Partamos de un hecho innegable: diversos mecanismos de integración regional autónoma han cumplido un rol relevante en la última década en América Latina. De todos ellos, Unasur ha sido, probablemente, el que más contundencia ha tenido en la defensa de procesos democráticos y constitucionales, actuando a tiempo ante embates internos y externos, en diversos países. Los ejemplos son claros: el papel de este organismo frente a los intentos de desestabilización en Bolivia (2008), Ecuador (2010), y también el año pasado en la propia Venezuela.

Este Miércoles se conoció que la reunión de cancilleres de la UNASUR programada para el día siguiente en Montevideo había sido postergada y que la misma recién tendría lugar el próximo 23 del corriente. Afortunadamente, el presidente Rafael Correa decidió enmendar tamaña insensatez y convocar a una reunión extraordinaria de cancilleres en la sede de la UNASUR, en Quito, mañana Sábado. La postergación de ese cónclave en medio de una crisis de gran magnitud no sólo fue sorprendente sino extremadamente preocupante. Quiere decir que los gobiernos sudamericanos o bien no han percibido la gravedad de la amenaza contenida en la orden ejecutiva de Barack Obama o, peor aún, lo percibieron pero no tienen voluntad política de perturbar con sus escrúpulos morales o políticos (si los tuvieran) los designios imperiales. Y esto pese a que Washington ha optado por escalar los ataques al gobierno bolivariano embarcándose en un curso de acción que viola por enésima vez la legalidad internacional agrediendo a un país que -como todos los de Nuestra América- no tiene posibilidad alguna de quebrantar la seguridad nacional de Estados Unidos.

La VIII Cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) efectuada la semana pasada en Guayaquil y en Quito, Ecuador, reviste extraordinaria importancia.

Con la inauguración de su sede, Unasur abrió la semana pasada otro período de su corta pero importante experiencia regional. ¿Qué dejó el reciente encuentro de Ecuador?

Sus compañeros de escuela secundaria, como José Salvini, cuentan que quería ser gobernador y después presidente. Pero ninguno relata que el sueño de Néstor Kirchner era ser uno de los protagonistas de la integración sudamericana. La inauguración de un monumento en Quito y la colocación de su nombre a la sede definitiva de la Unión de Naciones Suramericanas parecen marcar un sello: la verdadera agenda política termina siendo construida como respuesta regional a los desafíos de la política cotidiana, y el mérito de cada presidente o presidenta es saber cómo articular con los demás para solucionar problemas.

Frases

“Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas.”

Fidel Castro

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº86

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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