Llámenme clásico, pero sin presupuestos no se puede gobernar. Con esa frase, Pedro Sánchez, un presidente que encabeza el gobierno español a pesar de que ni él ni su partido ganaron las elecciones (tras la moción de censura contra Mariano Rajoy), ha convocado a elecciones generales en España el 28 de abril, un mes antes que las elecciones municipales y europeas del 26 de mayo. Todo ello tras no reunir una mayoría parlamentaría que le permitiera aprobar los presupuestos para 2019.

Al examinar los resultados del viraje que Deng Xiaoping impuso a China luego de la muerte de Mao Tse Tung, la mayoría de los ensayistas coinciden en señalar una “restauración capitalista”, sin otra precisión[1]; sin advertir, por ejemplo, que puede tratarse de un capitalismo de Estado y, peor aún, sin la menor preocupación por prever el impacto que el vertiginoso desarrollo del gigante asiático, dueño actualmente del mayor PBI de la economía global, puede tener en el futuro del capitalismo.  Todo se reduce a señalar –con alegría, si el analista es un partidario del sistema; con amargura, si es un marxista– que, voluntariamente o no, dicho viraje habría llevado al abandono del socialismo.  No importa si los chinos dicen lo contrario: se ignora su alegato, tachándolo de falso, de responder a la voluntad de ocultar lo inconfesable. Tampoco importa, lo que ya es absurdo, que su gobierno imponga planes y metas, sin dejar librada la asignación de los recursos a “la mano invisible”; sean de propiedad estatal los principales bancos y empresas estratégicas; se den directivas a todos los sectores; se limite y ordene el flujo de población del campo a la ciudad; sea estatal la ciencia y  la educación; sea pública la propiedad del suelo. Estos hechos, que nadie ignora, y no caracterizan al capitalismo “real” –sólo se pone en duda la propiedad del suelo, sin atender a la ausencia de un régimen legal que privatice la tierra–, apenas suscitan algunas analogías con el “intervencionismo estatal” que caracterizó el despegue de Japón y Alemania y, en las últimas décadas, de Corea del Sur. Ésa es la conclusión, en suma: estaríamos allí ante algo similar. Este supuesto, sin embargo, deja sin explicación muchas cuestiones y omite otras con torpeza o alevosía. En primer lugar, que dicho “intervencionismo” no debería juzgarse igual cuando el sector estatal es dominante y nada escapa al control gubernamental, que cuando sólo se impulsa, y se regula, a una economía en la cual la empresa privada es omnipresente, como fue el caso de aquellos países[2]. En segundo lugar, que el desarrollo del capitalismo en Alemania y Japón tuvo lugar antes de las últimas décadas del siglo XIX, lo que equivale a decir antes del fenómeno del imperialismo moderno estudiado por Lenin. En aquel contexto, el dilema se reducía a sostener el proteccionismo y disputar los mercados, con el expediente  militar como ultima ratio. El caso de Corea, mucho más próximo, es anómalo –el papel de EEUU no tiene símil en otros países– y todos los entendidos lo asocian a las pujas de la guerra fría. En tercer lugar, China tuvo una destrucción previa de la burguesía local, expropiada por la revolución en los primeros años. Siendo así, estos diagnósticos, cargados de prejuicios, traen a la memoria el estupor español frente a las especies americanas por ellos desconocidas: los pumas eran “leones calvos”, no una novedad que se debía añadir al inventario de la zoología. ¿Una nación es “capitalista” por favorecer la existencia de un sector privado, usar como herramienta mecanismos de mercado  y criterios económicos  –es decir, que no obedecen a una arbitrariedad burocrática– en la lucha por alcanzar al mundo avanzado? O, para ser precisos en el planteo del tema: ¿Cómo juzgar al “capitalismo de Estado” de un país otrora semicolonial, que apela a sus cualidades para desarrollar sus fuerzas productivas, si rechaza la satelización del imperialismo mundial? Además, si vemos un país de la magnitud de China, registramos el impacto que su transformación provoca en la economía global –EEUU acusa el golpe del desplazamiento, hacia Oriente, del eje de poder–, con la notoria decadencia de los viejos centros del capitalismo mundial (día a día cae en ellos la producción industrial; sólo florece la especulación financiera) ¿no deberíamos reflexionar sin prejuicios en el futuro de China y el régimen capitalista, arriesgando un pronóstico capaz de orientarnos? La crisis agónica de la economía global parece anunciar un final de época.  ¿Los analistas responsables están distraídos en otras cosas?

La directora de política exterior de la Unión Europea, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, España, Suecia, Reino Unido, Costa Rica, Ecuador, y Uruguay han cometido un fraude contra la buena fe de los venezolanos y otros países de la región como México, Bolivia y el Caribe.

Al lanzarse a las calles, los franceses son el primer pueblo del mundo occidental que ‎se decide a correr riesgos físicos para oponerse a la globalización financiera. Aunque no tengan conciencia de ello y sigan creyendo que ‎sus problemas son de naturaleza exclusivamente nacional, el enemigo de los franceses ‎es el mismo que ha ensangrentado la región africana de los Grandes Lagos y parte del ‎Gran Medio Oriente. Occidente atraviesa una crisis existencial y sólo lograrán ‎sobrevivir a ella los pueblos que comprendan la lógica que los destruye y ‎la rechacen. ‎

Entre el martes y miércoles de la semana pasado presuntos muyahidines atacaron en motocicletas, diferentes campamentos nómadas tuaregs de la tribu daoussahaks, dejando cuarenta y siete muertos en la región de Gao, cerca de Menaka, al norte de Mali, específicamente entre Tin-Abaw y Tabangut-Tissalatatene. Hasta ahora ninguna de las organizaciones terroristas se ha adjudicado el ataque, al tiempo que las autoridades malíes, no ha dado más detalles del hecho. La información se conoció a través de una comunicación oficial del Movimiento Azawad para la Salvación (MAPA). Según las autoridades de la región, no podía dar una cifra exacta de muertos ya que para cuando llegó el ejército, los grupos de autodefensa del MSA ya habían enterrado los cuerpos, aunque sí se pudieron confirmar dos heridos. Según se informó los atacantes huyeron hacia la frontera con Nigeria, donde “reina” Boko Haram, para cubrir su retirada generaron una serie de incendios forestales.

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº96

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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