El gran juego de dominación afecta hasta al más fiel “aliado” de EEUU. Lo demuestra el menos conocido de los golpes de Estado de Washington: el de Australia

 Edward Gough Whitlam falleció el 21 de octubre de 2014, a los 98 años de edad. Fue el vigesimoprimer Primer Ministro de Australia, y su mandato cubrió de 1972 a 1975. En tanto que líder del Partido Laborista desde 1967 hasta 1977, Whitlam llevó a su partido al poder por primera vez en 23 años, en las elecciones de 1972. Luego ganó también la elección de 1974, antes de ser polémicamente despedido por el Gobernador General de Australia, Sir John Kerr, en el clímax de la crisis constitucional australiana de 1975. Whitlam sigue siendo el único primer ministro de Australia a cuyo cargo se ha puesto fin de esta manera. John Pilger nos recuerda el “golpe de estado blando” que puso fin a su mandato, en un artículo escrito el pasado mes de marzo, cuando Whitlam estaba todavía con vida.-Tlaxcala

El papel de Washington en el golpe de estado fascista contra un gobierno electo en Ucrania sorprenderá sólo a aquellos que ven las noticias e ignoran los datos históricos. Desde 1945, decenas de gobiernos, muchos de ellos democracias, han conocido un destino similar, por lo general con derramamiento de sangre.

Nicaragua es uno de los países más pobres del mundo, con una población menor que la de Gales. No obstante, con el gobierno reformista de los sandinistas, en la década de 1980, fue considerado por Washington como una “amenaza estratégica”. La lógica era sencilla: si el más débil consiguió desatarse de la correa, dando el ejemplo, ¿quién más podría probar suerte?

Este gran juego de dominación no ofrece inmunidad ni siquiera para el más fiel “aliado” de EEUU. Esto lo demuestra probablemente el menos conocido de los golpes de Estado de Washington: el de Australia. La historia de este golpe de estado olvidado es un revulsivo para los gobiernos que crean que un “Ucrania” o un “Chile” nunca podría sucederles a ellos.

La deferencia de Australia hacia EEUU hace que Gran Bretaña, en comparación, parezca un país rebelde. Durante la invasión estadounidense de Vietnam –en la que Australia se comprometió a participar– un funcionario de Canberra manifestó una queja poco frecuente a Washington: que los británicos sabían más sobre los objetivos estadounidenses en esta guerra que sus compañeros de armas de las antípodas. La respuesta no se hizo esperar: “Tenemos que mantener informados a los británicos para tenerlos contentos. Ustedes estarán con nosotros pase lo que pase.”

“Es hora”, fue el lema del Partido Laborista en la campaña de 1972

Esta certeza quedó bruscamente en suspenso, en 1972, con la elección del gobierno laborista reformista de Gough Whitlam. Aunque no era considerado izquierdista, Whitlam –que ahora cumple 98 años– era un socialdemócrata inconformista, con principios, orgullo, decencia y una extraordinaria imaginación política. Consideraba que una potencia extranjera no debería controlar los recursos de su país y dictar sus políticas económica y exterior. Propuso “volver a comprar la finca” y hablar como una voz independiente de Londres y Washington.

El día después de su elección, Whitlam ordenó que su personal no debía ser “investigado o acosado” por el organismo de seguridad de Australia, ASIO, que entonces como ahora estaba comprometido con los servicios de inteligencia anglo-estadounidenses. A raíz de que sus ministros condenaran públicamente al gobierno de Nixon y Kissinger como “corrupto y bárbaro”, Frank Snepp, un oficial de la CIA estacionado en Saigón en ese momento, afirmó más tarde: “Nos dijeron que podíamos considerar a los australianos como colaboradores de Vietnam del Norte.”

Whitlam se interesó en saber si la CIA dirigía –y por qué– una base de espionaje en Pine Gap, cerca de Alice Springs, supuestamente una “instalación” conjunta de Australia y EEUU. Pine Gap es una aspiradora gigante que, como el denunciante Edward Snowden reveló recientemente, permite a EEUU espiar a todo el mundo. En la década de 1970, la mayoría de australianos no tenían la menor idea de la existencia de este enclave extranjero secreto que colocaba a su país en primera línea de una posible guerra nuclear con la Unión Soviética. Whitlam sabía claramente el riesgo personal que estaba tomando, como demuestran las actas de una reunión con el embajador de EEUU. “Traten de jodernos o echarnos”, afirmó éste, “[y Pine Gap] se convertirá en un problema serio.”

Victor Marchetti, el funcionario de la CIA que había ayudado a crear Pine Gap, me contó más tarde: “Esta amenaza de cerrar Pine Gap causó perplejidad en la Casa Blanca. Las consecuencias fueron inevitables ... se puso en marcha una especie de Chile.” (La CIA acababa de ayudar al general Pinochet a aplastar el gobierno democrático de otro reformador, Salvador Allende, en Chile.)

En 1974, la Casa Blanca envió a Marshall Green a Canberra como embajador. Green era un personaje de muy alto nivel en el Departamento de Estado, imperioso y siniestro, que trabajaba en las sombras del “Estado profundo” de EEUU. Conocido como el coupmaster (maestro en artes de golpe de estado), había tenido un papel central en el golpe de 1965 contra el presidente Sukarno en Indonesia, que costó en torno a un millón de vidas. Uno de sus primeros discursos en Australia fue ante el Australian Institute of Directors (Instituto Australiano de Ejecutivos) descrito por un alarmado miembro de la audiencia como “una incitación a los líderes empresariales del país a levantarse contra el Gobierno”.

Los mensajes de alto secreto de Pine Gap eran descodificados en California por un contratista de la CIA, TRW. Uno de los descodificadores era el joven Christopher Boyce, un idealista que, preocupado por el “engaño y la traición hacia un aliado”, se convirtió en denunciante. Boyce reveló que la CIA había infiltrado la elite política y sindical de Australia, y se refería al Gobernador General de Australia, Sir John Kerr, como “nuestro hombre Kerr”.

El juez John Kerr, el alcohólico Gobernador General

Con su negro sombrero de copa y un traje de luto cargado de medallas, Kerr era la personificación del imperio. Era virrey de Australia, nombrado por la reina de Inglaterra, en un país que todavía reconocía a ésta como Jefe de Estado. Sus deberes eran ceremoniales; no obstante, Whitlam –que lo nombró– desconocía o prefería ignorar los vínculos de larga data de Kerr con los servicios secretos angloamericanos.

El Gobernador General era un miembro entusiasta de la Australian Association for Cultural Freedom (Asociación australiana para la libertad cultural). Se trata de una asociación descrita por Jonathan Kwitny, del 'Wall Street Journal', en su libro, “The Crimes of Patriots”, como “un grupo de élite, al que se accedía sólo por invitación… denunciado en el Congreso como organismo fundado, financiado y, en general dirigidas por la CIA.” La CIA “pagaba los viajes de Kerr, construyó su prestigio ... Kerr siguió con la CIA por el dinero.”

En 1975, Whitlam descubrió que el servicio secreto MI6 de Gran Bretaña hacía tiempo que maniobraba en contra de su gobierno. “Los británicos estaban en realidad descodificando mensajes secretos dirigidos a mi oficina de asuntos exteriores,” dijo más tarde. Uno de sus ministros, Clyde Cameron, me dijo: “Sabíamos que el MI6 espiaba las reuniones del Gobierno para los estadounidenses.” En entrevistas realizadas en la década de 1980 con el periodista de investigación estadounidense Joseph Trento, funcionarios ejecutivos de la CIA revelaron que el “problema Whitlam” había sido discutido “con urgencia” por el director de la CIA, William Colby, y el jefe del MI6, Sir Maurice Oldfield, y que en las reuniones se establecieron “acuerdos”. Un director adjunto de la CIA dijo a Trento: “Kerr hizo lo que le dijeron que hiciera.”

Colby, Oldfield, Tange

En 1975, Whitlam se enteró de la existencia de una lista secreta de personal de la CIA en Australia en poder del Jefe Permanente del Departamento de Defensa de este país, Sir Arthur Tange, un mandarín profundamente conservador con un poder territorial sin precedentes en Canberra. Whitlam exigió ver la lista. En ella figuraba el nombre de Richard Stallings quien, de manera encubierta, había establecido Pine Gap como instalación provocativa de la CIA. Whitlam tenía ahora la prueba que estaba buscando.

El 10 de noviembre de 1975, le mostraron un télex de alto secreto enviado por la ASIO en Washington. Más tarde, dicho escrito se atribuyó a Theodore Shackley, jefe de la División de Asia Oriental de la CIA y una de las figuras más notorias generadas por la Agencia. Desde Miami, Shackley había sido jefe del operativo de la CIA para asesinar a Fidel Castro, y también había ejercido la jefatura de la CIA en Laos y Vietnam. Poco antes, había trabajado en el “problema Allende”.

Theodor “Ted” Shackley, alias “El fantasma rubio”

Le transmitieron a Whitlam el contenido del mensaje de Shackley: increíblemente, afirmaba que el primer ministro de Australia era un riesgo para la seguridad en su propio país.

El día anterior, Kerr había visitado la sede de la Dirección de Señales de Defensa, la NSA de Australia, cuyos lazos con Washington eran y sigue siendo vinculantes. Allí le informaron de la “crisis de seguridad”. A continuación, Kerr pidió una línea telefónica segura y pasó los siguientes 20 minutos en una discreta conversación en voz baja.

El 11 de noviembre –el día que Whitlam tenía que informar al Parlamento de la presencia secreta de la CIA en Australia– éste fue convocado por Kerr. Invocando arcaicos “poderes de reserva” virreinales, Kerr despidió al primer ministro democráticamente elegido.

Problema resuelto.

Fuente: johnpilger.com

1.- Generalmente en política, cuando no se tienen temas de importancia que tratar, se suele recurrir a la magnificación de aquellos que no la tienen. La estratagema consiste en desviar la atención de la opinión pública. Con la oposición venezolana, carente de iniciativas y credibilidad, siempre se da esa situación. Un sector político que cuenta con material suficiente, extraído de la realidad para hacer oposición de verdad y dar una contribución crítica al país, ignora esa cantera y opta por lo que carece de relevancia. Pero esa característica, innata en la oposición forjada al calor del odio y el desprecio hacia el chavismo, tiene otro componente que conviene destacar. En su entresijo siempre está presente el propósito de socavar a las instituciones y crear condiciones para desestabilizar; para acumular tensiones que faciliten el objetivo de esa política, que no es otro que el derrocamiento del presidente Maduro.

2.- Y no es que uno vea fantasmas en todo. Que se recurra al argumento del golpe de Estado para acosar a la oposición. Sino que cuando se analizan los hechos, a partir del acceso de Chávez a la presidencia en 1999, uno se encuentra con el oculto propósito de dar al traste con el proceso bolivariano como sea. Esa oposición deslegitimada está siempre a la caza de temas que le faciliten una especulación mediática que impacte a la colectividad. No importa su contenido. Su finalidad no es el cuestionamiento dirigido a fortalecer el sistema democrático, sino a debilitarlo; por eso, su interés en satanizar. Un caso concreto, que facilita la comprensión de lo que está detrás de ciertas campañas en boga, es el de los colectivos populares.

3.- La satanización de la participación popular -que en el caso que abordo desarrolle lo que consagra la Constitución del 99- tiene precedentes en Venezuela. Igual ocurrió durante el trieno 1945-48, durante el gobierno de la Junta Revolucionaria presidida por Betancourt, cuando la derecha desató una ofensiva basada en la versión de que las "milicias de Acción Democrática" pretendían sustituir a la Fuerza Armada. El argumento caló en la institución y fue determinante en el golpe del 24 de noviembre de 1948 contra Gallegos. En otro momento histórico, ya en el proceso bolivariano, la víctima de la satanización por la oposición fueron los círculos bolivarianos. ¡Qué no se dijo de ellos! Que eran grupos armados para atacar al adversario, bandas chavistas cuyo papel consistía en rivalizar con la institución militar. La campaña se expandió, tocó a militares y en general motivó a la oposición. En las fechas previas y posteriores al 11 de abril de 2002, el argumento fue utilizado para justificar el golpe y otras aventuras.

4.- Ahora retorna el empleo de ese recurso con una agresividad que ciertos medios potencian dándole cabida a declaraciones de personajes que se mueven en la cuerda floja de la legalidad y la ilegalidad. Los colectivos están en la mira. Se desprecia el papel que cumplen en el desarrollo de la organización social y los servicios que prestan a la comunidad. Lo que se destaca es que están armados. Razón tuvo el jefe de la delegación venezolana, Rangel Avalos, que asistió a la inefable reunión de Ginebra donde se pretendió sentar en el banquillo a Venezuela, al sostener que "es posible que haya gente armada en los colectivos, como la hay en la oposición". ¿O es que los guarimberos que mantuvieron en zozobra al país por más de tres meses, ocasionando la muerte de más de 40 venezolanos, incendiando preescolares, universidades, centros asistenciales, estaciones del Metro y otros actos de salvajismo, no disponían de armas, fusiles con mira telescópica, explosivos y hasta guayas de acero para degollar motorizados?

5.- Los colectivos son parte del poder popular, defensores de la revolución y servidores de la comunidad. Que haya infiltrados con otros propósitos es algo que no los define. Pero es lo que pretende la derecha con la satanización de cualquier tipo de organización de la colectividad democrática. Acurrucado tras esta política de la derecha, presto a dar el zarpazo en cualquier momento, está la intención de acabar con el orden constitucional y democrático. De ahí la importancia de no caer en la trampa de solidarizar -o hacerse eco- con la campaña contra los colectivos populares.

Suelo leer la columna de Elías Pino Iturrieta en El Nacional. Lo hago porque se trata de un intelectual valioso y polémico. La mayoría de las veces no estoy de acuerdo con lo que afirma, pero reconozco que siempre toca temas de actualidad…

Hecha esta introducción, debo decir que su último artículo, "El ultraje de Ramo Verde" (9/11/2014), me decepcionó porque pretendió envolver con argumentos rebuscados algo que supuestamente ocurrió en esa prisión. Cito la aseveración del columnista: "En Ramo Verde, a unos presos políticos les echaron unas bolsas de mierda que nadaban en orines". ¿Es cierto el hecho? Si sucedió, lo condeno de manera categórica, terminante. Con la autoridad que me da que desde que ingresé a la política abracé la causa de los derechos humanos y jamás he guardado silencio ante los atropellos acaecidos durante gobiernos como el de la Junta Revolucionaria de Betancourt; la dictadura de Pérez Jiménez; la Cuarta República, e, incluso la Quinta. Si se dio tan vergonzosa agresión a unos presos, quienes la permitieron deben ser sancionados con rigor…

Pero la argumentación de Pino Iturrieta sobre el caso es deplorable, ya que, dada la circunstancia de que el autor también es historiador, manipula situaciones pasadas y presentes con el único propósito de atacar al gobierno de Maduro…

Por ejemplo, al hacer el recuento de la sombría historia carcelaria venezolana, se remonta a los tiempos de Juan Vicente Gómez y a una emblemática figura de ese submundo de antivalores, el torturador Nereo Pacheco, para luego rematar su recorrido con el gobierno de Maduro. Lo cual hace con esta afirmación: "Aquí y en otros lugares me he cansado de decir que la historia no se repite, pero si comparo a los verdugos del gomecismo con los del madurismo espero no caer en una extralimitación…". Sin duda que el historiador cae en una grotesca extralimitación porque la visión sectaria que tiene hoy de la política lo lleva a incurrir en semejante exabrupto, ya que equiparar al "madurismo" al "gomecismo" es más que una extralimitación: es una falta de respeto del historiador consigo mismo…

Pero quizá lo más sorprendente del artículo es el salto -¿olímpico?- que da el autor cuando repasa la historia de la violación de los derechos humanos en el país. En su crónica hay dos momentos: el gomecismo y la Quinta República (o "madurismo", término que emplea), con lo cual se salta el más cruel de todos: 40 años de puntofijismo, período en que fueron torturados miles de ciudadanos y se expulsó del país a otros tantos; se crearon los Teatros de Operaciones (TO) donde no existía el Estado de derecho; se rehabilitó la Isla del Burro para convertirla en campo de concentración; fueron desaparecidos y asesinados unos tres mil venezolanos y se consumaron masacres como Cantaura, Yumare y El Amparo…

En efecto, hay que condenar la vileza de lanzarles a unos presos "bolsas de mierda nadando en orines". Pero no es posible callar el terrorismo de Estado que se practicó en democracia, etapa en la cual muchos que hoy defienden los derechos humanos silenciaron lo que entonces pasaba, y lo que es peor: ahora insisten en borrar de nuestra historia -y nuestra memoria- aquel oprobio que vivió Venezuela.

Fuente: Aporrea

La FNCA ha sido desde su creación un instrumento para condicionar la política norteamericana hacia Cuba.

Muchos elementos evidencian cómo las diferentes administraciones norteamericanas la han empleado, indistintamente, como punta de lanza de su política agresiva, recibiendo fondos millonarios a través de sus agencias federales como la CIA y la USAID para articular en cada momento sus planes encaminados a destruir por cualquier vía posible a la Revolución.

Cuando les ha sido necesario, tal como ocurrió con el destape de las corruptelas de Adolfo Franco, han colocado en la USAID a personeros de la FNCA como José Cárdenas, ex directivo de la misma. Esta fue la salida para descongelar en el 2008 los fondos destinados para propiciar la subversión contra Cuba y tratar de mantener las emisiones de Radio y TV Martí.

La ambiciosa FNCA publicó por ese entonces un informe en el que denunció que tan solo el 17 % de los fondos eran realmente empleados para apoyar a la contrarrevolución interna. Fue una jugada maestra encaminada a lograr el malsano propósito de monopolizar el dinero de la USAID, desplazando del privilegiado papel a otras organizaciones radicadas en EE UU, tales como el Centro por una Cuba libre, el Directorio Democrático Cubano, el Grupo de Apoyo a la Democracia y Acción Democrática.

No fue, sin embargo, hasta el 2011 cuando la USAID comenzó a tener en cuenta con más atención a la FNCA y a su Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC), luego de haberle retirado su financiamiento tras los escándalos de sus vínculos con Luis Posada Carriles y la oleada terrorista en la década de los noventa, así como su participación en el secuestro del niño Elián González, lo cual provocó una seria caída de imagen para la misma. La USAID tuvo siempre la certeza de que la FNCA empleó parte de los fondos entregados a ella en actividades terroristas contra objetivos económicos, políticos y sociales dentro de

Cuba, distanciándose de la misma, al menos, de forma pública.

Fue en el 2011 cuando la USAID aprobó 3.4 millones de USD para la FHRC, parte de los que fueron dirigidos hacia los grupúsculos contrarrevolucionarios por los que apostaban los directores de la FNCA. Otra parte importante de los fondos, a falta de serias auditorías, fueron a parar a los bolsillos de los propios intermediarios y unos pocos liderzuelos dentro de la Isla.

Los envíos destinados por la FHRC a sus grupúsculos seleccionados, fundamentalmente consistentes en computadoras, teléfonos celulares, cámaras, materiales impresos, soportes digitales, alimentos, medicinas, productos higiénicos y ropa, nunca han sido significativos.

La misma suspicacia acaba de ocurrir recientemente cuando se dio a conocer que la FNCA destinó más de 250,000 USD para un curso para jóvenes contrarrevolucionarios auspiciado por el Centro de Iniciativa Latinoamericana y del Caribe del Miami Dade College, con la intención de capacitarlos como potenciales líderes de la contrarrevolución interna y, sin embargo, luego de la deserción de tres de ellos, se filtró la falta de aptitudes de casi todos  para cumplir con las expectativas puestas en ellos.

La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) se encuentra ahora financiando la actividad de algunos grupúsculos como la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y las llamadas Damas de Blanco.

Con Obama, la FNCA ha usado los aportes de la USAID para promover acciones no pacíficas y declarado corte violento como fueron los planes para atentar contra la visita de Benedicto XVI a La Habana y la Feria Internacional de La Habana 2013, denunciados por mí oportunamente.

Tal vez el momento de mayor espaldarazo por parte de Obama a la FNCA tuvo lugar el 8 de noviembre de 2013, cuando el presidente usó la casa del Chairman de la misma, Jorge Mas Santos, para buscar contribuciones para los demócratas. A cambio, Obama prometió a la FNCA la monopolización de los fondos de la USAID. Fue, a todas luces, un acuerdo muy parecido a los usados por la mafia. Así se completaba la intención de Obama de centralizar los fondos de la USAID, iniciada desde el 2012, cuando el Departamento de Estado centró sus esfuerzos en sus dependencias identificadas como la Oficina de Latinoamérica y el Caribe (LAC), la Oficina de la Democracia, Derechos Humanos y el Trabajo (DRL) y la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental. También concedió a la Sección de

Intereses de EE UU en La Habana el privilegio de canalizar ciertas partidas de financiamiento dentro del territorio nacional cubano.

En un artículo de mi autoría, titulado Paradoja FNCA: primero explotar Tropicana y ahora evocarlo, destaco el hecho de que fue el propio entonces presidente de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC), Luis Zúñiga Rey, quien reclutó a varias personas –entre las que me encontraba yo, así como el ciudadano cubanos Olfiris Pérez Cabrera-, para hacer volar el famoso cabaret Tropicana, en la década de los 90.

En el citado artículo destaco el disparatado sueño de la FNCA de recrear una versión futurista en la Noche Tropical 2014: “Lo que resulta una aberración es que los propios organizadores de estos planes terroristas contra Tropicana, muchos de los cuales se encuentran aún vinculados a la Fundación de Derechos Humanos, una fachada de la FNCA, encargada de promover y financiar la subversión en Cuba, planeen recrear al cabaret Tropicana, tal y como pudiera ser en el 2020, si ocurriera una “transición democrática” en Cuba.” (1)

Siempre tuve la certeza de que los fondos empleados por el ala militar de la FNCA para destruir Tropicana, diversos centros hoteleros y recreativos, termoeléctricas, industrias, refinerías, así como otros objetivos, cuyos planes se fraguaron en 1993 y fueron dándose a la luz en los años venideros con la oleada de atentados que tuvieron lugar entre los años 1996 al 2001, fueron financiados con fondos de la USAID.

No tengo duda alguna de que la FHRC, creada bajo la misma decisión ejecutiva del presidente Reagan, al igual que su matriz FNCA, bajo decreto 501 (c) 3, ha sido una de las más agresivas organizaciones terroristas y subversivas contra Cuba, siempre bajo la tutela de la USAID.

La labor desarrollada por la FNCA en el sostenimiento de la guerra ideológica anticubana, incluye no solo la guerra sicológica, sino también la guerra sucia, directa, en la que sus directivos, junto al Consejo por la Libertad de Cuba, han tenido amplia experiencia en las últimas décadas. Manejando ahora grandes sumas de dinero para la subversión son aún más peligrosos. Pruebas existen de que en los últimos meses la FNCA ha estado involucrada secretamente en la contratación de mercenarios en el exterior para realizar acciones violentas contra Cuba, tal como ocurrió durante la pasada visita de Benedicto XVI y la Feria Internacional del Libro de la Habana 2013. (2)

Vínculos:

(1) http://percy-francisco.blogspot.com/2014/09/paradoja-fnca-primero-explotar.html

(2) http://percy-francisco.blogspot.com/2013/11/obama-la-fnca-y-los-turbios-compromisos.html

Fuente: Contrainjerencia

Sorprendentes revelaciones sobre personajes comprometidos con la gran política en Estados Unidos evidencian el estado de descomposición moral de la misma.

En la vida de un periodista —profesionalmente por larga que sea— hay veces que nos resulta muy difícil creer lo que leemos sobre un tema del que vamos a escribir, lo que nos obliga a consultar varias fuentes y, aún así, “hacerlo potable” al lector requiere de no pocos borradores.

En esta batalla diaria me encontré con documentos que comprometen al expresidente norteamericano George W. Bush, con el líder de la organización terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden; y más recientemente al senador y excandidato a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, con el grupo terrorista Estado Islámico (EI) que actualmente ocupa extensos territorios de Irak y Siria.

Para adentrarme en el tema, acudo a las agencias de noticias y a reconocidos analistas internacionales.

Las revelaciones aparecidas en las fotografías publicadas que muestran la reunión que sostuvo McCain con jefes del EI en Siria, país al que el funcionario norteamericano entró ilegalmente, constituyen, además de un hecho bochornoso, un medidor de la poca estatura moral de algunos dirigentes y funcionarios de Estados Unidos.

El investigador francés, Thierry Meyssan, director de Réseau Voltaire, reveló que el “senador John McCain es el verdadero califa del Estado Islámico (EI) que asola el Medio Oriente, además de ser el controlador del autoproclamado califa Ibrahim Abu Bakar al-Baghdadi” [1].

Pero hay más: el también activista político y periodista francés, devela que tuvo acceso hace más de tres años a un informe de inteligencia en el que se indicaba que “el 4 de febrero del 2011, la OTAN organizó en El Cairo una reunión presidida por McCain para iniciar la primavera árabe en Libia y Siria”, entre quienes se encontraba en forma oficiosa el “filósofo” sionista Bernard-Henri Lévy, por parte de Francia.

Thierry Meyssan expone un documento oficial de la embajada de Qatar en Trípoli que “confirma el envío de 1 800 extremistas islámicos mercenarios entrenados en Libia para combatir en Siria”, penetrando por la frontera turca, según reportó el portal Russia Today.

Las imágenes aparecidas en varios medios muestran a McCain reunido en territorio sirio con connotados terroristas buscados por Estados Unidos, entre ellos Abu Bakr al- Baghdadi, así como con Salim Idriss, miembro del llamado Ejército Libre Sirio.

Sin embargo, Abu Bakr figuraba desde el 4 de octubre del 2011 en la lista de los cinco terroristas más buscados por la justicia estadounidense (Rewards for Justice), con una recompensa de hasta diez millones de dólares para quien contribuyese a su captura; y había sido descrito por la revista Time y el rotativo galo Le Monde como el “hombre más peligroso del mundo”, o el “nuevo Osama bin Laden”.

Por su parte, el periódico Gulf Daily News, de Bahrein, en el golfo Pérsico, asevera que fue entrenado por el Mossad israelí.

“Las reuniones que presidió John McCain marcaron claramente el inicio de un plan que Washington había trazado hacía mucho tiempo y que preveía que el Reino Unido y Francia atacaran simultáneamente a Libia y Siria”, recalca Meyssan.

“En el terreno no había ninguna diferencia entre el Ejército Libre Sirio, el Frente al Nusra o el Estado Islámico. Todas esas organizaciones se componen de los mismos individuos y estos cambian constantemente de bandera”, asegura el periodista francés.

Otra evidencia revelada por la agencia británica Reuters es que en enero del 2014, el Congreso de Estados Unidos celebró una sesión secreta en la que aprobó el financiamiento —hasta septiembre del 2014— para el Frente al-Nusra (miembro de al-Qaeda) y para el entonces llamado Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), hoy EI [2].

LAZOS FINANCIEROS BUSH Y BIN LADEN

Gobernaba George W. Bush en la Casa Blanca cuando el 11 de septiembre del 2001 se produjeron los atentados a las Torres Gemelas en Estados Unidos.

De aquel fatídico día se desprendió la “cruzada antiterrorista” que el mandatario nor­teamericano emprendió contra el mundo.

Mucho se ha publicado sobre la autoría del crimen que apuntaba a Osama bin Laden, un ex colaborador al servicio de Washington al que, una vez usado, se le persiguió y asesinó.

Pero poco o nada se había publicado entonces sobre los vínculos financieros entre el presidente Bush y el terrorista Bin Laden, hasta que el tiempo hizo desaparecer algunas barreras y aparecieron escalofriantes investigaciones que no dejan duda alguna de la fuerte alianza entre uno y otro [3].

La historia podría comenzar en los años 80, cuando Bush dirigía la Harken Energy Company, una pequeña sociedad petrolera texana, donde hizo fortuna llevándose el contrato de la concesión petrolera del emirato de Bahreïn. Este arreglo y falsa transacción era nada menos que la retribución de una comisión sobre las ventas realizadas por el presidente Bush padre en Kuwait. La operación implicaba diversos intermediarios de Arabia Saudita, en la cual se encontraba Salem Bin Laden, hermano mayor de Osama Bin Laden y accionario de la Harken Energy.

Las informaciones de la Réseau Voltaire revelan las redes financieras desarrolladas mancomunadamente desde hace veinte años por las familias Bush y Bin Laden. Un mundo oculto de comerciantes, traficantes de armas y drogas. Un mundo donde coinciden el banquero nazi Francois Genoud, antiguos directores de la CIA y de los servicios secretos de Arabia Saudita.

La información describe a Bin Laden como graduado en administración y en economía de King Abdul Aziz University, y un hombre de negocios muy listo. En 1979 fue captado para dirigir y administrar financieramente las operaciones secretas de la CIA en Afganistán.

En pocos años, la CIA invirtió dos mil millones de dólares en Afganistán para hacer fracasar la invasión de la URSS, hecho que constituye la operación secreta más costosa y nunca antes realizada por esa Agencia.

Según la revista Forbes, la hermana del multimillonario Khaled Ben Mahfouz con una fortuna, evaluada en 1,9 billones de dólares, fue esposa de Bin Laden.

Khaled Ben Mahfouz tenía una residencia en Houston (Texas) y con el apoyo de la familia Bush, compró una parte del aeropuerto de la ciudad para su utilización personal.

Fuente: Granma

Guerra más que advertida desde tiempos de Allende, la económica, con  importadores que convierten divisas preferenciales en importaciones fantasmas o en dólares de mercado libre, acaparan los bienes comprados con ellos, disparan sobreprecios usurarios y bombardean escaseces estratégicas. Quien quiera sobrevivir que ejerza contraloría social sobre el destino y aplicación de cada divisa entregada, confisque lo acaparado, imponga sanciones. La peor guerra es la que no se pelea.

1

Se dice que guerra avisada no mata soldado. No hubo  golpe más anunciado que el del 11 de abril de 2002, y sin embargo agarraron a Chávez  en Miraflores y nos salvamos de la dictadura porque Dios y el pueblo son muy grandes. Para tomar medidas no hay que esperar a que el desastre ocurra.

2

Guerra sabida y consabida, la de la Quinta Columna de la Corrupción. No desaparecen así como así 60.000 o 20.000 millones de divisas sin descuido  o complicidad de quienes las otorgan. Estamos a tiempo para  embargar las empresas delincuentes, asumir el control de las importaciones de bienes básicos y sancionar ejemplarmente a los culpables. La Cuarta República trató de borrar el escándalo de Recadi inculpando a un  chinito, y la borrada resultó ella. No hay peor medida que un trapito caliente.

3

Guerra sicológica y lavado de cerebro brutal, el de la inseguridad, campaña basada en una “encuesta de percepción” del INE realizada en 2009, que entre otros disparates “percibió” que ese año 21.132 homicidios habrían causado sólo 19.113 víctimas (¿¡!?). Fundándose en ella, la oposición nos asigna una tasa de 75,08 homicidios por 100.000 habitantes. Pero tomando como base el conteo objetivo de cuerpos del delito, en noviembre de 2013 el Ministro de Interior y Justicia reveló que la tasa real es de 39 homicidios por 100.000 habitantes: casi la mitad de la inventada por la oposición. No hemos visto el menor interés de los medios de comunicación bolivarianos por difundir la verdad. La peor falsedad es la que no se desmiente.

4

Conflicto más que avisado en  artículos de Yldefonso Finol y de quien suscribe, el de la invasión paramilitar cuyos capitales se legitiman con bingos, casinos, fundos, empresas de transporte, control de la economía informal, y se traducen en crímenes atroces y asesinatos selectivos. Si el Estado no los aniquila, tendremos un ParaEstado aniquilador; si los  políticos los ignoran, nos gobernará la ignorante Parapolítica. La peor guerra es la que se finge que no existe.

5

Guerra más que advertida desde tiempos de Allende, la económica, con  importadores que convierten divisas preferenciales en importaciones fantasmas o en dólares de mercado libre, acaparan los bienes comprados con ellos, disparan sobreprecios usurarios y bombardean escaseces estratégicas. Quien quiera sobrevivir que ejerza contraloría social sobre el destino y aplicación de cada divisa entregada, confisque lo acaparado, imponga sanciones. La peor guerra es la que no se pelea.

6

Enfrentamiento desastroso el de la Deuda Pública. Contraer Deuda es agigantar un problema creyendo que se lo posterga. Nada más fácil que creer que lo que se debe hoy no se pagará nunca, Tan fácil como ser esclavo del débito por una eternidad.     Antes que crear nueva deuda pública externa, logremos que  nuestro sistema hacendístico genere los ingresos  para enjugar el déficit y cubrir la inversión social, con medidas que no nos cansamos de recomendar:

-Primero,  embargar  bienes y  prohibir trabajar en el sector público o contratar con el Estado a empresas o personas naturales incursas en el fraude cambiario.

-Cobrar sin dilaciones a los deudores morosos del Fisco lo que deben en créditos liquidados y no cancelados.

-Reformar la Ley de Impuesto sobre la Renta elevando su tasa tope de 34% de tributación, y habilitar mecanismos para que, además de pechar esencialmente a los asalariados, se aplique en forma real y efectiva a todas las actividades productoras de ganancia.

-Pechar con altas tasas tributarias productos nocivos para la salud, como el tabaco y el alcohol, o actividades perjudiciales a la sociedad, como el juego en todas sus formas.

-Reestructurar integralmente el sistema de recaudación y control del IVA, que cobran sin falta al consumidor unos comerciantes que sólo entregan al Fisco menos del 20% de lo recaudado.

-Crear impuestos patrimoniales para las altas concentraciones de propiedad.

-Imponer tributos proporcionales a su monto a las transacciones financieras.

-Elevar  tasas de tributación al capital financiero y bancario.

-Retirar la inmunidad tributaria a las fundaciones y otros entes “sin fines de lucro” que en realidad operen como bancos y agencias de inversión de los grandes capitales.

-Instaurar una razonable alza del precio de la gasolina, que disminuya el oneroso subsidio que todos aportamos al transporte automotriz.

-Controlar el contrabando de extracción, que según el Presidente desaparece por nuestras fronteras el 40% de lo que producimos o importamos.

-Erradicar la explotación ilegal de oro y otros minerales preciosos y la devastación ecológica que tales actividades provocan.

-Reimplantar el control previo del gasto público, complementarlo con un control posterior sobre su resultado, y extenderlos eficazmente a la administración  nacional, estadal, municipal, comunal, centralizada, descentralizada, autónoma, de empresas y de fundaciones públicas.

-Ejercer  riguroso control de la legalidad, eficacia y resultado de todas las variedades del gasto social.

-Legislar rigurosas sanciones para malversadores, desfalcadores, corruptos, evasores tributarios y enriquecidos ilícitamente, y aplicarlas en forma ejemplar.

-Informatizar la administración tributaria con registros de los contribuyentes, sus patrimonios y la relación entre éstos y las cantidades que tributan.

-Denunciar la conjura de las calificadoras de riesgo, por cuyos diagnósticos nuestra Deuda Externa paga 16% de interés, mientras que cancelan sólo 3%  países con medio siglo en guerra civil.

-Rescindir los Infames Tratados contra la Doble Tributación, por los cuales las transnacionales no pagan impuestos sobre las ganancias que obtienen en Venezuela.

-Eliminar la inmoral exención de dichos Tratados por la cual los usureros beneficiarios de la Deuda Pública no tributan un céntimo como impuesto por las ganancias que les aportamos.

-Denunciar los Infames Tratados de Promoción y Protección de Inversiones, que permiten inmunizar mediante contrato a los contribuyentes ricos contra las reformas tributarias, y someten sus controversias a tribunales extranjeros.

-Promover en el ALBA, Unasur, la Celac, el Mercosur y demás organizaciones de las que forme Venezuela un frente común frente a los acreedores de la Deuda Externa y los Fondos Buitres.

-Acelerar la institucionalización del Banco del Sur y la instauración del Sistema Unificado de Compensación de Reservas (SUCRE) como instrumentos regionales para enfrentar el capital financiero acreedor.

La Guerra más perdida es la que se cree que se puede ganar no haciendo nada.

Fuente: Aporrea

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº96

 

Descargar

 

 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

Descargar