Bien se sabe que Estados Unidos perdió la hegemonía mundial a finales del 2010. Aquello significó la caída de un inmenso poder. Una cuestión tectónica.

Imponerle a la humanidad el “sentido común” de esa inmensa minoría que es la burguesía, es un sinsentido descomunal que reina a sus anchas en un mundo donde: “La súper concentración de riqueza, imparable. Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo. Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto”[1] Todo “Patas Arriba” decía Galeano.

Gracias a la iluminación divina y humana, Corea del Sur y Corea del Norte han logrado alejarse del borde de la guerra, que hubiera podido convertirse en un enfrentamiento nuclear como lo querían los 'globalizadores iluminados' de Washington.

El imperio del mercado es el imperio del valor de cambio. Y el valor de cambio es la manifestación de la división del trabajo. Y la división del trabajo concebida como interrelación e interdependencia significa que todos dependemos de todos, que todos trabajamos para todos, que todos satisfacemos las necesidades ajenas. Pero esta división del trabajo está organizada de modo capitalista, de modo que en esto de todos trabajamos para todos hay algunos que se llevan mucho más de lo que entregan.

Las bases del gran Próximo Oriente se establecieron en el Pacto del Quincey (1.945) siguiendo la doctrina de los acuerdos franco-británicos Sykes-Picot de 1.916 que favorecían la división regional del poder en zonas de influencia y sustentada en el trípode EE.UU.-Egipto-Arabia Saudí. Dicha doctrina consistía en la pervivencia endémica en Egipto de gobiernos militares autocráticos pro-occidentales, lo que aseguraba la supervivencia del Estado de Israel (1.948) y proporcionaba a la Marina de EE.UU. de un acceso privilegiado al Canal de Suez, atajo crucial para el acceso directo a los Emiratos Árabes, Irak y Afganistán, quedando como firme bastión de los intereses geopolíticos de EE.UU. en la zona, máxime tras la caída del Sha de Persia en 1980. El otro pilar del acuerdo consistía en el acceso privilegiado de EE.UU. al petróleo de Arabia Saudí a cambio de preservar su régimen autocrático y favorecer la difusión del wahabismo (doctrina fundada por Mohamed Abdel Wahab a mediados del siglo XVIII con el objetivo de convertirse en una visión atractiva del islam y exportable al resto de países árabes), con lo que la teocracia saudí se convirtió en una potencia regional que proporcionaba a EE.UU. la llave del dominio energético al tiempo que servía de muro de contención de las corrientes socialistas y panarabistas. Finalmente, tras la Guerra de los Seis Días (1.967), el puzzle geoestratégico de Oriente Medio-Próximo se completó con la instauración de regímenes autocráticos y pro-occidentales en los países circundantes a Israel ( Libia, Siria, Jordania, Egipto, Arabia Saudí, Irak e Irán), quedando los palestinos confinados en los guetos de Cisjordania y Gaza.

Frases

"Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano."

Hugo Chávez

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº88

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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