Empezaron en China los impactantes ajustes de "15 días" del nuevo orden del G-3 geoestratégico, que no se atreve a pronunciar su nombre ( http://goo.gl/94Tb2w ).

Voice of America reconoce que, "pese a las tensiones, China otorga a Obama una bienvenida cálida" ( http://goo.gl/5F3exZ ).

El alicaído Obama inició su periplo asiático en Pekín con un discurso muy trillado, que ya no convence ni a sus ciudadanos, sobre ajenos derechos humanos-libertad-democracia, de los que se hace de la flagrante vista gorda con su aliado neoliberal de México.

Obama piensa usar todas las plataformas de las trascendentales cumbres asiáticas para impulsar su proyecto, muy polémico, de la Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), que en forma anómala no incluye a China, que lo juzga como un diseño geopolítico, mediante armas mercantilistas, para su "contención", sino, de su alucinante exclusión regional.

La embajada de EU en Pekín sirvió para que Obama aleccionara a 11 países vasallos sobre las supuestas bondades del diseño unilateral del TPP, que favorece a sus trasnacionales.

Fue inevitable que Obama no saludara al grotescamente exorcizado Vlady Putin, con quien se reunirá oficialmente en la próxima cumbre del G-20 en Brisbane ( http://goo.gl/ovlm8n ), mientras Rusia sea una potencia nuclear euroasiática de primer orden.

A juicio del rotativo galo Le Figaro, "Xi Jinping coloca a China en el centro del sueño Asia-Pacífico" al "desafiar (sic) de manera aterciopelada (sic) a EU y su proyecto de integración económica regional" (el TPP polémico y hiératico, ergo antidemocrático, según Wikileaks).

China se posicionó en el centro de un nuevo orden asiático y el mandarín Xi invitó a los participantes de la cumbre de la APEC a "realizar el sueño Asia-Pacífico para los pueblos de la región".

Le Figaro juzga que el proyecto de Obama del TPP sufre "abiertamente la competencia" de la cosmogonía más armónica de China ( http://goo.gl/rs3Ihw ).

El TPP es hoy un diseño desfalleciente que constituye una extensión transasiática del neomonroísmo regional de la Alianza del Pacífico, a la que pertenecen los subyugados Chile, Perú, Colombia y el castrado "México neoliberal itamita", éste cada vez más absorbido al esquema de "América del Norte" (pero sin mexicanos).

Hasta Edward Luce, del Financial Times, uno de los máximos portavoces de la anglósfera, juzga que “China no es refugio para las aflicciones de Obama ( http://goo.gl/1YyqcB )”.

Durante el Foro de la Cuenca del Pacífico (APEC, por su sigla en inglés), el mandarín Xi lanzó en forma oficial la "Zona de Libre Comercio de Asia-Pacífico", que naturalmente no goza de la aprobación de Obama.

El mandarín Xi juega estupendamente al hipercomplejo go ("ajedrez chino") con dos anuncios espectaculares que impactarán tanto en la geoenergía como en las geofinanzas: cierra el trato con Rusia para el segundo tramo de otro gasoducto que le blinda de los piratas del estrecho de Malaca, cuyas operaciones se realizarán exclusivamente en yuan, la divisa ascendente del nuevo orden multipolar en curso, y conecta las bolsas de Shanghai y Hong Kong (la primera plaza financiera global, de acuerdo con el ranking del Índice de Desarrollo Financiero), lo cual disparó las acciones de China en los pasados 3 años ( http://goo.gl/QJBzLL ).

Lo que pierde Rusia en la bolsa y con su divisa podrá recuperarlo ulteriormente en el binomio bursátil Shanghai-Hong Kong, lo cual significa un tremendo golpe a la hegemonía bursátil de la City en Londres y Wall Street.

Obama, quien llega derrotado domésticamente a su periplo asiático –de enorme relevancia para el futuro de EU–, anunció una nueva política de otorgamiento de visas de turismo y negocios con un límite de 10 años para los ciudadanos chinos ( http://goo.gl/5qrYXn ).

Hoy los nuevos turistas a cortejar son los chinos, quienes dejarán una derrama de 85 mil millones al año en EU.

En mi entrevista al Shanghai Daily aduje que el escándalo de la licitación del tren chino a Querétaro, desde el punto de vista geoeconómico, es la consecuencia de la colisión de las dos cosmogonías entre Obama y Xi, cuando el "México neoliberal itamita" operó en forma esquizofrénica, sin contemplar su incrustación al regionalismo tripartita de Norteamérica (pero sin mexicanos).

La cumbre de la APEC acordó un "arreglo anticorrupción" que "cierra la puerta a los fugitivos económicos foráneos", también firmado por Peña en forma conspicua.

Cabe señalar que el mandarín Xi ha hecho de la lucha anticorrupción uno de los pilares de su gobernabilidad ( http://goo.gl/Sf2fTV ).

Algunas personalidades de la anglósfera, como el anterior premier australiano Bob Hawke –uno de los turiferarios de la APEC–, reclaman un G-2 para el "curso de la transformación del orden estratégico regional", que deberán acordar a China "una mayor posición sustancial" y que incluya "un papel de liderazgo sustancial para EU". Insiste la anglósfera en aislar a Rusia de un G-3 geoestratégico ineludible (http://goo.gl/Z5jtjg).

China se coloca motu proprio en el asiento trasero de Rusia en su contraofensiva en el mar Negro-Medio Oriente, mientras Moscú le imita ubicándose detrás de Pekín en su "armonía asiática", lo cual se subsume en la "nueva ruta de la seda", que va de Chongqing hasta Alemania, pasando por Asia central y Rusia ( http://goo.gl/YkQFp6 ). ¿Reparto sincrónico de roles de Rusia y China?

China no acepta más la supremacía de EU en el nuevo orden regional emergente en la región asiática –del que Rusia forma parte, aunque en forma menos preponderante, en la zona del eje Kamchatka-Vladivostok.

El grave defecto del G-2 de Brzezinski –alianza entre China y EU para repartirse el mundo, http://goo.gl/Qv3vA1 – es que no toma en cuenta la compenetración cada vez más profunda entre China y Rusia, a la que la anglósfera busca exorcizar en forma absurda de la Vía Láctea.

A estas alturas, ¿puede China desprenderse de Rusia, de la que depende tanto de su nuevo abastecimiento energético gasero como de su panoplia militar nuclear, quizá a cambio de la primacía del yuan (por encima del atribulado rublo), y de la conectividad de Moscú binomio bursátil de Shanghai-Hong Kong?

Es tan insensato pretender excluir a Rusia de Europa y Asia como intentar hacer lo mismo con EU en otras regiones del planeta.

El grave inconveniente radica en acomodar a EU, que viene de una unipolaridad aberrante, en un G-3 con Rusia y China.

Lo real es que Asia se escapa a la hegemonía de EU, hoy en declive, y no tiene más remedio que reconocer la ascendencia irresistible del “sueño chino ( China’s dream)”, mucho más atractivo por su ausencia de pontificaciones e injerencismos mesiánicos insustentables basados en los mitos del "Destino Manifiesto" y el excepcionalismo del pueblo elegido por la Providencia.

No creo que los geoestrategas de Rusia y China vean algún inconveniente para que EU sea el primus inter pares, siempre y cuando cese su injerencismo y se le olvide pontificar a civilizaciones milenarias de 6 mil años, como China, cuando EU es de reciente creación, del siglo XVIII.

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Fuente: TeleSur

Por esa razón la migración indocumentada es forzada, porque las políticas de Estado de sus países de origen no permiten que esta parte de la población tenga oportunidades de desarrollo y acceso a los servicios básicos de salud, educación y beneficios laborales; por mencionar algunos.

Visto desde cualquier punto ése  desarraigo debe ser tema de agenda para los gobiernos, buscar solucionar no momentáneamente la movilidad indocumentada, es trabajar desde los cimientos que expulsan   a niños, adolecentes y adultos por igual. Es reestructurar el sistema.

La migración centroamericana hacia Estados Unidos  ha tomado el sentido más estricto que es el del desplazamiento a causa de: escapar de la violencia común, -que es la violencia de gobierno- de la persecución, del conflicto –como  ha sucedido con el terrorismo de Estado perpetrado que viene de décadas atrás- la represión,  los desastres naturales.  

Existen muchas razones por las cuales el pueblo centroamericano se  ha segmentado, las intentan ocultar los gobiernos de los países de origen, de traslado y de llegada. Pero existen: se palpan, se respiran y se viven cada segundo del día.

Retrocediendo en el tiempo y reparando en la memoria histórica, veremos comunidades completas escapando hacia México y Estados Unidos en un intento por salvar sus vidas, de la represión de Estado a causa de la guerra interna. -Incitada, patrocinada, llevada a cabo y pulverizada por Estados Unidos, que ha dejado  a la  población con insondables secuelas-.

Si hablamos de desastres naturales ahí está el huracán Mitch  que dejó a países como Honduras, El Salvador y Guatemala con miles de muertos, casas destruidas, plantaciones arrasadas, socavó pueblos enteros eliminándolos del mapa. Ese huracán también obligó a la migración indocumentada.

Si vamos a años más recientes diríamos que los carteles de la droga que trabajan en conjunto con los gobiernos de turno, la impunidad ante el nivel de violencia, la limpieza social que acaba con la semilla, la pobreza extrema. Cada año empeora, se dificulta con el cambio de gobierno porque  no hay esperanza en que el que entra pueda realizar cambios estructurales, debido a los altos niveles que ha tomado la corrupción en la política; con bandas criminales minuciosamente organizadas que abarcan los tres poderes del estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Negocian con la vida de las personas,  firman contratos que garantizan seguridad a las mafias que operan en el tráfico de personas con fines de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos.

Tráfico de influencias, feminicidios constantes, tráfico de drogas y lavado de dinero; todo autorizado y cubierto por los gobiernos de turno.
No, la migración centroamericana no es eventual, ha sido una constante desde décadas atrás, ha crecido a un tamaño  y velocidad   exorbitantes que  ha vaciado pueblos completos. Se van los padres y se van los hijos.

Lo más triste de todo no es el desarraigo sino el horror que se vive en el trayecto a Estados Unidos, la desesperanza de cruzar la frontera y darse cuenta que el país y el sistema no son  como los pintan, que no hay oportunidad de desarrollo para el indocumentado y que contrario a todo lo que venden en televisión; llega a un corral, a una jaula de brillantina, discriminación, opresión y racismo.

Por eso es necesario recalcar una y otra vez que la migración no es voluntaria, es forzada. Que las causas tienen raíces profundas y que con abonos quincenales que ofrece el gobierno de Estados Unidos a los gobiernos centroamericanos no solucionan el problema. Ésta es una crisis humanitaria atemporal,  hay que tratarla como tal. ¿Cómo?  Dejando la doble moral y la desvergüenza, también  de solapar la intromisión del gobierno Estadounidense en la fragmentada democracia de la región.

Lo escribo porque hay que subrayar que los que se van merecen respeto,  y ser tratados con dignidad.  Queda la pregunta en el  aire, -que se contesta sola-   ¿qué hacen los países de origen con los deportados? ¿Los espera con mejores oportunidades  de desarrollo que cuando emigraron? Después se preguntan, por qué los deportados emprenden travesía nuevamente hacia Estados Unidos, desde los mismos aeropuertos donde los bajan como delincuentes las autoridades del país que algún bribón afirmó, es donde  los sueños se hacen realidad.

No, los emigrantes centroamericanos no se van, los expulsan.


Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado
13 de noviembre de 2014.
Estados Unidos.

Fuente: Cronicas de una inquilina

El horror no es una palabra caprichosa para definir lo que sucede en la Libia actual. Como es sabido, el desgobierno, los enfrentamientos armados y atentados, el permanente aumento en la cifra de muertos por el conflicto interno que asola al país del norte de África, y la confirmación de que esa tierra –que años atrás llegó a ser un modelo de sociedad para el continente negro- es caldo de cultivo y base de entrenamiento para mercenarios y terroristas que desestabilizan a Medio Oriente, son los puntos constantes y permanentes que cruzan a la nación.

Por más que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) junto a otros organismos internacionales alerten sobre lo que ocurre en Libia, y por más que las potencias encabezadas por Estados Unidos, ahora condenen el accionar de los terroristas que ellos financiaron y respaldaron, la crítica situación en territorio libio continúa en un espiral de violencia y caos que parece no tener fin.

¿Quién gobierna en Libia?

Esta pregunta podría tener varias respuestas. Libia hoy es gobernada por la administración del primer ministro Abdulá Al Thinni, aunque el gabinete se encuentra asentado en la ciudad de Tobruk (a 1.500 kilómetros al este de la capital), desde donde intenta controlar (sin mucha eficacia) la crisis que vive el país. El gobierno de Al Thinni, que fue elegido por la Cámara de Representantes, tiene el reconocimiento de la ONU y de varios países.

Mientras tanto, en Trípoli, capital del país, el control lo mantiene un grupo de milicias islamistas. En la ciudad funciona la Asamblea General Nacional, que también eligió a su primer ministro, Omar Al Hassi. Las milicias que tomaron Trípoli provienen de la localidad de Misrata, uno de los principales puntos desde donde surgieron los grupos armados, apoyados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que derrocaron al líder libio Muammar Al Gaddafi y dejaron cientos de miles de civiles muertos en los ocho meses que duraron los bombardeos de la alianza atlántica en 2011.

A su vez, en la segunda ciudad en importancia del país, Bengasi, el gobierno de Al Hassi debe lidiar con el ex general pro estadounidense Jalifa Hafta que, luego de un fracasado golpe de Estado, levanta las banderas de la lucha contra las facciones islamistas. Bengasi, en el cual se haya el principal puerto libio, es un botín preciado por su riqueza tanto comercial como de recursos naturales.

A esto se suma el poder desplegado por otras milicias islamistas que operan en localidades como Zintan o Sirte, y el poder real que todavía ostentan las principales tribus del país (en total existen 140), como el caso de  Warfallah, integrada por alrededor de un millón de miembros.

Cada uno de estos polos de poder cuentan con dos elementos fundamentales: armamentos y apoyo exterior, tanto de las monarquías del Golfo Pérsico, Egipto y las potencias occidentales.

División y más división

Si algún ingrediente faltaba al desgobierno que reina en Libia, el Tribunal Supremo de Justicia de Trípoli lo agregó sin demasiadas vacilaciones. La semana pasada, el organismo declaró inconstitucionales las sesiones que celebró el Parlamento confinado en Tobruk. El dictamen del Tribunal estipula la disolución de ese poder legislativo así como la invalidación de las decisiones que ha tomado hasta el momento.

Pero como si fuera poco, este jueves se conoció un mensaje emitido por el jerarca máximo del Estado Islámico (EI), Abu Bakr Al Baghdadi que, según agencia de noticias internacionales, anunció que el Califato que encabeza se extenderá desde Siria e Irak a Arabia Saudita, Yemen, Egipto, Libia y Argelia.

Aunque la veracidad de este anuncio es cuestionada, no parece extraño que las garras del EI lleguen a Libia, básicamente porque centenares de mercenarios que combaten en sus filas fueron entrenados en ese territorio. La existencia en Libia de grupos islámicos vinculados a Al Qaeda o que profesan el Islam más ortodoxo y conservador no es una noticia nueva. El propio Gaddafi, comenzada la crisis en su país, denunció que Al Qaeda operaba en territorio libio. Estados Unidos, autodenominado el “cazador número uno de terroristas en el mundo”, no hizo nada. Es más, las bombas y misiles de Washington apuntaron contra el gobierno libio, que en apenas ocho meses fue derrocado, además de ser diezmada la población.

Atentados y cinismo

En lo que va de esta semana, el escenario libio profundizó su situación de violencia. Algunos hechos ocurridos en los últimos días demuestran el caos que atraviesa la nación:

-Dos atentados ocurrieron ayer frente a las embajadas de Emiratos Árabes Unidos y Egipto, ubicadas en Trípoli.

-El miércoles, al menos ocho personas murieron y 26 resultaron heridas en diferentes ciudades del este del país, controladas por el gobierno de Tobruk.

-El martes, autoridades libias hallaron decapitados en la localidad de Derna a los activistas Siraj Ghatish, Mohamed Battu y Mohamed Al Mesmari. Los tres jóvenes difundían por las redes sociales lo que sucedía en su ciudad. Desde 2012, Derna es disputada por tres grandes milicias islámicas: el Consejo de la Shura, los Mártires de la Brigada Abuslim y una rama local de Ansar Al Sharia.

-El domingo, un triple atentado fue ejecutado en la ciudad de Shahat, al este del país, mientras se desarrollaba una reunión entre el primer ministro Al Thini y el enviado especial de la ONU para Libia, Bernardino León. La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) aseguró que el atentado “no afectará” a sus trabajos.

La profunda división del país quedó en evidencia el pasado 7 de noviembre, cuando el grupo irregular encabezado por Ibrahim Jathram, declaró que si el Parlamento en Trípoli es respaldado a nivel internacional “nos veremos obligados a declarar la independencia del este de Libia”.

Aunque la injerencia extranjera en Libia fue comprobada y se convirtió en la punta de lanza para derrocar al gobierno de Gaddafi, las administraciones implicadas en el financiamiento y entrenamiento de mercenarios y grupos armados ilegales, se pronunciaron sobre la situación del país. España, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Malta y Reino Unido emitieron un comunicado conjunto en el cual se declaran “profundamente preocupados” por la “polarización política” en la nación africana. Los gobiernos de esos países se comprometieron a “ayudar a los libios en este momento difícil” y señalaron que los “desafíos” actuales “requieren soluciones políticas”.

El cinismo, por lo visto, sigue rigiendo la política exterior de Estados Unidos y de sus aliados europeos.

Fuente: Resumen Latinoamericano

El discurso de Vladimir Putin en Sochi marca un viraje en las relaciones internacionales. El presidente dio a entender claramente que ya no ve en Estados Unidos un «socio» de la Federación Rusa. Y no estaba haciendo una declaración de guerra sino expresando en palabras lo que ya todo el mundo puede ver: Estados Unidos está en guerra contra el resto del mundo. Giulietto Chiesa analiza las consecuencias de ese paso adelante.

En Sochi, durante este mes de octubre de 2014, Vladimir Putin retomó desde cero las relaciones entre Rusia y Washington. Su discurso estuvo tan bien pensado [1] que subestimar su importancia sería un grave error. Fue mucho más fuerte y, en ciertos momentos, dramáticamente claro en relación con el discurso que ya había pronunciado en Munich en 2007 [2]. Durante sus 14 años en el poder, el presidente ruso nunca había ido tan lejos. Esto puede entenderse mejor si seguimos su razonamiento.

Veamos de qué tipo de «Reset» estamos hablando. Putin se había mantenido hasta ahora «dentro» del esquema de la postguerra fría. Y se había mantenido en ese esquema a la vez porque verdaderamente no tenía otra opción y también porque, según todo parece indicar, realmente creía en ese esquema, que él veía como útil y realista. Pero la idea de ir más allá a más o menos largo plazo construyendo con Estados Unidos un nuevo sistema de seguridad internacional estaba muy presente en su mente.

Sería un edulcorado eufemismo hablar de «tragos amargos» al referirse a todo lo que Rusia ha tenido que aceptar sin chistar durante los últimos años, desde la caída del muro de Berlín. Sería mucho más justo hablar de bofetadas recibidas. Rusia fue marginada en la toma de las decisiones importantes a nivel internacional o, en el mejor de los casos, se vio relegada sin miramientos a un segundo plano. Esa era, además, una manera de hacerle entender que no se le tenía en cuenta y que nadie tenía intenciones de modificar esa situación.

Rusia se vio durante todo este tiempo excluida de la gestión de los conflictos en África, ignorada en los debates sobre los problemas financieros, relegada a la lista de espera del Nuevo Orden Mundial. Y también fue cruelmente ultrajada durante la guerra en la ex Yugoslavia, hasta el bombardeo contra Belgrado y la independencia de Kosovo. Se le admitió en la mesa de negociaciones únicamente cuando su presencia era indispensable, como en las conversaciones con Irán y durante la crisis siria.

Peor aún, con los últimos presidentes estadounidenses, desde Bill Clinton hasta Barack Obama y pasando por George W. Bush, Estados Unidos maniobró a escala mundial evitando cuidadosamente toda forma de reconocimiento de la zona de influencia de Rusia y paseándose por ese espacio sin ningún miramiento diplomático. Incluso se instaló en toda el Asia central ex soviética, desde Azerbaiyán hasta Kirguizia. Por supuesto, no siempre lo hizo con éxito. Pero lo importante era enviar el mensaje: Washington estaba haciéndole entender a Moscú que no reconocía el peso de Rusia en esa región del mundo.

Y ni hablar de la actitud de la OTAN que, después del fin del Pacto de Varsovia, ha seguido expandiéndose más y más hacia el este, o de la actitud de la Unión Europea, que también ha ido extendiéndose a todo el este de Europa hasta absorber territorios que fueron parte de la Unión Soviética, como las tres repúblicas bálticas. Todo ello se ha hecho en violación de los acuerdos, tanto verbales como escritos, que prohibían a la OTAN instalar bases o desplegar armamento en las nuevas repúblicas que fueron incorporándose una por una a la Unión Europea. Esa expansión ha ido acompañada de declaraciones cada vez más alejadas de la realidad de los hechos y según las cuales la expansión de la OTAN no trata de ir cercando poco a poco a Rusia.

Finalmente, están también las operaciones de los últimos años, con la inclusión de la Georgia de Mijaíl Saakachvili en las estructuras de la OTAN, la promesa de una futura incorporación a la OTAN, con viento en popa y toda vela, de una cuarta república ex soviética y las presiones y promesas similares que se han hecho a Moldavia. Hay que recordar igualmente la «guerra de Georgia», que terminó con la aplastante derrota infligida al gobierno de esa república ex soviética después de la masacre de Tzkinvali y la intervención de las fuerzas armadas rusas para expulsar las fuerzas de Georgia del territorio de Osetia del Sur. El reconocimiento de las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur por parte de Rusia (reconocimiento que Putin no oficializó hasta agosto de 2008) fue el primer indicio de que el Kremlin había decidido decir a Washington “¡Basta!”, aunque si en definitiva lo hizo no fue por propia iniciativa sino obligado por las maniobras adversas.

Todo esto pasó de golpe a un segundo plano con la peligrosa aventura del golpe de Estado de Kiev, donde el presidente Viktor Yanukovich fue derrocado de forma violenta dando paso al surgimiento de una nueva Ucrania ostensiblemente belicosa y hostil a Moscú. Y todo se hizo no sólo con el consentimiento sino también con el financiamiento, la supervisión y control estadounidenses de las operaciones en territorio ucraniano, primeramente en el plano político y después en el plano militar.

Es imposible una total comprensión de la síntesis que hizo Putin en Sochi si no tenemos en cuenta todo el conjunto de esos acontecimientos.

Y la conclusión que se impone es la siguiente: el liderazgo estadounidense no prevé ningún tipo de multipolaridad ni ningún respeto por las reglas que deben existir entre socios de un mismo nivel. Ya no existen reglas comunes. Sólo queda el caos, sin ninguna dirección général.

Putin toma nota de ello –sin decirlo explícitamente pero mostrando que ha entendido perfectamente que el verdadero blanco era él mismo, su propia persona. Que las sanciones económicas no buscaban solamente castigar a Rusia sino penalizar a las personas que componen su entorno [de Putin]. Que en los comportamientos y declaraciones de los dirigentes occidentales se discernía claramente la idea de que Putin no representaba a Rusia y que, una vez eliminado Putin, Rusia se alinearía nuevamente.

En otras palabras, Occidente no tiene intenciones de negociar con Rusia mientras Putin esté al mando.

La respuesta de Sochi es totalmente límpida y constituye un punto de no retorno. Está basada en varios elementos fundamentales.

El primero es la idea de que la unidad de Occidente es relativamente precaria. Europa está lejos de formar un bloque compacto detrás de Estados Unidos y sigue siendo un socio, aunque sea con ciertas limitaciones. Las cifras sobre los intercambios económicos y comerciales hablan por sí mismas, al igual que la historia de la postguerra.

Ese es el primer pilar. Podría ser una apuesta que no habrá de renovarse pero es claramente una forma de dejar la puerta abierta a 2 posibles escenarios. Putin muestra que sabe perfectamente que la Rusia que tiene en sus manos está asociada de mil maneras al sistema occidental. Incluso durante los 14 años de Putin en el poder, y no sólo en tiempos de Yeltsin, Rusia se ató de pies y manos al destino de Occidente. Es por lo tanto vulnerable y por ello tendrá que pagar el precio, que será sin dudas muy elevado. Putin se encuentra así contra la pared y tendrá que demostrar a sus conciudadanos que es capaz de salir bien parado.

El problema podría resolverse con la crisis política que está atravesando esta Europa. El desgaste de los partidos políticos, prácticamente en todas partes, demuestra que es posible hallar otros interlocutores, fuera de los «conservadores» tradicionales vinculados a los partidos socialdemócratas de izquierda, que hoy son todos pro-atlánticos. La Europa popular está desplazándose hacia la derecha, adoptando una tendencia anti-Unión Europea, anti-estadounidense y antiglobalización y converge así hacia el otro pilar que sirve de apoyo a Putin: el del patriotismo, el conservadurismo estatal, los valores tradicionales de la familia, de la educación y el respeto por el pasado. Eso podría traer importantes cambios en el seno de la «Familia europea» durante los próximos años.

Hay también un tercer pilar, que salta a la vista: el Oriente, China, Irán, el resto del mundo. Es en esa dirección que ha de tornarse el águila bicéfala, si las maniobras de Occidente toman un mal rumbo. Las sanciones –explica Putin– no detendrán a esta Rusia que, como él la describe, se presenta como una entidad que se ha despertado inesperadamente, solidaria y compacta como no lo había estado desde hace varias décadas. Es una especie de preludio de lo que puede ser un gobierno de salvación nacional, que podría contar con la participación de los comunistas encabezados por Guennadi Ziuganov, de los liberales demócratas de Vladimir Jirinovski y de los nacionalistas –tanto los de derecha como los de izquierda– sin tener para nada en cuenta las diferencias y tendencias [políticas] que pueden verse en Europa y –más generalmente– en Occidente, pero que nunca han tenido verdadero peso en Rusia.

La «América» de Obama, esa «América» que Moscú ve como presa de una crisis irreversible (ya que, después de Obama, podría venir lo peor de lo peor, con una Hillary Clinton que ganaría las elecciones sobre la base de un programa republicano de los más descabellados que hayan podido verse), ha dejado de ser un socio.

El oso ruso –en esos términos se expresó Putin– no tiene intenciones de abandonar su territorio. No abriga ambiciones expansionistas, pero no por ello está dispuesto a dejarse desplazar.

A esa conclusión ha llegado Putin y así planea organizar la resistencia. Ahora queda por ver si realmente puede llevar a cabo su plan. Y la partida será ciertamente difícil ante esta «América» empeñada en llevar adelante una política de fuerza, sobre todo teniendo en cuenta que ambos protagonistas están contra la pared.

Fuente: Red Voltaire

La dinastía safávida (1501-1736) creó un poderoso reino en Irán luego de su conversión al islamismo.  En su esplendor, los safávidas gobernaron un territorio que duplicaba la extensión del Irán moderno e incluía partes de Iraq, Kuwait, Bahrein, Turquía, Siria, Baluchistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Aganistán y Cáucaso.

El principal antagonismo desde el punto de vista de los yihadistas suníes proviene de que los safávidas adoptaron el chiismo como religión oficial. Curiosamente, el credo  original de la dinastía safávida fue el sunismo, pero después de la conversión al chiismo se esforzaron por imponerlo en todo Irán.

El celo proselitista de los safávidas estaba en parte motivado por su oposición al imperio otomano; por lo tanto, su adhesión al chiismo obedecía al objetivo político  de diferenciarse de los sultanes otomanos, que eran a la vez califas de los suníes.

La Revolución Constitucional iraní (1904-1911) colocó los cimientos del Irán moderno, y adoptó la monarquía constitucional como régimen de gobierno.

Sucesivamente, los dos shas Pahlevi (1925-1979), aunque se transformaron en monarcas absolutos, profesaban el laicismo y trataron de modernizar Irán
de acuerdo con el modelo de los países occidentales.

La revolución islámica de febrero de 1979, guiada por el ayatolá Ruholá Jomeini, no solo puso fin a las reformas laicistas sino también a 2.600 años de monarquía, sustituida por un régimen clerical.

El aspecto singular de la revolución islámica, fue que por primera vez en la historia de Irán y del islamismo, los sacerdotes asumieron el poder.sunitas y chiitas1

Aunque Jomeini se atribuía el liderazgo de una revolución islámica, en realidad se trataba de una revolución chií que derivaba su legitimidad del concepto chií de imanato (teocracia regida por un imán o más).

Según el chiismo, el legado del profeta Mahoma no corresponde a los califas ortodoxos sino a los imanes chiíes en una sucesión que se interrumpe en el siglo IX con la ocultación del Doceavo Imán, quien regresará al fin de los tiempos para establecer la justicia en el mundo.

Tanto Jomeini como el actual líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, fundamentan su autoridad en la representación del Imán Oculto, que cesará cuando reaparezca.

Por esta razón, la creencia del expresidente Mahmoud Ahmadineyad (2005-2013) acerca de la inminente reaparición del Doceavo Imán y su asunción del  poder
causó consternación entre los líderes religiosos que gobiernan el país.

Al inicio de la revolución, Jomeini declaró su intención de propagarla en todo el mundo musulmán, pero su identidad chií alzó una barrera ante la mayoría de los musulmanes, que son suníes.

La devastadora guerra (1980-1988) que el expresidente iraquí Saddam Hussein (1979-2003) lanzó contra Irán contó con un masivo respaldo de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, cifrado en decenas de miles de millones de dólares, y causó cerca de un millón de víctimas entre muertos y heridos de ambos bandos.

El amargo recuerdo de esta contienda es otro factor que mantiene viva la animosidad entre iraníes e iraquís, y entre chiíes y suníes.

Desde 2003, cuando la coalición guiada por Estados Unidos invadió Iraq, depuso al suní Hussein y lo reemplazó por un gobierno representativo de la mayoría chií, se sumó otro factor de rencor entre los dos credos.

El islamismo iraní fue la fuente de inspiración de una literatura de alta calidad, celebrada como una de las más profundas y humanas expresiones de misticismo.

Sin embargo, la República Islámica de Irán es hoy conocida por su estrecha interpretación del Islam, por el gran número de ejecuciones, lapidación de mujeres, flagelaciones y otras prácticas inhumanas.

yihadistasLa dogmática adhesión a esta variante del chiismo ha sido negativa para los intereses de Irán y para la causa del Islam en el mundo.

En la insurgencia del EI (antes autodenominado Estado Islámico de Iraq y el Levante, ISIS) participan decenas de miles de oficiales del ejército iraquí y del Partido Baas de Hussein, que fueron expulsados por Paul Bremer, el administrador de la Autoridad Provisional de la Coalición impuesta por Estados Unidos.

Esta insurgencia es una violenta revancha suní en contra de los chiíes de Iraq y en última instancia contra Irán, por su apoyo al desplazamiento de los suníes en Iraq y por la influencia que ahora ejerce en el país vecino.

*Exdecano de la Facultad de Lenguas de la Universidad de Isfahan, en Irán, y actualmente profesor en la británica Universidad de Oxford. Editado por Pablo Piacentini  en IPS

Fuente: Questión Digital

Frases

“La mejor defensa es el ataque, ¡la humanidad tiene que ir a la ofensiva!”

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº85

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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