente.

Es más, el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, cuyos principales beneficiarios eran los grandes capitales transnacionales, era negociada por los Estados nacionales. Del mismo modo que el Estado legisló múltiples tratados internacionales en defensa de la seguridad jurídica de inversores externos y para estimular la libertas de comerciar. Fue el Estado en tiempos de la dictadura que generó las condiciones originarias de posibilidad para consolidar desde el Estado en los años 90 del siglo pasado la reestructuración regresiva del orden capitalista local, reforma constitucional mediante, en condiciones similares en la economía regional y en el mundo.

Son los Estados los que organizan las reglas más o menos liberalizadoras del mercado y por eso interesa distinguir el carácter social, político y cultural que adquiere el Estado capitalista, o dicho de otra forma, distinguir en su seno las distintas correlaciones de fuerza. Para que se entienda lo que decimos vale pensar en términos políticos, que es lo que definió recientemente Bolivia con el triunfo del partido en el gobierno, y lo que hoy definen las elecciones de Brasil (segunda vuelta) y la Uruguay (primera vuelta), y lo que anticipa la temprana campaña electoral en la Argentina hacia octubre del 2015.

Incluso para ser más complejo el análisis, convengamos que Bolivia define en su Constitución el carácter plurinacional del Estado boliviano. Lo plural connota el objetivo civilizatorio de organización económica, política y social más allá de lo visible institucionalizado desde los tiempos de la independencia política ante el orden colonial. Ello supone el rescate de la cultura de los pueblos originarios, en un intento de síntesis de lo diverso contenido en las culturas civilizatorias contemporáneas, lo que se sustenta como estrategia de desarrollo en el vivir bien, o si se quiere en una perspectiva más amplia del socialismo comunitario del vivir bien.

Destaquemos que esa discusión no está contenida en el presente debate del proceso electoral brasileño, uruguayo o argentino. Estos están más urgidos por otra agenda, asociada a la posibilidad de sostener políticas que promuevan consensos renovados a una estrategia que sin modificar las condiciones institucionales y estructurales de los cambios acaecidos en las últimas décadas, promuevan iniciativas políticas y económicas de inserción protagónica en el orden capitalista contemporáneo. Brasil intenta ser parte de la disputa hegemónica del orden global desde su asociación privilegiada con China en los BRICS. Uruguay, desde los límites que le imponen los socios mayoritarios en el Mercosur, intenta juego propio en otros escenarios de la integración, incluyendo atractivos de valorización capitalista a inversores de Brasil o Argentina. Ambos procesos y la Argentina están discutiendo, desde el debate mayoritario, una inserción más o menos funcional a la hegemonía del libre comercio sin poder discutir un más allá del orden civilizatorio.

La discusión se procesa en condiciones de retracción de la actividad económica, local y global. El debate se angosta a las formas del ajuste económico y la distribución social del costo en su ejecución. Por eso el titular de la UIA alude a la ideología del “modelo económico” en la Argentina. Es un diagnóstico pronunciado en el coloquio de empresarios en Mar del Plata y que demanda como parte del colectivo empresarial, interesado en restablecer la tasa de ganancia, un clima de consenso, también ideológico, para una intervención estatal favorable a sus negocios. La pretensión de objetividad es negada desde la propia formulación para que el Estado sirva a los intereses del sector privado de la economía, una máxima de principios en los años noventa.

Pretendemos diferenciar como Bolivia y otros procesos en la región, desde sus concepciones de lo plural y una agenda para el desarrollo que dialoga desde una temporalidad de más largo alcance, pretende intervenir más allá del régimen del capital. Ni hablar de Cuba que se propone otro debate para el desarrollo desde su experiencia por el socialismo y que esta semana albergó en La Habana un encuentro del ALBA-TCP para aprobar una estrategia alternativa al combate al Ebola, con médicos y profesionales de la salud, más aportes en medicamentos y recursos monetarios para la emergencia sanitaria, que contrasta con el ejército de marines estadounidenses.

Apuntamos a destacar que discutir el orden económico supone definir rumbos de desarrollos, más allá del mercado y de las ganancias, para pensar en satisfacer variadas necesidades locales y mundiales.

Buenos Aires, 26 de octubre de 2014

Fuente: juliogambina.blogspot.com

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“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

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