Por primera vez en muchas décadas, los militaristas globalizadores de Washington y sus aliados incondicionales de la OTAN e Israel han sufrido una derrota en Oriente Medio al no poder destruir el Estado sirio y derrocar a su presidente, Bashar Asad, después de más de cinco años de subversión, terror, sanciones y guerra.

"Nos quejamos de que haya terrorismo, pero nuestro imperio es el mayor terrorista de todos. Nosotros bombardeamos, invadimos y subvertimos otros Estados".

(Gore Vidal, 1925-2012)

La reciente derrota en Deir Ezzor de los yihadistas de Daesh, entrenados y armados por EEUU y sus aliados, a manos del Ejército Árabe Sirio con la ayuda de la aviación rusa, significa un duro golpe al plan norteamericano elaborado en 2001 y anunciado por el general Wesley Clark en 2007. Dicho plan consistía en invadir y controlar a siete países en Oriente Medio y, entre ellos, Siria.

Tal es la situación en esta parte del globo que Donald Trump decidió recortar el programa de la CIA para apoyar al Ejército Libre Sirio (ELS), lo que obligó a los dirigentes de Langley a empezar la evacuación de sus huestes de los grupos de Usud Sharquiya y Mártir Ahmad a Jordania y Arabia Saudí.

Lo interesante es que en las conversaciones entre Washington y Moscú, la Casa Blanca cedió aparentemente el derecho de la toma de decisiones en Siria al ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, prometiendo su no interferencia. Según este arreglo, la frontera entre Siria y Jordania estará libre de las tropas de Hizbulá y del grupo sirio del Estado Islámico (Daesh) Khalid al Waleed, cuyo Ejército se retirará 16 kilómetros dentro de Jordania.

Se acordó que los tanques, aviones de guerra, los soldados no estarán permitidos allí y que la zona estará bajo el control del Gobierno de Siria, que estará a cargo del retorno de refugiados sirios de Jordania.

El acuerdo entre Moscú y Washington incluye también el aumento de las tropas rusas para el mantenimiento de la paz en el sur de 400 a 1.000 efectivos, y el despliegue de sus militares en el norte en la ciudad Alepo y Al Ghouta —el cinturón agrícola alrededor de Damasco—. Serguéi Lavrov ya anunció que Rusia, Siria, Jordania, Turquía, Arabia Saudí, Irán y EEUU acordaron el establecimiento de cuatro 'Zonas de Decrecimiento del Conflicto': la primera, en Idlib y Latakia; la segunda, en las provincias de Hama y Alepo; la tercera, en Ghouta; y la cuarta, en las provincias de Daraa y Quneitra. Lavrov aseguró también que estas zonas no significan la partición de Siria, sino que durarán solamente seis meses para estabilizar el país.

El jefe de los destacamentos militares rusos en Siria, general Alexandr Lapin, declaró el pasado 12 de septiembre que el 85% del territorio sirio ya está libre de los terroristas de Daesh y sus ramificaciones, como Al Nusra y otras. Hay una creciente fuga de los yihadistas a Jordania, Arabia Saudí y, en especial, a Irak.

También se incrementó la transferencia de dinero del Estado Islámico a la Unión Europea que, en el futuro, podría utilizarse para activar 'células dormidas' de los terroristas en Europa. Aparentemente, la guerra en Siria está terminando, pero, lamentablemente, esto no significa que el yihadismo esté muriendo, pues su creador, el 'Estado Profundo' (EEUU), está preparando otras misiones para sus integrantes.

Mientras tanto, está 'depurando' a sus 'terroristas' haciendo caer misiles y bombas selectivamente a los convoyes de vehículos y buses de los combatientes y sus familiares, que están abandonando Deir Ezzor con permiso de los rusos.

La CIA está tratando de encontrar y destruir todos los documentos en manos de los yihadistas de Daesh que pudieran aportar datos comprometedores sobre el papel de la CIA, la DIA y del Departamento de Estado en la diseminación del 'terrorismo programado' en Siria y, en general, en Oriente Medio.

Al ceder el control sobre Siria a Rusia y tras abolir el puesto de 'enviado especial para Siria', los estadounidenses han reconocido prácticamente una 'derrota estratégica' de Daesh en Siria, lo que no significa su final. Actualmente, los servicios de inteligencia de EEUU están 'salvando' a los mejores cuadros del yihadismo, sobre todo a los rusohablantes, para trasladarlos a Eurasia y, en especial, a Afganistán y Pakistán.

En realidad, los norteamericanos en Siria hacen con sus 'terroristas' lo mismo que habían hecho con los miembros del nazismo alemán a los que consideraban valiosos para la lucha contra la URSS después de la Segunda Guerra Mundial, o con los integrantes del Escuadrón 731 del Japón (especialistas en armas biológicas, que hicieron los experimentos más crueles en el Siglo XX).

Todos los criminales de guerra considerados de importancia para la seguridad nacional norteamericana fueron evacuados a países seguros, es decir, a territorios aliados o a EEUU para su posterior uso.

El creador de 'mad mullah' para aterrorizar a los soviéticos en Afganistán en los años 1980, Zbigniew Brzezinski, está muerto, pero su consigna, 'Cualquiera que controle Eurasia, controlará el mundo', está incorporada por Washington en su doctrina 'Full Spectrum Dominance'.

Por el momento, eligieron a Afganistán para ser el nuevo 'califato' de Daesh, desde donde piensan enviar a sus yihadistas a sus vecinos, las ex repúblicas socialistas de Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, y su posterior traslado a Rusia. También Afganistán tiene frontera con China, Irán y Pakistán. Desde 2001, Washington está considerando como necesario desestabilizar la situación en Asia Central a través del 'terrorismo programado' para detener el avance de Rusia y China hacia la creación de un mundo multipolar.

EEUU ya planificó su permanencia indefinida en Afganistán e hizo aumentar sus tropas en este país hasta los 12.000 efectivos, contando también con unos 30.000 mercenarios, de los cuales los medios de comunicación globalizados prefieren mantener silencio.

No se trata de estabilizar el país ni de fortalecer la democracia, algo de lo que les gusta a hablar a los líderes de la Casa Blanca. Barack Obama no lo pudo hacer ni con 70.000 soldados estadounidenses, 30.000 militares de la OTAN ni 100.000 mercenarios gastando 100.000 millones de dólares. Trump sigue manteniendo al actual Gobierno afgano con 35.000 millones de dólares al año.

Sin embargo, a lo que aspira el Gobierno de Trump no es solamente a seguir sin interrupción la producción del opio en Afganistán, que es aproximadamente de 8.000 toneladas al año, sino también hacer fracasar los intentos de Rusia de lograr un acuerdo con los talibanes respecto al futuro del país.

Washington está contra la llegada de este movimiento al poder. También el Departamento de Estado está interesado en hacer participar a la India en la zona y, a la vez, hacer trasladar la guerra de Afganistán a Pakistán y así, de paso, poner fin al 'corredor económico chino-paquistaní'.

La India es enemigo de Pakistán y, por eso, los líderes paquistaníes están interesados en mantener vínculos con grupos como los talibanes, que son capaces de mantener a la India fuera de Afganistán. Frente a esta estrategia paquistaní, Washington decidió acusar simplemente a Pakistán de ser "el paraíso para los terroristas". Sin embargo, la causa principal de la irritación de la Casa Blanca y su decisión de desestabilizar a Pakistán radica en el acercamiento de este país a Rusia y, sobre todo, a China. Actualmente, cualquier país en Asia que se atreve a tratar de salir de la órbita de EEUU, inmediatamente se convierte en el blanco de los ataques terroristas del Estado Islámico.

Justamente cuando el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, estaba de gira en Moscú visitando a Putin, se produjo un atentado sanguinario perpetrado por el grupo insurgente Maute, afiliado a Daesh en Marawi, lo que obligó a Duterte a retornar inmediatamente a Filipinas.

También los últimos enfrentamientos entre budistas y musulmanes rohinyá en Myanmar (Birmania), uno de los 49 países del continente asiático, es parte de la estrategia estadounidense de hacer fracasar o simplemente no permitir la puesta en marcha del proyecto chino 'Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda' (BRI). Dicho proyecto está siendo promovido actualmente el presidente chino, Xi Jinping.

Myanmar está ubicado precisamente en el camino del BRI, igual que Afganistán y Pakistán. El proyecto chino conectaría Europa, Asia del Sur, Asia del Este, Asia Central y Oriente Medio. En total, abarcaría 60 países que poseen el 75% de todos los recursos energéticos del planeta, produce el 56% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y da albergue al 70% de la población mundial.

Por supuesto, EEUU no está dispuesto a tolerar esta injerencia en su 'divina misión' de hegemonía mundial. Como no tiene condiciones para hacer una guerra contra China, Rusia e Irán, apela a su táctica del 'caos' y 'terrorismo programado'.

Sin embargo, a pesar de los miles de millones de dólares que gastó en Siria, no pudo sacar del poder a Bashar Asad ni balcanizar el país debido al surgimiento de Rusia como una potencia militar con sus propios intereses geoestratégicos y geoeconómicos en Oriente Medio.
Los líderes de esta región se han dado cuenta de quién es quién y, uno tras otro, tuvieron que hacer esfuerzos para acercarse a Moscú. Inclusive el rey de Arabia Saudí, Salmán bin Abdulaziz, que era un enemigo mortal de Rusia, ya dejó de exigir la salida de Bashar Asad de la Presidencia de Siria y está preparándose para su viaje a la capital rusa.

Todos los países en Oriente Medio se han dado cuenta de que solamente los rusos pueden poner fin al conflicto sirio. Desde allí, todos los caminos actualmente llevan a Moscú.

Fuente: Sputnik News

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº41