Es patético que un tal Guaidó salga del oscuro anonimato para autoproclamarse dos veces como Presidente de Venezuela. Como aquello de farsa y tragedia. La primera, el 11 de enero, al parecer fue tan insulsa que tuvo que repetirla el 23.

Patético es que el guión de su segunda ilegal asunción lo haya dictado el día antes el Vicepresidente Mike Pence desde Washington.

Patético que se ampare supuestamente en la Constitución chavista, que sus aliados políticos derogaron inmediatamente tras el Golpe de Estado de abril de 2002. Y que se olvide tan rápido de que si es un “Presidente en transición”, ya debió haber convocado a elecciones tras su primera autoproclamación del 10 de enero.

Patético que Trump le pida a Maduro elecciones limpias, cuando su llegada a la Casa Blanca todavía se investiga y su proclamación la logró con tres millones de votos populares menos que Hillary Clinton.

Patético que también desconozca las elecciones venezolanas el Presidente de Honduras, autor de un colosal fraude electoral en su país.

Patético que la “democrática” Europa dicte términos y condiciones electorales a una nación soberana.

Patético que Estados Unidos hable de una ayuda humanitaria por 20 millones de dólares, mientras se roba, junto al Reino Unido, miles de millones confiscados de las cuentas venezolanas y practica desde hace unos años una guerra económica contra la Revolución Bolivariana cuyo costo se estima en más de 350 000 millones de dólares.

Patético que la citada ayuda humanitaria se cifre en magras raciones para decenas de miles de personas, cuando los medios del imperio hablan de una crisis humanitaria fenomenal que amenaza la vida de millones de venezolanos.

Patético que Juan Guaidó arme un show mediático para anunciar la llegada de la primera ayuda, y El Nacional devele que la tal ayuda eran alimentos para bebés que estaban en Venezuela desde diciembre, antes de que Guaidó se autoproclamara y EEUU hablara de “ayuda humanitaria”.

Patético que el mismo Almagro que imploró casi lastimero el apoyo de Venezuela para su elección como Secretario General de la OEA blanda con saña el traicionero puñal que le suministra el imperio.

Patético que un criminal de guerra como Elliot Abrams sea el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela; como signo de tiempos oscuros como los de la Guerra Sucia contra Nicaragua.

Siniestro que tanto patetismo sea la puesta en escena para una probable agresión armada contra el pueblo de Bolívar.

 

         

Fuente: Cuba Debate

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          Aquiles Nazoa

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Correos del Sur Nº101

 

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