Han probado de todo y con todo. Podemos sigue siendo la diana recurrente de la casposa y castosa partidocracia en España. Los ataques son continuos. Detrás de cada bala, siempre viene otro proyectil con la burras intención de hacer creer que es posible el contenido de esa mítica caricatura: “prohibido ver lo evidente”. Sin embargo, toda la munición empleada ha dejado de ser efectiva. Es demasiada obsoleta para contrarrestar a esta nueva formación política y social en movimiento y crecimiento, con aire fresco, que usa un renovado relato sorteando las trampas tradicionales de un poder constituido cada día más deconstituyente.

Las andanadas contra Podemos son excesivamente arcaicas para que gocen de la eficacia deseada. ¿Por qué? Porque este instrumento político ha cambiado las reglas del juego dejando de jugar a ser el perdedor más valorado. Podemos no persigue el aplauso de una minoría ilustrada sino que busca ser el legítimo representante del nuevo sentido común de la mayoría social. La batalla cultural también exige de nuevas formas de seducción. No se trata de pedir carnets de quién es más de izquierdas ni de derechas; es cuestión de resignificar las metáforas que constituyen los nuevos imaginarios para alcanzar nuevas lealtades; es hora de elegir entre democracia y oligarquía, entre pueblo y casta.

Estos aciertos tácticos y estratégicos no significan que la travesía de Podemos en la política española haya sido color de rosas. Aunque dice el refrán que “lo que no mata, fortalece”. Y así ha sido después de superar cientos de miles de obstáculos. Los primeros disparos vinieron con la mayor de las soberbias pero con el el peor de los defectos anti democráticos: no ver aquello que la mayoría percibe. La miopía es propia del poder hegemónico cuando éste se aleja en exceso -hasta el desprecio- de la mayoría social que pretende hegemonizar.

Al surgir el movimiento de los indignados, del 15M (del 2011), se repudió como si fuera un insignificante juego de niños trasnochados, y boboestigmatizándolo creyendo erróneamente que la población común –esa misma que ve la televisión- no sufría del mismo nivel de precariedad social que esos manifestantes espontáneos. Se apresuraron a titular que si “comunistas, anarquistas o antisistemas”. Pero no. No eran ni extraterrestres ni antisistemas. La equivocación garrafal de la prensa conservadora fue creer que podía construir una gran muralla para incomunicar al pueblo que se manifestaba de aquel otro pueblo que parecía estar callado. El remake de esa vieja táctica guerracivilera, de diferenciar entre buenos y malos, fue absolutamente infructuoso.

Brutal error de medición política para el bipartidismo que lo sigue pagando caro porque demuestra desde hace años que perdió todo olfato popular. No hay línea divisoria posible entre unos y otros porque desde hace años el consenso viene rompiéndose; porque la descomposición política sigue en ascenso; porque el pacto por arriba ya no se soporta por abajo.

Pero la ametralladora no cesó ni un instante. A la indignación, se le dijo que se presentara a las elecciones pensando que esto jamás iba a suceder. Pero se llevaron sorpresa cuando Podemos decide nacer como instrumento político para presentarse a las elecciones europeas del 25 Mayo (2014). Frente a ello, lo primero fue el silencio, hasta el punto de invisibilizarlo en todas las encuestas. Pero luego, el 1.245.948 votos (5 eurodiputados) de Podemos hizo tanto ruido que las arremetidas tuvieron que cambiar de estrategia.

Que si son etarras; que si son chavistas (como si esto fuera un insulto viniendo de aquellos que sí han logrado llevar a España a la ruina social y económica); que si son populistas (como si hablar como pueblo para el pueblo fuera un pecado); Jose María Aznar y Felipe González también se sumaron a la yihad anti podemista. Pero nada resulta ser eficaz como antídoto para frenar a lo que supone Podemos, porque no se trata de anular a sus líderes sino que lo complicado es acabar con la fuerza simbólica que ello constituye.

¿Y ahora, qué? Lo último viene del recurrente mito de lo imposible, esto es, cuando no se puede vencer el discurso del adversario, lo mejor, según una vieja estrategia del poder económico, es afirmar que es “lindo pero imposible”. El neoliberalismo fue consolidándose de manera irreversible gracias a su capacidad expropiadora que ha llegado a abarcar hasta la expropiación de las ganas y esperanzas de cambiar las cosas. Esa es la nueva batalla: Podemos contra los fieles del No Podemos. Por ahora, Podemos continua ganando terreno frente al eco dominante del desánimo. Lo visto en la Asamblea Sí se Puede este pasado fin de semana en Madrid muestra precisamente que hay mucha gente que sí cree que tienen capacidad para cambiar las cosas.

Frente a ello, los ataques no descansan, y se reinventan. Ahora buscan desde afuera avivar la división interna en Podemos simplemente porque se observan opiniones diferentes, por ejemplo en la forma de organización. Tan mal acostumbrado nos tiene el bipartidismo que opinar diferente tiene hasta mala prensa. Sin embargo, Podemos vuelve a revitalizar un principio algo oxidado en la política española: la confrontación es esencial para mantener viva a la política. Y así lo práctica: discusión abierta para que luego abiertamente la ciudadanía elija aquello que desee. Y así, Podemos en unos días saldrá eligiendo su propia forma de organización, que ha de compatibilizar virtuosamente democracia y eficacia necesaria y suficiente para disputar el momento histórico que vive actualmente España.

Fuente: celag.org 

Cuando la verdad y la justicia están invertidas el resultado es tiranía y guerra (Melanie Philips, “The World Upside Down”)

Desde la muerte de Hugo Chávez el discurso internacional había perdido brillo, carisma y simpleza basada en la realidad.

“La verdad y la integridad son palabras compuestas de letras muertas. Nadie sabe ahora lo que significan”, dijo sobre este vacío el ex secretario asistente del Tesoro norteamericano, Paul Craig Roberts. Sin embargo, la vida da sorpresas y cuando el mundo ya se había acostumbrado a las palabras sumisas y entreveradas, el planeta quedó sorprendido por el discurso directo y sin ambages del presidente de Rusia, Vladímir Putin en el XI Reunión del Club Internacional de Discusión Valdái (Sochi, Rusia) a la que asistieron 108 expertos, historiadores y analistas de 25 países.

Sin rodeos y preámbulos, el presidente ruso expuso la verdad simple y llana sobre lo que está pasando en el actual sistema mundial que cada vez se muestra más “debilitado, fragmentado, deformado” y alejado de las nuevas realidades. Señaló a los Estados Unidos que al sentirse ganador de la Guerra Fría creó “condiciones para un agudo y profundo desequilibrio” internacional. Remarcó que en la “situación cuando estamos frente a la dominación por un país y sus aliados o sus satélites, entonces la búsqueda de las soluciones globales es convertida en un intento de imponer sus propias recetas universales”.

Ya era hora para que Rusia expusiera abiertamente su rechazo a las condiciones que está tratando de imponer el “Gran Patrón” o el “Hermano Mayor” para el crecimiento de la anarquía global “cuando la seguridad de cada país depende de la cantidad de bombas que tiene este país”. Siguiendo la consigna de George Orwell: “la Guerra es La Paz”, Washington “declaró abiertamente su derecho de usar su fuerza militar unilateralmente en cualquier lugar del mundo para proteger sus intereses”, lo afirmó el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov.

Convencido de la situación excepcional de Norteamérica, que supuestamente fue otorgada al país por Dios, la Historia y el Destino y seguro de tener la “mejor fuerza de combate que el mundo alguna vez haya visto”, Barack Obama, guiado por sus asesores halcones como Samantha Powers, Susan Rice, Victoria Nuland, Rahm Emanuel, Zbigniew Brzezinski y muchos otros decidió, después de orquestar el golpe de Estado neonazi en Ucrania, echarle el ojo a Rusia. Y no es nada nuevo en esto pues desde el Siglo XVIII Occidente no puede dormir tranquilo sabiendo que un dos por ciento de la población mundial controla el 20 por ciento de los recursos naturales del planeta.

Para poner en marcha su plan de sumisión de Rusia, Washington, irritado por el famoso discurso de Putin sobre Crimea pronunciado el 18 de marzo pasado, decidió castigar a Moscú haciendo abaratar el precio de petróleo. Al comienzo de abril de este año Irak aumentó súbitamente la exportación del oro negro que en 85 por ciento es controlado por EEUU, Gran Bretaña, Francia, Japón, Canadá y Holanda, a 2,2 millones de barriles diarios. La idea que el mercado define el precio de petróleo es una ilusión pues actualmente el valor de todos los recursos energéticos es establecido por Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Citigroup y Morgan Stanley que son sus principales especuladores.

A la vez, los medios de comunicación globalizados empezaron una abierta guerra mediática contra Rusia acusando a este país de ser responsable de lo que sucedió en Ucrania, atribuyéndole inclusive la autoría del propio Maidan y señalándolo como un potencial agresor que hace poner en peligro la seguridad de los países de la Unión Europea, especialmente la de sus vecinos del Mar Báltico.

Para los gobiernos de Washington y Bruselas, que estuvieron detrás de aquella avalancha mediática contra Rusia, la desinformación esgrimida por los periodistas globalizados fue  pretexto suficiente para empezar una agresiva y cada vez más creciente campaña de sanciones económicas y financieras contra Rusia. Utilizaron la misma consigna de Richard Nixon aplicada a Chile de Salvador Allende: “hacer chillar la economía del país rebelde”. Lo que olvidaron es que Rusia no es Chile, sino una potencia nuclear y Putin no es Salvador Allende dubitativo en tomar decisiones. El reciente discurso de Putin en el fórum Valdái lo ha demostrado.

El presidente Obama, acostumbrado a la obediencia de sus satélites incondicionales europeos, no pudo disimular su irritación y debilidad. Señaló a Moscú como “uno de los peligros, junto con el virus Ébola y el Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS), que amenazan la seguridad del planeta”. La presente guerra mediática contra Rusia está acompañada también, según el periodista de The International Forecaster, Jamas Corbeett por el “terrorismo mediático” en los países occidentales para cundir el pánico debido a la propagación del Ébola y mantener a su pueblo atemorizado. Por algo dijo alguna vez el famoso historiador norteamericano, Howard Zinn que el “mayor problema de Estados Unidos es obediencia civil” y la misma conclusión es válida también para los países de la Unión Europea.

Resulta que los medios de comunicación globalizados, según el libro del periodista alemán Udo Ulfcotte, “Gekaufte Journalisten” (Periodistas Comprados), “la cooperación del “Cuarto Poder” con los servicios de inteligencia, organizaciones transatlánticas, bancos, corporaciones y multimillonarios constituye la “Quinta Columna”. Ulfcotte confesó que “fue educado para mentir, traicionar y no decir la verdad al público” y lo hizo durante 25 años. Declaró que “no es correcto lo que hice en el pasado manipulando la gente, hacer propaganda contra Rusia y no es correcto lo que mis colegas están haciendo y lo que hicieron en el pasado, porque están comprados para traicionar a la gente”. En las últimas páginas de su libro dijo tener “miedo a una nueva guerra en Europa. Siempre hay gente que promueve la guerra y no sólo los políticos sino los periodistas también”. Atreverse a decir la verdad le ha costado caro a Udo Ulfcotte, se ha convertido en el blanco de la prensa globalizada y ya sufrió tres ataques al corazón.

Mientras tanto Barack Obama sigue adelante, no solamente con la retórica de la guerra fría sino repite las acciones de sus predecesores de aquella época. Recientemente ordenó a la 4 División de Infantería con sede en Colorado participar en las maniobras de la OTAN en Alemania bajo el nombre “Resolución Combinada” para “detener la agresión rusa”. En los años 1970 y 1980 se hacían los mismos ejercicios militares bajo el nombre “Reforger” para preparar a los soldados para una posible guerra contra la Unión Soviética. Por supuesto que el complejo militar industrial norteamericano estará de fiesta. En 2013, EEUU vendió armas por 66.3 mil millones de dólares y este año la ganancia será mucho más grande con la ayuda mediática que, usando la técnica llamada por el profesor James Tracy “Ingeniería del Consentimiento”, convencerá al sumiso pueblo norteamericano de la necesidad de aumentar los gastos militares pues “the Russians are Coming” (Ya Vienen los Rusos).

El 27 de setiembre pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov advirtió en las Naciones Unidas que “EEUU y la OTAN están arriesgando una guerra global” olvidándose lo que pasó a Napoleón, a Hitler y a sus respectivos países. Dijo que “posiblemente el tercer intento de conquistar y subyugar a Rusia podría llevar no solamente a la guerra que incluirá grandes territorios del mundo sino podría terminar en el último declive del capitalismo, un sistema económico basado en el imperialismo”.

El famoso poeta soviético Rasul Gamzatov nacido en Daguestán escribió alguna vez que “Si disparas al pasado con el revólver, el futuro te disparará con el cañón”. ¿Lo entenderá Barack Obama y sus iluminados globalizadores? ¿Volverá a caer el pueblo norteamericano en sus cuentos? Quién sabe.

Fuente: Ria Novosti

Mientras los estrategas chinos se preparan a la Tercera Guerra Mundial debido a las tensiones entre EEUU y Rusia por el alma de Ucrania oriental, Tyler Durden (TD), del portal ZeroHedge, (pro)clama el advenimiento de la era del petroyuan mediante el mensaje del “desembarco de un navío destructor de China en el puerto iraní en el estrecho de Ormuz”.

TD traduce el poder militar en divisas, específicamente en la creciente desdolarización hoy inversamente proporcional a la yuanización: “el ascenso del petroyuan (…) circunscribe el dominio del dólar en la energía global, con ramificaciones potencialmente profundas para la posición estratégica de EEUU”.

Según AP, “por primera vez en la historia (¡súper-sic!), China atracó un navío destructor en Bandar Abbas, puerto del Sur de Irán, justo del otro lado de los bastiones hasta ahora estadounidenses de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahrein (Nota: base de la quinta flota de EEUU) en el estrecho de Ormuz”.

TD rememora que el “año pasado un grupo naval ruso atracó en el mismo puerto en su retorno de una misión en el Océano Pacífico”.

La jugada estratégica de Irán es vista como parte de su objetivo en “fomentar un equilibrio entre las armadas foráneas presentes en la zona cerca del estratégico estrecho de Ormuz donde se transporta la quinta parte del petróleo global”.

En similitud al estrecho de Malaca (entre Indonesia, Malasia y Singapur), el estrecho de Ormuz es un “punto de estrangulamiento” (“choke point”).

Hasta 2012, los mayores consumidores del petróleo global fueron: EEUU (21%), China (11%), Japón (5%), India (4%), Rusia (4%) y Arabia Saudita (3%). Interesante: 3 países de los BRICS juntos se sitúan por debajo de EEUU

La llegada de la armada china en el estrecho de Ormuz para combatir la piratería global —The Guardian acusó a Gran Bretaña de ser su teledirigente—, también tiene en la mira el estrecho de Bab el-Mandeb (la “Puerta de las Lágrimas”), otro “punto de estrangulamiento” transversal desde Yemen hasta Somalia, en proceso de estratégicas proto-balcanizaciones, donde es transportado el 3.4% del petróleo global.

A mi juicio, el petróleo, con todo y el montaje hollywoodense del polémico fracking que convirtió mágicamente a EEUU en un productor “autosuficiente”, sigue siendo el detonador de todos los conflictos geopolíticos en el “Gran Medio Oriente” que incluyen la superchería de los yihadistas del Califato Islámico transfronterizo de Siria/Irak/Kurdistán, lo cual ha obligado a China a salir más allá de sus océanos cercanos contra su costumbre histórica.

China ya no es la misma y el portal Russia Today coloca en relieve un blog editorial del The Economist que tilda al “Grupo de Shanghai” como la “herramienta con la que China rediseña el orden mundial a su estilo”, lo cual es “bastante inquietante desde el punto de vista de Occidente”, con la aglomeración de adhesiones asiáticas en su seno como se manifestó en la reciente cumbre en Dushanbe (Tayikistán).

La agencia Xinhua informó que el objetivo de la armada china, con la conspicua presencia del destructor de misiles guiados Changchun, es la protección de la navegación en el Golfo de Adén. El periódico estatal iraní Kayhan señaló que los buques de guerra de China transportan a 650 marineros. Poco a poco los marinos chinos se irán aclimatando al calor del Golfo Pérsico.

TD aboga la nueva convertibilidad financiero-energético-militar que tiende al fin de la hegemonía del dólar estadounidense.

La expansión del petroyuan en los países del Golfo Pérsico no es novedosa: “durante varios años, China ha pagado parte de su importación petrolera de Irán con renminbi/yuan” y “en 2012 los bancos centrales de China y de los EAU establecieron swaps por US $5,000 millones para la importación del petróleo de Abu Dabi con renminbi/yuan de China”.

Mucho más estremecedor es el acuerdo gasero entre China y Rusia por US $400,000 millones que aparentemente sería realizado en renminbi/yuan, lo cual colisiona(ría) al petrodólar con el petroyuan.

Según TD, los “hacedores de la política de China aprecian las ventajas de la hegemonía del dólar” —que algunos autores chinos colocan en casi el 10% del PIB global. Su objetivo “no es sustituir al dólar por el renminbi/yuan, sino posicionar a la divisa china con el billete verde como una divisa de reserva y transacciones”.

Si el mundo ya es multipolar en lo militar y lo geoeconómico, para no decir tripolar geoestratégico (EEUU, Rusia y China), todavía falta el último paso para asentar los reales del nuevo orden mundial en el súper-estratégico rubro financierista que controlan las plazas de Wall Street y la City en Londres.

La disminución de los costos en transacciones de divisas para los negocios chinos serían enormes con una traslación del dominio del dólar al yuan, pero lo que por razones estratégicas busca Beijing es “aminorar el crecimiento de sus considerables reservas en dólares” (más de US $4 millones de millones).

La propensión de EEUU ha sido aislar a los países del “sistema financiero estadounidense como un instrumento de su política exterior”, lo cual expone la vulnerabilidad financiera del renminbi/yuan. Mitigar el apabullante dominio del dólar y del poder estadounidense significa para China “contener el excesivo unilateralismo de EEUU”.

TD juzga que “EEUU es una potencia hegemónica en declive relativo, mientras que China es la ascendente potencia prominente”, por lo que, aún los mismos países árabes del Golfo tan dependientes de Washington como su último garante en materia de seguridad, están obligados a mantener vínculos más estrechos con China como un imperativo protector estratégico”.

Para Rusia, “sus relaciones deterioradas con EEUU le obligan a una mayor profunda cooperación con China, sin descontar la sobrerreacción todavía peligrosa de EEUU”.

A mi juicio, uno de los graves defectos de los análisis que sobredimensionan demasiado el ascenso indiscutible del petroyuan —no se diga de la resurrección de Rusia en la etapa del zar Putin—, no toman en consideración el estruendosamente silencioso triunfo geopolítico de Obama y las petroleras anglosajonas al haber capturado, sin disparar una sola bala, los pletóricos yacimientos en el Golfo de México regalados por el humillante entreguismo del “México neoliberal itamita” de Peña/Videgaray/Aspe y que no solamente equivale al acuerdo gasero histórico entre China y Rusia, sino que, además, es susceptible de detener la caída libre del dólar.

Llama la atención que los connotados geoestrategas en el seno de los BRICS —no se diga en la Unión Europea y en el mundo islámico y/o árabe— todavía no perciban los alcances históricos de la captura gratuita de los hidrocarburos de México por Obama y las petroleras anglosajonas que cobija.

Con los geoestrategas con los que me ha tocado dialogar al respecto, horroriza su pasmosa incredulidad sobre el obsequio del siglo: la cesión de los hidrocarburos de México a la anglósfera. Quizá tengan razón: no es nada creíble.

Fuente: Contrainjerencia

El FMI ha informado que en 2014 a nivel global el primer Producto Bruto Interno (medido a paridad de poder de compra) ya no es el de EEUU sino el de China.

Según esa información en 2014 China representa el 16,4 % del Producto Bruto Mundial contra 16,2 % de los Estados Unidos. En 1980 Estados Unidos representaba el 22,3 % y China solo 2,3 %. En el año 2004 Estados Unidos todavía parecía estar ubicado en una cima difícil de alcanzar con el 20,1 % del Producto Bruto Mundial y China crecía pero llegaba al 9,1 % (menos de la mitad del PBI estadounidense). En diez años más se equilibró la balanza y de acuerdo al pronóstico del FMI la diferencia a favor de China aumentará en los próximos años.

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Fuente: La Haine

«Relato entre otros relatos, la historia se singulariza por el hecho de que posee una relación específica con la verdad, o más bien que sus construcciones narrativas intentan ser la reconstitución de un pasado que fue»
Roger Chartier

Introducción

Debido a la multiplicidad de acepciones que tienen estos términos, para propósitos de esta investigación, utilizaré definiciones operacionales. De esta forma me aseguré de que siempre estaré refiriéndome a los mismos conceptos. Para la selección de las definiciones consideré su uso común, la base cultural para la aceptación de los términos y su uso por la comunidad científica. La búsqueda incluyó la revisión de los mismos en la bibliografía científica.

La geopolítica

En el caso de la geopolítica ésta se deriva de la geografía política. Es una disciplina con límites definidos de estudio. La misma estudia la relación de cómo los factores geográficos, como el territorio, la población, su localización estratégica, sus fuentes de recursos naturales, aunque hayan sido modificadas por procesos económicos y tecnológicos, afectan las relaciones entre los estados y la lucha por el dominio mundial[1].

La escuela de pensamiento geográfico alemana fue la precursora de esta área de estudio, destacándose Federico Ratzel como uno de los geógrafos que más contribuyó a la elaboración de la moderna Geografía Política, de la cual se desprende la Geopolítica. Ratzel introdujo el tema de «espacio vital», así como también sostuvo que cada Estado tiene fronteras dinámicas con capacidad de expandirse. Su concepción biológica del Estado lo ubica dentro de la corriente de pensamiento organicista con una marcada inclinación hacia el determinismo ambiental[2].

El término geopolítica fue acuñado por el científico político sueco Rudolf Kjellén, cuando la disciplina emergió como un área definida de estudio sistemático. Kjellén, con su libro El Estado como organismo viviente publicado en 1916. (Trad. de Der Staat als Lebensform), aseveró que la geopolítica desarrolló su concepto básico según el cual los Estados tienen muchas de las características de los organismos vivientes[3]. Al propio tiempo, se enunció la idea de que un Estado tenía que crecer, extender o morir dentro de fronteras vivientes. Es por ello que tales fronteras tienen una naturaleza dinámica y son susceptibles al cambio. De acuerdo a Kjellén la geopolítica es una ciencia que a través de la geografía política, la geografía descriptiva y la historia, estudia la causalidad espacial de los sucesos políticos y sus futuros.

Los principales teóricos de esta disciplina a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, fueron Alfred Thayer Mahan, de Estados Unidos, Halford Mackinder en Inglaterra y Karl Haushofer en Alemania. Mahan desarrolló su pensamiento en tres obras que se consideraron fundamentales y su influencia no se limitó a Estados Unidos, sino que fue reconocida en Inglaterra, Alemania y Japón[4]. Este teórico e influyente consejero presidencial recomendó la ocupación de las islas de Hawai, las Filipinas, tomar el control del Caribe y construir un canal que uniera los océanos Pacífico y Atlántico. Sus recomendaciones no sólo fueron aceptadas, sino también materializadas posteriormente por los gobernantes de su país.

Las principales condicionantes, que según el almirante Mahan, intervienen en el poderío marítimo de una nación son las siguientes: 1) La posición geográfica del país: la conformación física del mismo; donde se incluye: formación de la costa, los recursos naturales y el clima. 2) La extensión territorial del país: su población, el carácter del pueblo, su actitud comercial y la mentalidad marítima existente. En su obra destaca la importancia del carácter de los gobernantes que a través de políticas tomen ventaja de la explotación del mar. Mahan interesa particularmente, porque su pensamiento fue vital en la expansión de Estados Unidos hacia el Caribe y posteriormente en la construcción del Canal de Panamá. Sobre Mahan escribió Jorge Rodríguez Beruff:

Mahan también fue un decidido propagandista del expansionismo y el poder naval, ocupándose de popularizar y divulgar sus ideas a través de artículos en revistas de amplia circulación. La expansión del poder naval requería no sólo de un compromiso por parte del liderato político sino también en una opinión pública informada sobre cuestiones estratégicas[5].

En el caso de Estados Unidos, la geopolítica llegó a ser la forma de pensamiento dominante en los tiempos del presidente Teodoro Roosevelt, y condujo muy conscientemente a la decisión de éste y sus asociados de hacer de Estados Unidos un imperio ultramarino[6]. La guerra con España fue un dispositivo por el que Estados Unidos, adquirió un imperio: Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y muy pronto de Colombia, Panamá[7].

Estas naciones serían las primeras víctimas de esa política imperial. A la Doctrina Monroe se le añadió un nuevo Corolario: el principio de la intervención estadounidense y el de papel de guardián policiaco en este hemisferio occidental[8]. El mismo se conoció como el Corolario Roosevelt. Éste fue comunicado al Congreso en el mensaje presidencial del 6 de diciembre de 1904. En el mismo Roosevelt señaló:

No es cierto que los Estados Unidos desee territorios o contemple proyectos con respecto a otras naciones del hemisferio occidental excepto los que sean para su bienestar. Todo lo que este país desea es ver a las naciones vecinas estables, en orden y prósperas. Toda nación cuyo pueblo se conduzca bien puede contar con nuestra cordial amistad. Si una nación, muestra que sabe cómo actuar con eficiencia y decencia razonable en asuntos sociales y políticos, si mantiene el orden y paga sus obligaciones no necesita temer la interferencia de los Estados Unidos. Un mal crónico, o una impotencia que resulta en el deterioro general de los lazos de una sociedad civilizada, puede en América, como en otras partes requerir finalmente la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe[9].

Halford Mackinder, Director de la London School of Economics desde 1903 hasta 1908, comenzó a difundir sus ideas geopolíticas desde 1904, con su famoso ensayo The Geographical Pivot of History[10]. Fue un gran defensor del imperialismo británico, argumentando que las colonias en África y Asia constituían una válvula de escape segura para Europa.

La mayor contribución de Mackinder a la geopolítica es su doctrina del «Heartland» conocida en castellano como la teoría del corazón continental. Esta doctrina geoestratégica proponía el control sobre las grandes masas de tierra que comprenden Europa Occidental, Europa Oriental, Rusia, Siberia y el Asia Central. Unidos a estos territorios estaría el control de territorios coloniales en Asia y África.  Mackinder, contrario a Mahan, propuso que el control naval originado en la época colombina había llegado a su fin. Con el desarrollo de los medios de transportación, sobre todo de las vías férreas y las facilidades de las comunicaciones, el poder terrestre rivalizaría con el control de los mares[11]. Mackinder identificó al Medio Oriente como el área de convergencia de Europa, Asia y África. Era de opinión de que ese espacio no ocupa tres continentes, sino una gigantesca isla que llamó la isla mundial. De acuerdo a esta teoría:

[…] cualquier potencia podría encontrar allí todos los medios necesarios para conquistar al  mundo: hombres, materias primas, la más apta y numerosa juventud, así como la industria y el dinero que necesitara…

Mackinder formuló la ley que lleva su nombre. La misma enuncia que:

1.- El que domine la Europa Central, controlará el corazón mundial.

2.- El que domine el corazón mundial, dominará la Isla mundial.

3.- El que domine la Isla mundial, dominará al mundo[12].

Mackinder sugirió que se impidiera cualquier pacto entre Alemania y Rusia que pudiera operar en contra de los intereses del Imperio Británico. Una Alemania aliada a Rusia facilitaría el control de la Isla mundial y Mackinder temió esta alianza con Alemania, la cual se materializó en parte al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

En Alemania, el pensador geopolítico más destacado lo fue Karl Haushofer. Él argumentaba que Alemania tenía que expandir sus fronteras para acomodar el aumento de la población. Identificó la política del Destino Manifiesto de Estados Unidos, con su Corolario Roosevelt y el Pan-americanismo, como mecanismos para ejercer control y hegemonía de Estados Unidos en América. Sugería la creación de una política exterior para Alemania parecida a la de Estados Unidos en América Latina. Esta política crearía un Pan-germanismo o un Pan-europeísmo dominado por Alemania.

Haushofer tuvo acceso al poder nazi a través de su discípulo Rudolf Hess, de quien fue mentor. Muchas de sus ideas se encuentran plasmadas en Mein Kempf[13]. Como colaborador de Hitler, alcanzó altas posiciones tales como la de director del Instituto de Estudios Geopolíticos de la Universidad de Munich. Se desempeñó como catedrático de Geografía de Defensa y presidente de la Academia Alemania.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la geopolítica fue desapareciendo como disciplina científica en las universidades estadounidenses. Esto se debió a la mala fama que adquirió durante la invasión de Hitler a Europa. Aun así, destacados profesores universitarios como Nicholas Spyman, profesor eméritus de la Universidad de Yale, continuaron con el estudio de la disciplina[14].

En América Latina, de acuerdo a Jose Luis Cadena Montenegro, el Libertador Simón Bolívar, autor de la Carta de Jamaica[15]:

« […] plasmó la más clara expresión de su sentido político-geográfico, su profundo conocimiento del medio físico, económico y social americano y de su genial intuición sobre el destino de cada Estado que nacería de su espada liberadora»[16].

Desde su nacimiento como Estados nacionales, los países de América Latina estuvieron sometidos a las políticas de los diferentes gobiernos de Estados Unidos, quienes consideraron la región como su patio trasero. De aquí podían obtener materias primas baratas, y un territorio controlable para sus propios intereses políticos-militares. Cuando Estados Unidos inició su expansión extracontinental, a finales del Siglo XIX, lo hizo hacia el Caribe y hacia el Sur.

En el año l939, el gobierno de Estados Unidos comisionó unos estudios al Departamento de Estado y su Consejo de Relaciones Exteriores denominados Estudios sobre la guerra y la paz (WPS)[17]. Los mismos se llevaron a cabo con la colaboración de la Fundación Rockefeller. Se identificó el área de América Latina como aquella donde se podía establecer un gran imperio informal. Este permitiría el libre fluir de capitales bajo el control hegemónico de Estados Unidos en los aspectos económicos, políticos y militares[18]. Esta serie de estudios sirvieron de guía a Estados Unidos en su política exterior durante el período de la Segunda Guerra Mundial y los años venideros que precedieron a la Guerra Fría.

Para América Latina, Estados Unidos estableció diferentes políticas hacia la región como la del Buen Vecino, la del Buen Socio y la Alianza para el Progreso. También con la firma de pactos militares regionales como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de 1947 y mediante el control diplomático de organizaciones regionales como la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos ejerció influencia sobre muchos ejércitos de la región, los cuales adiestró y le proveyó armamento. De acuerdo a John Lindsay-Poland:

«El mantenimiento de una red de bases militares entrelazadas en la región latinoamericana es el complemento estratégico para asegurar acceso a mercados, controlar el flujo de narcóticos y obtener recursos naturales, especialmente petróleo.»[19]

Entre algunas de estas bases podemos mencionar la de Guantánamo en Cuba, Soto Cano en Honduras, Manta en Ecuador, en Aruba y Curazao. En Puerto Rico tienen: Fort Buchanan, Sabana Seca, el Campamento Santiago, una amplia red de antenas de comunicaciones a través de toda la isla, la Guardia Nacional y en El Salvador la base de Comalapa.

La geopolítica volvió a tener auge en la política exterior de Estados Unidos a partir de la década de los setenta. Esto ocurrió bajo la influencia del Secretario de Estado Henry Kissinger. De acuerdo a Foster, confrontados con la crisis imperial –provocada por la debacle en Vietnam– y la necesidad de restaurar su poder, «tanto Kissinger, como el Presidente Nixon, hicieron movimientos de carácter geopolíticos en su política exterior»[20].

En nuestros días, el análisis geopolítico, nos permite entender lo que está ocurriendo a nivel mundial con la política exterior de Estados Unidos. Estos se están asegurando el control sobre las importantes áreas de recursos –especialmente fuentes de energía y agua– para mantener su control hegemónico a nivel mundial.

De acuerdo con Cadena Montenegro, en la actualidad, la geopolítica se encuentra más viva que nunca y camina de la mano de quienes en el siglo XXI continúan con la intención de refundir imperios[21]. Carlos Alzugaray, explicó la relación geopolítica de Estados Unidos con el área del Caribe, durante el Siglo XIX, de la siguiente manera:

« […] dentro del movimiento expansionista de los Estados Unidos en el siglo XIX, la Cuenca del  Gran Caribe fue estratégicamente prioritaria. Con el decurso de los años, al interés geopolítico se añadió el económico. La subregión ha sido siempre objeto del más crudo intervencionismo político norteamericano».[22]

Alzugaray continúa su análisis incluyendo diferentes manifestaciones geopolíticas y militares ocurridas en el Siglo XX, «en el primer tercio del siglo aunque también en fecha tan reciente como 1989, cuando las fuerzas armadas estadounidenses invadieron Panamá a fin de arrestar al General Manuel Noriega».[23]

En cuanto a Estados Unidos se refiere, la llamada Guerra contra el terrorismo ha comenzado a estudiarse como la geopolítica del imperio[24]. La geopolítica ya no se interesa en la expansión territorial, sino en el crecimiento del capital a través de las empresas transnacionales. En los pocos años del Siglo XXI, se evidencia la relevancia que tienen los estudios geopolíticos, especialmente ligados a los estudios de hegemonía.

La hegemonía

El concepto de hegemonía ha evolucionado con el transcurrir de los tiempos y sobre todo a partir de los trabajos del elaborador de su teoría, el italiano Antonio Gramsci[25]. Como muchos escritores europeos, Gramsci escribió en prisión su gran obra, hoy conocida como los Cuadernos de la Cárcel[26]. Seguidor del marxismo, Gramsci elaboró una teoría de la hegemonía basándose y ampliando principios de Marx. De acuerdo con Angie Gagó; Antonio Gramsci:

«Utilizó la palabra Hegemonía para referirse a cómo la clase dirigente organiza el consenso entre las clases oprimidas. El revolucionario italiano argumentó que además de utilizar la fuerza del aparato del Estado y de la coerción, la clase capitalista usa también la fuerza política e ideológica del consenso. En este sentido, explicó que para cambiar el orden y la organización de la sociedad, no sólo es suficiente un asalto al poder —derrocar al Gobierno burgués y tomar el poder—, sino que también es necesario un trabajo de concienciación de las masas para acabar con las contradicciones ideológicas que la clase trabajadora tiene en el sistema capitalista».[27]

Cierto equilibrio de compromiso.[28]

Por otra parte, Alfonso Klauer, definió la hegemonía imperial de la siguiente manera:

«Hegemonía es el dominio (permanente o transitorio) que ejerce un pueblo, nación y/o Estado (hegemónico) sobre otro u otros pueblos, naciones y/o Estados (dominados), y a través del que aquél hace prevalecer sus intereses (territoriales, económicos, culturales, etc.).»[29]

Explicando lo que se entiende por hegemonía, Klauer continúa delineando algunas de sus características: «el pueblo dominante hace prevalecer sus intereses ante los pueblos dominados sin que se dé sojuzgamiento y en particular, el que se obtiene con la ocupación militar del territorio»[30].

En la relación hegemónica dice Klauer, por lo general no desaparecen los aparatos estatales de los pueblos dominados. Dependen de diversos factores con el mayor o menor peso específico o poder propio del pueblo dominado: la habilidad estratégica de los gobernantes de los pueblos dominados; el nivel de polarización ideológica entre los gobiernos en cuestión, la relevancia que para el poder hegemónico tiene, en relación con sus intereses el asunto sobre el cual decide el gobierno del país dominado. Con el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones, en la relación hegemónica ya no necesariamente se da el continuum geográfico que caracterizaba a los imperios.

La hegemonía, nos explica Klauer «puede darse en aspectos de la vida tan diversos como el militar, económico, financiero, ideológico, científico, tecnológico, etc. y claro está, puede darse en todos ellos o sólo algunos campos». Por lo general, continúa Klauer, se asocia hegemonía, con hegemonía militar aunque este tipo de influencia no sea la predominante en nuestros días: es decir con agresiones militares y violencia, esto es, con altos costos sociales. No puede perderse de vista, que la hegemonía económica, puede derivar en costos sociales y económicos tan altos como los de una prolongada conquista militar y mucho más altos que los de una gran guerra… La hegemonía absoluta implica una relación profundamente antidemocrática, en la que está siempre presente la arbitrariedad y el abuso, descarado o sutil.

Chris Casé-Dunn y Thomas Reifer mencionan tres hegemonías: la holandesa en el Siglo XVII, la inglesa en el Siglo XIX, y la hegemonía de Estados Unidos en el Siglo XX. Los sociólogos y otros científicos han estudiado el alza y declinar de estas etapas hegemónicas en esta periodización histórica. Casé-Dunn y Reifer examinaron la gran ventaja que lleva Estados Unidos en el campo de la biotecnología, la ingeniería genética y otras tecnologías de punta y cómo esto hace posible que las mismas beneficien a su hegemonía mundial[31]. Su trabajo estuvo dirigido a examinar los siguientes aspectos: 1) investigación y desarrollo biotecnológico, agrícola y médico; 2) plantas biotecnológicas que están desarrollando productos médicos y agrícolas; y, 3) políticas nacionales y globales que intentan regular y probar productos de ingeniería genética, regular la investigación biotecnológica de productos médicos; y, regular la investigación y desarrollo de productos médicos de la biotecnología.

Por otra parte, para Immanuel Wallerstein, creador de la teoría sistema-mundo el concepto de hegemonía incluye:

[…] mucho más que el liderato, pero menos que un imperio en el sentido estricto del término. El poder hegemónico impone sus reglas en el sistema internacional, creando un nuevo orden público. El estado hegemón puede ofrecer algunas ventajas extras utilizando las empresas en el mercado para su propio beneficio.[32]

De acuerdo a Wallerstein:

Estados Unidos ocupó su posición hegemónica en el marco del sistema-mundo capitalista, a  partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Al salir victorioso de la guerra, Estados Unidos quedó en posición de dominar el mercado mundial. Como la industria europea había sido devastada, tuvo que reconstruirla para garantizarse un mercado para sus productos. Lo mismo sucedió con la economía japonesa, la cual también ayudó a levantar.

En términos políticos, Estados Unidos ayudó a crear organizaciones internacionales que le permitieron mantener control hegemónico sobre muchas naciones. Entre estas organizaciones se encuentran: la Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización del Tratado de Atlántico Norte. El dominio político, económico y militar de Estados Unidos se extendió hasta la década de los 70[33] .

Wallerstein también reconoció que Estados Unidos ya no juega ese papel en nuestro mundo contemporáneo. Su poder ha perdido legitimidad, sobre todo con las guerras en las que participa. También existen muchas interrogantes sobre cómo serían las relaciones de Estados Unidos con una Europa unificada.

Ana Esther Ceceña, ha estudiado el tema de la hegemonía extensamente y ha publicado varios libros y artículos en revistas. Para ella:

«la hegemonía es una categoría que se ha ido formando de sentidos y contenidos diversos. Desde su uso militar o guerrero hasta su resignificación gramsciana, se va llenando de sustancia al tiempo que se traslada de campo relacional. Si hegemonía era una combinación entre dominación, fuerza y capacidad dirigente en el lenguaje guerrero, se convierte, en boca de Gramsci, en espacio de construcción del sujeto revolucionario… A partir de Gramsci, [...] es indispensable generar amplios consensos en torno a una concepción del mundo alternativa a la visión dominante, emanada del proceso de trabajo capitalista…»[34]

La propuesta gramsciana, continúa explicando Ceceña, «lleva a concebir la hegemonía: como la capacidad para generalizar una visión del mundo.»[35 ]

Esta misma definición del concepto de la hegemonía queda resumida cuando Ceceña señala que:

«La hegemonía es la capacidad de convertir la propia concepción del mundo en verdad universal, bien porque las condiciones materiales que la generan y la acción del sujeto colectivo que la sustenta logran construir amplios consensos o porque todos los mecanismos de corrección social y establecimiento de normatividades afines a esta concepción del mundo se imponen como esencia moral y valores compartidos mediante el recurso a la violencia en todas sus formas, justificando así la sanción a la disidencia en cualquiera de los campos de la vida social.»[36]

En Estados Unidos, sus dirigentes, han comprendido perfectamente que para conservar su hegemonía, disponen de tres ventajas sobre sus competidores europeos y japoneses: el acceso a los recursos naturales del globo terráqueo, una buena organización militar y el peso que tiene la «cultura anglosajona a través de la cual se expresa preferentemente la dominación ideológica del capitalismo»[37].

Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, así como sus agencias de inteligencia patrocinan estudios científicos que le ayuden a mantenerse a la delantera de la hegemonía en el mundo entero. Algunos de estos estudios son realizados y publicados por la Rand Corporation, compañía vinculada a los organismos militares y agencias de seguridad de Estados Unidos[38].

NOTAS

[1]Roger Chartier. El mundo como representación: Estudios sobre historia cultural, traducción de Claudia Ferrari, Barcelona, Gedisa editorial, 2002, p.76.

[2]John Bellamy Foster, «The New Geopolitics of Empire», en Monthly Review, 57: 8 (Jan. 2006). Obtenido de http://www.monthlyreview.org/0106jbf.htm. (Traducción libre del autor de esta investigación).

[3]Antonio T. Reguera. «Orígenes del pensamiento geopolítico en España: Una primera aproximación», en Documents D’ankisis Geografica, número 17, 1990, págs. 79-104.

[4] Cit. por: Nitzan Lebovic, Nitzan. «Biopolitics and Biotime», Time Beyond Bolders International Conference. www.vanleer.org/borders/abstracs/levovic/htm.

[5] Alfred Thayer Mahan, The Influence of the Sea Power upon History, 1660-1783, London: Sampson Low, Searle & Rivington, n.d.; Lessons of War with Spain and Other Articles, Boston: Little, Brown and Co. 1899; The Influence of Sea Power Upon the French Revolution and Empire, Cambridge: University Press, 1892.

[6] Jorge Rodríguez Beruff. «Cultura y geopolítica: Un acercamiento a la visión de Alfred Thayer Mahan sobre el Caribe.», en Antonio Gaztambide-Géigel, Juan González y Mario R. Cancel (eds.), Cien Años de Sociedad, San Juan: Ediciones Callejón, 2000, p.28.

[7] Véase, por ejemplo, Natan Miller, Theodore Roosevelt: A Life , New York: Quill William Monroe, 1992, págs. 642.

[8]Jorge Rodriguez Beruff, op. cit., 28.

[9] David Slater. “«Precisando el siglo americano: Temas para una perspectiva poscolonial», Nueva Sociedad, 166, mar.-abr. 2000, págs. 134-148.

[10] Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe. http://www.filosofía.org/ave 001/a264.htm.

[11] Halford Mackinder. «The Geographical Pivot of History», Geographical Journal, 23: 4 (Apr. 1904), págs. 42-44.

[12] John Bellamy Foster, «The New Geopolitics of Empire», op. cit., 2.

[13] Para más información Véase, José Luís Cadena Montenegro, «La geopolítica y los delirios imperiales de la expansión territorial a la conquista de mercados», Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 1, Bogotá: ene.-jun. 2006, págs. 115-141. http://www.umng.edu.co/.

[14] Adolfo Hitler. Mi lucha. Trad. de Mein Kempf. Bogotá, Colombia, 1924. En las aproximadamente 500 páginas del libro, Hitler expone la formación, génesis y principales hechos del partido nazi, el Partido Nacionalista Alemán del Trabajo (NSDAP, Nationalsozialistiche Deutsche Arbeiter-Partei), fundado oficialmente en 1920. Presenta su programa antisemita, defiende el establecimiento de un Estado racial que asegure la hegemonía germánica sobre los demás pueblos europeos y fundamenta esa hegemonía en la eliminación previa de los judíos, la lucha contra el comunismo y el establecimiento de un Lebensraum (espacio vital) que comprenda los territorios de cultura alemana y el este de Europa.

[15] Nicholas John Spyman, Geography of the Peace, New York, Hartcourt, Brace, and Co., 1944.

[16] Simón Bolívar, «Carta de Jamaica», en Pedro Grases (comp.), Pensamiento político de la emancipación venezolana, Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1988, págs. 294-315. (Original, Kington, Jamaica, 6 sept. 1815).

[17] José Luis Cadena Montenegro. «La geopolítica y los delirios imperiales de la expansión territorial a la conquista de mercados». op. cit. 132.

[18] Estos trabajos fueron realizados por el Council on Foreign Relations de una manera estrictamente confidencial, con la colaboración económica de la Rockefeller Foundation. Se produjeron más de 600 memorandos que se circularon con carácter confidencial entre los más altos oficiales del gobierno http://www.cfrabout/history/cfr/war_peace.htm.

[19] Edward H. Berman. «The War Peace Studies Project: Continued Access of Sources of Raw Materials», «In The Ideology of Philanthropy: Influence of the Carnegie, Ford and Rockefeller Foundations» on American Foreign Policy, Albany: State University of New York Press, 1983, págs. 46-54.

[20] John Lindsay-Poland. Bases militares estadounidenses en América Latina y el Caribe Informe sobre políticas, San Francisco, Interhemispheric Resource Center, Programa de las Américas, 2004, http://www.americaspolicy.org/briefs/2004/0408latammil-sp.html.

[21] John Bellamy Foster « The New Geopolitics of Empire», op. cit., p.3.

[22] José Luis Cadena Montenegro. «La geopolítica y los delirios imperiales de la expansión territorial a la conquista de mercados», op. cit.

[23] Carlos Alzugaray. «De Bush a Bush: balance y perspectivas de la política externa de los Estados Unidos hacia Cuba y el Gran Caribe», en José María Gó (comp.), América Latina y el (des) orden global neoliberal: Hegemonías, contra hegemonías, perspectivas, Buenos Aires, CLACSO, 2002, págs. 201-245.

[24] Ibíd.

[25] Víctor Flores Olea. «La geopolítica del imperio: Guerra contra el terrorismo, 2001». Proceso, 14:10, (2001), www.ocenetuniverstas.oceano.com/Universitas/view Simole.do.

[26] Archivo de Obras de Antonio Gramsci (1891-1937) Marxist Internet Archive, Sección en Español. www.marxists.org/espanol/gramsci/index.

[27] Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, México, D. F., Ediciones Era, c2000, 6 vols.

[28] Angie Gagó. «Las ideas de Antonio Gramsci: Hegemonía y estrategia», En Lucha, 129, jun. 2007. (www.enlucha.org).

[29] José Cambra, De la dictadura a la invasión: Análisis del proceso político, 1984-1990, Panamá, Editorial Portobelo, 1999, p.15. (Pequeño Formato, 119).

[30] Alfonso Klauer, ¿Leyes de la historia?, Edición electrónica a texto completo en www.eumed.net/libros/2005/ak11/.

[31] Los párrafos siguientes se refieren a la misma edición de ¿Leyes de la Historia? de Alfonso Klauer.

[32]The Institute for Research on World-Systems (University of California, Riverside). U.S. Hegemony and Biotechnology, the geopolitics of new lead technology. Year 2002, Paper irows9.

[33] Véase, Niall Ferguson. «Hegemony or Empire?» Foreign Affairs, Sep. /Oct. 2003, p.1. (Traducción libre).

[34] Immanuel Wallerstein, La decadencia del poder estadounidense, México, Siglo veintiuno, 2003.

[35] Ana Esther Ceceña, «Estrategias de construcción de una hegemonía sin límite», en Ana Esther Ceceña (comp.), Hegemonías y emancipaciones en el Siglo XXI, Buenos Aires, CLACSO, 2004, págs. 224.

[36] Ibíd.

[37] Berenice P. Ramírez López. op. cit., p. 88.

[38] Samir Amín, «Geopolítica del imperialismo contemporáneo», Epílogo al libro Guerra global Resistencia mundial y Alternativas / Wim Dierckxsens y Carlos Tablada, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2003, págs. 322. También en: Samir Amin, Samir, «Geopolítica del imperialismo contemporáneo». En libro, Nueva Hegemonía Mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales. Atilio A. Boron (comp.), Buenos Aires – Argentina, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, 2004. p. 208

* Doctor en Historia por la Universidad de Puerto Rico

Fuente: Escenarios XXI

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