Las protestas han cedido en Uagadugú con la caída de Blaise Compaoré. No obstante, la restauración constitucional ante la mirada de la CEDEAO avanza en una negociación multifactorial, en la cual no se visualiza una ruptura con el Ancien régime. El desenlace no está claro, secuela de las fricciones por la intervención de las fuerzas armadas como tamiz ante la eventual elección presidencial, prevista en noviembre de 2015. Factores internos, la Unión Africana, Francia y los EE.UU. exhortaron a la junta militar encabezada por Isaac Zida a entregar en forma rápida el control político a los civiles; en una etapa donde comienza a revelarse los detalles sobre la asistencia francesa en la huida de Compaoré a Costa de Marfil.

No es extraño en regímenes como el de Compaoré, virar de un ciclo dictatorial a la simulación de las democracias occidentales, obteniendo la legitimación de la antigua metrópoli y del gobierno estadounidense. Partiendo de la reforma constitucional como estrategia, logró una serie de reelecciones dudosas en alianza con sectores de la oposición, garantizándose una estadía de 27 años en la presidencia; los brotes de insubordinación acentuados desde 2011 agravaron la gobernabilidad del país. Sin embargo, para la Unión Europea se había convertido en un modelo estable en África, por cumplir con los paquetes de reestructuración económica impuestos, entregando al capital transnacional los principales depósitos de oro y manganeso.   

Burkina Faso se ha convertido en una pieza clave en el dominio francés sobre el Sahel (con 25 de millones de personas en crisis alimentaria según la ONU), interviniendo en forma directa en los conflictos de Malí, Níger o Sudán. Blaise Compaoré aprovechó la desestabilización regional en África Occidental, para convertirse en el hombre de confianza de las potencias neo-colonialista. Un breve vistazo a la participación en las crisis del Chad, República de Guinea o Costa de Marfil revela la estrecha colaboración y la hoja de ruta seguida por la élite burkinabé en base a intereses geo-económicos. El papel no se reduce a la disposición diplomática o el envío de tropas, se suma a la plataforma franco-estadounidense desplegada recientemente junto a otros gobiernos escuderos, facilitando la mampara de la operación Barján; una excusa presentada como lucha contra el terrorismo islamita que encubre la creciente militarización en África.

La rebelión popular que tomó la Plaza de la Nación de Uagadugú no puede dilucidarse como una simple oposición a la enmienda del artículo 37 de la constitución (para extender el mandado presidencial). La etiqueta de primavera africana dada por los “expertos” es desatinada al obviar las características de una nación abrumada por la pobreza extrema, la sequía y la injerencia imperial; el colapso de Compaoré no significa el fin de las desigualdades ni el renacimiento de la revolución al estilo de Sankara en agosto de 1983. Las potencias occidentales se han encargado con su exhorto, en establecer condiciones hacia la restauración y la contención al movimiento popular; en una línea donde se degrada el derecho a la autodeterminación de los pueblos.   

El legado de Blaise Campaoré revela los retrocesos en Burkina Faso, luego de ejecutar con la anuencia de Francia el vil asesinato de Thomas Sankara en octubre de 1987. Bajo el liderazgo de Sankara, su nación se convirtió en un faro de la unidad africana. Con un verbo efusivo, invisible o autoritario para la historia eurocéntrica: denunció la ilegitimidad de la deuda externa organizando un frente continental; se negó a los lujos e impuso la austeridad a sus ministros; promovió los derechos de la mujer, enfrentando prácticas como la ablación genital; defendió a la naturaleza en grandes jornadas de reforestación; rescató a los campesinos empobrecidos por terratenientes locales o líderes tradicionales, eliminando privilegios y distribuyendo la tierra; redujo las importaciones promoviendo el uso de prendas de algodón local, suplantado en la actualidad por las variedades transgénicas de Monsanto. En esa tierra de hombres íntegros germinó una alternativa seria al colonialismo en África, sólo resta esperar que la desmemoria no triunfe sobre la dignidad burkinabé.

Fuente: Aporrea

El Líbano libra en varios frentes una guerra no declarada en la que, como habitualmente ocurre con cada una de sus crisis, actores externos rivalizan por monopolizar la capacidad de perpetuarlas, agudizarlas o contenerlas.

Bien sabida es la influencia de Arabia Saudita y Estados Unidos, de un lado, y de Siria e Irán, del otro, en las política y sociedad libanesas -sustentadas en criterios sectarios y confesionales-, sin olvidar que Israel, el gran aliado de Washington, obliga al país a estar técnicamente en guerra.

Además, analistas aseguran que el país ya está penetrado no solamente por los servicios de inteligencia estadounidense, francés, israelí, saudita, iraní, sirio y turco, sino también por grupos terroristas islámicos que operan en zonas fronterizas con Siria, incluidos campamentos de refugiados.

Con un tablero tan variopinto es fácil intuir qué alentó, quiénes toleraron y cómo se decidió detener la reciente incursión de extremistas sunnitas en la ciudad norteña de Trípoli, que en apenas cuatro días dejó 42 muertos, incluidos 11 militares, más de 100 heridos y sobre 160 detenidos.

Los combates del Ejército y las fuerzas de seguridad contra un grupo heterogéneo de yihadistas libaneses y sirios ligados al Frente Al-Nusra y al Estado Islámico (EI) fueron la más sangrienta y violenta extrapolación a El Líbano de la crisis siria en los más de tres años y medio de conflicto.

Fuentes consultadas por Prensa Latina presagian que incluso factores climáticos empeorarían la situación, pues a los "takfiristas" (terroristas islámicos sunnitas) que ahora se asientan en las montañas de la frontera sirio-libanesa, les será insoportable el crudo invierno a finales de año.

Ante la inclemencia del frío y la nieve es de esperar que busquen descender a poblados, bien del lado sirio o, sobre todo, del libanés, con el consiguiente reto a la seguridad en la porosa zona limítrofe, explican.

En el aspecto político -del cual emanan los pretextos para las acciones armadas- lo preocupante es que intereses geoestratégicos internacionales y regionales arrastran tras sí a casi todos los estratos sociales, más allá del que muchos se empeñan en presentar como un pleito sunnita-chiita.

Incluso los cristianos libaneses están fraccionados por los principales bloques parlamentarios, el 8 de Marzo, que encabeza el movimiento chiita Hizbulah (Partido de Dios), y el 14 de Marzo, liderado por el prooccidental Mustaqbal (Futuro), del exprimer ministro sunnita Saad Hariri.

Al menos dos elementos corroboran lo anterior: los 15 intentos fallidos del parlamento libanés (hasta el pasado 29 de octubre) para elegir al presidente del país, y el reciente llamado del reino wahabita a los cristianos maronitas para que superen sus diferencias en ese tema.

Según un acuerdo de repartición de poderes posterior a la guerra civil (1975-1990), el presidente de El Líbano debe aportarlo la comunidad cristiana, el primer ministro le corresponde proponerlo a los musulmanes sunnitas, y el jefe del parlamento, a los chiitas.

La coalición 14 de Marzo insiste en postular para jefe de Estado a Samir Geagea, líder del partido Fuerzas Libanesas, al que se le atribuyen crímenes durante la guerra civil, lo cual rechaza el 8 de Marzo de Hizbulah, al que sus enemigos reprochan además la presencia de combatientes en Siria.

Medios regionales refirieron a mediados de octubre que el canciller de Arabia Saudita, príncipe Saud Al-Faisal, aconsejó a los cristianos acordar un candidato de compromiso para el Palacio de Baabda durante una entrevista en Jeddah con el diputado Sami Gemayel, del partido Kataeb.

Ambos políticos discutieron los "principios y puntos de vista" de Riad respecto a los acontecimientos en la zona y en El Líbano, un pequeño país con gran resonancia involuntaria en Medio Oriente que está sin jefe de Estado desde que Michel Sleiman culminó su mandato el 25 de mayo.

Dado su innegable peso político, militar y diplomático regional, Arabia Saudita ha intentado cumplir en el caso libanés un pesado cometido que, según fuentes diplomáticas, le ratificó Estados Unidos durante la breve visita a Riad del presidente Barack Obama el 28 de marzo último.

En sus pláticas con el rey Abdulah bin Abdulaziz, Obama buscó reaproximarse a un aliado regional clave, pero agraviado tras discrepancias iniciales por la postura de Washington respecto a las revueltas que derrocaron a Hosni Mubarak en Egipto en 2011.

Pese al mutismo saudita sobre las conversaciones oficiales, informaciones filtradas apuntaron a que un tema muy recurrente fue la necesidad de preservar la estabilidad de El Líbano y tratar de hacer todo lo posible por mantenerlo al margen de lo que ocurre en Siria.

En ese sentido, el diario As Safir entendió que la inclusión por parte de Riad de grupos fundamentalistas a los que apoyaba -y apoya- en un listado de organizaciones terroristas fue una ineludible "orden real" bendecida por la Casa Blanca y planteada personalmente por el propio Obama.

En dicha lista se incluyó al Frente Al-Nusra, una filial de Al-Qaeda en Siria que combate contra el Ejército leal al presidente Bashar Al-Assad; al EI, entonces Estado Islámico de Iraq y el Levante, conocido en árabe como DAESH, y a la Hermandad Musulmana egipcia, entre otras.

Por aquellos días Trípoli sufría su anterior crisis violenta entre sunnitas partidarios de la oposición siria y chiitas afines a Al-Assad, y las medidas excepcionales consensuadas como por arte de magia por las fuerzas políticas libanesas parecían obedecer un mandato externo.

El Ejército libanés entró entonces a Trípoli, contuvo la situación y dio margen de escape a ciertos participantes en los enfrentamientos armados, si bien realizó algunas detenciones, un esquema casi idéntico al aplicado durante los sucesos de octubre en la ciudad portuaria.

Los islamistas tenían entonces el mismo plan, consistente en abrir focos de tensión y enfrentamientos en la Bekaa, Trípoli e incluso Beirut, y -aunque alterado por imponderables- lo fueron ejecutando meses después.

Un atentado suicida en un puesto de control de Dahr al-Baidar en la carretera Damasco-Beirut se registró minutos después del paso del jefe de la Seguridad General libanesa, Abbas Ibrahim, mientras otro terrorista se inmoló antes de ser apresado en un hotel de Beirut.

La seguridad debió multiplicarse en los suburbios del Dahiyeh, en el sur de esta capital, tras un ataque letal en Tayouneh, y desde agosto regiones como Arsal, Brital, Akkar y otras norteñas viven alarmante inestabilidad.

En opinión del político Maurice Nohra, la seguridad de El Líbano vive una amenaza verdadera, y tras recomponer relaciones enfriadas con Qatar y tratar de monopolizar una cruzada antiterrorista a nivel regional, Arabia Saudita tiene como otro encargo estadounidense defender ahora al Ejército libanés.

Riad se ha propuesto "refrescar" la imagen del reino a lo interno y en el ámbito regional, y recurrió a una intensa diplomacia para zanjar disputas con Doha por causa de la Hermandad Musulmana, así como para intentar acallar acusaciones de Iraq, Siria y Hizbulah de que es promotor del terrorismo.

A no pocos sorprendió el respaldo tácito del exprimer ministro Hariri y del gobierno saudita al Ejército libanés y la condena a los extremistas sublevados en Trípoli, aunque todo indica que los islamistas que huyeron de la ciudad lo hicieron gracias a una indulgencia previamente concertada.

Los nexos de Arabia Saudita con El Líbano, en particular con su comunidad sunnita, le llevaron a comprometer hasta tres mil millones de dólares, los últimos mil millones donados en agosto, para elevar la capacidad combativa del Ejército y la policía contra la amenaza yihadista.

Sin embargo, antagonismos entre las alianzas 8 y 14 de Marzo por causa de las armas que posee Hizbulah y su participación en la guerra siria, se mencionaban entre los obstáculos a la concreción del donativo que finalmente se concretó el 4 de noviembre mediante transacciones con Francia.

Pero hay otras razones. El Ejército libanés, formado por militares de las 18 sectas que conviven en el país, se muestra más cohesionado cuanto más aleja la posibilidad de que resurjan milicias sectarias como en la guerra civil, y ni a Israel ni a sus mentores interesa demasiado poderío.

Estados Unidos y Francia se resisten a que la institución castrense se dote del potente arsenal que reclama y necesita, pues devendría en amenaza ante un escenario de confrontación con el Estado sionista, sobre todo después de la capacidad combativa que probó Hizbulah en el verano de 2006.

Lo anterior explica porqué el Gobierno y políticos prooccidentales libaneses dilatan una respuesta al ofrecimiento de armas de Irán para que Ejército y fuerzas de seguridad luchen contra los yihadistas, y esgrimen que ese gesto pudiera violar sanciones impuestas por la ONU a Teherán.

Entre los libaneses prevalece gran desesperanza respecto a la estabilidad sin giros positivos en la arena regional e internacional, y para ello Washington deberá eliminar el monstruo del extremismo islámico que aupó para someter al mundo árabe tras el desgaste de sus acciones militares directas.

* Corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.

Fuente: Prensa Latina

Las elecciones parciales del 4 de noviembre en el imperio en decadencia han confirmado el rechazo a la gestión del presidente Barak Obama, al sistema de partidos políticos dominantes y, también, que el dinero es el que compra los cargos políticos en el país de la democracia. Nada menos que 4 mil millones de dólares costaron los comicios.

Pero en América Latina y el Caribe la pregunta que cabía hacerse desde antes de conocer los resultados era la que da título a este artículo. Aún en la descabellada hipótesis de que el Partido Demócrata hubiera recuperado el control de la Cámara de Diputados y retenido el Senado, muy poco es lo que podía haber cambiado en cuanto a la política estadunidense hacia nuestra región.

Sin embargo, existen condiciones políticas propiciatorias para que Obama pueda dar pasos de avance en cuanto a dos cuestiones de interés latino-caribeño utilizando sus inmensas facultades ejecutivas en materias que no está obligado a pedir la autorización del Congreso. Una es la migración, con respecto a la cual puede tomar algunas medidas de cierta importancia como disminuir las deportaciones al mínimo.

Curiosamente, la otra es la hasta hace poco tan espinosa cuestión de la normalización de las relaciones con Cuba, asunto en el que la ecuación de política interna ha cambiado de manera sustancial. Una mayoría de estadunidenses está a favor de levantar el bloqueo y de normalizar las relaciones con Cuba. Igualmente ocurre entre los cubanos del sur de Florida, donde únicamente una minoría mantiene las tradicionales posturas intransigentes y es cada vez más grande e influyente el sector que anhela una relación normal con su país de origen y la posibilidad de cultivar sin cortapisas los vínculos con los familiares de allá. También existe un consenso muy favorable a una apertura hacia Cuba entre el empresariado, incluyendo a la poderosa Cámara de Comercio y a grandes y emblemáticas empresas.

En el campo internacional Estados Unidos está aislado en su conducta hacia Cuba pese al carácter transnacional de su política de castigo al comercio con la isla, que ha implicado el pago de multimillonarias multas por varias empresas y bancos de sus aliados, como el caso del banco francés BNP Paribas. Esto lo confirman las abrumadoras votaciones contra el bloqueo en la Asamblea General de la ONU y que hasta sus aliados más cercanos, como Inglaterra, han expresado recientemente la decisión de comerciar e invertir en la isla.

El periódico más importante e influyente del país, The New York Times ha publicado cuatro editoriales en las últimas cuatro semanas exigiendo la normalización de relaciones con Cuba. En ellos esgrime varios de los argumentos que he citado, verdades tan evidentes que nadie puede cuestionar desde una postura simplemente objetiva. Ese diario expresa la opinión de una parte muy importante del Establishment y no desplegaría una artillería periodística de semejante magnitud si no es obedeciendo a un frío cálculo de costo-beneficio de lo que significaría la normalización de relaciones con Cuba. Por eso, el momento para que Obama actúe es este. Justamente después de las elecciones intermedias.

La destacada actuación de Cuba en la lucha contra el ébola en África occidental ha venido también a abonar a favor de lo mismo,  ha hecho al secretario de Estado Kerry encomiar el esfuerzo de la isla y colocado a La Habana y a Washington “hombro con hombro” como declaró Samantha Powers, embajadora de Estados Unidos ante la ONU.

Aquel “nuevo comienzo” con América Latina que prometió Obama en la Cumbre de las Américas(CA) de Trinidad y Tobago(2009) y todavía estamos esperando se concretaría ahora con el considerable relajamiento del bloqueo que le permiten sus facultades ejecutivas y el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

Y es que accedería a un reclamo unánime de todos los países de América Latina y el Caribe que ven la política hostil y excluyente contra Cuba como una grave ofensa a la soberanía de la región.  Introduciría, además, por primera vez en largo tiempo, un importante elemento de distensión en la crispada y tensa escena mundial, que procuraría a Obama y a Estados Unidos el reconocimiento internacional.

Dado el prestigio de Cuba en la región y que todo indica que Obama y el presidente Raúl Castro se verán las caras en la próxima CA de Panamá, en abril de 2015, Estados Unidos obtendría enormes réditos políticos si para entonces estas medidas se han puesto en marcha.

Fuente: TeleSur

Durante la Conferencia Valdai en Sochi (http://goo.gl/6P0VCv), Vlady Putin respondió vehementemente en forma indirecta al despropósito de Obama, quien colocó a Rusia como la tercera amenaza global detrás del ébola y los yihadistas del Estado Islámico (EI).

Quizá las descabelladas declaraciones de Obama tengan que ver más con un vulgar maximalismo retórico destinado al consumo interno en vísperas de las elecciones del 4 de noviembre, que, en caso de perder el control del Senado, pueden desembocar en su defenestración.

Putin acusó a Estados Unidos (EU) y Occidente de desestabilizar el equilibrio del orden mundial e inflamar la situación en Ucrania: “habiéndose declarado como vencedor de la guerra fría”, EU con ayuda de sus satélites promovió un orden unipolar que es el medio para justificar su dictadura sobre poblaciones y países.

Putin emitió una metáfora geopolítica que reverbera(rá) durante muchos años sobre el oso y su ecosistema en la taiga –vegetación de clima continental frío de grandes bosques de coníferas y arbustos–: el oso ruso es el maestro de la taiga y no dejará a nadie que se lo arrebate.

La filípica de Putin en Sochi ha sido interpretada de diversas maneras. Para el portal europeo DeDefensa.org marca la desdolarización ya en curso, lo cual, a mi juicio, ha sido superado tanto por la visión multipolar como por el recordatorio de que Rusia es la máxima potencia nuclear del planeta con la que no se juega.

En la cosmogonía multidimensional, una desdolarización sin las disuasivas armas nucleares de Rusia y sin las cuantiosas reservas de divisas de China (4 millones de millones de dólares), hoy la primera potencia geoeconómica global, no tendría el menor efecto.

Tras haber balcanizado a la URSS, la irrefrenable guerra que prosigue la triada EU/OTAN/Unión Europea (UE) contra Moscú –lo cual perturbó antes de fallecer a George Kennan, máximo geoestratega de EU de todos los tiempos–, ha orillado al oso ruso nuclear a defenderse con toda su panoplia bélica para no ser nuevamente fracturado en tres pedazos, como proyectó Zbigniew Brzezinski en su libro El gran tablero de ajedrez mundial de hace 17 años.

Putin acusó a EU de haber creado el terrorismo islámico: desde Afganistán, con su padrinazgo a los talibanes y Al-Qaeda, y ahora con el EI que vende en los mercados el petróleo expoliado para desplomar el precio (nota: para dañar a Rusia).

Putin fustigó que EU dejó salir el genio de la botella, en particular en Ucrania, con sus revoluciones de colores y su caos controlado en los anteriores países satélites de la URSS: EU corta las ramas sobre las que se sienta al promover y empujar a la UE a aplicar sanciones dañinas para todos.

La metáfora del oso nuclear ruso en su taiga (en)marca prístinos límites geopolíticos: defiende su nicho ecológico sin aventurarse a otros ecosistemas.

Hoy los bélicos geoestrategas de EU –donde pululan los fracasados neoconservadores straussianos– anhelan, si no su extinción, por lo menos, domar al oso nuclear ruso para exhibirlo en sus circos bursátiles que dirigen los banqueros esclavistas Rothschild y su hombre de paja global: el megaespeculador húngaro-estadunidense-israelí Schwarts György, alias George Soros, de 84 años, y uno de los hombres más perversos de la creación, quien para prender su cigarro financierista es capaz de incendiar al planeta entero, como se desprende de sus pugnaces artículos en The Guardian (http://goo.gl/0wHSND) y en The New York Review of Books (http://goo.gl/2xvAD2) donde prácticamente llama a una tercera guerra mundial desde Europa contra Rusia.

Li Xing, profesor de asuntos rusos y asiáticos de la Escuela de Gobierno en la Universidad Normal de Pekín (http://goo.gl/xTD1sN) aduce que EU y la UE se han trastornado (sic) al no haber obtenido lo que esperaban estratégicamente de Ucrania cuando ni Occidente ni Rusia pueden ser catalogados como vencedores y Ucrania es la que ha perdido más.

Li no dice que el máximo vencedor ha sido China que tambien se beneficia con la baja del petróleo, pese a las travesuras desestabilizadoras de Occidente en haber entrenado a los estudiantes en Hong Kong, según la confesión de la BBC de Londres (http://goo.gl/mCd0UP).

El profesor chino considera que existen algunos elementos en el mundo que no están de acuerdo en imponer sanciones a Rusia cuando los exorcismos pueden ser contraproducentes y constituyen un aviso para quienes simpatizan con Moscú.

Li refuta el financierista autismo sorosiano y, al contrario, advierte que la UE ha realizado un remarcable proceso que sufre de su éxito más que de su fracaso: la rápida expansión del bloque de 28 países va más allá de sus capacidades y amenaza los fundamentales intereses de Rusia.

A mi juicio, la fortaleza de la cohesión europea se está resquebrajando justamente en la patria nominal del tóxico banquero Soros, y a cuyos dirigentes les ha valido ser colocados en la lista negra de EU al haberse rebelado contra la política de sanciones a Rusia.

Un editorial de The Washington Post, Vladimir Putin expone una opción amenazante para Occidente (http://goo.gl/cCekbl), da por asentada su cohesión, lo cual es válido hasta cierto punto con sus asíntotas geopolíticas.

Para el Post el problema radica en definir un arreglo aceptable para Putin, quien ofrece a Occidente (sic) la opción entre ceder a Rusia su taiga –que incluye el dominio de Ucrania y cualquier parte de Eurasia que reclame– y un conjunto entero de conflictos violentos”.

Ante la disyuntiva planteada por Putin, el Post considera que Rusia merece el trato de tercera amenaza global. ¡Uf!

No juzgo tan amenazante la filípica de Putin en búsqueda del acomodamiento perdido mediante una exhortación a un timorato G-2 con EU, quizá un G-3 con China, poco viable en la coyuntura de polarización doméstica en EU: (re)clama clásicas esferas de influencia que deben ser respetadas por las superpotencias cuando EU, impregnado por un mesianismo de país excepcional/indispensable/elegido pretende imponer su unilateralismo al mundo entero y, en particular, a superpotencias geostratégicas de la talla de Rusia y China, que no están dispuestas a obedecer míticos mandatos celestiales.

Resurgen las fantasmagorías de inicios del siglo XX de Halford Mackinder, máximo geopolitólogo de Occidente nacido en el archipiélago británico, cuyo principal objetivo fue impedir la alianza de Alemania con Rusia/URSS, lo cual fundamentó la creación de la OTAN.

En el mundo post-Crimea, la guerra en Ucrania resguarda la verdadera batalla por el control de Alemania y el resto de Europa, lo cual enuncia en su tuit Brzezinski (29/10/14): La postura estratégicamente aferrada de la canciller Merkel contra el aventurerismo antieuropeo de Putin provee el liderazgo que necesita Europa. ¡Es tan discutible!

¿Cómo expulsar de Eurasia a un país de la talla de Rusia con 17 millones de kms2 y 142 millones de habitantes con una ojiva nuclear de más que EU? ¿No es, acaso, una aberración geopolítica para el oso ruso nuclear y maestro de la taiga?

Fuente: La Jornada

Durante el verano el EI/ISIS –el Estado Islámico de Iraq y Siria– derrotó al ejército iraquí, al ejército sirio, a los rebeldes sirios y a los peshmerga kurdos iraquíes; estableció un Estado que se extendía de Bagdad a Alepo y de la frontera norte de Siria a los desiertos de Iraq en el sur. Grupos étnicos y religiosos de los que el mundo apenas había oído hablar –incluyendo a los yazidis de Sinjar y los caldeanos cristianos de Mosul– se convirtieron en víctimas de la crueldad y de la intolerancia del EI. En septiembre, el EI dirigió su atención a los dos millones y medio de kurdos sirios que habían conseguido la autonomía de facto en tres cantones al sur de la frontera turca. Uno de esos cantones, centrado en la ciudad de Kobane, se convirtió en objetivo de un determinado ataque. El 6 de octubre, los combatientes del EI habían logrado llegar al centro de la ciudad. Recep Tayyip Erdoğan predijo que su caída era inminente; John Kerry habló de la ‘tragedia’ de Kobane, pero afirmó –de modo implausible– que su captura no sería de gran importancia. Una conocida combatiente kurda, Arin Mirkan, se hizo volar mientras los combatientes del EI avanzaban: pareció un acto de desesperación y de inminente derrota.

Al atacar Kobane, la dirigencia del EI quería probar que todavía podía derrotar a sus enemigos a pesar de los ataques aéreos de EE.UU. en su contra, que comenzaron en Iraq el 8 de agosto y se extendieron a Siria el 23 de septiembre. Mientras penetraban en Kobane los combatientes del EI coreaban: “El Estado Islámico se mantiene, el Estado Islámico se expande”. En el pasado, el EI ha preferido –una decisión táctica– abandonar batallas que pensaba que no iba a ganar. Pero la batalla de cinco semanas por Kobane ha durado demasiado y ha sido demasiado bien publicitada para que sus combatientes puedan retirarse sin perder prestigio. El atractivo del Estado Islámico para los suníes en Siria, Iraq y en todo el mundo se deriva de un sentido de que sus victorias tienen un origen divino y son inevitables, de modo que cualquier fracaso daña su afirmación del apoyo divino.

Pero la inevitable victoria del EI en Kobane no tuvo lugar. El 19 de octubre, revirtiendo su política anterior, aviones estadounidenses lanzaron armas, munición y medicinas a los defensores de la ciudad. Bajo presión de EE.UU., Turquía anunció el mismo día que otorgaría a peshmerga kurdos iraquíes salvoconducto del norte de Iraq a Kobane; combatientes kurdos han vuelto a capturar parte de la ciudad. Washington ha comprendido que, en vista de la retórica de Obama sobre su plan de “degradar y destruir” al EI, y con elecciones al Congreso dentro de solo un mes, no podía permitir que los combatientes lograran otra victoria. Y es muy probable que esta victoria en particular fuera seguida por una masacre de los kurdos sobrevivientes frente a las cámaras de televisión reunidas al lado turco de la frontera. Cuando el sitio comenzó, el apoyo aéreo de EE.UU. para los defensores de Kobane había sido poco metódico; por temor de ofender a Turquía, la fuerza aérea de EE.UU. había evitado la coordinación con los combatientes kurdos en el terreno. A mediados de octubre la política había cambiado, y los kurdos comenzaron a suministrar información detallada sobre los objetivos a los estadounidenses, posibilitando que destruyeran tanques y artillería del EI. Previamente, los comandantes del EI habían sido hábiles en el ocultamiento de su equipamiento y la dispersión de sus hombres. En la campaña aérea hasta ahora, solo 632 de 6.600 misiones han resultado en verdaderos ataques. Pero como querían conquistar Kobane, los líderes del EI tuvieron que concentrar sus fuerzas en posiciones identificables y fueron vulnerables. En un período de 48 horas hubo cerca de cuarenta ataques aéreos estadounidenses, algunos a solo cincuenta metros de la línea de frente kurdo.

La diferencia no se debió solo al apoyo aéreo de EE.UU. En Kobane, por primera vez, el EI estaba combatiendo contra un enemigo –las Unidades de Defensa Popular (YPG) y su ala política del Partido de Unión Democrática (PYD)– que en importantes aspectos se les parecían. El PYD es la rama siria del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), que desde 1984 ha estado combatiendo por el autogobierno de los 15 millones de kurdos turcos. Como el EI, el PKK es dirigido desde arriba y trata de monopolizar el poder dentro de la comunidad kurda, sea en Turquía o Siria. El líder encarcelado del partido, Abdullah Ocalan, objeto de un poderoso culto a la personalidad, emite instrucciones desde su prisión turca en una isla en el Mar de Marmara. La dirigencia militar del PKK opera desde un bastión en la Montaña Qandil en el norte de Iraq, una de las grandes fortalezas naturales del mundo. La mayor parte de sus combatientes, que se calcula son unos siete mil, se retiraron de Turquía como resultado de un cese al fuego en 2013, y todavía se mueven de campo en campo en las profundas quebradas y valles de Qandil. Son altamente disciplinados e intensamente dedicados a la causa del nacionalismo kurdo: esto ha permitido que libren una guerra durante tres decenios contra el enorme ejército turco, siempre impertérritos a pesar de las devastadoras pérdidas que han sufrido. El PKK, como el EI, enaltece el martirio: los combatientes caídos son enterrados en cementerios cuidadosamente cuidados llenos de rosales en lo alto de las montañas, con elaboradas lápidas sobre las tumbas. Retratos de Ocalan están por todas partes: hace seis o siete años, visité una aldea en Qandil ocupada por el PKK; en lo alto había un enorme retrato de Ocalan realizado con piedras de colores en la ladera de una montaña cercana. Es una de las pocas bases de guerrillas que pueden ser vistas desde el espacio.

Siria e Iraq están repletos de ejércitos y milicias que no combaten contra nadie que pueda devolver el fuego, pero el PKK y sus asociados sirios, las PYD y el YPH, son diferentes. Frecuentemente criticados por otros kurdos como estalinistas y antidemocráticos, por lo menos tienen la capacidad de combatir por sus propias comunidades. Las victorias del Estado Islámico contra fuerzas superiores de este año tuvieron lugar porque estaba enfrentando a soldados, como los del ejército iraquí, que tienen una baja moral y están mal aprovisionados con armas, munición y alimentos, gracias a comandantes corruptos e incompetentes, muchos de los cuales tienden a huir, Cuando algunos miles de combatientes del EI invadieron Mosul en junio enfrentaban en teoría a sesenta mil soldados y policías iraquíes. Pero la cifra real ascendía probablemente a un tercio de esa cifra: el resto eran solo nombres sobre el papel, y los oficiales se embolsaban los salarios; o existían pero estaban entregando más de la mitad de su paga a sus comandantes a cambio de no tener que acercarse jamás a los barracones del ejército. No ha cambiado mucho en los cuatro meses desde la caída de Mosul el 9 de junio. Según un político iraquí, una reciente inspección oficial de una división blindada iraquí “que debía tener 120 tanques y 10.000 soldados, reveló que tenía 68 tanques y solo 2.000 soldados”. Los peshmerga turcos iraquíes –literalmente “los que enfrentan la muerte”– tampoco son inmensamente efectivos. A menudo son considerados como mejores soldados que los del ejército iraquí, pero su reputación fue lograda hace treinta años cuando combatían contra Sadam; desde entonces no han combatido mucho, excepto en las guerras civiles kurdas. Incluso antes de que fueran derrotados por el EI en Sinjar en agosto, un observador cercano de los peshmerga se refirió a ellos despectivamente como “pêche melba”; servían, dijo, “solo para emboscadas en las montañas”.

El éxito del Estado Islámico se ha debido no solo a la incompetencia de sus enemigos sino también a las divisiones evidentes entre ellos. John Kerry alardea de haber reunido una coalición de sesenta países, todos comprometidos a oponerse al EI, pero desde el principio quedó claro que muchos importantes miembros no estaban demasiado preocupados por la amenaza del EI. Cuando el bombardeo de Siria comenzó en septiembre, Obama anunció con orgullo que Arabia Saudí, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Turquía se unían a EE.UU. como socios militares contra el EO. Pero, como sabían los estadounidenses, estos eran todos Estados suníes, que habían jugado un papel central en la promoción de los yihadistas en Siria e Iraq. Esto constituía un problema político para EE.UU., como Joe Biden reveló para embarazo de la administración en una conferencia en Harvard el 2 de octubre. Dijo que Turquía, Arabia Saudí y los EAU habían promovido “una guerra suní-chií por encargo” en Siria y “enviado cientos de millones de dólares y decenas de miles de toneladas de armas a cualquiera que quisiera luchas contra Asad – excepto que la gente que estaba siendo suministrada eran al-Nusra y al-Qaida y el elemento extremista de yihadistas provenientes de otras partes del mundo”. Admitió que los rebeldes moderados sirios, supuestamente centrales para la política de EE.UU. en Siria, constituían una fuerza militar insignificante. Biden se disculpó posteriormente por sus palabras, pero lo que había dicho era demostrablemente verdad y refleja lo que cree realmente la administración en Washington. Aunque expresaron indignación ante la franqueza de Biden, los aliados suníes confirmaron rápidamente los límites de su cooperación. El príncipe al-Waleed bin Talal al-Saud, un magnate empresarial y miembro de la familia real saudí, dijo: “Arabia Saudí no será involucrada directamente en combates contra el EI en Iraq o Siria, porque esto no afecta en realidad explícitamente a nuestro país”. En Turquía, Erdoğan dijo que desde su punto de vista el PKK era igual de malo que el EI.

Casi todos los que luchaban realmente contra el EI, incluyendo Irán, el ejército sirio, los kurdos sirios y las milicias chiíes en Iraq estaban excluidos de esta extraña coalición. Este lío ha sido muy ventajoso para el Estado Islámico, como lo ilustra un incidente en el norte de Iraq a principios de agosto, cuando Obama  envió fuerzas especiales de EE.UU. al Monte Sinjar para monitorear el peligro para los miles de yazidis atrapados allí. Étnicamente kurdos, pero con su propia religión no islámica, los yazidis habían huido de sus pueblos y ciudades para escapar a la masacre y a la esclavización por el EI. Los soldados estadounidenses llegaron por helicóptero y fueron eficientemente protegidos y llevados de visita por milicianos kurdos uniformados. Pero poco después los yazidis –que habían esperado ser rescatados o por lo menos ayudados por los estadounidenses– se horrorizaron al ver que los soldados volvían apresuradamente a su helicóptero y partían. La razón para su rápida partida fue revelada posteriormente en Washington: fue que el oficial a cargo del destacamento estadounidense había hablado con sus guardias kurdos y descubierto que no se trataba de los peshmerga amigos de EE.UU. del Gobierno Regional de Kurdistán sino de combatientes del PKK – todavía calificados de ‘terroristas’ por EE.UU. a pesar del papel central que habían tenido en la ayuda a los yazidis y en el rechazo del EI. Recién cuando Kobane estaba a punto de caer Washington aceptó que no tenía ninguna alternativa a la cooperación con las PYD: era, después de todo, prácticamente la única fuerza efectiva que seguía combatiendo al EI en el terreno.

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Y luego existía el problema turco. Aviones de EE.UU. que atacaron fuerzas del EI en Kobane tuvieron que volar 2.000 kilómetros desde sus bases en el Golfo porque Turquía se negó a permitir el uso de su base aérea en Incirlik a solo 160 km de Kobane. Al no impedir que refuerzos, armas y munición llegaran al EI en Kobane, Ankara estaba demostrando que preferiría que el EI controlara la ciudad: cualquier cosa preferible a las PYD. La posición de Turquía había sido clara desde julio de 2012, cuando el ejército sirio, bajo presión de los rebeldes en otros sitios, se retiró de las principales áreas kurdas. Los kurdos sirios, perseguidos de largo por Damasco y marginales en lo político, obtuvieron repentinamente una autonomía de facto bajo creciente autoridad del PKK. Al vivir en su mayoría a lo largo de la frontera con Turquía, un área estratégicamente importante para el EI, los kurdos se convirtiendo inesperadamente en protagonistas en la lucha por el poder en Siria, que se desintegraba. Fue un acontecimiento importuno para los turcos. Las organizaciones políticas y militares dominantes de los kurdos sirios eran ramas del PKK y obedecían instrucciones de Ocalan y de la dirigencia militar en Qandil. Los insurgentes del PKK, que habían luchado durante tanto tiempo por alguna forma de autogobierno en Turquía, gobernaban ahora un cuasi Estado en Siria centrado en las ciudades de Qamishli, Kobane y Afrin. Era probable que gran parte de la región fronteriza siria permaneciera en manos kurdas, ya que el gobierno sirio y sus oponentes eran demasiado débiles para hacer algo al respecto. Es posible que Ankara no sea el maestro de ajedrez que colabora con el EI para romper el poder kurdo, como creen los teóricos de la conspiración, pero vio la ventaja de permitir que el EI debilitara a los kurdos sirios. Nunca fue una política con mucha visión de futuro: si el EI lograba tomar Kobane, y por lo tanto humillar a EE.UU., el supuesto aliado de este último, Turquía, sería visto como parcialmente responsable, después de aislar la ciudad. Al final el cambio de dirección turco fue embarazosamente rápido. Horas después que Erdoğan dijera que Turquía no ayudaría a los terroristas de las PYD, se otorgó permiso para que los kurdos iraquíes reforzaran a los combatientes de las PYD en Kobane.

El repentino cambio de posición de Turquía fue el último en una serie de errores de cálculo que había cometido sobre los eventos en Siria desde el primer levantamiento contra Asad en 2011. El gobierno de Erdoğan podría haber controlado el equilibrio del poder entre Asad y sus oponentes, pero en lugar de hacerlo se convenció de que Asad –como Gadafi en Libia– sería inevitablemente derrocado. Cuando esto no sucedió, Ankara dio su apoyo a grupos yihadistas financiados por las monarquías del Golfo: estos incluían a al-Nusra, la filial siria de al-Qaida, y el EI. Turquía jugó en gran parte el mismo papel en el apoyo a los yihadistas en Siria como Pakistán había tenido al apoyar a los talibanes en Afganistán. El número estimado de 12.000 yihadistas extranjeros que combatían en Siria, por los cuales existe tanta aprehensión en Europa y EE.UU., ingresaron casi todos a través de lo que llegó a ser conocido como ‘carretera de los yihadistas’, utilizando puntos de cruce de la frontera turca mientras los guardias hacían caso omiso. En la segunda mitad de 2013, cuando EE.UU. aplicó presión sobre Turquía, fue más difícil acceder a esas rutas, pero militantes del EI siguen cruzando la frontera sin demasiada dificultad. La naturaleza exacta de la relación entre los servicios de inteligencia turcos y el EI y al-Nusra sigue siendo confusa pero existe fuerte evidencia de un cierto grado de colaboración. Cuando rebeldes sirios dirigidos por al-Nusra capturaron la ciudad armenia de Kassab en territorio controlado por el gobierno sirio a principios de este año, pareció que los turcos habían permitido que operaran desde el interior del territorio turco. También fue misterioso el caso de los 49 miembros del consulado turco en Mosul que permanecieron en la ciudad cuando fue tomada por el EI; fueron tomados como rehenes en Raqqa, la capital siria del Estado Islámico, y luego liberados inesperadamente después de cuatro meses a cambio de prisioneros del EI detenidos en Turquía.

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Si Erdoğan hubiera preferido ayudar a los kurdos atrapados en Kobane en lugar de aislarlos, habría fortalecido el proceso de paz entre su gobierno y los kurdos turcos. En lugar de hacerlo, sus acciones provocaron protestas y disturbios de los kurdos en toda Turquía; en ciudades y aldeas donde no había habido manifestaciones kurdas en la historia reciente, fueron quemados neumáticos y hubo 44 muertos. Por primera vez en dos años, aviones militares turcos atacaron posiciones del PKK en el sudeste del país. Parecería que

Erdoğan había desperdiciado uno de los principales logros de sus años en el poder: el comienzo de un fin negociado de la insurgencia armada kurda. La hostilidad étnica y los maltratos entre turcos y kurdos han aumentado. La policía reprimió manifestaciones contra el EI pero no tocó las manifestaciones a favor del EI. Unos 72 refugiados que habían huido a Turquía desde Kobane fueron devueltos a la ciudad. Cuando cinco miembros de las PYD fueron arrestados por el ejército turco fueron descritos por los militares como “terroristas separatistas”. Hubo arrebatos histéricos por parte de partidarios de Erdoğan: el alcalde de Ankara, Melih Gökçek, tuiteó que “hay gente en el este que se hacen pasar por kurdos pero que en realidad son armenios ateos por su origen”. Los medios turcos, crecientemente serviles o intimidados por el gobierno, subestimaron la seriedad de las manifestaciones. CNN Turk, famosa por mostrar un documental sobre pingüinos durante el clímax de las manifestaciones en el Parque Gezi del año pasado, prefirió transmitir un documental sobre las abejas durante las protestas kurdas.

¿Sería un gran revés para el EI si no lograra capturar Kobane? Su reputación de derrotar siempre a sus enemigos sería dañada, pero ha mostrado que puede resistir los ataques aéreos de EE.UU. incluso cuando sus fuerzas están concentradas en un solo lugar. El califato declarado por Abu Bakr al-Baghdadi el 29 de junio se sigue expandiendo: sus mayores victorias, en la Provincia Anbar, le han entregado otro cuarto de Iraq. Una serie de ataques bien planificados en septiembre permitió al EI la captura de territorio alrededor de Faluya, a 64 km al oeste de Bagdad. Un campamento militar iraquí fue sitiado durante una semana y capturado: trescientos soldados iraquíes fueron muertos. Como en el pasado, el ejército fue incapaz de montar una contraofensiva efectiva a pesar del apoyo de ataques aéreos estadounidenses. El 2 de octubre, el EI lanzó una serie de ataques que capturaron Hit, una ciudad al norte de Ramadi, lo que llevó a que el gobierno mantuviera solo una base del ejército en el área. Las fuerzas del EI se encuentran actualmente muy cerca de enclaves suníes en el oeste de Bagdad: hasta ahora se mantienen tranquilos, aunque todas las demás áreas suníes en el país están sumidas en el caos. Según prisioneros pertenecientes al EI, las células del EI en la ciudad esperan órdenes para alzarse en coordinación con un ataque desde las afueras de la capital. Es posible que el EI no pueda capturar toda Bagdad, una ciudad de siete millones de habitantes (en su mayoría chiíes), pero podría ocupar las áreas suníes y causar pánico en toda la capital. En acaudalados distritos mixtos como al-Mansour en el oeste de Bagdad, la mitad de los habitantes han partido hacia Jordania o el Golfo porque esperan un ataque del EI. “Pienso que el EI va a atacar Bagdad, aunque sea solo para ocupar los enclaves suníes”, dijo un residente. “Si se apoderan aunque sea de parte de la capital aumentarían la credibilidad de su afirmación de haber establecido un Estado”. Mientras tanto, el gobierno y los medios insisten en subestimar la seriedad de la amenaza de una invasión del EI a fin de impedir la fuga masiva a áreas chiíes más seguras en el sur.

El reemplazo del gobierno corrupto y disfuncional de Nouri al-Maliki por Haider al-Abadi no ha surtido tanta diferencia como gustaría a sus patrocinadores extranjeros. Como el ejército no se desempeña mejor que antes, las principales fuerzas que enfrentan al EI son las milicias chiíes. Altamente sectarias y frecuentemente criminalizadas, luchan esforzadamente alrededor de Bagdad para rechazar al EI y limpiar áreas mixtas de su población suní. Suníes son frecuentemente retenidos en los puntos de control, secuestrados para obtener rescates de decenas de miles de dólares y usualmente asesinados incluso cuando se recibe el dinero. Amnistía Internacional dice que las milicias, incluyendo la Brigada Báder y Asaib Ahl al Haq, operan con total inmunidad; ha acusado al gobierno dominado por chiíes de “avalar crímenes de guerra”. Como el gobierno iraquí y EE.UU. pagan grandes sumas de dinero a hombres de negocios, líderes tribales y a cualquiera que diga que combatirá contra el EI, los señores de la guerra locales vuelven a aparecer: entre veinte y treinta nuevas milicias han sido creadas desde junio. Esto significa que los iraquíes suníes no tienen ninguna alternativa sino apoyar al EI. La única alternativa es el retorno de feroces milicianos chiíes que sospechan a todos los suníes de que apoyan al Estado Islámico. Apenas recuperado de la última guerra, Iraq es destruido por un nuevo conflicto. Independientemente de lo que ocurra en Kobane, el EI no va a implosionar. La intervención extranjera solo aumentará el nivel de violencia y la guerra civil suní-chií ganará en fuerza, sin que se vislumbre el final.

Fuente: Resumen Latinoamericano

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