"Las cosas podrían desmoronarse rápidamente" si el mundo no sigue los principios democráticos. "Eso es lo que sucedió en la década de 1930 en Alemania, donde a pesar de la democracia de la República de Weimar y siglos de logros culturales y científicos de alto nivel, llegó a dominar Adolfo Hitler". "El peligro es crecer de forma complaciente. Tenemos que atender a este jardín de la democracia o las cosas podrían desmoronarse rápidamente". "Entonces, ustedes deben prestar atención. Y votar". Las frases anteriores no provienen de un "trasnochado" militante de la extrema izquierda antifascista, tampoco de un activista social antiglobalización, no se trata de un tenaz luchador por los derechos humanos en algún país del tercer mundo, vale aclarar que estas palabras no hacían referencia a Venezuela, Rusia o Irán: tal vez se sorprendan, pero fueron pronunciadas por Barack Obama en un discurso en el Club Económico de Chicago el pasado martes 5 de diciembre y se refería a la situación actual de Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump, aunque nunca lo mencionó.

La semana pasada, mi artículo titulado "Una enfermiza ansiedad por controlar el poder" despertó algunas inquietudes y hubo lectores que me escribieron para decirme que consideraban que el texto era un tanto pesimista y que reflejaba una visión extrema de la situación. Aunque ahí decía que "En Estados Unidos, el presidente Donald Trump y la ultraderecha nazi y fundamentalista que con cada vez mayor cercanía lo arropa, han desatado como nunca antes una espiral guerrerista que comienza a asustar a la propia ciudadanía estadounidense que está empezando a resentir la aplicación interna de su propia medicina. La exacerbación de sentimientos nacionalistas, xenófobos, racistas, misóginos y homofóbicos que se manifiestan en el plano interno, pero también en el internacional preocupa a millones de ciudadanos decentes de Estados Unidos y el mundo". No me consta que Obama sea un ciudadano decente, pero me sorprende que tengamos las mismas preocupaciones. Tampoco sé si su llamado a votar, es expresión de su preocupación por el agotamiento del sistema de democracia electoral, que va generalizando el nombramiento de presidentes solo apoyados por entre 20 y 25% de los electores... y a eso se le llama democracia. Ya verán lo que va a pasar en Chile la próxima semana.

Antes, el 5 de noviembre en otro artículo denominado "Nikki Haley y los neoconservadores se preparan para asaltar el poder", al conocer las particularidades ideológicas de los sostenedores de esa tendencia que han trepado a las más altas instancias de poder en Estados Unidos dije que "Tras conocer estas características, se puede concluir que el pensamiento neoconservador es lo más cercano al fascismo, el nazismo y el falangismo que inundaron Europa a mediados del siglo pasado, causando la mayor devastación que la humanidad haya conocido jamás".

Los hechos políticos actuales son tan inverosímiles que algunas opiniones aparecen como expresiones extremistas y visiones radicales, pero lamentablemente manifiestan la terrible realidad. Ahí está Barack Obama para confirmarlo. No hay exageración en lo que se relata, hoy está ocurriendo una regresión al pasado que ni siquiera se vivió durante los tenebrosos tiempos del binomio Reagan-Thatcher.

Justo cuando escribo este artículo, aparece otro del brillante escritor uruguayo, radicado en Estados Unidos, Jorge Majfud titulado "La gran crisis del siglo XXI" en el que manifiesta que "Hoy en 2017, estamos sentados sobre una bomba de tiempo. Mejor dicho, sobre dos, interconectadas". Se refiere, por un lado a la exorbitante acumulación de dinero, por tanto de poder político y militar en manos de una minoría y a la superlativa amenaza ecológica, por el otro. También Majfud, hace alusión al "creciente fascismo". Dice el escritor uruguayo "Cualquiera de estas dos bombas de tiempo que estalle primero hará estallar a la otra. Entonces, veremos una catástrofe mundial sin precedentes".

En solo una semana, en Estados Unidos se aprobó una nueva reforma tributaria que reduce los impuestos para lo más ricos, aunque también el gobierno se propone rebajar el monto del presupuesto, eso se hará a costa de la disminución del gasto social, es decir, la reducción del presupuesto, procederá, aumentando las cargas a los más pobres. De la misma manera Trump decidió rebajar la cantidad de áreas protegidas en dos parques nacionales del estado de Utah en lo que se considera la mayor reducción de tierras públicas protegidas en toda la historia de Estados Unidos, así, recortó en un 85%, el territorio bajo protección de Bears Ears, una extensa área que había sido declarada en esa condición por el gobierno anterior, y redujo casi el 46% de la superficie de Grand Staircase-Escalante, un parque protegido en 1996.

Pero, lo que rebasó todo atisbo de racionalidad política por parte del gobierno de Estados Unidos, fue la decisión del Presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital de la entidad sionista y trasladar la embajada de su país a esa ciudad, considerada lugar santo para las tres religiones monoteístas: islamismo, cristianismo y judaísmo. Esta disposición estadounidense viola la Resolución 478 del año 1980 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condenó el intento de anexión de Jerusalén este por parte de Israel, condenando de la manera más enérgica una ley israelí que pretendió declarar a la ciudad como capital "eterna e indivisible" de la entidad sionista, declarando así mismo que tal decisión era una violación del derecho internacional. Paradójicamente, Estados Unidos no vetó dicha resolución, por lo que pudo ser aprobada. Esa misma resolución instó a los países del mundo a retirar sus embajadas de la ciudad y trasladarlas a Tel Aviv.

La decisión de Trump solo puede entenderse como una provocación que permita atizar el conflicto en el Medio Oriente, desatar la violencia en la región y, de esa manera, crear una situación de inestabilidad que permita aumentar las ventas de armas y justificar el incremento de la presencia militar estadounidense en los ya devastados países de esa zona del planeta. La medida tomada por Trump permitió en pocas horas generar el más amplio arco iris de opiniones en contra de la misma: desde los gobiernos europeos habitualmente sumisos a Estados Unidos como Francia y Alemania, el Papa Francisco, el secretario general de la ONU, el presidente de Turquía, el Movimiento de Países No Alineados que la rechazó por unanimidad de sus 120 miembros, y hasta... Rex Tillerson y James Mattis, secretarios de Estado y de Defensa de Estados Unidos. Solo Trump ha sido capaz de lograr eso.

Con esta decisión, Trump abrió una nueva etapa del conflicto en la región cuando la derrota del Estado Islámico en Irak y Siria permitía pensar que se podría avanzar hacia una situación más promisoria. Está visto que el papel de Estados Unidos en el mundo, es echar gasolina al fuego, para mantener al mundo en tensión. No, no hay exageración, el nuevo Hitler estadounidense pretende como su par nazi, en febrero de 1933, "incendiar el Reichstag", buscar culpables donde no están y justificar de esa manera, la fundación del Tercer Reich para llevar a Alemania hacia el nazi-fascismo. Tal vez eso estaba pensando Obama cuando se atrevió a hacer tan tenebrosa comparación. Todo el mundo debería recordarlo, especialmente los judíos.

 

       

Fuente: AVN

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Correos del Sur Nº81

 

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