Parece que el lacayismo y la sumisión a los intereses estadounidenses es una fiebre contagiosa para algunos gobiernos suramericanos. Tanto es así, que los presidentes de Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Chile y Paraguay, quienes decidieron retirarse de la UNASUR, olvidan los objetivos geopolíticos de dominación global y de las miserias esparcidas por toda la geografía de nuestra Patria Grande, por los representantes de la guerrerista Administración yanqui.

En América Latina, tras una acumulación de fuerza social y política iniciada en los años ochenta con la lucha de los movimientos populares contra el neoliberalismo, incrementada en los noventa con la ocupación de espacios en gobiernos locales y legislaturas nacionales, que alcanza el clímax en la década de 2000 con el ejercicio del gobierno nacional en una decena de países, desde finales de esta última, la correlación de fuerzas comienza a cambiar a favor de los sectores oligárquicos proimperialistas y, en apenas cinco años, la pérdida de capacidad de movilización popular, la falta de estrategias, medios y métodos adecuados para derrotar la desestabilización de espectro completo,[1] los reveses electorales y los golpes de Estado “de nuevo tipo”, llegan a tal punto que la derecha se ufana en proclamar el “fin del ciclo progresista”.

La región latinoamericana y caribeña presenta en su devenir histórico una profunda vocación integracionista que proviene, fundamentalmente, del legado de todos y cada uno de los héroes y libertadores que forjaron la independencia y el nacimiento de las Repúblicas que la conforman, y así lo demuestran las diversas iniciativas y mecanismos de integración que existen en la actualidad; sin embargo, la mayoría de estos esquemas de integración no han avanzado al ritmo esperado ni tampoco han alcanzado plenamente los objetivos para los cuales fueron creados.

El Brexit y el triunfo de Donald Trump supusieron el ocaso del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos que podían intermodelar o simular varios futuros alternativos y en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extremas de volatilidad que afectarán de manera especial al Nuevo Orden Geopolítico Mundial. Así, asistiremos en el Trienio 2018-2020 a la irrupción en el escenario geopolítico de América Latina de una nueva ola negra involucionista que consistirá en la implementación de “golpes de mano blandos“ con el objetivo inequívoco de sustituir a los regímenes insensibles a los dictados de Washington (Nicaragua, Ecuador, Venezuela y Bolivia) por regímenes militares autocráticos, mediante la táctica del “palo y la zanahoria” expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949) . Los fines de estos tipos de guerra fueron descritos por este autor de la siguiente manera: “en estas guerras no convencionales se trata de hacer dos cosas debilitar la voluntad y la capacidad de resistencia del enemigo y fortalecer la propia voluntad y capacidad para vencer” y más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos,el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”.

En momentos en que Estados Unidos y la derecha internacional se empeñan a fondo en truncar la independencia de la Patria Grande, es indispensable hoy más que nunca que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) fortalezca su unidad en defensa de la soberanía y la integración de la región.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº65