El discurso de Vladimir Putin en Sochi marca un viraje en las relaciones internacionales. El presidente dio a entender claramente que ya no ve en Estados Unidos un «socio» de la Federación Rusa. Y no estaba haciendo una declaración de guerra sino expresando en palabras lo que ya todo el mundo puede ver: Estados Unidos está en guerra contra el resto del mundo. Giulietto Chiesa analiza las consecuencias de ese paso adelante.

En Sochi, durante este mes de octubre de 2014, Vladimir Putin retomó desde cero las relaciones entre Rusia y Washington. Su discurso estuvo tan bien pensado [1] que subestimar su importancia sería un grave error. Fue mucho más fuerte y, en ciertos momentos, dramáticamente claro en relación con el discurso que ya había pronunciado en Munich en 2007 [2]. Durante sus 14 años en el poder, el presidente ruso nunca había ido tan lejos. Esto puede entenderse mejor si seguimos su razonamiento.

Veamos de qué tipo de «Reset» estamos hablando. Putin se había mantenido hasta ahora «dentro» del esquema de la postguerra fría. Y se había mantenido en ese esquema a la vez porque verdaderamente no tenía otra opción y también porque, según todo parece indicar, realmente creía en ese esquema, que él veía como útil y realista. Pero la idea de ir más allá a más o menos largo plazo construyendo con Estados Unidos un nuevo sistema de seguridad internacional estaba muy presente en su mente.

Sería un edulcorado eufemismo hablar de «tragos amargos» al referirse a todo lo que Rusia ha tenido que aceptar sin chistar durante los últimos años, desde la caída del muro de Berlín. Sería mucho más justo hablar de bofetadas recibidas. Rusia fue marginada en la toma de las decisiones importantes a nivel internacional o, en el mejor de los casos, se vio relegada sin miramientos a un segundo plano. Esa era, además, una manera de hacerle entender que no se le tenía en cuenta y que nadie tenía intenciones de modificar esa situación.

Rusia se vio durante todo este tiempo excluida de la gestión de los conflictos en África, ignorada en los debates sobre los problemas financieros, relegada a la lista de espera del Nuevo Orden Mundial. Y también fue cruelmente ultrajada durante la guerra en la ex Yugoslavia, hasta el bombardeo contra Belgrado y la independencia de Kosovo. Se le admitió en la mesa de negociaciones únicamente cuando su presencia era indispensable, como en las conversaciones con Irán y durante la crisis siria.

Peor aún, con los últimos presidentes estadounidenses, desde Bill Clinton hasta Barack Obama y pasando por George W. Bush, Estados Unidos maniobró a escala mundial evitando cuidadosamente toda forma de reconocimiento de la zona de influencia de Rusia y paseándose por ese espacio sin ningún miramiento diplomático. Incluso se instaló en toda el Asia central ex soviética, desde Azerbaiyán hasta Kirguizia. Por supuesto, no siempre lo hizo con éxito. Pero lo importante era enviar el mensaje: Washington estaba haciéndole entender a Moscú que no reconocía el peso de Rusia en esa región del mundo.

Y ni hablar de la actitud de la OTAN que, después del fin del Pacto de Varsovia, ha seguido expandiéndose más y más hacia el este, o de la actitud de la Unión Europea, que también ha ido extendiéndose a todo el este de Europa hasta absorber territorios que fueron parte de la Unión Soviética, como las tres repúblicas bálticas. Todo ello se ha hecho en violación de los acuerdos, tanto verbales como escritos, que prohibían a la OTAN instalar bases o desplegar armamento en las nuevas repúblicas que fueron incorporándose una por una a la Unión Europea. Esa expansión ha ido acompañada de declaraciones cada vez más alejadas de la realidad de los hechos y según las cuales la expansión de la OTAN no trata de ir cercando poco a poco a Rusia.

Finalmente, están también las operaciones de los últimos años, con la inclusión de la Georgia de Mijaíl Saakachvili en las estructuras de la OTAN, la promesa de una futura incorporación a la OTAN, con viento en popa y toda vela, de una cuarta república ex soviética y las presiones y promesas similares que se han hecho a Moldavia. Hay que recordar igualmente la «guerra de Georgia», que terminó con la aplastante derrota infligida al gobierno de esa república ex soviética después de la masacre de Tzkinvali y la intervención de las fuerzas armadas rusas para expulsar las fuerzas de Georgia del territorio de Osetia del Sur. El reconocimiento de las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur por parte de Rusia (reconocimiento que Putin no oficializó hasta agosto de 2008) fue el primer indicio de que el Kremlin había decidido decir a Washington “¡Basta!”, aunque si en definitiva lo hizo no fue por propia iniciativa sino obligado por las maniobras adversas.

Todo esto pasó de golpe a un segundo plano con la peligrosa aventura del golpe de Estado de Kiev, donde el presidente Viktor Yanukovich fue derrocado de forma violenta dando paso al surgimiento de una nueva Ucrania ostensiblemente belicosa y hostil a Moscú. Y todo se hizo no sólo con el consentimiento sino también con el financiamiento, la supervisión y control estadounidenses de las operaciones en territorio ucraniano, primeramente en el plano político y después en el plano militar.

Es imposible una total comprensión de la síntesis que hizo Putin en Sochi si no tenemos en cuenta todo el conjunto de esos acontecimientos.

Y la conclusión que se impone es la siguiente: el liderazgo estadounidense no prevé ningún tipo de multipolaridad ni ningún respeto por las reglas que deben existir entre socios de un mismo nivel. Ya no existen reglas comunes. Sólo queda el caos, sin ninguna dirección général.

Putin toma nota de ello –sin decirlo explícitamente pero mostrando que ha entendido perfectamente que el verdadero blanco era él mismo, su propia persona. Que las sanciones económicas no buscaban solamente castigar a Rusia sino penalizar a las personas que componen su entorno [de Putin]. Que en los comportamientos y declaraciones de los dirigentes occidentales se discernía claramente la idea de que Putin no representaba a Rusia y que, una vez eliminado Putin, Rusia se alinearía nuevamente.

En otras palabras, Occidente no tiene intenciones de negociar con Rusia mientras Putin esté al mando.

La respuesta de Sochi es totalmente límpida y constituye un punto de no retorno. Está basada en varios elementos fundamentales.

El primero es la idea de que la unidad de Occidente es relativamente precaria. Europa está lejos de formar un bloque compacto detrás de Estados Unidos y sigue siendo un socio, aunque sea con ciertas limitaciones. Las cifras sobre los intercambios económicos y comerciales hablan por sí mismas, al igual que la historia de la postguerra.

Ese es el primer pilar. Podría ser una apuesta que no habrá de renovarse pero es claramente una forma de dejar la puerta abierta a 2 posibles escenarios. Putin muestra que sabe perfectamente que la Rusia que tiene en sus manos está asociada de mil maneras al sistema occidental. Incluso durante los 14 años de Putin en el poder, y no sólo en tiempos de Yeltsin, Rusia se ató de pies y manos al destino de Occidente. Es por lo tanto vulnerable y por ello tendrá que pagar el precio, que será sin dudas muy elevado. Putin se encuentra así contra la pared y tendrá que demostrar a sus conciudadanos que es capaz de salir bien parado.

El problema podría resolverse con la crisis política que está atravesando esta Europa. El desgaste de los partidos políticos, prácticamente en todas partes, demuestra que es posible hallar otros interlocutores, fuera de los «conservadores» tradicionales vinculados a los partidos socialdemócratas de izquierda, que hoy son todos pro-atlánticos. La Europa popular está desplazándose hacia la derecha, adoptando una tendencia anti-Unión Europea, anti-estadounidense y antiglobalización y converge así hacia el otro pilar que sirve de apoyo a Putin: el del patriotismo, el conservadurismo estatal, los valores tradicionales de la familia, de la educación y el respeto por el pasado. Eso podría traer importantes cambios en el seno de la «Familia europea» durante los próximos años.

Hay también un tercer pilar, que salta a la vista: el Oriente, China, Irán, el resto del mundo. Es en esa dirección que ha de tornarse el águila bicéfala, si las maniobras de Occidente toman un mal rumbo. Las sanciones –explica Putin– no detendrán a esta Rusia que, como él la describe, se presenta como una entidad que se ha despertado inesperadamente, solidaria y compacta como no lo había estado desde hace varias décadas. Es una especie de preludio de lo que puede ser un gobierno de salvación nacional, que podría contar con la participación de los comunistas encabezados por Guennadi Ziuganov, de los liberales demócratas de Vladimir Jirinovski y de los nacionalistas –tanto los de derecha como los de izquierda– sin tener para nada en cuenta las diferencias y tendencias [políticas] que pueden verse en Europa y –más generalmente– en Occidente, pero que nunca han tenido verdadero peso en Rusia.

La «América» de Obama, esa «América» que Moscú ve como presa de una crisis irreversible (ya que, después de Obama, podría venir lo peor de lo peor, con una Hillary Clinton que ganaría las elecciones sobre la base de un programa republicano de los más descabellados que hayan podido verse), ha dejado de ser un socio.

El oso ruso –en esos términos se expresó Putin– no tiene intenciones de abandonar su territorio. No abriga ambiciones expansionistas, pero no por ello está dispuesto a dejarse desplazar.

A esa conclusión ha llegado Putin y así planea organizar la resistencia. Ahora queda por ver si realmente puede llevar a cabo su plan. Y la partida será ciertamente difícil ante esta «América» empeñada en llevar adelante una política de fuerza, sobre todo teniendo en cuenta que ambos protagonistas están contra la pared.

Fuente: Red Voltaire

La dinastía safávida (1501-1736) creó un poderoso reino en Irán luego de su conversión al islamismo.  En su esplendor, los safávidas gobernaron un territorio que duplicaba la extensión del Irán moderno e incluía partes de Iraq, Kuwait, Bahrein, Turquía, Siria, Baluchistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Aganistán y Cáucaso.

El principal antagonismo desde el punto de vista de los yihadistas suníes proviene de que los safávidas adoptaron el chiismo como religión oficial. Curiosamente, el credo  original de la dinastía safávida fue el sunismo, pero después de la conversión al chiismo se esforzaron por imponerlo en todo Irán.

El celo proselitista de los safávidas estaba en parte motivado por su oposición al imperio otomano; por lo tanto, su adhesión al chiismo obedecía al objetivo político  de diferenciarse de los sultanes otomanos, que eran a la vez califas de los suníes.

La Revolución Constitucional iraní (1904-1911) colocó los cimientos del Irán moderno, y adoptó la monarquía constitucional como régimen de gobierno.

Sucesivamente, los dos shas Pahlevi (1925-1979), aunque se transformaron en monarcas absolutos, profesaban el laicismo y trataron de modernizar Irán
de acuerdo con el modelo de los países occidentales.

La revolución islámica de febrero de 1979, guiada por el ayatolá Ruholá Jomeini, no solo puso fin a las reformas laicistas sino también a 2.600 años de monarquía, sustituida por un régimen clerical.

El aspecto singular de la revolución islámica, fue que por primera vez en la historia de Irán y del islamismo, los sacerdotes asumieron el poder.sunitas y chiitas1

Aunque Jomeini se atribuía el liderazgo de una revolución islámica, en realidad se trataba de una revolución chií que derivaba su legitimidad del concepto chií de imanato (teocracia regida por un imán o más).

Según el chiismo, el legado del profeta Mahoma no corresponde a los califas ortodoxos sino a los imanes chiíes en una sucesión que se interrumpe en el siglo IX con la ocultación del Doceavo Imán, quien regresará al fin de los tiempos para establecer la justicia en el mundo.

Tanto Jomeini como el actual líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, fundamentan su autoridad en la representación del Imán Oculto, que cesará cuando reaparezca.

Por esta razón, la creencia del expresidente Mahmoud Ahmadineyad (2005-2013) acerca de la inminente reaparición del Doceavo Imán y su asunción del  poder
causó consternación entre los líderes religiosos que gobiernan el país.

Al inicio de la revolución, Jomeini declaró su intención de propagarla en todo el mundo musulmán, pero su identidad chií alzó una barrera ante la mayoría de los musulmanes, que son suníes.

La devastadora guerra (1980-1988) que el expresidente iraquí Saddam Hussein (1979-2003) lanzó contra Irán contó con un masivo respaldo de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, cifrado en decenas de miles de millones de dólares, y causó cerca de un millón de víctimas entre muertos y heridos de ambos bandos.

El amargo recuerdo de esta contienda es otro factor que mantiene viva la animosidad entre iraníes e iraquís, y entre chiíes y suníes.

Desde 2003, cuando la coalición guiada por Estados Unidos invadió Iraq, depuso al suní Hussein y lo reemplazó por un gobierno representativo de la mayoría chií, se sumó otro factor de rencor entre los dos credos.

El islamismo iraní fue la fuente de inspiración de una literatura de alta calidad, celebrada como una de las más profundas y humanas expresiones de misticismo.

Sin embargo, la República Islámica de Irán es hoy conocida por su estrecha interpretación del Islam, por el gran número de ejecuciones, lapidación de mujeres, flagelaciones y otras prácticas inhumanas.

yihadistasLa dogmática adhesión a esta variante del chiismo ha sido negativa para los intereses de Irán y para la causa del Islam en el mundo.

En la insurgencia del EI (antes autodenominado Estado Islámico de Iraq y el Levante, ISIS) participan decenas de miles de oficiales del ejército iraquí y del Partido Baas de Hussein, que fueron expulsados por Paul Bremer, el administrador de la Autoridad Provisional de la Coalición impuesta por Estados Unidos.

Esta insurgencia es una violenta revancha suní en contra de los chiíes de Iraq y en última instancia contra Irán, por su apoyo al desplazamiento de los suníes en Iraq y por la influencia que ahora ejerce en el país vecino.

*Exdecano de la Facultad de Lenguas de la Universidad de Isfahan, en Irán, y actualmente profesor en la británica Universidad de Oxford. Editado por Pablo Piacentini  en IPS

Fuente: Questión Digital

Hace unos meses, para ser exactos a principio de este año 2014, Venezuela sufrió una vez más el embiste del capitalismo que, con aliados en los medios de comunicación ruines serviles del totalitarismo se dedicaron noche y día a difamar la Revolución Bolivariana. No conformes con esta tradición mezquina, financiaron nuevamente a los camisas blancas para que crearan un caos en sectores específicos del país, utilizando la ignorancia, apatía y deslealtad de algunos para atacar la identidad, la honra y la soberanía de la población.

Internacionalmente se veían testimonios de víctimas -camisas blancas, por supuesto- que pedían la renuncia del presidente Maduro, se decían oprimidos en el país que el gran Hugo Chávez liberó de las fauces capitalistas –ni gracia tienen con su descaro- y los medios al centavo organizaron todo un teatro para nuevamente engañar a la desinformada masa mundial. Entonces, se veían artistas –de pacotilla- que aprovechaban cualquier luz en las cámaras de televisión, periódicos y medios radiales para, denunciar según ellos, la opresión del gobierno dictador contra el pueblo venezolano.

Desfilaban los insolentes y en cada discurso que podían sacaban su bandera venezolana para decir con cara de mártires que le pedían al mundo no olvidar la dictadura que estaba viviendo Venezuela.

Cómo se nota que les pesa lo bizarro de un pueblo en rebelión. Protestaron periodistas de medias tintas, modelos, deportistas, que a la primera llamada de la Casa Blanca están ahí lamiéndole los zapatos al Estado estadounidense. Obedientes forman parte de la confabulación. Son los mismos que lanzan improperios contra la Cuba libre, contra los países hermanos y socialistas, contra los gobernantes: Lula, Chávez, Cristina, Bachelet, Evo, Maduro, Fidel, Raúl, Mujica, Dilma, Correa.

Lo les pasa que puedan existir en la política más que argumentos, acciones consecuentes de gobernantes decentes.

La muerte de una Miss camisa blanca a causa de un disparo en la cabeza, a causa de una bala perdida que lanzaron los mismos opositores del gobierno de Maduro, hizo que los medios propagaran la noticia como acción del Estado. El mundo enfurecido volteó la mirada hacia Venezuela que antes de Hugo Chávez había estado bajo los pies del tirano. Pero los camisas blancas mataron a sangre fría a un diputado chavista (Robert Serra) y a su esposa, y los medios guardan silencio, el mundo duerme, "era un diputado rojo, merecía morir, ¡qué mueran los rojos!”

La forma vil en que Israel atacó Gaza meses atrás también fue solapado por los medios y los artistas que enviaban comunicados tras comunicados respaldando la acción mezquina de Israel, los pocos artistas que se pronunciaron a favor de Palestina se dieron por despedidos del gigante del cine: Hollywood. Entonces desfilaban los avaros apropiándose de la religión judía y poniéndola como escudo para admitir la barbarie de los poderosos que nada tienen que ver con religiones.

Hace unos días Venezuela recibió a 119 estudiantes palestinos que llegaron al país para estudiar medicina, becas que otorgó el presidente Maduro como parte de la ayuda a Palestina ante el feroz ataque de Israel. Los medios callan, el mundo duerme. Esa acción me hace pensar en las becas que otorga Fidel Castro en la hermosa Cuba.

De nuevo y como siempre los medios de fachada atacan Cuba pero ninguno dice nada de los 62 médicos y 103 enfermeros cubanos que viajaron a África a atacar el ébola. Quisiera saber, así nada más por curiosidad, ¿cuántos médicos envió Estados Unidos, Israel y las potencias mundiales capitalistas?

Eso es le socialismo señores, hermanar, actuar en consecuencia para lograr una solución. El capitalismo en cambio actúa para separar y destruir.

Sigamos con la labor socialista: el presidente uruguayo José Mujica, recibió en los primeros días de octubre a los primeros 42 refugiados palestinos que vivirán en el país suramericano. Se espera el arribo de más entre octubre y enero. Esto mientras en Estados Unidos Obama, el Senado estadounidense y su xenofobia están pensando en que si deben brindar refugio o no a niños que salen escapando de la violencia –que el propio Estados Unidos genera- centroamericana para salvar sus vidas, no sin antes haber vivido todo tipo de abusos dentro y fuera de los centros de detención por parte de la Patrulla Fronteriza.

¿Dígame usted, la diferencia entre el socialismo y el capitalismo?

Le pesa a Estados Unidos la admirable labor realizada por Lula y Dilma, dos comunistas, rojos como la sangre misma. Se preguntarán – y estarán lamentándose- por qué no los mataron cuando los tuvieron cautivos. Brasil está resurgiendo del estercolero donde lo dejaron los vende patrias y los extranjeros mercantilistas, largo brazo del capitalismo estadounidense.

Pero de esto no hablan los medios comprados y los artistas mediocres que aplauden la desestabilización que propone el capitalismo en Venezuela. No hay quién diga: Yo apoyo a Dilma y su gestión que está liberando a Brasil de las garras del tirano.

Y no lo veremos nunca porque esa mala entraña se propaga con facilidad y rapidez.

Ahí está Evo Morales, un campesino hijo de los pueblos originarios. ¿Qué dirá el capitalismo de ese socialista? Los medios hablan de la coca y pero no de la desaparición completa del restaurante de comida rápida McDonald’s. Mucho menos hablará de las reformas para bien que el presidente está realizando en Bolivia. ¿Cuánto le ha de dolor al capitalismo que, un indígena les ponga freno?

Ya quisiéramos tener en Guatemala un estadista como Correa, para que haga entrar en cintura a los corruptos.

Y para terminar agrego: ¿en dónde estás los mismos artistas que se pronunciaron por la "liberación de Venezuela” exigiendo justicia por el ensangrentado pueblo mexicano? ¿En dónde están sus discursos de pasarela pidiendo que aparezcan con vida lo más de 50,000 desaparecidos en México?

¿En dónde están en sus redes sociales pidiendo que respeten el tránsito de migrantes? ¿Qué renuncie peña Nieto porque es un corrupto, asesino y traidor? De la misma forma en que lo hicieron con Maduro y Fidel.

No señores, no se engañen, que aquí está más que comprobado que el pueblo avanza solo con el socialismo, comunismo, terrorismo o como quieran llamarle a la dignidad.

¿En dónde están los camisas blancas que desfilaban en Guatemala apoyando Israel y pidiendo "paz” para Venezuela, ahora denunciando la desaparición de 43 estudiantes en México? Calladitos en sus casitas y en su comodidad de clase.

No señores, no se engañen. Que a pesar de los millones de dólares que invierte el capitalismo en la manipulación de los medios de comunicación, y de las ofensivas de desestabilización a países que luchan a brazo partido por la liberación de la Patria Grande, no ha podido con el socialismo, con la sangre roja y con la dignidad de un pueblo que renuncia a ser esclavo. Por más barricadas, funciones de teatro, drama de telenovela y artistas vendidos; el socialismo en Latinoamérica está resurgiendo y con fuerza.

Esas pestes que lanzan contra Venezuela y el silencio ocre que guardan ante el México ensangrentado, hacen de los camisas blancas, vendidos y oportunistas, la vergüenza de esta hermosa Patria Grande.

Ilka Oliva Corado.

11 de noviembre de 2014.

Estados Unidos.

Fuente: Adital

Los muros fronterizos son un reflejo del miedo de los pueblos y una forma de hacer geografía que fomente en primer lugar la violencia (Yves Lacoste)

Los actos de conmemoración por el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín hicieron olvidar por un momento a los europeos, en especial a los alemanes, los estragos de la recesión que está afectando a la Unión Europea (UE) pues estaban contagiados por la euforia del triunfo que terminó con la división de Alemania aquel histórico 9 de noviembre de 1989.

En su discurso de conciliación, la canciller alemana, Angela Merkel, afirmó que “el ser humano puede cambiar el mundo para mejor” y sin violencia. Y que la “experiencia de Berlín envía un mensaje de confianza en que se podrán tumbar también otros muros”.
Lo que evitó decir la líder del partido Unión Demócrata Cristiana (CDU) fue que la unificación de su país y el desmantelamiento del campo socialista no solamente no terminaron con la división del mundo sino lo fragmentaron aún más y uno de los ejecutores principales de este proceso diseñado por EEUU ha sido Alemania.

Llamando a Irak, Siria y Ucrania a derribar los muros, Angela Merkel evitó mencionar que después de la caída del Muro de Berlín el mundo se llenó de vallas y muros y que actualmente Alemania está auspiciando la construcción de un muro como el que hubo en Berlín en la frontera entre Ucrania y Rusia.

Tampoco aclaró que la unificación no fue una integración de iguales sino una absorción voluntaria de la Alemania socialista por la capitalista imponiéndose valores políticos, sociales y económicos occidentales. Fue un proceso difícil, penoso y costoso.

Según un estudio de la Universidad Libre de Berlín, la reunificación ha costado dos millones de millones de euros y hasta ahora no se ha podido erradicar las diferencias económicas entre el este y oeste. El Instituto de Estudios Económicos de Berlín (DIN) publicó hace poco un ensayo donde indicó que en 2005 el índice de desempleo en la Alemania del este era 20, 6 por ciento y actualmente es de 9,1 mientras en el oeste es de 5,8 por ciento. Cada alemán occidental tiene un patrimonio de 183.000 euros mientras que los alemanes del Este disponen en promedio de 67.400 euros por ciudadano.

La razón principal para la construcción del Muro de Berlín en 1961 por la República Democrática de Alemania (RDA) era de orden político ideológico casi igual como la causa de su desmantelamiento 28 años después con un agregado geopolítico.

El 12 de junio de 1987 el presidente Ronald Reagan pronunció ante la puerta del Brandenburgo su ya legendaria frase: “Señor Gorbachov, derribe el muro, señor Gorbachov, abra la puerta”. El ministro de Relaciones Exteriores de la URSS, Eduard Shevardnadze y el presidente Mijaíl Gorbachov ya estaban listos para cumplir lo pactado con Reagan, sin embargo lo impedía hacer el líder de la RDA, Erich Honecker.

En realidad, los primeros ensayos con las “revoluciones a colores” comenzaron en Alemania en forma de un bien organizado descontento popular, desórdenes y una fuga masiva de alemanes. Honecker fue destituido, se refugió en la embajada de Chile, posteriormente fue detenido y exiliado a Chile, país que acogió miles de chilenos para salvarlos de las garras del régimen de Pinochet. Allí murió en 1994.  

Después de la caída del Muro de Berlín en 1989 nadie imaginó que la saga de los muros seguiría adelante pero así resultó y en los años posteriores, en diferentes rincones del mundo fueron edificados varios muros llamados por el ex alcalde social demócrata del Berlín Oeste, Willi Brandt, el “Muro de la Vergüenza”.

El presidente Bill Clinton, inspirado en la experiencia de la RDA, decidió aplicarla en los EEUU  y así construyó en 1994 una gigantesca valla sofisticada en la zona de Tijuana para regular el flujo de migrantes indocumentados. En 20 años este muro ha crecido hasta 400 kilómetros abarcando los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas.

Posteriormente en el 2006, el presidente George W. Bush firmó la Ley de la Frontera Segura para la construcción en la frontera con México de un muro más sofisticado de 1.126 kilómetros. El gobierno de Barack Obama puso en marcha este proyecto edificando en el 2013 una valla de 1.078 kilómetros que le costó 2,4 mil millones de dólares, gastando además otros mil millones en el muro virtual. Sin embargo ni estas medidas, ni 22.000 guardias fronterizas han detenido el flujo de los inmigrantes indocumentados que entran a EE.UU. en un promedio de 500.000 personas al año expuestos a todo tipo de peligros en búsqueda de un futuro mejor.

De acuerdo a la Organización Internacional de Migración, 6.000 personas murieron en la frontera México-Estados Unidos desde el año 2000 y, en total, desde 1994  más de 10.000 han muerto. Pero en los últimos 20 años nadie sabe exactamente cuántos seres humanos simplemente desaparecieron en los desiertos fronterizos.

La diferencia con el Muro de Berlín en este aspecto es abismal, pues según el Centro de investigación Histórica de Potsdam, durante los 28 años de existencia del Muro de Berlín unas 136 personas perdieron su vida tratando de refugiarse en la parte oeste de la ciudad.

El otro país aficionado al Muro de la Vergüenza es Israel. La barrera israelí de Cisjordania de 721 kilómetros, de los cuales 409 kilómetros ya están construidos, consiste en un sistema de vallas alambradas y de un muro de hormigón de 7 metros de altura. La barrera está construida de tal forma que según la Autoridad Palestina, “deja a los territorios palestinos como islas flotantes en el mar de las colonias israelíes, algo parecido al queso suizo, por todos sitios agujereado. De esta forma se evita el establecimiento del Estado Palestino”.

Israel justifica la existencia de este muro como una necesidad vital para proteger su población de los ataques terroristas. Sin embargo, la realidad es diferente. Tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania hay abundantes recursos hídricos y energéticos. En la Franja de Gaza existen dos yacimientos de gas que ya está explotando British Gas (BG) para el uso exclusivo de Israel durante 30 años. Su valor es más de cuatro mil millones de dólares.

En Cisjordania están ubicados el Acuífero de la Montaña y el Acuífero del Oeste, siendo el último el más importante en la región cuya capacidad es de 36 millones de metros cúbicos. Mientras Israel consume el 90 por ciento de su capacidad, a los palestinos les toca menos de un 10 por ciento. De acuerdo a la Organización Mundial de Salud (OMS), la cantidad mínima para el consumo humano debe ser de 100 litros por habitante al día. Resulta que los palestinos, dueños de acuíferos consumen entre 30 a 78 litros por persona al día, mientras que los habitantes de Israel disfrutan de 350 litros.

Las razones geoeconómicas están detrás de la construcción por Marruecos de un muro de 2.720 kilómetros en Sahara Occidental en cuyo territorio están ubicadas las minas fosfatos más grandes del mundo. También la fachada atlántica de Sahara occidental se considera una de las regiones más ricas del planeta en pesca. Si agregamos sus posibles yacimientos de petróleo estaría claro las razones de la valla que edificó Marruecos con la anuencia de las grandes potencias.

A medida que el neoliberalismo avanza se incrementa cada vez la posibilidad de crear unos nuevos muros utilizando diferentes pretextos según la imaginación de los gobernantes. El presidente Poroshenko de Ucrania sueña con construir un nuevo Muro de Berlín en la frontera con Rusia con el dinero de Alemania dizque para protegerse del “imperialismo de Putin”. Por otro lado las autoridades locales de Eslovaquia han edificado 14 muros para aislar a los barrios gitanos.

Al paso que vamos  se aleja más el día de un mundo sin fronteras y sin muros de la vergüenza.

Fuente: Ria Novosti

La situación en Oriente Medio se ha desarrollado de tal forma que la región ha llegado a convertirse en un polvorín, y los enfrentamientos tribales y sectarios acaparan una gran parte de esta zona. Si nos fijamos bien, algunos países han desempeñado un papel importante al respecto, mediante estrategias basadas en el sectarismo y la división étnica y religiosa de la zona.

Son diversos los motivos por los que estos países adoptan dicha estrategia, no obstante, en el siguiente artículo, analizaremos el hecho enfatizando en el rol de los países chiíes y los esfuerzos que se están realizando para impedir su influencia en la región.

El triunfo de la Revolución Islámica de Irán en 1979 y la llegada al poder de un Gobierno islámico chií en el país motivaron un cambio trascendental en las ecuaciones regionales en Oriente Medio. Junto al desarrollo de los acontecimientos en Irán, se registraron casos similares o protestas a favor del mismo, así como el levantamiento de los chiíes contra el régimen dictatorial de Saddam Husein en la ciudad iraquí de Nayaf y las movilizaciones populares en Paquistán. También, se produjo la gestación de movimientos y organizaciones basados en las mismas directrices islámicas, como el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), el Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS), el movimiento de Al-Yihad en Egipto, entre otros.

Por lo tanto, algunos países de la región, como Arabia Saudí y Catar, según lo reflejado en informes filtrados de WikiLeaks en 2009, se esforzaron por tomar medidas con el fin de impedir el avance del Islam chií. Para cumplir con este objetivo, algunos países basaron su política exterior en fundar, equipar y guiar a nuevos actores como grupos takfiríes, algo que podemos apreciar de forma creciente desde los primeros días de la Revolución Islámica, con la fundación de grupos bajo el nombre del Islam como el Frente Islámico de Salvación de Argelia y la Yihad Islámica Egipcia, hasta el día de hoy, es decir, los acontecimientos actuales en Irak, Siria y El Líbano, donde operan decenas de ellos, como Daesh, el Frente Al-Nusra, etc. La creación de todos estos grupos tiene diversos motivos, pero lo principal sería erradicar la fuerte imagen del Islam, debilitar a Irán y a los países chiíes, además de extinguir las llamas del despertar islámico (movimientos populares contra sistemas dictatoriales en la región de Oriente Medio).

La estrategia de la división étnica y religiosa en la política exterior de estos países no se limita solo a la formación de Daesh, sino también comprende otros grupos rebeldes suníes que operaron mucho antes que este con el mismo objetivo, como por ejemplo el Ejército Muyahidín de Irak, el Ejército Islámico de Irak, entre otros, cuyas actividades aún continúan.

No obstante, hoy en día, la estrategia ha sido puntual, y se materializa mediante planes coordinados en algunos países considerados pilares en la expansión del Islam chií y catalogados como el eje de la Resistencia en la región: Irán, Siria y El Líbano. Actualmente, países como Arabia Saudí, Catar y Kuwait, además de brindar apoyo financiero a grupos takfiríes como Daesh, se esfuerzan por conseguirles apoyo popular. Algo que, según la página de Cristian Science, Monitor, se puede ver en las fotografías e imágenes colocadas en ciudades saudíes con el tema de apoyo a Daesh para cumplir con el objetivo de derrocar el Gobierno de Bashar Al-Asad en Siria.

Cabe mencionar que Estados Unidos, por su parte, apoyó dicha estrategia sectaria. El senador republicano estadounidense, John McCain, al margen de la Conferencia de Múnich, agradeció el apoyo de estos países de la región de Oriente Medio en su respaldo a Daesh, y dijo que el sectarismo en Siria contribuye al cambio de balance de poder a favor de los opositores del presidente Bashar Al-Asad.

Al estudiar los sucesos registrados en la región de Oriente Medio y cómo se fortaleció Daesh, nos encontramos con varios planes coordinados por los tres países patrocinadores de los takfiríes. Al inicio, su política exterior se concentraba en la caída de Al-Asad, priorizando el apoyo a Daesh en la guerra contra su gobierno, no obstante, cuando Daesh expandió su poder e influencia en Irak, autoproclamando su “Califato Islámico”, suspendieron su apoyo, ya que querían impedir la influencia de Irán en Siria. Ante la creciente amenaza del grupo y la llegada de Daesh a Irak, un país donde Irán tiene mucha influencia, existía la posibilidad de que EE.UU. pidiera la incorporación de Irán en la guerra contra este grupo y, de esta forma, no solo se mantenía la influencia de Teherán, sino que se incrementaría mucho más.

Por lo tanto, los representantes no oficiales de estos países, como Mohamed Haif, uno de los patrocinadores kuwaitíes de Daesh, y Yusof al-Ahmad, entre los saudíes, realizaron negociaciones con el grupo para resolver las discrepancias entre este y el Frente Al-Nusra, para posibilitar su regreso a Siria y la lucha por el objetivo principal, el derrocamiento de Al-Asad.

Debido al fracaso de los diálogos, tal como se refleja en las declaraciones de estos grupos, y la posibilidad de que los mismos países patrocinadores (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait) se contagiasen del terrorismo takfirí, adoptaron una nueva estrategia, es decir, combatir a Daesh. Todo esto resulta claro después de que Riad y sus aliados denominaron terroristas a este grupo y, junto con Occidente, además de rechazar cualquier vínculo con él, alegaron que su formación se debía a las políticas sectarias y discriminatorias del ex primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki.

Mientras tanto, estos países deberían pensar desde el inicio en la posibilidad de que estos grupos terroristas pudieran escapar de su control y convertirse en una amenaza para ellos mismos. Esta realidad se refleja en un informe publicado por la agencia Reuters que ratifica que unos 5500 miembros de Daesh son originarios de países árabes de Oriente Medio, de los cuales unos 4 mil pertenecen a Arabia Saudí. Así que el sectarismo y el hecho de equipar a los takfiríes por parte de Riad y sus aliados regionales como un instrumento contra los chiíes e iraníes ha sido un cuchillo de doble filo que, en vez de satisfacer los intereses de estos países, está perjudicando mucho más su seguridad nacional, al haber miles de personas capacitadas para llevar a cabo atentados terroristas y atrocidades contra la humanidad en sus propios territorios, convirtiendo la región en un polvorín que podría explotar en cualquier momento.

Además, con todo lo expuesto, hay que decir que las gestiones de Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos no solo no han impedido el avance e influencia de Irán y su Islam chií, sino que han contribuido en gran medida al fortalecimiento de su posición a nivel regional e internacional. Uno de los ejemplos claros que ratifican estas afirmaciones son las solicitudes de EE.UU., incluso mediante cartas secretas dirigidas al líder del país, el Ayatolá Seyed Ali Jameni, de que Teherán se incorpore a la guerra contra los terroristas de Daesh.

Fuente: HiapanTv

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