¿La nueva alianza entre Turquía y Francia concierne solamente los temas económicos, como la entrada de Ankara en la Unión Europea, o es más bien de naturaleza política? Y, de ser cierto esto último, ¿justificará Paris la política de Ankara, incluso si resulta injustificable? ¿Llegará ese apoyo hasta la justificación del genocidio?

Esta semana, la administración Obama denunció por segunda vez al apoyo de Ankara al Emirato Islámico (también designado como Daesh, su acrónimo árabe, y inicialmente conocido como EIIL, siglas de “Emirato Islámico en Irak y el Levante”).

La primera vez fue el 2 de octubre y la acusación vino del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante una conferencia organizada en Harvard [1]. La segunda acaba de tener lugar, el 23 de octubre, cuando el subsecretario del Tesoro, David Cohen, hizo uso de la palabra en la Fundación Carnegie [2]. Tanto el vicepresidente Biden como el subsecretario Cohen acusaron a Ankara de estar apoyando a los yihadistas y facilitando la venta del petróleo que estos se roban en Irak y en Siria.

Ante las vehementes protestas del presidente Recep Tayyip Erdogan, Joe Biden acabó presentando excusas. El gobierno turco autorizó entonces el PKK [3] a acudir en ayuda de los kurdos sirios sitiados en Kobane por los yihadistas de Daesh. O más bien eso fue lo que anunció públicamente. Pero en la práctica, el comportamiento de Ankara no ha sido nada convincente y es por eso que Washington acaba de retomar sus acusaciones.

Turquía y la cuestión de las limpiezas étnicas

Pienso que lo que le molesta a Washington no es el apoyo a los yihadistas. La actitud de Turquía hacia los yihadistas está en correspondencia total con el plan estadounidense y, al menos hasta octubre de 2014, Daesh sigue bajo el control de la CIA. Lo que Washington no puede admitir es que un miembro de la OTAN se vea implicado públicamente en la masacre que amenaza a la población de Kobane. La política de la administración Obama es muy simple: Daesh fue creado para encargarse de lo que no puede hacer la OTAN –la limpieza étnica– mientras que los miembros de la alianza atlántica fingen no tener nada que ver con ello. Pero masacrar a los kurdos de Siria no es una necesidad para la política de Washington y la implicación de Turquía sería un crimen contra la humanidad.

La actitud de Turquía se presenta como involuntaria. Y precisamente en eso reside el problema. Turquía es un Estado negacionista que nunca reconoció las masacres que ha perpetrado: en 4 años –de 1914 a 1918– asesinó 4 millones de armenios, 200 000 asirios y cristianos adeptos del rito griego y 50 000 asirios en Persia; y más tarde –de 1919 a 1925– también acabó con las vidas de 800 000 armenios y griegos [4]. Lejos de cerrar ese doloroso capítulo de su historia, el mensaje de condolencias que el señor Erdogan emitió el pasado 23 de abril denotaba la incapacidad de Turquía para reconocer los crímenes perpetrados por los Jóvenes Turcos [5].

Ankara trató en el pasado de acabar con los kurdos del PKK. Y muchos huyeron hacia Siria. Al inicio de la actual guerra, el presidente Assad les concedió la ciudadanía siria y les entregó armas para que defendieran el territorio nacional. Así que para Ankara, una masacre perpetrada contra esos kurdos sería una buena noticia y ese es precisamente el tipo de trabajo sucio que Daesh podría realizar.

Implicación de Turquía en otras limpiezas étnicas recientes

Durante la guerra de Bosnia-Herzegovina (de 1992 a 1995), el ejército turco respaldó la «Legión Árabe» de Osama ben Laden que se encargó de la limpieza étnica perpetrando numerosas matanzas contra los serbios ortodoxos. Los yihadistas que participaron en aquellos hechos hoy son miembros de diversos grupos armados que operan en Siria, entre los que se encuentra Daesh.

En 1998, el ejército turco participó en el entrenamiento militar dispensado a los miembros del UCK (siglas en albanés del Ejército de Liberación de Kosovo), cuyos atentados dieron lugar a la represión gubernamental yugoslava, la que a su vez fue el pretexto que invocó la OTAN para justificar su propia intervención en Yugoslavia. Durante la guerra así provocada, Hakan Fidan, el actual jefe de la inteligencia turca (MIT), era agente de enlace entre la OTAN y Turquía. Y lo que sucedió fue que el UCK procedió sistemáticamente a la expulsión de los serbios ortodoxos y profanó sus lugares de culto. En 2011, Hakan Fidan envió yihadistas a Kosovo para que el UCK los entrenara en materia de terrorismo… antes de atacar Siria.

Durante la ocupación de Irak, Estados Unidos recurrió oficialmente a Turquía y Arabia Saudita para reconstruir el país que había invadido. La política aplicada en aquel momento provocó la guerra civil y masacres sistemáticas, principalmente contra chiitas y cristianos. Como explicó el ex consejero de la Casa Blanca para la Seguridad de la Patria, Richard A. Falkenrath, esa política estaba concebida para incrustar el yihadismo en Irak, utilizarlo allí y evitar que se moviera hacia Estados Unidos [6].

En septiembre de 2013, cientos de yihadistas del Ejército Sirio Libre (el grupo armado respaldado por Francia que se identifica con la bandera de la colonización francesa en Siria) respaldados por elementos del Frente al-Nusra (la franquicia de al-Qaeda en Siria) penetraron en Siria desde Turquía para tomar la ciudad siria de Maalula, violar a sus mujeres, matar a sus hombres y profanar sus iglesias. Maalula carece de interés estratégico militar. Aquel ataque era únicamente una manera de perseguir públicamente a los cristianos, ya que Maalula es el símbolo sirio de la cristiandad desde hace unos 2 000 años.

En marzo de 2014, cientos de yihadistas del Frente al-Nusra y del Ejército del Islam (dos grupos pro-sauditas) penetraron en Siria desde Turquía, dirigidos y respaldados por el ejército turco, para saquear la ciudad siria de Kessab. La población de la ciudad logró huir antes de ser víctima de una masacre. Cuando el Ejército Árabe Sirio acudió en auxilio de la población, Turquía lo combatió y derribó uno de sus aviones. Kessab presenta interés estratégico para la OTAN debido a la proximidad de una base de radares rusos que vigila la base de la OTAN ubicada en la región turca de Incirlik. Los habitantes de Kessab son armenios cuyas familias lograron huir de las masacres perpetradas por los Jóvenes Turcos.

¿La Turquía actual admite el genocidio?

Es la pregunta que se impone en la actual situación. Dado que Ankara niega que la masacre contra los armenios y las masacres contra diversas minorías –principalmente cristianas– perpetradas desde 1915 hasta 1925 fueron organizadas por el Comité Unión y Progreso, ¿no podría decirse que Turquía no considera que el genocidio sea un crimen y que simplemente lo ve como una opción política más?

La política del actual gobierno turco se basa en la «doctrina Davutoglu». Según Ahmet Davutoglu, profesor de Ciencias Políticas hoy convertido en primer ministro, Turquía debe recuperar la influencia que tuvo en la era otomana y unificar el Medio Oriente basándose en el islam sunnita.

Al principio, la administración Erdogan predicaba la solución de los conflictos pendientes desde la caída del Imperio Otomano, lo cual se definió como política de «cero problemas» con los vecinos. Al calor de esa política, Siria e Irán negociaron la creación de una zona de libre intercambio que dio lugar a un verdadero bum económico en los 3 países. Pero en 2011, durante la guerra de la OTAN contra Libia, Turquía abandonó la política de conciliación para tratar de imponerse como potencia beligerante. Y desde aquel momento se ha enemistado nuevamente con todos sus vecinos, con excepción de Azerbaiyán.

El apoyo francés a Turquía

Durante las guerras contra Libia y Siria se produjo entre Francia y Turquía un acercamiento que se ha convertido en un verdadero pacto, al estilo de la alianza franco-otomana que preconizaban el rey francés Francisco I y Solimán el Magnífico. Aquella alianza duró 2 siglos y medio y sólo terminó en tiempos de Napoleón Bonaparte, antes de resurgir brevemente durante la guerra de Crimea.

La nueva alianza entre Francia y Turquía fue ratificada por el ministro francés de Relaciones Exteriores Laurent Fabius, quien –en febrero de 2013– levantó el veto francés a la inclusión de Turquía en la Unión Europea y se comprometió a favorecer la admisión de Ankara.

Al mismo tiempo, el presidente francés Francois Hollande y su ministro de Relaciones Exteriores Laurent Fabius así como el entonces primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y el entonces jefe de la diplomacia turca Ahmet Davutoglu montaron una operación conjunta para asesinar al presidente sirio Bachar al-Assad y su ministro de Relaciones Exteriores Walid al-Mualem. Para ello sobornaron a varios miembros del personal de limpieza del palacio presidencial pero la operación fracasó.

En el verano de 2013, Turquía organizó el ataque químico perpetrado en las afueras de Damasco y lo atribuyó a Siria. Con el respaldo de Francia, trató de lograr que Estados Unidos bombardeara la capital siria para acabar con la República Árabe Siria. Francia y Turquía querían que Washington volviese a su proyecto inicial de derrocamiento de la República Árabe Siria.

Un documento entregado al Consejo de Seguridad de la ONU demuestra que después del voto secreto de enero de 2014 con el que el Congreso de Estados Unidos aprobaba la entrega de armamento y financiamiento a los rebeldes para posibilitar la limpieza étnica en la región, Francia y Turquía siguieron armando en secreto a los yihadistas del Frente al-Nusra (o sea, a al-Qaeda) para que luchara contra Daesh. El objetivo seguía siendo el mismo, forzar a Washington a volver a su proyecto inicial.

Es importante señalar de paso que Turquía no fue el único país que armó a los yihadistas que atacaron las ciudades cristianas sirias de Maalula y Kessab, violaron a sus mujeres, mataron a sus hombres y profanaron sus iglesias. También lo hizo Francia.

Turquía soborna a los dirigentes franceses

La prensa habla frecuentemente de que Qatar soborna a la clase dirigente francesa. Pero no dice ni una palabra de las sumas colosales que gasta Turquía para comprar el apoyo de los políticos franceses.

¿La prueba de esa corrupción? El silencio de los dirigentes franceses sobre lo que sucede en Turquía (ese país ostenta el record mundial de encarcelamiento de periodistas, abogados y oficiales superiores de las instituciones armadas), sobre el respaldo turco al terrorismo internacional (la justicia turca ha comprobado que Erdogan se reunió 12 veces con el banquero de al-Qaeda, en Turquía existen 4 campamentos de al-Qaeda y ese país ha organizado el tránsito de decenas de miles de yihadistas), sobre el saqueo perpetrado contra Siria (miles de fábricas del distrito sirio de Alepo han sido desmontadas y trasladadas a Turquía) y sobre las masacres cometidas con la participación de Turquía (en Maalula, Kessab y la que probablemente tendrá lugar si finalmente cae Kobane).

Los empresarios turcos –fieles aliados de Erdogan– crearon en 2009 el Instituto del Bósforo, encargado de promover los vínculos entre Turquía y Francia [7]. Su comité científico, donde figura como copresidenta la señora Anne Lauvergeon [8], tiene como miembros a la crema de los políticos franceses de la UMP [9], (por ejemplo, Jean-François Coppé [10] y Alain Juppé [11]); del Partido Socialista (Elisabeth Guigou [12] y Pierre Moscovici [13]), muchos de ellos muy vinculados al presidente Francois Hollande (como Jean-Pierre Jouyet [14]) e incluso algunos ex comunistas.

Esas personalidades, algunas de ellas personas honorables, seguramente no piensan aprobar las masacres cometidas por el régimen de Ankara. Pero, de hecho, eso es lo que están haciendo.

Al aliarse con Turquía, Francia se ha hecho cómplice activa de sus masacres.
Thierry Meyssan
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[1] “Remarks by Joe Biden at the John F. Kennedy Forum”, by Joseph R. Biden Jr., Voltaire Network, 2 de octubre de 2014.

[2] “Remarks by U.S. Treasury Under Secretary David S. Cohen on Attacking ISIL’s Financial Foundation”, David S. Cohen, Carnegie Endowment for Internationale Peace, 23 de octubre de 2014.

[3] Partido de los Trabajadores del Kurdistán, fundado en Turquía en 1978.

[4] Statistics of Democide: Genocide and Mass Murder Since 1900, R.J. Rummel, Transaction, 1998, p. 223-235.

[5] Los Jóvenes Turcos fueron un partido nacionalista revolucionario y reformador otomano conocido oficialmente bajo el nombre de Comité Unión y Progreso (CUP). Ese partido se alió con las minorías y derrocó al sultán Abdulhamid II. Pero al llegar al poder emprendió una política de turquificación que lo llevó a planificar un genocidio contra las minorías, principalmente contra los armenios.

[6] Citado en «If Democracy Fails, Try Civil War», Al Kamen, The Washington Post, 25 de septiembre de 2005.

[7] Ver el sitio web del Institut du Bosphore.

[8] Ex colaboradora del presidente francés Francois Mitterrand, Anne Lauvergeon fue presidenta de Areva (grupo francés considerado líder mundial en el sector de la energía nuclear) de 2001 a 2011. Actualmente preside la Comisión de Innovación.

[9] La UMP (Unión por un Movimiento Popular) es el partido de derecha inicialmente llamado Unión por la Mayoría Presidencial y formado para apoyar a la candidatura del presidente francés Jacques Chirac con vista a las elecciones presidenciales de 2002. Nota de la Red Voltaire.

[10] Diputado, ex ministro y ex presidente de la UMP.

[11] Alcalde de Burdeos, ex primer ministro y ex presidente de la UMP, Alain Juppé se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores de Francia al inicio de las guerras contra Libia y Siria.

[12] Ex colaboradora de Francois Mitterrand y ex ministra, Elisabeth Guigou preside actualmente la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional.

[13] Diputado y ex ministro, Pierre Moscovici acaba de ser designado para convertirse en comisario europeo.

[14] Alto funcionario y viejo amigo de Hollande, Jean-Pierre Jouyet es hoy director general de la compañía aseguradora AXA.

Fuente: Red Voltaire

Tras casi 40 días de combates entre los mercenarios del Estado Islámico y las guerrillas kurdas, la situación en el norte de Siria es cada vez más tensa. La injerencia extranjera que busca desbaratar la resistencia, el rol de Turquía y EEUU, y la inédita experiencia del PKK.

Las regiones de Kobane, Jazire y Afrin -en el norte de Siria- se convirtieron en un tablero en el que las pujas por el control político y económico se exacerban a cada minuto. Si bien los combates son entre el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico (EI) y las fuerzas guerrilleras kurdas (YPG/YPJ, integrantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán -PKK-), lejos están de ser los únicos actores del conflicto.

Las tres ciudades en las que viven kurdos, yezadíes, asirios y otros minorías reciben el fuego del EI, que busca desarticular las conquistas del PKK junto a los pobladores, en un hecho inédito para Medio Oriente: el nacimiento de una nueva de organización social y política con una posición de izquierda, surgida luego de más de tres décadas de lucha insurgente y a casi cuatro años del comienzo del conflicto interno en Siria.

El PKK, con sus organizaciones legales respaldadas por la guerrilla, lleva adelante un nuevo modelo de sociedad, regida por la democracia directa, las asambleas populares, el respeto a la diversidad de las diferentes nacionalidades que habitan Medio Oriente, la defensa del medio ambiente y el empoderamiento de las mujeres como factor determinante en la liberación. Sobre este último punto, el ejemplo concreto es la propia resistencia de la insurgencia en Kobane, encabezada por las comandantes y guerrilleras del PKK que enfrentan al Estado Islámico.

El confederalismo democrático, ideología que rige al PKK, no está siendo defendido solamente en el terreno a través de las armas. Pocas semanas atrás, los pueblos de Kobane, Jazire y Afrin dieron a conocer su Constitución, texto que defiende la pluralidad en Medio Oriente y traza las líneas generales de una nueva forma organizativa (1).

El “laboratorio político” que los kurdos llevan adelante en el norte de Siria profundizó los temores de varios sectores. El EI busca destruir a las fuerzas guerrilleras del PKK porque entiende que su islamismo ortodoxo y prehistórico choca de forma directa con el confederalismo democrático, antítesis de la ideología del Estado Islámico.

Estados Unidos sigue empecinado en derrocar al gobierno sirio del presidente Bashar Al Assad, y a su vez observa con preocupación el desarrollo creciente de las fuerzas del PKK. Más aún cuando la insurgencia kurda no busca la creación de un nuevo Estado (algo estipulado en la Constitución recién creada, en la que se indica que se respetará plenamente la unidad territorial siria), sino que impulsa autonomías y formas de autogobierno.

Por su parte, el Estado turco teme -hoy más que nunca- el avance de las políticas del PKK, organización a la que ha combatido desde hace más de 30 años. Desde la asunción al poder de Recep Tayyip Erdogan, ahora presidente de Turquía, la política de represión contra el pueblo kurdo que habita territorio turco fue constante y sistemática. Los intentos de diálogos de paz impulsados por el PKK y la sociedad kurda fueron abortados una y otra vez desde la administración de Erdogan. El temor del gobierno turco ante la firmeza de la guerrilla kurda quedó en evidencia por su postura: discursivamente rechaza al Estado Islámico y a su vez traba los intentos de los kurdos de Turquía en cruzar la frontera con Siria para sumarse a la resistencia en Kobane.

Desde las YPG/YPJ, y desde el movimiento kurdo en general, se denunció en reiteradas ocasiones que el gobierno de Erdogan financia y arma al Estado Islámico. También advirtieron que el Estado turco protege el reclute de mercenarios y hasta puso a su disposición un hospital para atender a los terroristas heridos.

El rol que juega Turquía en la actual crisis en Medio Oriente fue puesto en evidencia por el primer ministro iraquí, Haider Al Abadi, quien anunció que se había comunicado con el primer ministro turco, Ahmed Davutoglu, y le reclamó que su país no ataque al Partido de los Trabajadores de Kurdistán. “Turquía no debe dirigir más operaciones militares contra el PKK en Irak”, declaró Al Abadi. Ante el parlamento de su país, el premier aseveró que “el PKK está ahora combatiendo junto con nosotros contra las organizaciones terroristas. Le hemos dicho a Turquía que ellos deben cesar su actividad militar contra el PKK dentro de las fronteras de Irak, se lo he dicho al primer ministro turco en una llamada telefónica unos pocos días atrás”.

Si bien en el norte de Siria, especialmente en Kobane, el avance del Estado Islámico es bloqueado por las fuerzas guerrilleras, el situación sigue siendo crítica. En una reciente entrevista, la co-presidente del Partido de la Unión Democrática (PYD, por sus siglas en kurdo), Asya Abdullah, expresó que, de manera urgente, Naciones Unidas debe abrir un corredor humanitario entre Kobane, Jazireh y Afrin. La titular del PYD, organización integrante del PKK, denunció que el Estado Islámico “sigue recibiendo suministros diarios de armamento y combatientes de lugares como Rakka, Tal Abyad, Ain Issa, Sarrin, Manbij, Jarabulus”.

Abdullah aclaró también que el EI argumenta “que el ataque a Kobane está en contra de los Estados Unidos y que todos deben unirse contra estos enemigos. De esta manera consiguen a los niños árabes y los hombres jóvenes que participan en el salvajismo. Muchas familias árabes están huyendo de esta tiranía para proteger a sus hijos”. La co-presidenta del PYD reiteró que el Estado Islámico es responsable de la destrucción y el robo en KObane, y manifestó que el “saqueo y la violación es el foco de la ideología” de la agrupación yihadista.

Al referirse al gobierno turco, Abdullah expresó que “por un lado Turquía dice que permitirá a los Peshmerga (milicia del gobierno kurdo de Irak) llegar a Kobane, mientras que en el otro se está librando una campaña de desprestigio contra el PYD y la realidad de Rojava. No consideramos que esto sea apropiado, ya que el PYD tiene un proyecto político concreto en el ambiente caótico de Siria, y tiene un propósito claro. Esta campaña de desprestigio no servirá ni a la situación en Kobane ni a las políticas turcas. Todo el mundo sabe lo que está bien y lo qué está mal en Kobane, que está atacando y que está resistiendo. Y que permitir el acceso de los Peshmerga no es lo mismo que la demanda de la gente de Kobane para un corredor. Nadie ha hecho una petición oficial al cantón de Kobane o el YPG/YPJ. Si alguien quiere venir aquí estos son los órganos políticos y militares para que les expliquemos nuestras demandas”.

Sin dudas, las riquezas naturales del norte de Siria (petróleo, gas y agua dulce) son un botín preciado por Estados Unidos y sus aliados. Al mismo tiempo, la Casa Blanca junto a Turquía y las monarquías del Golfo Pérsico, no dejan de redoblar sus esfuerzos para derrocar al último gobierno que levanta las banderas del nacionalismo árabe, como es el caso de la administración de Al Assad, más allá de los gruesos errores cometidos. Pero ahora, con el crecimiento del PKK y del movimiento de liberación kurdo se abre un nuevo panorama, en el cual se frena la restauración más conservadora en la región, basada en profundas políticas neoliberales (Turquía y las monarquías del Golfo son el ejemplo) y en la imposición de un Islam funcional a esas políticas. Y los pueblos del norte de Siria, casi en la soledad absoluta, resisten ese modelo que se intenta implementar a sangre y fuego, y del que el Estado Islámico es la cabeza visible.

Fuente: Contrainjerencia

La situación en Siria y, posteriormente, la crisis en Ucrania allanaron el terreno para que saltaran las tensiones entre EE.UU. y Rusia, y, por consiguiente, se desatara una batalla para demostrar quién tiene más poder e influencia, o mejor dicho si aún Rusia se puede considerar una superpotencia como en la época de la Guerra Fría o si el mundo se ha centrado en un orden unipolar cuyo núcleo es EE.UU.

Luego de la crisis en Ucrania, Washington y sus aliados europeos impusieron sanciones directas e indirectas contra Moscú para que reconsiderara su postura hacia Kiev; no obstante, Rusia adoptó medidas en represalia, aplicó sanciones contra EE.UU. y amenazó con el cese del suministro energético a Europa.

El cruce de amenazas se ha centrado más que entre otros países entre Rusia y EE.UU., creando una tensión que día a día se intensifica más. Hace un mes, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, dijo que había llegado el momento de actualizar los arsenales nucleares de su país. Posteriormente, el presidente Vladimir Putin advirtió a la Casa Blanca de las consecuencias que originaría una brecha entre los dos poderes atómicos. Asimismo, EE.UU. está caminando hacia el aislamiento de Rusia en la escena internacional, excluyendo a Moscú de los diálogos nucleares con Irán en los últimos meses y negándose a negociar directamente con sus autoridades sobre Ucrania.

Toda esta situación, es decir, las sanciones recíprocas, el cruce de amenazas y la modernización de los arsenales nucleares de Rusia, que podría poner en jaque el Tratado START entre Moscú y Washington, nos conducen hacia la conclusión de que el mundo podría estar en vísperas de una nueva Guerra Fría. A continuación pretendemos hacer un análisis y elaborar una hipótesis al respecto. Por este motivo, debemos hacer un repaso de la situación de Rusia en la Guerra Fría y luego de la caída de la Unión Soviética.

En los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, en 1944, se creó el término ‘Superpotencia’ para referirse a los Estados Unidos y la Unión Soviética. Dado que en aquella estructura bipolar del sistema mundial, ambos países encabezaban dos bloques, el Este y el Oeste, desde el punto de vista militar y económico. En 1991, junto con la caída de la Unión Soviética y la ideología del comunismo, Rusia perdió su papel activo en la escena internacional y EE.UU. pasó a ser la única superpotencia en el mundo.

En la década de los 90, Rusia sufría una fuerte crisis económica y política, además de la inestabilidad interna, por lo tanto, no tenía tiempo para desempeñar un rol activo en la escena internacional y, tampoco, podía rivalizar con Occidente por la débil economía con que contaba.

De hecho, en esa década, Rusia perdió su posición internacional por diferentes motivos: la caída del sistema imperial y el regreso a las fronteras del siglo 17, la recesión económica, la crisis social, la debilidad del Gobierno y del Ejército, entre otros.

No obstante, desde inicios del año 2000, especialmente con la llegada al poder del presidente Vladimir Putin y la adopción de un enfoque realista hacia las cuestiones internas e internacionales, este decidió realzar la posición de su país en el mundo como una antigua superpotencia. Para cumplir con ese objetivo, Moscú recurrió a dos estrategias: la multilateral y multipolar para desafiar la posición de EE.UU. en el sistema mundial, y la energética.

La estrategia multipolar se adoptó en reacción a las políticas unilaterales y hegemónicas de Washington en la arena internacional. Putin calificó la disolución de la Unión Soviética como la gran tragedia del siglo 20, por lo que, desde su llegada al poder, se opuso a la hegemonía de Washington y, desde 2000, de forma no palpable, y a partir de 2007, de forma clara, adoptó una política de resistencia ante el expansionismo estadounidense, teniendo en cuenta sus logros en diferentes campos, como el geopolítico y el geoeconómico.

Putin nunca reconoció el sistema unipolar en la escena internacional y lo calificó de contradictorio a sus intereses nacionales, de tal forma, en su discurso del año 2007, en la Conferencia de Múnich, dijo: “El sistema unipolar no solo no es aceptable, sino que su establecimiento en la situación actual es fundamentalmente imposible”.

Fortalecer la posición de Rusia como un poder energético, actualizar su equipamiento militar, la amplia venta de armas, la oposición al establecimiento del escudo antimisiles estadounidense en Europa del Este, la suspensión del Tratado de Armas Convencionales, el establecimiento del nuevo sistema de defensa aérea en San Petersburgo, apoyar a Siria en los acontecimientos que vive y, lo más importante de todo, la crisis ucraniana, son todos ejemplos claros que evidencian los esfuerzos de Rusia para elevar su posición en la escena internacional que, directamente, desafían los intereses de EE.UU.

Entonces, la ampliación de las tensiones entre Rusia y EE.UU. ha convencido a los rusos de que no solo pueden desafiar así a Washington, sino que pueden presentarse como una potencia ultrarregional con poder de influencia en asuntos globales. La intención de Moscú de restablecer su posición requiere combatir el unilateralismo de Washington, por lo que al involucrarse en diferentes temas quiere hacerle ver al mundo que los asuntos no se resolverán sin el papel de Moscú. Para cumplir con esa meta se esfuerza por formar alianzas con países importantes como China cuya política exterior radica en la oposición al unilateralismo de Washington.

Mientras Rusia se esfuerza por presentarse al mundo como un país con un rol internacional, EE.UU. pretende negar este papel, ya que el poder de Rusia significa la reducción de su influencia, y un gran reto para los intereses estadounidenses en las regiones alrededores de Rusia.
Además, Rusia recurre a otra medida para elevar su posición, es decir la energía, un elemento que utiliza como instrumento político. Moscú, como uno de los países con mayores recursos petroleros y gasíferos del mundo, ha podido aumentar su poderío ante la Unión Europea y EE.UU.

Desde 1998 hasta 2004, Rusia suministró cerca del 48 por ciento del petróleo del mundo. Actualmente, Europa importa un 25 por ciento de gas y el 22 por ciento de petróleo de Rusia. Además, Moscú ha centrado su estrategia energética en Asia; en su plan de desarrollo, ha decidido aumentar la exportación de petróleo del 3 al 20 por ciento hasta 2020, y a excepción de China, veda su crudo a Japón y a Corea del Sur.

De esa forma, Rusia se está convirtiendo en un poder energético, algo que aprovecha como arma política; aquellos gobiernos que se oponen a sus políticas serán castigados con el cese del suministro de petróleo y aquellos que compartan sus políticas se verán beneficiados con la energía y las inversiones rusas en ese campo.

Aquí es donde surge la duda que cómo Rusia quiere elevar su posición en la escena internacional mediante sus recursos energéticos, ya que muchos de los países árabes en Oriente Medio disponen también de inmensos recursos como el petróleo, pero no han podido llegar a ser actores de peso en la escena internacional. Lo importante es saber que la situación de Moscú es diferente a la de estos países, es decir, antes de 1991, Rusia era una superpotencia en el campo militar y aún mantiene una parte de la capacidad militar de la Unión Soviética, como las armas nucleares, y su lugar como uno de los principales suministradores de armamento, por lo tanto, cuenta con el potencial para combinar la riqueza energética con el poderío militar y alcanzar sus objetivos.

El aumento del precio del petróleo y el gas desde el año 2000 contribuyó al impulso económico ruso que le ayudó en gran medida a llevar a cabo reformas estructurales y crear una nueva Rusia. Mientras tanto, antes de la llegada de Putin al poder, era poco probable que el país euroasiático pudiera salir tan rápido de la crisis y moverse para recuperar su posición e imponer su voz a nivel internacional.

No obstante, si bien Rusia ha podido sacar partido de sus recursos energéticos y ha mejorado su situación, su influencia se ha limitado al nivel regional y está aislado en asuntos internacionales. Esto se debe a que, si la Unión Soviética era considerada una superpotencia se debía a que, en aquel entonces, el tema militar y la capacidad en ese campo eran primordiales y motivaban la división del mundo en dos poderes. Actualmente, Moscú no puede competir con Washington, ni desde un punto de vista militar ni económico. Algo que resulta evidente en sus presupuesto militares: EE.UU. 640 mil millones de dólares y Rusia cerca de 88 mil millones de dólares. Moscú está lejos de lo que pretende, es decir, volver a presentarse como una superpotencia y mover al mundo hacia el sistema bipolar.

Fuente: HispanTv

En este nuevo y original análisis, Thierry Meyssan expone las causas geopolíticas del fracaso de la guerra contra Siria y los verdaderos objetivos de la supuesta guerra contra el Emirato Islámico. Este artículo resulta especialmente importante para quien aspire a entender el panorama de las relaciones internacionales en este momento y la cristalización de los conflictos en el Levante (Irak, Siria y Líbano).

Las tres crisis en el seno de la coalición estadounidense

En este momento estamos viendo la tercera crisis que tiene lugar en el bando de los agresores desde el inicio de la guerra contra Siria.

- En junio de 2012, durante la conferencia Ginebra I, que debía iniciar el regreso a la paz y organizar una nueva repartición del Medio Oriente entre Estados Unidos y Rusia, Francia –donde Francois Hollande acababa de ganar la elección presidencial– planteó una interpretación restrictiva del comunicado final de aquel encuentro. Y después organizó la reanudación de la guerra, con la complicidad de Israel y Turquía y con el apoyo de la secretaria de Estado Hillary Clinton y del director de la CIA David Petraeus.

- Cuando el presidente Barack Obama sacó del juego a Hillary Clinton y David Petraeus, Turquía, junto con Israel y Francia, organizó el ataque químico en las afueras de Damasco, atribuyéndolo a Siria. Pero Estados Unidos se negó a dejarse arrastrar a una guerra punitiva.

- En una sesión secreta del Congreso realizada en enero de 2014, Estados Unidos impuso la aprobación del financiamiento y la entrega de armamento a Daesh [1], grupo yihadista al que se le asignó la misión de invadir la parte sunnita de Irak y la parte de Siria donde viven los kurdos. El objetivo era dividir esos dos grandes Estados. Francia y Turquía armaron entonces al grupo representante de al-Qaeda en Siria (el Frente al-Nusra) para que atacara a Daesh y lograr así que Estados Unidos volviera al plan inicial de la coalición. Al-Qaeda y Daesh se reconciliaron en mayo de 2014, como resultado de un llamado de Ayman al-Zawahiri en ese sentido, y actualmente Francia y Turquía siguen sin sumarse a los bombardeos de la coalición estadounidense.

En general, en la coalición de los llamados «Amigos de Siria», que en julio de 2012 contaba «un centenar de Estados y organizaciones internacionales», hoy sólo quedan 11 países. Por su parte, la coalición formada contra Daesh cuenta oficialmente «más de 60 Estados», pero lo que estos tienen en común es tan poca cosa que la lista se mantiene en secreto.

Intereses muy diferentes

La coalición se compone en realidad de numerosos Estados que persiguen cada uno sus propios objetivos muy específicos, al extremo que no logran ponerse de acuerdo sobre un objetivo común. Podemos distinguir 4 fuerzas:

- Estados Unidos quiere controlar los hidrocarburos de la región. En el año 2000, el National Energy Policy Development Group (NEPDG) presidido por Dick Cheney había identificado –gracias a imágenes satelitales y datos provenientes de prospecciones– las reservas mundiales de hidrocarburos y había observado las inmensas reservas de gas existentes en Siria. Durante el golpe de Estado militar que se produjo en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, Washington decidió atacar sucesivamente 8 países (Afganistán, Irak, Libia, Líbano y Siria, así como Sudán, Somalia e Irán) para apoderarse de sus riquezas naturales. El estado mayor estadounidense adoptó entonces el plan de rediseño del «Medio Oriente ampliado», que también incluye el desmantelamiento de Turquía y Arabia Saudita, y el Departamento de Estado creó al año siguiente su departamento MENA para organizar las «primaveras árabes».

- Israel defiende sus propios intereses nacionales: a corto plazo el Estado hebreo prosigue su campaña de expansión territorial. Simultáneamente y sin esperar a controlar todo el espacio entre los dos ríos (el Nilo y el Éufrates) Israel también espera controlar todo el conjunto de la actividad económica de la zona, incluyendo –por supuesto– los hidrocarburos. Para garantizar su propia protección en esta era de misiles, Israel espera simultáneamente hacerse del control de una zona de seguridad a lo largo de su frontera (en este momento, ha expulsado a los cascos azules de la frontera del Golán, reemplazándolos por al-Qaeda) y neutralizar por otra parte los ejércitos de Egipto y de Siria sorprendiéndolos de revés (despliegue de los misiles Patriot de la OTAN en Turquía y creación de un Kurdistán en Irak y así como de Sudán del Sur).

- Francia y Turquía persiguen el sueño de la restauración de sus respectivos imperios. Francia espera obtener un mandato sobre Siria, o al menos sobre una parte de ese país. Para eso creó el Ejército Sirio Libre y le entregó la bandera verde, blanca y negra con las tres estrellas utilizada en tiempos del mandato francés en Siria. Mientras tanto, Turquía espera restaurar el Imperio otomano. Desde septiembre de 2012, Ankara designó un wali encargado de administrar lo que ya consideraba una provincia. Los proyectos de Turquía y Francia son incompatibles dado que el Imperio otomano había admitido que algunas de sus provincias fueran administradas con otras potencias coloniales.

- Para terminar, Arabia Saudita y Qatar saben que sólo pueden lograr sobrevivir poniéndose al servicio de Estados Unidos y combatiendo los regímenes laicos, cuyo único representante en la región es precisamente la República Árabe Siria.

Evolución de la coalición

Esas 4 fuerzas sólo lograron colaborar entre sí durante la primera parte de la guerra –desde febrero de 2011 hasta junio de 2012. Se trataba, en efecto, de una estrategia de 4ª generación: varios grupos de fuerzas especiales organizaban incidentes y emboscadas aquí y allá, mientras que las televisiones atlantistas y de los países del Golfo iban creando la imagen de una dictadura alauita que reprimía una revolución democrática. Las sumas invertidas y la cantidad de soldados desplegados no eran gran cosa y cada uno de los participantes creía que después del derrocamiento de la República Árabe Siria podría arreglárselas para sacar el mayor provecho a expensas de las otras fuerzas.

Sin embargo, a principios de 2012, la población siria comenzó a dudar de las televisiones que aseguraban que el presidente Bachar al-Assad era un torturador de niños y que el derrocamiento de la República Árabe Siria daría paso a un régimen confesional al estilo libanés. El asedio impuesto a los takfiristas del emirato islámico de Baba Amro ya se veía como el preludio del fracaso de la operación. Francia negoció entonces una salida de la crisis y la liberación de los oficiales franceses que habían caído prisioneros. Estados Unidos y Rusia negociaron para tomar los lugares del Reino Unido y de Francia y repartirse toda la región, como Londres y París lo habían hecho en 1916 con los acuerdos Sykes-Picot.

Y desde aquel momento nada ha funcionado bien en el seno de la coalición. Sus sucesivos fracasos indican que no puede ganar.

En julio de 2012, Francia celebraba con bombo y platillo en París la reunión más importante de la coalición y reanudaba la guerra. El discurso del presidente francés Francois Hollande había sido redactado en inglés, probablemente por los israelíes, y traducido al francés para que lo leyera el presidente de Francia. La secretaria de Estado Hillary Clinton y el embajador estadounidense Robert S. Ford (formado por John Negroponte [2]) emprendían la mayor guerra secreta de la historia. Al igual que en Nicaragua, ejércitos privados reclutaban mercenarios y los enviaban a Siria. Pero esta vez los mercenarios contaban con una formación ideológica cuyo objetivo eran la creación y entrenamiento de las hordas de yihadistas. El Pentágono perdía el control de las operaciones, control que pasó a manos del Departamento de Estado y la CIA. El costo de la guerra ya alcanzaba proporciones colosales. Pero ese costo no lo asumieron Estados Unidos, Francia ni Turquía sino Arabia Saudita y Qatar.

Según la prensa atlantista y los medios de las monarquías del Golfo, algunos miles de extranjeros acudieron así en ayuda de la «revolución democrática siria».

Pero en Siria «la revolución democrática» no aparecía por ningún lado. Lo que sí podía verse eran grupos de fanáticos que gritaban eslóganes como «¡Revolución pacífica: los cristianos a Beirut, los alauitas al hueco!» [3] y «¡No al Hezbollah! ¡No a Irán! ¡Queremos un presidente temeroso de Dios!» [4]. Según el Ejército Árabe Sirio, a Siria llegaron no algunos miles sino 250 000 yihadistas entre julio de 2012 y julio de 2014.

Sin embargo, al día siguiente de su reelección, Barack Obama obligaba al general David Petraeus a renunciar a su cargo como director de la CIA y descartaba mantener a Hillary Clinton como miembro de su nueva administración. Así que, a inicios de 2013, la coalición se reducía prácticamente a Francia y Turquía mientras que Estados Unidos hacía lo menos posible. Por supuesto, era el momento que el Ejército Árabe Sirio esperaba para iniciar su inexorable reconquista del territorio.

En Siria, Francois Hollande y Recep Tayyip Erdogan, Hillary Clinton y David Petraeus pretendían derrocar la república laica e imponer un régimen sunnita, que habría estado bajo la administración directa de Turquía pero que incluiría altos funcionarios franceses, un modelo heredado del final del siglo XIX pero que no presentaba interés de ningún tipo para Estados Unidos.

Barack Obama y sus dos secretarios de Defensa Leon Panetta y Chuck Hagel, abrigan una visión política radicalmente distinta. Panetta fue miembro de la Comisión Baker-Hamilton y Obama fue electo en función del programa de esa comisión. Según ellos, Estados Unidos no es ni debe ser una potencia colonial en el sentido mediterráneo del término. O sea, Estados Unidos no debe plantearse el control de un territorio mediante la instalación de colonos. En relación con lo que se obtuvo, el experimento de la administración Bush resultó extremadamente costoso y por lo tanto es algo que no debe repetirse.

Después de que Turquía y Francia trataran de empujar Estados Unidos a emprender una gran campaña de bombardeos contra Siria con la puesta en escena del ataque químico del verano de 2013, la Casa Blanca y el Pentágono decidieron retomar la iniciativa. Así que en enero de 2014, la Casa Blanca y el Pentágono convocaron el Congreso de Estados Unidos en una reunión secreta y lo obligaron a votar una ley secreta que aprobaba un plan para dividir Irak en 3 Estados así como la secesión de la zona kurda de Siria. Para ello decidieron financiar y armar un grupo yihadista capaz de hacer lo que las fuerzas armadas de Estados Unidos no pueden hacer porque el derecho internacional no lo permite: una limpieza étnica.

Barack Obama y sus ejércitos no se plantean el rediseño del «Medio Oriente ampliado» como un objetivo en sí sino únicamente como una manera de controlar los recursos naturales. Y utilizan un concepto clásico: el principio de «divide y vencerás», no para crearse puestos de reyes y presidentes en nuevos Estados sino para proseguir con la política que Estados Unidos ha venido aplicando desde los tiempos de la administración de Jimmy Carter.

En su discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado el 23 de enero de 1980, el entonces presidente Jimmy Carter planteaba la doctrina que lleva su nombre: Estados Unidos considera que los hidrocarburos del Golfo son indispensables para su economía y que por lo tanto le pertenecen. Así que cualquier forma de poner en duda ese axioma será considerada «un acto contra los intereses vitales de los Estados Unidos de América y ese acto será rechazado con todos los medios necesarios, incluyendo el uso de la fuerza militar». Con el tiempo, Washington se ha dotado del instrumento necesario para aplicar esa política –el CentCom– y ha extendido su zona vedada hasta el Cuerno de África.

A partir de lo anterior, la actual campaña de bombardeos de la coalición ya no tiene nada que ver con la voluntad inicial de derrocar la República Árabe Siria. Tampoco tiene relación alguna con la supuesta «guerra contra el terrorismo». Sólo busca defender los intereses económicos exclusivos de Estados Unidos, incluso en caso de que eso implique la creación de nuevos Estados aunque no obligatoriamente recurriendo a ello.

En este momento, unos cuantos aviones de Arabia Saudita y Qatar prestan al Pentágono una ayuda puramente simbólica, pero ni Francia ni Turquía lo están haciendo. El propio Pentágono dice haber realizado más de 4 000 misiones aéreas en las que habrían muerto sólo un poco más de 300 combatientes del Emirato Islámico. Si nos atenemos al discurso oficial, eso representa más de 13 misiones aéreas y ni se sabe cuántas bombas y misiles para matar un solo yihadista. Se trataría entonces de la campaña aérea más costosa y más ineficaz de toda la Historia. Pero si tenemos en cuenta el razonamiento anterior, el ataque de Daesh contra Irak corresponde a una manipulación de los precios del petróleo que ha hecho caer los precios del barril de crudo en un 25% (de 115 dólares a 83 dólares el barril). Nuri al-Maliki, el primer ministro iraquí democráticamente electo que vendía a China la mitad del petróleo iraquí, fue súbitamente vilipendiado y derrocado. Daesh y el gobierno regional del Kurdistán iraquí redujeron por sí mismos su robo de petróleo y sus exportaciones de crudo en alrededor del 70%. El conjunto de las instalaciones petroleras utilizadas por las compañías chinas simplemente fueron destruidas. De hecho, el petróleo iraquí y el petróleo sirio ya no están ahora al alcance de los compradores chinos… pero volvieron al mercado internacional controlado por Estados Unidos.

La actual campaña de bombardeos aéreos es, en definitiva, una aplicación directa de la «doctrina Carter» y una advertencia al presidente chino Xi Jinping, quien actualmente intenta concluir una serie de contratos bilaterales destinados a garantizar el aprovisionamiento de su país sin pasar por el mercado petrolero internacional.

Prever el futuro

Como resultado de este análisis, podemos concluir que:

- En el actual periodo, Estados Unidos únicamente está dispuesto a aceptar guerras que tengan como objetivo la defensa de su propio interés estratégico en controlar el mercado internacional del petróleo. Por consiguiente, podría entrar en guerra contra China pero no contra Rusia.

- Francia y Turquía nunca lograrán realizar sus sueños de recolonización. Francia debería reflexionar sobre el papel que el AfriCom le ha asignado en África. Podrá seguir interviniendo en todos los Estados que tratan de acercarse a China (Costa de Marfil, Mali y la República Centroafricana) y reinstaurar el orden «occidental» pero nunca logrará restaurar su imperio colonial. Turquía también deberia bajar el tono. Aunque el presidente Erdogan lograra concretar una alianza contranatura entre la Hermandad Musulmana y los oficiales kemalistas turcos, de todas maneras tendría que renunciar a sus ambiciones neootomanas. Y tendría que recordar sobre todo que, como miembro de la OTAN, Turquía está mucho más expuesta que otros países a ser víctima de un golpe de Estado proestadounidense, como ya sucedió en Grecia en tiempos de Georgios Papandreu y en la propia Turquía en tiempos de Bulent Ecevit.

- Arabia Saudita y Qatar nunca lograrán recuperar los miles de millones de dólares que invirtieron tratando de derrocar la República Árabe Siria. Peor aún, es probable que tengan que pagar parte de la reconstrucción de ese república laica. La familia reinante en Arabia Saudita tendrá que seguir plegándose a los intereses económicos de Estados Unidos, pero debería evitar seguir metiéndose en guerras de gran envergadura y tener en cuenta que en cualquier momento Washington puede decidir dividir el país que los Saud consideran de su propiedad.

- Israel puede abrigar la esperanza de seguir jugando por debajo de la mesa a provocar a mediano plazo la división de Irak en 3 Estados diferentes. Así obtendría la creación de un Kurdistán iraquí comparable al Sudán del Sur que ya creó anteriormente. Pero es poco probable que pueda incorporar de inmediato el norte de Siria a ese «Kurdistán». Es también poco probable que logre expulsar a la FINUL del sur del Líbano y reemplazarla por al-Qaeda, como ya hizo con los cascos azules que garantizaban la separación entre las fuerzas israelíes y sirias en la frontera siria. Pero, a lo largo de 66 años, Israel se ha acostumbrado a tratar siempre de ir más lejos y a menudo ha logrado avanzar siempre un poco más. Israel es, en realidad, el único ganador de la guerra contra Siria en el seno de la coalición. No sólo ha debilitado por un buen rato a su vecino sirio sino que además logró obligarlo a renunciar a su arsenal químico. Por lo tanto, Israel es actualmente el único país del mundo que dispone oficialmente tanto de un arsenal atómico perfeccionado como de un arsenal químico y biológico.

- Irak ya está divido de facto entre Estados diferentes. Uno de ellos, el Califato proclamado por el Emirato Islámico, nunca podrá obtener el reconocimiento de la comunidad internacional. En cambio, no hay a la vista razones que parezcan impedir la secesión del Kurdistán, aparte de lo difícil que resultará explicar cómo fue que logró expandir su territorio en un 40%, apoderándose además de los campos petrolíferos de Kirkuk. El califato podría ir cediendo poco a poco su lugar a un Estado sunnita, probablemente gobernado por individuos que «abandonarían» Daesh oficialmente. Se trataría entonces de un proceso comparable al de Libia, donde los ex combatientes de al-Qaeda fueron aupados al poder sin que nadie protestara por ello.

- Siria volverá paulatinamente a la paz y habrá de dedicarse a su larga reconstrucción. Para ello se volverá hacia las empresas chinas, pero mantendrá a Pekín al margen de sus hidrocarburos. Para reconstruir su industria del petróleo y explotar sus reservas de gas, Siria tendrá que volverse hacia las empresas rusas. El tema de los oleoductos o gasoductos que podrían transitar por su territorio dependerá del apoyo que puede encontrar en Irán y Rusia.

- El Líbano seguirá viviendo bajo la amenaza de Daesh, que nunca obtendrá más papel que el de grupo terrorista. Los yihadistas sólo serán la herramienta necesaria para prolongar un poco más el congelamiento del funcionamiento político de un país que sigue hundiéndose en la anarquía.

- Para terminar, Rusia y China deberían intervenir urgentemente contra Daesh, en Irak, Siria y Líbano, no por compasión hacia las poblaciones locales sino porque Estados Unidos utilizará próximamente contra ellas ese grupo yihadista –también denominado como Emirato Islámico. Aunque está bajo las órdenes del príncipe saudita Abdul Rahman –el hombre que pone el dinero– y del autoproclamado califa Ibrahim, Daesh ya cuenta en este momento con georgianos –todos miembros de los servicios secretos de Georgia– que fungen como sus principales oficiales y con algunos chinos de lengua turca. El ministro georgiano de Defensa incluso reconoció, antes de corregir esas declaraciones, la existencia en Georgia de campos de entrenamiento de yihadistas. Si Moscú y Pekín no se deciden pronto, tendrán que acabar enfrentando a Daesh en el Cáucaso, en el valle de Ferghana y en la región china de Xinjiang.

[1] Daesh es el acrónimo árabe del grupo yihadista inicialmente llamado Emirato o Estado Islámico en Irak y el Levante y actualmente conocido como Emirato Islámico. Nota de la Red Voltaire.

[2] John Dimitri Negroponte fue embajador de Estados Unidos en Honduras en los años 1980. Desde ese puesto «diplomático», Negroponte dirigió la guerra sucia contra el gobierno sandinista de Nicaragua, lo cual incluyó la creación, entrenamiento, armamento y financiamiento de las bandas de los llamados «Contras». En 2001, la administración de George W. Bush lo nombró embajador en la ONU, inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre. En abril de 2004, esa misma administración lo nombró embajador en Irak, a raíz de la invasión atlantista y del derrocamiento de Sadam Husein. Para más información sobre este tenebroso personaje, ver el documental en 3 partes El Embajador, del realizador noruego Erling Borgen, disponible en YouTube.

[3] «Revolución pacífica» sólo significaba que no se haría daño a los sunnitas.

[4] Al inicio de la crisis y la guerra contra Siria, el Hezbollah no estaba presente en ese país pero la República Árabe Siria respaldaba militarmente al Hezbollah en su lucha contra el agresor israelí. Por lo tanto, el objetivo de la operación atlantista no era sacar al Hezbollah de Siria sino poner fin al apoyo de Siria a la Resistencia libanesa.

Fuente: Red Voltaire

Ahora que comienza a hacerse evidente que la zona euro entrará en su tercera recesión desde el año 2008, se confirma que las políticas aplicadas por los principales bancos centrales del mundo han creado las condiciones ideales para un nuevo tsunami financiero. Los datos publicados por Eurostat esta semana señalan que la producción industrial de Alemania cayó un 4 por ciento en agosto (y un 1,8 por ciento en toda la zona euro) y que esta tendencia continuó en septiembre, con la mayor caída desde el 2009. Poco antes, el FMI había reducido su pronóstico de crecimiento para Alemania este año desde 1,9 hasta 1,4 por ciento.. y se verá obligado a volver a rebajar sus pronósticos para éste y el próximo año.

La economía mundial sufre un estancamiento generalizado y así lo dan a entender las magras cifras de consumo desde Japón a Estados Unidos, pasando evidentemente por Europa, el actual epicentro de la crisis global, donde los planes de austeridad agravaron la crisis y potenciaron los desequilibrios económicos. Merkel y Lagardé han hundido a Europa al forzar la aplicación de los planes más absurdos para enfrentar la crisis que estalló tras la quiebra de Lehman Brothers el año 2008. La actual crisis es producto de la ceguera en que fue envuelto el mundo al pensar que todo desequilibrio era detectado y resuelto de inmediato por el mercado, el supuesto gran regulador del sistema. Pero el mercado no autorregula nada y dejarlo a su merced le está significando al mundo dos décadas perdidas. Es decir, hay crisis para largo. Esto es lo que hemos llamado estancamiento secular, o de largo plazo.

El mundo se ha olvidado de la precisa declaración que hizo a principios del año 2009 el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, quien señaló que la economía había fallado por completo en la forma de examinar la realidad cuando aseguró que entre las causas principales de la crisis financiera “estaba la fe injustificada en las expectativas racionales y el libre mercado”… Volcker no dudó en enfatizar que la profesión Económica estaba en problemas, dado que en los últimos años se habían eludido todos los enfoques y consensos sobre la política económica al dar rienda suelta a los enfoques estadísticos y matemáticos. Durante cuatro décadas (casi en paralelo a la otorgación de los premios nobel de Economía), los economistas se olvidaron que la Economía no es una ciencia exacta, dado que es una rama de las Ciencias Sociales cuya riqueza depende justamente de la pluralidad de enfoques. Desde el premio Nobel de Economía otorgado a Paul Samuelson en 1970, la Economía se convirtió en un fetiche de las matemáticas financieras y de los oligopolios financieros.

Al igual que en el 2008, el mundo se encamina a una recesión mundial producto de la creciente debilidad del consumo, un hecho que derrumba toda la potestad entregada a las teorías de la oferta. En un mundo con desequilibrios persistentes y aumentos crecientes de la desigualdad, no es la oferta la que crea la demanda. Se ha llegado al nivel crítico de que un puñado de productores puede ofrecer todos los bienes requeridos pero estos no están disponibles para toda la humanidad. No es la oferta la que crea la demanda sino que más bien es la demanda la que da fuerza a la oferta. En Estados Unidos, la demanda del consumo privado equivale al 70 por ciento del PIB. Por eso la debilidad de la demanda tiene efectos significativos.

El cáncer de las burbujas especulativas

El desastroso estado de la economía confirma que inyectar dinero al sistema financiero no ha impulsado a la economía real. De hecho las multimillonarias inyecciones de liquidez ni siquiera han logrado mantener los niveles de inversión. La caída sistemática de la inversión desde septiembre de 2008 ha sido justamente una de las razones que ha profundizado la crisis. Las multimillonarias inyecciones de liquidez a la banca no han estimulado la inversión, pese a que las bajas tasas de interés existentes en la Reserva Federal o el Banco Central Europeo hacen creer que la inversión es un negocio lucrativo. Ha sido un negocio solo para los especuladores que juegan en los mercados bursátiles. Las caídas del Ibex y el Dax (ver gráficas) reflejan que esta fantasía también va en descenso.

La realidad es mucho más fuerte y ante las actuales expectativas de declive y contracción económica, la inversión no tiene ninguna perspectiva real. Y si con las tasas cercanas al 0 por ciento el mercado es deprimente, ¿qué ocurrirá cuando comience el alza de los tipos de interés? Janet Yellen, de la Reserva Federal, se ha comprometido a hacerlo el 2015, dado que las bajas tasas de interés son un cáncer para la economía mundial al permitir la creación de burbujas especulativas, como las que han vivido en los últimos años los activos bursátiles. Por eso que la actual corrección de los mercados puede acentuarse o hacer desaparecer del sistema varios miles de millones de euros cada día, lo que podría desatar un caos global. Algo para lo cual los gobiernos y las instituciones como el FMI no tendrían cómo responder dado que ya han agotado todos sus recursos... para nada. Octubre ha sido siempre un mes muy cruel para la economía, y este año no será la excepción.

Dólar en alerta: China y Rusia compran enormes cantidades de oro

En la prensa de negocios japonesa ha saltado la alarma: China está comprando activamente oro. Según analistas del país del sol naciente, una de las posibles consecuencias de ello podría ser el colapso del dólar.

El periódico económico 'Nikkei' afirma que China actúa en una "estrecha colaboración con Rusia", que también en los últimos meses ha aumentado significativamente sus reservas de oro, ubicándose en el quinto lugar por sus reservas en el mundo.

Pero el Reino Unido, por el contrario, vende su oro activamente. Según algunas fuentes, Londres ha multiplicado su venta por diez en lo que va de año.

Los medios japoneses citan al comerciante estadounidense y veterano bursátil con 40 años de experiencia en este negocio, Russ Winter, quien cree que el yuan chino le quitará al dólar el título de principal moneda de reserva.

Los analistas afirman que una de las razones que han llevado a Pekín a tal paso es el colapso inevitable del "sistema mundial del dólar", porque pagar la exorbitante deuda acumulada por Occidente es poco realista, mientras que apoyarse en esta situación en el oro parece una solución competente y fiable.

A juicio de los analistas japoneses, el primer paso hacia la 'victoria china' sobre el dólar debería ser  mejorar la convertibilidad del yuan y el aumento del papel de la moneda china en el comercio internacional.

El segundo paso ha de ser asegurar y respaldar su moneda nacional con oro, reforzando así el yuan y finalmente desbancando a la moneda estadounidense.

DATO IMPORTANTE: SAUDÍES USAN EL PETRÓLEO CONTRA RUSIA, IRÁN Y VENEZUELA

Arabia Saudí está aumentando su producción de petróleo y hundiendo deliberadamente el precio del crudo para perjudicar a los productores rivales de Washington.

Según Reuters, las autoridades saudíes han manifestado en secreto a los inversores del mercado que el reino, el mayor productor de la OPEP, "está dispuesto a aceptar precios del petróleo por debajo de los 90 dólares por barril, y tal vez hasta de 80 dólares, durante uno o dos años".

La monarquía saudí está impulsando una estrategia de precios peligrosa, que busca reducir la cuota de participación en el mercado de sus competidores. Una estrategia que perjudica simultáneamente a Irán, Irak, Venezuela, y Rusia. Y claramente, el objetivo final es esta última.

La próxima reunion de la OPEP tendrá lugar el 27 de noviembre. Venezuela - uno de los miembros más sensibles a los cambios en los precios - ha sido el primer país en llamar abiertamente a emprender acciones de emergencia. El ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Ramírez, dijo que "a nadie le conviene una guerra de precios y que los precios caigan por debajo de los 100 dólares el barril."

Irán también ha llamado a tomar medidas. "Deberíamos tener una reunión de emergencia de la OPEP para que países como Arabia Saudí, que persiguen políticas contra los intereses de los productores, reduzcan sus ventas", declaró el ex ministro de energía y diputado Masoud Mirkazemi.

"Arabia Saudí, que tiene la intención de mandonear a la OPEP, sirve a los intereses del G20. No debemos dejar que Arabia Saudí haga esto", dijo.

Rusia cree que la baja en los precios es temporal, pero fue explícita en apuntar a los responsables.

"Los precios pueden ser manipuladores. Primero que todo, Arabia Saudí ha comenzado a hacer grandes descuentos en el petróleo. Eso es manipulación política, y Arabia Saudí está siendo manipuladora, lo que podría terminar mal.

El segundo factor es el petróleo que se roba el ISIS, que llega al mercado a través de Turquía e Israel con un descuento triple. No es mucho, pero es robado, por lo que es barato", denunció Mijaíl Leontiev, vicepresidente de la petrolera estatal rusa, Rosneft.

EL SISTEMA EN PÁNICO

Por Manuel Freytas

Ya dejó ser una señal para convertirse en realidad. El sistema capitalista ya ingresó al pánico de una nueva crisis económica global. Y el epicentro desencadenante es la crisis ascendente de la Unión Europea y su impacto en los mercados de capitales internacionales. "Los mercados globales vivieron el miércoles una jornada no apta para cardíacos en la que el Promedio Industrial Dow Jones llegó a caer 460 puntos antes de repuntar parcialmente y los inversionistas se abalanzaron sobre los bonos del gobierno estadounidense, considerados una inversión de refugio", señala hoy The Wall Street Journal el vocero principal del capitalismo financiero imperial. Y amplia:"Las malas noticias económicas provenientes de Europa y EE.UU. sirvieron como telón de fondo del día más turbulento de Wall Street desde 2011, cuando arreciaba la crisis de la deuda europea".

Y está pasando lo que ya pasó en la crisis del 2008, y pasa cíclicamente en cada crisis del capitalismo, los especuladores internacionales se "refugian" en el dólar, la moneda patrón, la moneda regente de todas las operaciones financieras internacionales. Y cuando los pulpos especuladores desechan otras monedas y SE REFUGIAN EN BONOS EN DÓLARES del Tesoro Federal de EEUU, es porque el sistema ya ingresó a una nueva crisis global. Ese es el barómetro y la principal señal.

Que lleva al pánico y a la caída de las bolsas mundiales como está sucediendo. "La desaceleración de la economía global, el riesgo de que Europa caiga en deflación y los coletazos de la brusca caída en los precios del petróleo han contribuido a poner fin a un largo período de relativa tranquilidad en los mercados globales", explica The Wall Street Journal. Y está claro. La Unión Europea, como bloque, es la segunda economía mundial detrás de EEUU. Y es (junto con China y EEUU) el principal importador y exportador mundial. Por efecto dominó encadenado, cualquiera que se caiga, arrastra al resto. Wall Street y los mercados financieros se desploman hoy por quinto día consecutivo.

El índice Dow Jones (donde cotizan las primeras 50 empresas y bancos transnacionales a escala global) retrocedió 173,45 puntos, 1,1%, y se ubicó en 16.141,74 en una sesión en que la llegó a perder 2,8%. El indicador registra un descenso de 852,48 puntos, un 5%, en las últimas cinco jornadas. Un récord. Y es la primera señal concreta de que el sistema capitalista ya ingresó a una nueva crisis global. Como decía el general Perón: "El pescado se pudre por la cabeza". Y la cabeza del capitalismo depredador es el sistema financiero internacional. Que ya ingresó a un nuevo estado de pánico.

Fuente: El Espia Digital

Frases

“No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, buscar atrás, buscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto”.

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº85

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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