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Daesh busca espacio en Afganistán

El ataque a la prisión de la ciudad de Jalalabad, capital de la provincia de Nangarhar, a 150 kilómetros al este de Kabul, del pasado domingo dos, dejó no solo 29 muertos y cincuenta heridos sino una profunda duda sobre si la paz alguna vez será alcanzada en alguna vez en Afganistán.

El ataque, que se adjudicó el Daesh Willat Khorasan, la filial para a Asia Central del Daesh global, se extendió por más de veinte hora iniciándose en la noche del domingo, cuando un coche bomba estalló frente a los primeros puestos de control, lo que se continuó con la irrupción de un grupo de diez milicianos que quebraron la guardia a fuerza de disparos, consiguiendo acceder al interior del edificio, donde aproximadamente había unos 1500 presos perteneciente al Daesh, al talibán y una importante cantidad de presos comunes, de los que alcanzaron a escapar unos mil, los que su enorme mayoría fueron recapturados, también se conoció que, unos 400 detenidos de mayor peligrosidad por estar en áreas de alta seguridad de la prisión, no alcanzaron a ser liberados. Se informó que ninguno de los prisioneros de más alto nivel en las estructuras terroristas se encontraba en Jalalabad, ya que la mayoría de estos están alojados o bien en la Cárcel Central de Kabul o en una instalación en cercana a Bagram, la base militar más importante que los Estados Unidos mantiene en el país.

Los combates que habrían dejado al menos diez atacantes muertos, se habrían prolongado por unas veinte horas, lo que habla de la preparación y fuerza de los invasores.

En el momento del inicio de la operación de los muyahidines, todavía estaba vigente el alto el fuego decretado por el Talibán, en la conmemoración del Eid-ul-Adha (Fiesta del Sacrificio) una de las celebraciones más venerables del Islam.

Esta operación del Daesh, se convierte en una de las más complejas realizadas por la organización en Afganistán, particularmente en la provincia de Nangarhar, ya que esta ha sido prácticamente un santuario para la organización fundada en Siria por Abu Bakr al-Bagdadí en 2014.

Entre los hombres del comando atacante se cree que también habrían participado algunos milicianos de la Red Haqqani, un grupo a fin de los talibanes que al parecer habrían abandonado esa organización tras los acuerdos de paz con los Estados Unidos firmados por el Talibán en Doha, Qatar, el 29 de febrero pasado, por lo que se habrían unido al Daesh Willat Khorasan, cuyo nuevo emir es Shahab Almahajir, según la inteligencia afgana, un viejo integrante de la Red Haqqani, organización cuyos orígenes se remontan a los años de la guerra anti soviética, y que en la actualidad contaría entre 10 y 15 mil muyahidines.

Un funcionario afgano informó que los combatientes detenidos tras el intento de copamiento de la prisión, sus huellas digitales y de ojos fueron escaneados y comparados con los datos de los archivos de la seguridad afgana lo que reveló que la mayoría ya habían sido arrestados en otras ocasiones por estar vinculados con la Red fundada por Jalaluddin Haqqani en 1980.

Una de las últimas grandes acciones del Daesh Khorasan o ISKP, por su siglas en inglés, se produjo a mediados de mayo pasado, cuando fue atacada la maternidad de Kabul, gestionada por Médicos sin Fronteras (MsF) organización que ha debido cerrar ese centro en junio último, donde había nacido 16 mil niño durante 2019. El hecho, que dejó al menos 25 muertos, la mayoría mujeres, muchas de ellas embarazadas, si bien no fue revindicado por ninguna organización, aunque se especula que fue una acción de este grupo, al tiempo que tampoco se conoce las razones que lo han provocado, aunque los expertos adjudican diferentes motivos, entre ellos ya que muchas víctimas, son pertenecientes a la minoría hazara, un grupo de origen chií, a los que los sectores más ultramontanos del sunismo los catalogan diabólicos, por lo que han sido víctimas de innumerables ataques a sus mezquitas, procesiones y centro comunitarios, en todo el país, otros expertos atribuyen el ataque a que el centro maternal estaba dirigido por el MSF o simplemente porque las mujeres que acudían a esa institución no cumplían con los precepto más cerrados del islam al hacerse asistir por hombres y extranjeros.

Respecto al intento de toma de la prisión de Jalalabad, no es casual que el Daesh, haya realizado una operación semejante en momentos que la gran discusión en el país se centra en la liberación de prisioneros, como parte de los acuerdos de Doha. El Talibán contaba con unos mil hombres de las fuerzas de seguridad afgana retenidos a lo largo de la guerra que ya tiene veinte años, mientras que en las prisiones del gobierno del presidente Ashraf Ghani, había uno 5 mil combatientes del Talibán, que en su mayoría ya fueron liberados, y que solo restarían los últimos 400, que serían los más “peligrosos” y que en estos momentos una comisión de notables discute en Kabul, la conveniencia o no de su liberación.

Si bien las cárceles han sido objetivos frecuentes de la insurgencia afgana a lo largo de toda la guerra contra los Estados Unidos y sus socios, logrando liberar a cientos de sus “hermanos”, con esta última acción el Daesh, le habla directamente a las bases del Talibán, muchas de ellas disconformes con el acuerdo con los Estados Unidos y a las conversaciones, que se iniciaran el próximo día diez con los delegados de presidente Ghani.

Las intensas acciones de la aviación norteamericana ha logrado ralentizar el accionar del Daesh, aunque se espera que a medida que el proceso de paz entre el Talibán, los Estados Unidos y el gobierno afgano se asiente, la base de militantes del Daesh, seguramente se ensanchará, ya que para muchos milicianos la guerra no es una cuestión de fe, sino de dólares, lo que en un país donde las altas tasas de desocupación han hecho que la única salida laboral cierta sea la guerra. Para recibir a estos desconformes es que se está preparando el Daesh, que en los tres días anteriores al ataque contra la prisión de Jalalabad, perpetraron cerca de cuarenta acciones terroristas.

El líder talibán exige obediencia.

En su breve mensaje anual por la celebración de Eid-ul-Adha de, el Amir-ul-Momineen o Príncipe de los Creyentes, jefe máximo del Talibán, el mullah Hibatullah Akhundzada, lanzó lo que se puede considerar una advertencia a su propia tropa, alebrestada tras los acuerdos de Doha. El mullah consiente del fastidio de su base, al referirse a las ventajas que dejará el acuerdo con los Estados Unidos, dijo que: “los talibanes están próximos a establecer un gobierno islámico”, después casi veinte años de guerra, tras la caída de su régimen que rigió el país desde 1996-2001. En otra parte de su discurso Hibatullah, repitió en cinco oportunidades la necesidad de la inmediata instauración de un “gobierno islámico puro” con un “sistema islámico de leyes” para el país. Lo que es una señal a los sectores más duros de su organización al tiempo que un advertencia a los políticos pro occidentales afganos que tendrán que discutir con el Talibán el futuro del país. Al tiempo que en innumerables oportunidades a calificado al gobierno como: “ilegítimo”, “impotente”, “títere de Occidente” y quizás el más grave agravio “no islámico”, por lo que según ellos: “jamás compartiría el poder con la administración de Kabul”.

Como parte de los tratados de Doha, Washington debería abandonar Afganistán en abril de 2021. Tanto el mullah Hibatullah hasta el último de los afganos sabe que esa fecha, no significa absolutamente nada, ya que los únicos que tienen interés en marcharse son los Estados Unidos para dejar de perder esta guerra cada día y los talibanes que sin la presencia norteamericana, a las buenas o a las malas, otra vez establecerá el régimen de tinieblas, que provocará nueva y gigantescas matanzas por venganzas y disciplinamiento. Entre los tenientes talibanes la consigna es: “librar la yihad armada, hasta que establezca el Emirato Islámico de Afganistán” que se lo que ha mantenido a los mandos medios de la organización en caja, y se ha evitado un motín que habría echado a perder cualquier posibilidad de que Estados Unidos, pueda escapar de una vez, dela encerrona en que ellos mismos se metieron, y el Talibán pueda llegar a Kabul nuevamente para hacerse cargo del destino del país.

Que solo a unas pocas horas de que se inicie el alto el fuego decretado por el mullah Hibatullah, un coche bomba estalló en la provincia de Logar, matando a una veintena de personas, si bien los talibanes deslindaron sus responsabilidad el ministro del interior afgano Massoud Andarabi, dijo tener evidencias de que el ataque fue realizado por un comandante talibán local, lo que muestra la inestabilidad hacia el interior de la organización fundada por el mullah Omar en 1994.

La presencia del Daesh en Afganistán, sumado al desorden interno del talibán, harán imposible la retirada norteamericana de Afganistán, si pretende Washington que no se derrame todavía más sangre en el país centro asiático.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

 

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Fuente: Línea Internacional

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