Cuando todo parecía anunciar el fin de la resistencia yemení tras el avance de la operación Golden Victory, lanzada el 13 de junio pasado y encabezada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) contra la ciudad de al-Hodeidah en poder de la resistencia yemení Ansarullah (seguidores de Allah) o los Houthi (como también se los conocen por el nombre de su líder Abdel-Malek al-Houthi), el anunció del mando emiratí de su retirada,  rebela  que el frente Ansarullah, no solo no está vencido, sino que se encuentra mucho más fuerte de lo que la prensa occidental pregona.

La brutal guerra declarada por Arabia Saudita, junto a una docena de países musulmanes, contra Yemen en marzo de 2015, se encuentra estancada, lo que finalmente termina degradando a las tropas aliadas que están sometiendo al pueblo yemení a un genocidio, cuyos responsables son el rey saudita Salmán bin Abdulaziz, su hijo y heredero el príncipe Mohamed, autor intelectual de este crimen. Este y el ambicioso príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed, líder de facto de los Emiratos Árabes Unidos deberían a ser sometidos a la justicia internacional, cosa mucho más que improbable.

El mando de la coalición considerando que la toma al-Hodeidah, con una población de 600 mil almas y el puerto más estratégico del país, era esencial para destrabar el destino del conflicto. Por ello, concentró en las puertas de la ciudad el aeropuerto y el puerto, todos sus esfuerzos, pero no han servido de mucho para arrebatarle la principal fuente de ingresos económicos y de recursos para el gobierno yemení.

Esto deja en evidencia, por lo menos dos cuestiones: la primera que el frente Ansarullah, que controla la mayor parte del litoral occidental y las tierras altas del norte del país es mucho más que una guerrilla, como se la intentó hacer parecer desde el inicio de la guerra civil en el año 2014, contra el gobierno pro norteamericano de Abd-Rabbu Mansour Hadi. Este después de renunciar a la presidencia, se exilió en Riad, donde,  en un extraño minué, fue obligado por los sauditas a reasumir el cargo, fuera de todo orden constitucional, para tener al menos una tapadera más o menos legal para justificar su intervención. La segunda verdad que queda al descubierto tras el fracaso en la batalla de al-Hodeidah es que la “monolítica” coalición corre el riesgo de comenzar a desmoronarse.

La participación de los países aliados ha sido , en su mayoría,  nominal, ya que solo de manera efectiva participan Arabia Saudita, EAU y Kuwait, en menor escala, en este marco,  el anunció del ministro de Defensa de Malasia, Mohammad Sabo, sobre el abandono de las Fuerzas Armadas de Malasia (ATM) de la coalición, es un pésimo antecedente.

En lo que respecta a Occidente, naciones cómo Canadá o Suecia, en diferentes escalas, han suspendido la venta de armamento y la cooperación militar, incluso el Reino Unido Reino advierte que detendrá  la exportación de armas si se llegara a faltar a los derechos humanos, que ya sucede desde los primeros meses de la guerra con bombardeos a poblaciones civiles. Por su parte, Naciones Unidas (ONU) ha hecho un llamamiento a Washington para que articule sanciones contra Riad por las constantes violaciones de los derechos humanos en Yemen, el país más pobre del mundo árabe.

Tanto la gran prensa internacional, como los miembros de la coalición y sus aliados fundamentales como los Estados Unidos, han acusado a Irán, en todos los foros posibles, de armar al frente de resistencia nacional Ansarullah, a pesar de que el bloqueo marítimo a Yemen hace imposible la llegada de ese tipo de envíos.

En su desesperación por ser la potencia regional que rivalice con Teherán y sostener la decadente dinastía de la casa Saud, Riad ha incentivado los conflictos regionales como lo ha sido la crisis con Qatar, la guerra por delegación, asistiendo y financiando a bandas terroristas como al-Qaeda, al-Nusra y el Daesh en Siria, la intervención en el conflicto interno de Bahréin y la guerra en Yemen.

El frente Ansarullah se ha estabilizado, y, de una guerra de resistencia ha pasado a una guerra ofensiva, desarticulado diferentes operaciones y construyendo sus propios de misiles ha llegado a atacar objetivos próximos a la capital saudita en más de una oportunidad.

En la operación contra al-Hodeidah, colaboraron con la coalición fuerzas especiales francesas en tierra, mientras que Estados Unidos proporcionó información de inteligencia y satelital, para guiar los ataques finalmente infructuosos. El asesoramiento del Pentágono señalando objetivos a bombardear ha ocasionado innumerables daños a la población civil: por error de interpretación es se ha atacado en diferentes oportunidades: funerales, bodas, mercados, hospitales y escuelas. En el primer día de las operaciones Golden Victory, fue atacado un centro asistencial administrado por la organización Médicos sin Fronteras, sin respetar las señales dibujadas en el techo y las reiteradas advertencias sobre el funcionamiento de una unidad sanitaria en ese punto.

Tras un año de lucha, EAU, junto a unos 25 mil soldados yemeníes entrenados y equipados por los Emiratos, habían logrado establecer un corredor hasta el Mar Rojo, intentado la conquista del puerto de al-Hodeidah, lo que hubiera significado un curso definitivo a la guerra, más allá de que el alto costo militar, hubiera desembocado en una masacre contra la población civil. El príncipe Mohammed bin Zayed, además de una victoria militar, intentaba un posicionamiento más ventajoso para los emiratos, a la hora de las negociaciones, incluso por encima de los sauditas. La mayoría de esos 25 mil hombres han quedado dispersos en la costa de Tihama, junto al mar Rojo y en una base en Eritrea. Los EAU a lo largo de la guerra han demostrado ser una fuerza mucho más eficaz que las sauditas: en 2015, junto a bandas secesionistas y wahabitas del sur yemení, lograron arrebatar la ciudad de Adén a los Houthis.

La guerra contra la información

En lo que va de la guerra, los sauditas ya han asesinados a cerca de 180 periodistas con la intención de ocultar el genocidio que se está perpetrando, según lo informa la Yemeni Media Union. A principios de la guerra, el portavoz de la coalición, el general de brigada Ahmed Asiri, declaró: “los medios de comunicación de la oposición serán blanco de la coalición”. Según denuncias de la misma organización, se han registrado ya cinco casos de clonación de canales de televisión, la destrucción de las instalaciones de veintidós medios escritos y treinta medios radiales y televisivos, junto a la suspensión, bloqueo y perturbaciones de las transmisiones en siete oportunidades de Arabsat y Nilesat, dos de los más importantes proveedores de televisión satelital de la región. Además, la prohibición de las frecuencias de dos canales de la televisión libanesa Al-Manar y Al-Mayadeen por su cobertura de la guerra.

A pesar de la cesura, la confección de lista negras y amenazas a periodistas, la información sobre el horror sigue fluyendo, por lo que los ministros de información de los países miembros de la coalición se han reunido el miércoles último en la ciudad saudita de Yedda para discutir sobre el bloqueo o eliminación de las páginas de redes sociales y la actividad en la web de los periodistas que cubren la guerra.

Tanto en Arabia Saudita, que tiene los medios de comunicación más censurados del mundo, como en los Emiratos y otros países de la coalición, el acceso a las redes sociales y a las plataformas informáticas, está seriamente restringido dentro de sus propias fronteras.

En la reunión de Yedda también se planteó la posibilidad de comenzar a publicar noticias falsas, informando que combatientes houthis destruyeron el puerto de al-Hodeidah, el más importante del país y el que recibe más del 85 por ciento de los insumos esenciales para la población que se encuentra en estado crítico (ver Yemen: al-Hodeidah, la batalla decisiva), y que se han desplegado combatientes houthis en los barrios residenciales de la ciudad, intentado de este modo, justificar las grandes pérdidas civiles resultado de la operación Golden Victory. También se discutieron planes para incrementar las diatribas pro-sauditas y emiratíes utilizando “periodistas” pagos, y la utilización de las redes sociales y trolls para hostigar a activistas y periodistas, dispuestos a seguir haciendo su trabajo, que solo es informar con la máxima veracidad posible.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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Fuente: Línea Internacional

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