La súbita reversión de Washington de su pretexto ‘guerra contra el terror’ para una intervención en Siria ha confundido al público occidental. Durante tres años han estado viendo historias de ‘intervención humanitaria’, que vertían menosprecio sobre la afirmación del Presidente de Siria de que estaba luchando contra terroristas financiados por países extranjeros. Ahora EEUU afirma estar liderando la lucha contra esos mismos terroristas.

¿Pero qué opinan los sirios, y por qué continúan apoyando a un hombre que según las potencias occidentales está constantemente atacando y aterrorizando a ‘su propio pueblo’? Para entender esto debemos considerar la enorme brecha entre la caricatura occidental de Bashar al Assad el ‘brutal dictador’ y la popular cosmopolita figura que es en Siria.

Si creyésemos la mayoría de las noticias occidentales pensaríamos que el Presidente Assad ha lanzado repetidos bombardeos indiscriminados contra zonas residenciales, incluyendo el gaseamiento de niños. También pensaríamos que dirige un ‘régimen alauita’, donde una minoría del 12% reprime a una mayoría musulmana sunita, aplastando una ‘revolución’ popular que sólo recientemente ha sido ‘secuestrada’ por extremistas.

El problema central con estas representaciones es la gran popularidad de Bashar en Siria. La popularidad de Bashar al Assad es real, aunque pueda existir el culto a la personalidad de los estados fuertes y descontento popular con la corrupción y el favoritismo. Su gran victoria en las primeras elecciones con varios candidatos en junio consternó a sus enemigos regionales: Israel, Arabia Saudí, Catar y Turquía; pero no detuvieron su agresión.

Los sirios ven en Bashar al garante de la tradición plural y nacionalista de su padre y al modernizador de las reformas políticas. Encuestas en Siria habían mostrado gran descontento con la corrupción y el favoritismo, y opiniones diversas sobre la economía pero a la vez habían mostrado gran satisfacción con la estabilidad, los derechos de la mujer y la independiente política exterior. Las manifestaciones pro-reformas políticas en 2011 – replicadas con manifestaciones pro-gubernamentales que rápidamente fueron eclipsadas con una insurrección violenta – no fueron necesariamente anti-Bashar.

Los Hermanos Musulmanes y otros grupos sectarios islamistas sí le odiaban, al igual que odiaban al estado secular. Pero incluso estos enemigos, en sus mejores momentos, reconocían la popularidad de Bashar al Assad. A finales de 2011 una encuesta del Doha Debates (creada por la monarquía catarí, uno de los principales patrocinadores de los Hermanos Musulmanes) mostró que el 55% de los sirios querían que Bashar se quedara.

Islamistas armados fueron más lejos. En 2012 Reuters, el Guardian y el Times Magazine reportaron a tres líderes del ‘Ejército Libre Sirio’ (ELS) en Aleppo diciendo que el Presidente de Siria tenía un ’70 %’ de apoyo; o que la población local ‘son todos leales al criminal Bashar, y nos delatan’; o que son ‘todos informantes… nos odian. Nos culpan de la destrucción’. La impopularidad, claro, es fatal en una revolución; aunque para un fanático religioso es sólo un inconveniente. Estos tres grupos del ELS eran islamistas en buenos términos con al Qaeda.

A pesar de estas revelaciones los medios occidentales siguieron utilizando como fuentes a los Hermanos Musulmanes, a fuentes alineadas con ellos, a ‘activistas’ y a ‘rebeldes moderados’. En particular, confiaban en Rami Abdul Rahman, que con sede en Reino Unido, se llama a sí mismo el ‘Observatorio Sirio de Derechos Humanos’. Estas fuentes mantenían vivo fuera de Siria a ‘El Monstruo Bashar’.

En el mito de ‘El Monstruo Bashar’ hay dos historias clave relacionadas entre sí: la historia de los ‘rebeldes moderados’ y la historia de ‘los lealistas de Assad’ o de ‘las fuerzas del régimen’ para describir a un gran y valeroso ejército nacional con inmenso apoyo popular. Para entender el mito es necesario hablar sobre el Ejército Árabe Sirio.

Con más de medio millón de soldados, el Ejército es tan grande que la mayoría de comunidades sirias tienen fuertes lazos familiares, incluyendo lazos con los caídos en la guerra. Regularmente se realizan ceremonias para las familias de los ‘mártires’, con miles de personas orgullosamente mostrando fotos de sus seres queridos. Además, la mayoría de los varios millones de sirios desplazados por la guerra no han salido del país sino que se han desplazado a zonas protegidas por el Ejército. Esto sería inexplicable si el Ejército estuviera realmente involucrado en ataques ‘indiscriminados’ a civiles. Un ejército represivo provoca miedo y odio, pero en Damasco se puede ver que la población no tiene miedo cuando pasa por alguno de los muchos puntos de control del ejército instalados para protección contra coches bomba de los ‘rebeldes’.

Los sirios saben que hubo abusos contra los manifestantes en 2011; también saben que el Presidente destituyó al Gobernador de Dara por este motivo. Saben que la insurrección armada no fue una consecuencia de las protestas sino que fue una insurrección sectaria que se puso a cubierto dentro de las manifestaciones. El dirigente saudita Anwar el-Eshki reconoció en la BBC que su país había proporcionado armas a islamistas en Dara, y sus ataques con francotiradores en azoteas se parecían mucho a la insurrección fallida de los Hermanos Musulmanes en Hama en 1982. Hafez al Assad aplastó esa revuelta en unas semanas. De ese incidente la inteligencia estadounidense dijo que las bajas fueron probablemente de ‘unos 2.000′ incluyendo ‘300 o 400′ miembros de la élite de la milicia de los Hermanos Musulmanes. Desde entonces la Hermandad y las fuentes occidentales han inflado los números, llamándolo una ‘masacre’. Islamistas armados haciéndose pasar por víctimas civiles tienen una larga historia en Siria.

Bastantes sirios me han criticado al Presidente Assad, pero no en el sentido de los medios occidentales. Me dicen que quieren que sea tan firme como su padre. Muchos en Siria le consideran demasiado blando, lo que le ha dado el sobrenombre de ‘Sr. Corazón Blando’. Soldados en Damasco me han dicho que hay una orden del Ejército por la que se debe hace un esfuerzo especial para capturar vivos a los combatientes sirios. Esto es causa de polémica, ya que muchos les consideran traidores, no menos culpables que los terroristas extranjeros.

¿Y qué hay de los ‘rebeldes moderados’? Antes del auge del ISIS, en 2011, la más grande brigada del ELS, Farouk, los originales ‘chicos de poster’ de la ‘Revolución Siria’, tomaron partes de la ciudad de Homs. Un informe de EEUU les denominaba ‘nacionalistas legítimos… devotos más que islamistas y no motivados por el sectarismo’. El International Crisis Group sugirió que Farouk podían ser ‘devotos’ más que islamistas. El Wall Street Journal también les llamó ‘sunitas devotos’ más que islamistas. La BBC les llamó ‘moderadamente islamistas’.

Todo esto era totalmente falso. Los sirios de Homs dijeron que la brigada Farouk entró en la ciudad con el eslogan genocida: ‘Alauitas a la tumba. Cristianos a Beirut’. Gritando ‘Alá es Grande’ volaron el hospital de Homs, porque había estado dando tratamiento a soldados. Las iglesias culparon a Farouk de la limpieza étnica de más de 50.000 cristianos de la ciudad, y de la imposición de un impuesto islámico. El periodista Radwan Mortada afirma que la mayoría de los miembros de Farouk eran salafistas sectarios, armados y financiados por Arabia Saudí. Más tarde gustosamente trabajaron junto a los diversos grupos de al Qaeda, y fueron los primeros en culpar al Ejército de sus propias atrocidades.

Consideremos algunas de las acusaciones clave contra el ejército Árabe Sirio. En mayo de 2012, días antes de una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para debatir la posible intervención en Siria, hubo una terrible masacre de más de 100 habitantes en Houla. Los gobiernos occidentales inmediatamente culparon al Gobierno Sirio, que a su vez acusó a los terroristas financiados por países extranjeros. Los dirigentes occidentales al principio denunciaron bombardeos del Ejército, para cambiar su historia cuando se comprobó que la mayoría habían muerto por heridas de cuerpo a cuerpo. Un informe de la ONU (UNSMIS) fue archivado, mientras otro (CoI), vicepresidido por la diplomática estadounidense Karen Koning AbuZayd, culpó a ‘matones’ pro-gubernamentales que el informe dejó sin identificar. Tampoco mencionaba el móvil.

Aunque la massacre de Houla no resultó en una intervención del estilo de Libia, debido a la oposición de Rusia y China en la ONU, la polémica se desató sobre los autores de esta atrocidad. Periodistas alemanes y rusos, además de la Madre Superiora de un convento, consiguieron entrevistar a supervivientes que declararon que un gran escuadrón de Farouk, dirigido por Abdul Razzaq Tlass, había arrollado cinco pequeños puestos del ejército y masacrado a los habitantes del pueblo. La banda buscó familias pro-gubernamentales y alauitas, además de algunas familias sunitas que habían participado en las recientes elecciones.

Un año después un informe independiente detallado (por Correggia, Embid, Hauben y Larson) documentó cómo la segunda investigación de la ONU (CoI) fue manipulada. En lugar de visitar Siria consiguieron sus testigos a través de líderes y asociados de Farouk. Ignoraron una docena de testigos directos que contradecían la historia de los ‘rebeldes’. Resumiendo, intentaron enterrar un crimen real con perpetradores identificados y un móvil claro. Como escribió más tarde Adam Larson, la historia ‘oficial’ de la masacre de Houla demostró ser ‘en el mejor de los casos extremadamente ambigua y en el peor un crimen bastante obvio de los Contras patrocinados por EEUU’.

La masacre de falsa bandera de Houla estableció la matriz para una serie de similares acusaciones de masacres. Cuando 245 personas fueron asesinadas en Daraya (agosto 2012), reportes de los medios citando a ‘activistas opositores’ denunciaron que ‘el ejército de Assad ha cometido una masacre’. Esto fue contracedido por el periodista británico Robert Fisk, quien escribió que el ELS había masacrado a civiles secuestrados y a sodados fuera de servicio que habían tomado como rehenes, después de un intento fallido de intercambiarlos por prisioneros bajo custodia del ejército.

De igual forma, cuando 120 habitantes del pueblo de Aqrab fueron masacrados (diciembre 2013) el titular del New York Times fue ‘Miembros de una secta de Assad culpables de matanzas en Siria’. De hecho, como descubrió el periodista Alex Thompson, fueron las víctimas las que pertenecían a la comunidad alauita del Presidente. Quinientos alauitas habían sido retenidos por grupos del ELS durante nueve día antes de que en desbandada asesinaran a un cuarto de ellos. Sin embargo, sin una investigación detallada, cada acusación parecía aumentar los crímenes del Ejército Sirio, al menos para el público fuera de Siria.

Otra línea de ataque fue que había habido bombardeos ‘indiscriminados’ de zonas ‘rebeldes’, resultando en bajas civiles. La pregunta relevante era, ¿cómo desalojar grupos armados de centros urbanos? Los interesados pueden ver en detalle cómo se realizó la liberación de Qusayr, una ciudad cercana a la frontera libanesa que había sido tomada por Farouk y otros grupos salafistas, incluyendo a extranjeros. El Ejército había realizado ‘ataques quirúrgicos’, pero en mayo de 2013, después del fracaso de negociaciones, optaron por un ataque sin cuartel. Lanzaron folletos desde aviones, llamando a los civiles a evacuar. Grupos anti-gubernamentales impidieron a muchos dejar la cuidad, mientras un portavoz ‘activista’ declaró que no había ninguna salida segura para los civiles. En una crítica oportunista, el Departamento de Estado de EEUU expresó una gran preocupación por la distribución de estos folletos, declarando que ‘la orden de desplazamiento para la población civil’ demostraba ‘la brutalidad recurrente del régimen’.

En realidad, el 5 de junio, el Ejército apoyado por Hezbollah liberó Qusayr, conduciendo a los remanentes de la brigada Farouk del ELS y a sus socios de al Qaeda hacia Líbano. Esta operación es, al menos en principio, lo que se esperaría de cualquier ejército que enfrenta grupos terroristas incrustados en zonas civiles. En este punto la guerra empezó a virar decisivamente a favor de Siria.

Las acusaciones de ‘bombardeos indiscriminados’ son recurrentes. En un interrogatorio oportunista, el periodista británico John Snow exigió saber del Consejero Presidencial Sirio Dr Bouthaina Shaaban por qué el Ejército no había expulsado a ISIS de Aleppo. Unas cuantas preguntas después atacó al Ejército por sus bombardeos ‘indiscriminados’ de la misma ciudad. La verdad es que la mayoría de la lucha urbana en Siria la llevan a cabo las tropas en el terreno.

La atrocidad más politizada fue el ataque químico en agosto de 2013, en la región de Ghouta del Este, a las afuera de Damasco. Durante meses el Gobierno Sirio había estado denunciando ataques químicos terroristas y había invitado a inspectores de la ONU a Damasco. A la llegada de estos inspectores, grupos ‘rebeldes’ publicaron vídeos en Internet de niños asesinados, culpando al Gobierno Sirio de otra masacre. El gobierno de EEUU y el grupo Human Rights Watch con sede en Washington rápidamente estuvieron de acuerdo. La investigación de la ONU de los ataques químicos de los islamistas fue aparcada y la atención se trasladó a los niños gaseados. Los medios occidentales exigían una intervención. Una importante escalada en la guerra sólo fue detenida por la intervención de Rusia y su propuesta de que Siria eliminase su arsenal químico; un arsenal que Siria afirmaba nunca haber usado.

La saturación de noticias sobre el incidente en Ghouta hizo que muchos periodistas dieran por probada la culpabilidad del Gobierno Sirio. Sin embargo, esas afirmaciones eran sistemáticamente demolidas por una serie de reportes independientes. Muy poco después, un periodista con sede en Jordania informó que residentes de Ghoura culpaban al ‘Principe Saudita Bandar… de proporcionar armas químicas a grupos rebeldes afiliados a al Qaeda’.

Más tarde, un grupo sirio, liderado por la Madre Agnes Mariam, proporcionó un examen detallado de las pruebas de los vídeos, afirmando que los vídeos de la masacre precedieron al ataque y usaron imágenes ‘falsas’ y ‘fabricadas’. Informes detallados también llegaban de fuera de Siria. El veterano periodista estadounidense Seymour Hersh escribió que las pruebas de la inteligencia de EEUU habían sido fabricadas y ‘manipuladas… para justificar la intervención contra Assad’.

Un grupo de abogados y escritores turcos manifestaron que ‘la mayoría de los crímenes’ contra civiles sirios, incluido el ataque en Ghouta, fueron perpetrados por ‘fuerzas armadas rebeldes en Siria’. El grupo del ELS Liwa al Islam patrocinado por Arabia Saudí fue el responsable más probable del ataque químico en Ghouta. Un informe posterior de la ONU no adjudicó la culpabilidad pero sí confirmó que armas químicas habían sido utilizadas en Siria por lo menos cinco veces.

En tres ocasiones fueron utilizadas contra ‘soldados y civiles’. La conclusión clara fue que eran ataques anti-gubernamentales llevados a cabo por rebeldes. Los investigadores del MIT Lloyd y Postol concluyeron que el gas Sarin ‘era imposible que hubiese sido lanzado desde zonas controladas por el Gobierno Sirio’.

A pesar de todas las evidencias en estos informes, combinados, ni el Gobierno de EEUU ni Human Rights Watch se han retractado o disculpado por sus falsas acusaciones. Y es más, los gobiernos y los medios occidentales repiten estas afirmaciones como si fueran hechos, incluso a veces mintiendo sobre informes de la ONU para corroborar sus falsedades.

Cuando me reuní con el Presidente Assad, con un grupo de australianos, su actitud fue enteramente consistente con su imagen de un amable oculista anterior a 2011. Expresó una gran preocupación por el impacto en los niños de ser testigos de atrocidades terroristas mientras fanáticos gritan ‘Alá es Grande’. Ciertamente, este hombre no es un bruto, al contrario de Saddam Hussein o George W. Bush.

El factor clave en la supervivencia de Siria ha sido la cohesión, la determinación y el apoyo popular al Ejército. Los sirios saben que su Ejército representa la Siria plural y que éste ha estado luchando contra el terrorismo sectario patrocinado por países extranjeros. Este Ejército no se fracturó por diferencias sectarias, como los takfiris esperaban que sucediera, y las deserciones han sido mínimas, menos del 2%.

¿Ha cometido abusos el Ejército? Probablemente, pero principalmente contra los grupos armados. Hay algunas pruebas de ejecuciones de terroristas extranjeros. Ciertamente eso es un crimen, pero probablemente tiene un amplio apoyo popular en Siria, en estos momentos. La principal contención de estos abusos parece ser la orden al ejército del ‘Sr. Corazón Blando’ de salvar la vida de rebeldes sirios.

Sin embargo, a pesar de las repetidas declaraciones de islamistas sectarios y de sus patrocinadores occidentales, no hay pruebas convincentes de que el Ejército haya deliberadamente bombardeado y gaseado a civiles. Tampoco habría un móvil. Tampoco el comportamiento de la población en las calles corroboraría esas declaraciones. La mayoría de los sirios no culpan a su ejército de la violencia horrenda de esta guerra, sino que culpan a los terroristas patrocinados por países extranjeros.

Estos son los mismos terroristas patrocinados por los gobiernos de EEUU, Gran Bretaña y Francia, que se esconden detrás de la denominación mítica de ‘rebeldes moderados’ mientras recitan su catálogo de falsas acusaciones.

La alta participación (73%) en las elecciones presidenciales, a pesar de la guerra, fue al menos tan significativa como el alto porcentaje de los votos que recibió Bashar (88%). Incluso la BBC no pudo esconder las enormes multitudes que salieron a votar, en especial la que tomó al asalto la Embajada Siria en Beirut.

La participación en EEUU ni se le acerca; de hecho ningún líder occidental puede reivindicar un mandato tan democrático como el de este ‘dictador’. La magnitud de la victoria de Bashar pone en relieve la cruda realidad: nunca hubo una revuelta popular contra este hombre; y su popularidad ha aumentado.

Tim Anderson | Catedrático de Economía Política en la Universidad de Sidney. Ha investigado el conflicto sirio desde 2011 y visitó Siria en diciembre de 2013.

Fuente: Libre Red

La cultura represora tiene mil caras. El vero ícono, el verdadero rostro se ha perdido y ya nadie recuerda las facciones originarias. Las caras en realidad son las máscaras, los ropajes, las túnicas del Poder. Disfraces que pretenden ocultar, y casi siempre lo consiguen, a los ángeles exterminadores con camouflaje y maquillaje de querubines, vírgenes y herbívoros. Jugamos en el bosque, en los pocos bosques que quedan, mientras no está el lobo feroz. Pero llega rápido, con una ley de hidrocarburos bajo el brazo.

Lobos feroces que se escondieron en los albores de la democracia, se pintaron la cara a los pocos años, y ahora ocupan el centro de la escena con un discurso xenófobo con el mantra justificatorio de la inseguridad. La década ganada donde la pulseada entre política y economía era ganada por la política, da paso a otra década donde sigue ganando la política, pero ahora despojada de los disfraces de los humanos derechos. La cultura represora cultiva como una de sus más preciados tesoros la paradoja. El Comité Oscar Romero de Buenos Aires, con la firma de su coordinador Gerardo Duré denuncia: “La masacre de estudiantes y civiles (en México) ocurrida entre el 26 y 27 de septiembre debe ser tipificada como crimen de Estado. Más allá del involucramiento directo de policías y paramilitares pertenecientes al municipio de Iguala, existen múltiples indicios que sugieren el montaje de una provocación mayor. La existencia de un plan deliberado, coyuntural y de largo aliento, promovido con el respaldo del representante del Poder Ejecutivo, Enrique Peña Nieto, y de los altos mandos políticos, policíacos y militares encargados de la Seguridad Nacional que se coordinan cotidianamente con agencias de seguridad estadounidense como la DEA, la  CIA, el FBI, la ASN y el mismo ejército estadounidense”. Iguala: el municipio del exterminio. Recuerdo al cura Grassi, y su peculiar forma de entender cómo son “Felices los Niños”.

La cultura represora siempre ha buscado ocultar los exterminios que son su constante de ajuste.

“La solución final” denominación encubridora del holocausto. El “descubrimiento de América”, la “Conquista del Desierto”, el “Proceso de Reorganización Nacional”, siniestras falsedades cuyo fundante siempre es la masacre. Las mil caras de la cultura represora están bajo el manto de neblina de la “falsedad”. El relato de la mejor derecha, es decir, la derecha que es capaz de mostrarse como de centro, incluso de centro izquierda, no es verdad ni es mentira. Como dijo el poeta: es según el color del cristal con que se mira. Y el color del cristal es el color del Poder. Color que pinta la realidad con el engañoso barniz de lo falso. La mentira tiene patas cortas. Pero la falsedad anda con zancos. Y con esas patas logran puentear cualquier realidad. El “per saltum” es la organización permanente en la cual el centralismo deja toda pretensión de democrático.

Se cacarea federalismo, pero los unitarios han copado todas las paradas. En la política burguesa nada es verdad y nada es mentira. Si Macri pregona que “en todo estás vos” no es difícil mostrar que es una mentira. Pero el kirchnerismo puede sostenerse como defensor de los derechos humanos lo que no es verdad, pero tampoco es mentira. No es verdad porque nunca, pero nunca, se pronunciaron contra el indulto de Menem, por ejemplo, o firmando habeas corpus, sin ir mas cerca. Pero tampoco es mentira, porque propiciaron juicios contra genocidas y ampararon a Madres y Abuelas de la Plaza. Entonces hay que salir de la ingenuidad suicida que “hay cosas buenas y hay cosas malas”. Lo bueno es una forma de legitimar lo malo. Nadie diría que “le pega y la acaricia”. El cachetazo anula la caricia. Cualquiera sabe que el golpeador acaricia para poder cachetear. Los gobiernos también practican violencias a escala industrial. Y necesitan también practicar ternuras en la misma escala para sostener el auto indulto de todos los días. Con o sin balas de goma.

La cultura represora construye falsedades porque sabe que paralizan, confunden, desorientan, y logran que los hermanos nunca más estén unidos. Una de las falsedades que están de moda, son las denuncias contra la corrupción. Hasta Menem hablaba de la corrupción estructural, supongo que en un avance de su autobiografía. Haber instalado en la “agenda” el tema de la corrupción es un triunfo absoluto de la cultura represora.

Corromper es la alteración de la forma o la estructura original y verdadera. O sea: aceptar lo corrupto es aceptar que lo puro fue degradado. “Roba pero hace, cuando en realidad hace para poder robar” como señala un aforismo implicado. La corrupción es una forma de blanquear la matriz estafadora de la gestión pública. En la cual lo peor son los buenos, porque ayudan a la impunidad de los malos. Obviamente, esos buenos si realmente lo fueran no aceptarían trabajar con los malos. O sea que también son malos. Y los malos siguen siendo cada vez más malos, aunque no necesariamente feos y mucho menos sucios. Todos los malos tienen su amigo judío y algunos judíos se dejan tentar por los malos. El pueblo palestino mucho sabe de esto. No hay pureza que se ha corrompido. La falsedad necesaria: la democracia es blanca y radiante como la novia pero se ha corrompido por los mercaderes de casi todos los templos. Toda democracia ha sido siempre democracia de clase, desde la “gran democracia del norte” hasta las democracias bizarras de “costa pobre”. Encubrir el fundamento clasista de la democracia es más agua contaminada para los molinos del poder represor. El voto universal, obligatorio y secreto es el santo grial al cual los cruzados del poder se abalanzan cada dos años.

Menem, el mejor y el peor de todos, tres veces triunfante en elecciones, sacó patente de corso y de falso cuando digo: “vengo a cambiar la historia”. Y la cambió tanto que lo llamó a Alsogaray. Muy pocos en esos tiempos se lo demandaron. De los muchos que no se lo demandaron, la mayoría enarbola hoy discursos anti liberales, y mal dice a los 90. La falsedad siempre es un recurso de los métodos de la derecha. Cuando colapsa, porque hasta sus piernas largas pueden ser insuficientes, aparecerán los palos para llenar las bolsas de NN.

“A Dios rogando y con el mazo dando” definición contundente de la falsa piedad del cristiano represor. José Schulman, secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, en sus Crónicas del Nuevo Siglo señala: “Para los cultores del “realismo” en la lucha política, aquellos cultores del respeto irrestricto de la “correlación de fuerzas” hasta reducir el accionar del movimiento social y político a la búsqueda de lo “posible” de alcanzar, nunca más de lo posible porque sería descabellado y terminaría “haciendo el juego a la derecha”, son días difíciles y ciertamente incómodos.

“Luego de diez años de juicios contra los perpetradores del genocidio y de construcción de políticas públicas de memoria y de auto erigirse en el modelo de respeto a los derechos humanos, la parte mayoritaria de la fuerza política en el gobierno comienza a asumir sin culpas ni complejos el discurso por medio del cual la derecha clásica y nostálgica resistió esas políticas de Juicios y Memoria hasta lograr instalar en la agenda social su propia secuencia de la historia reciente.”

Para que pueda tener remedio, es necesario pensar que no se trata de una verdad triste, sino de una falsedad burlona. Después de haber encontrado el cuerpo de Luciano Arruga enterrado como NN, asesinado por nuestra “maldita policía”, aparece el discurso de la seguridad basada en la expulsión de los extranjeros delincuentes. El colombiano, mejicano, peruano, que practican el turismo delito. Otra falsedad. Porque siendo verdad, también es mentira.

La misma falsedad de la Ley de Residencia. O aquella de que achicar el Estado era agrandar la Nación. O que el Estado somos todos (y todas). Corrupción es la falsedad que es la verdad en zancos. Nada puro se ha corrompido. Ni la Patria, ni Dios se lo demandan. Por el contrario: otorgan impunidad y jubilaciones de todos los privilegios. Llegan para robar y se van con la satisfacción del deber cumplido. La inseguridad es otra falsedad.

Hay planificadas políticas de exterminio y la solución parcial y final es que las víctimas sean las culpables. Los victimarios en Puerto Madero, las víctimas en las cárceles, escuela para los represores de ayer, de hoy y de mañana. La cultura represora elogia la corrupción: siempre construirá el puro que nos devolverá la fe perdida. Arrasemos con esa falsedad. No hay corruptos: son los más puros exponentes de la más cruel explotación de clase. Así en la tierra como en el cielo, así en dictadura como en democracia.

Fuente: Resumen Latinoamericano

La industria del petróleo y las multinacionales en general han sacrificado los beneficios en el corto y el mediano plazo pensando en “ganancias futuras”.

Introducción

No hay duda de que tras las conquistas militares estadounidenses, guerras, ocupaciones y sanciones –y durante unos cuantos años después–, las corporaciones estadounidenses han salido perdiendo en relación con posibles sitios donde invertir provechosamente. Las pérdidas mayores se han dado en la explotación de recursos naturales –sobre todo, gas y petróleo– en Medio Oriente, el Golfo Pérsico y Asia del Sur.

Como resultado de ello, los observadores han especulado acerca de profundas fisuras e intereses contradictorios en el interior de la clase dirigente estadounidense. Su argumento es que, por un lado, las elites políticas vinculadas con los grupos de presión proisraelíes y el poderoso complejo industrial-militar promueven una política exterior altamente militarizada y, por el otro, algunas de las corporaciones más grandes y ricas tratan de encontrar soluciones basadas en la diplomacia.

Aun así, da la impresión de que la “división en las altas esferas” no se ha materializado. Por ejemplo, no hay pruebas de que las empresas multinacionales del petróleo hayan procurado oponerse a las guerras de Iraq, Libia, Afganistán y Siria. Tampoco las 10 mayores empresas petrolíferas –con un activo neto por encima del 1.100.000 millones de dólares– movilizaron sus lobbies e influencias en los medios por la causa de una penetración pacífica del capital y una dominación de los yacimientos hidrocarburíferos por medio de sus clientes neoliberales.

En el periodo previo a la guerra de Iraq, las tres mayores empresas estadounidenses del sector del petróleo –Exxon-Mobil, Chevron y Conoco Phillips–, impacientes por explotar la tercera reserva mundial de crudo, no hicieron lobby en el Congreso ni ejercieron presión sobre la administración Bush o, más tarde, la administración Obama para conseguir una solución pacífica del conflicto.
De nada sirvió que las “Big Ten”* desafiaran con una política alternativa al lobby israelí a favor de la guerra y sus falsos argumentos que aseguraban que Iraq tenía armas de destrucción masiva.

Una “pasividad política” similar se puso en evidencia durante el periodo anterior a la guerra en Libia. En realidad, las grandes petroleras estaban a punto de firmar unos lucrativos acuerdos cuando los militares de Washington volvieron a golpear y destruyeron el gobierno libio e hicieron trizas la estructura económica libia.

Es posible que las grandes petroleras hayan lamentado la pérdida del crudo y de los beneficios económicos pero no hubo un esfuerzo concertado –ni antes ni después de la debacle libia– para examinar críticamente o evaluar la pérdida de la muy importante región productora de crudo. En el caso de las sanciones económicas contra Irán, que posee la segunda reserva mundial de hidrocarburos, las multinacionales se hicieron notar por su ausencia en los pasillos del Congreso y el departamento del Tesoro. Los prominentes sionistas y responsables políticos Stuart Levey y David Cohen diseñaron y pusieron en marcha unas sanciones que impedían invertir o comerciar con Teherán a cualquier empresa petrolífera de Estados Unidos (y de la Unión Europea).

De hecho, a pesar de la aparente diferencia de intereses entre una política exterior altamente militarizada y el esfuerzo global de la corporación multinacional destinado a la acumulación de capital, no han surgido conflictos de tipo político. La pregunta básica que se hace este documento es esta: ¿Por qué la más importante corporación multinacional agacha la cabeza ante una política exterior imperial de la cual resulta la pérdida de oportunidades económicas?

Por qué fracasa la corporación multinacional si se trata de oponerse al militarismo imperial

En la cuestión del acomodamiento de la corporación multinacional a la altamente militarizada expansión imperial hay varias hipótesis posibles.

En primer lugar, los CEO2 de la corporación multinacional quizá pensaran que las guerras, sobre todo la de Iraq, serían breves y conducirían a una etapa de estabilidad bajo un régimen clientelar deseoso y capaz de privatizar y desnacionalizar el sector del petróleo y el gas. En otras palabras, las elites del petróleo compraron los argumentos de Runsfeld, Cheney, Wolfowitz y Feith, que decían que “la guerra se pagaría sola”.

En segundo lugar, incluso después de la larga y destructiva guerra y la profundización de los conflictos sectarios, muchos CEO creían que la década perdida se compensaría con una “larga etapa” de ganancias. Pensaban que los beneficios fluirían una vez que se estabilizara el país. Sin embargo, las mayores entradas por el crudo habidas después de 2010 resultaron inmediatamente amenazadas por la ofensiva del Estado Islámico. Los “tiempos” imaginados por los estrategas fueron al menos subestimados, si no totalmente equivocados.

En tercer lugar, la mayor parte de los CEO creía que la invasión de Libia por fuerzas de EEUU y la OTAN daría lugar a una situación de propiedad monopólica con beneficios mayores de los que recibían de la empresa mixta (mitad pública, mitad privada) con el régimen de Gadafi.
Los principales del petróleo pensaban que se harían con el control total o monopólico del sector. Es decir, que la guerra permitiría que la corporación multinacional del crudo tuviera asegurados beneficios monopólicos durante un prolongado periodo. En lugar de eso, el final de una asociación estable condujo a la corporación a un mundo hobbesiano en el que el caos inhibió cualquier beneficio económico extraordinario y de largo plazo.

En cuarto, la corporación multinacional, incluyendo las del sector del petróleo, había invertido en cientos de empresas de varias docenas de países. Estas empresas no se vinculan con una sola localización. Dependen entonces de un estado imperial militarizado que defienda sus intereses globales. Por lo tanto, es probable que estén poco dispuestas a cuestionar o desafiar a los militares en, digamos Iraq, por el temor de que eso podría poner en peligro intervenciones imperiales estadounidenses en otros sitios del mundo.

En quinto término, muchas multinacionales están entrelazadas en distintos sectores económicos: invierten en campos petrolíferos y en refinerías; en bancos, financieras y aseguradoras, como también en distintos sectores extractivos. Según su grado de diversificación del capital, las corporaciones son más o menos dependientes en cada región, sector de actividad o fuente de beneficios.
Por consiguiente, las guerras destructivas que se produzcan en uno o en varios países, es posible que no tengan efectos tan perjudiciales como sucedía en el pasado, cuando las grandes petroleras solo se ocupaban del petróleo.

En sexto lugar, el énfasis de las agencias del estado imperial de EEUU está puesto mayormente en las actividades militares y no en las de tipo económico. El grueso de la burocracia internacional de Estados Unidos está compuesto por oficiales militares, de inteligencia y de contrainsurgencia. Por el contrario, China, Japón, Alemania y otros países emergentes (Brasil, Rusia e India) tienen un gran componente económico en su burocracia de ultramar. La diferencia es importante. Las corporaciones estadounidenses no tienen acceso a funcionarios del ámbito económico como sí lo tienen las grandes empresas chinas. La expansión de China y sus corporaciones fuera de sus fronteras se ha construido alrededor de un sistema de poderosos apoyos económicos y agencias. Las corporaciones estadounidenses deben tratar con jefes de las Fuerzas Especiales, agentes secretos y “funcionarios” muy militarizados. En otras palabras, es ineludible que el CEO en búsqueda de “apoyo estatal” se vea frente a interlocutores militares en su mayor parte, que ven a las corporaciones como instrumentos de su política en lugar de sujetos políticos.

Séptimo, los últimos 10 años han sido testigos del surgimiento del sector financiero como destinatario dominante del apoyo gubernamental. Como resultado de ello, la gran banca ejerce una importante influencia en las políticas públicas. Siendo así, la verdad es que mucho del dinero del “negocio del petróleo” ha ido a parar a las finanzas y a los beneficios acumulados por el saqueo del Tesoro. Como consecuencia de esto, los intereses del petróleo se fusionan con los del sector financiero; en gran medida, sus “beneficios” dependen del estado, como sucede en las explotaciones en el extranjero.

En octavo término, mientras las grandes petroleras tienen enormes sumas de capital, localizaciones diversas y diversificación de actividades, su dependencia de la protección estatal (militar) debilita la oposición que puedan sentir en relación con las guerras que Estados Unidos libre en países con posibilidades de lucro relacionadas con el petróleo. Como consecuencia de esto, otros poderosos lobbies que abogan por la guerra y no se ven exigidos por esas limitaciones gozan de total libertad. Por ejemplo, los sectores de poder que trabajan a favor de Israel tienen bastante menos “capital” que cualquiera de las 10 petroleras más importante; sin embargo, cuentan con un número mayor de lobbistas con mucha más influencia sobre los congresistas. Por otra parte, su propaganda (apalancamiento mediático) es mucho más efectiva que la de las grandes petroleras. Son muchos los críticos de la política exterior de Estados Unidos, incluyendo sus políticas relacionadas con el uso de la fuerza militar y de las sanciones, que están más dispuestos a criticar a las grandes petroleras que a los lobbies sionistas.

Finalmente, el aumento de la producción estadounidense de hidrocarburos como resultado del empleo de la tecnología del fracking proporciona a las grandes petroleras nuevas localizaciones –lejos de Medio Oriente– donde obtener beneficios económicos, incluso pensando que los costos pueden ser mayores y de menor duración las explotaciones. La industria del petróleo ha reemplazado las pérdidas en Medio Oriente –debidas a las guerras– con inversiones en el territorio nacional.

No obstante, existe tensión y conflicto entre el capital ligado al petróleo y el poder militar. El caso más reciente tiene que ver con los planes de inversión de Exxon-Mobil por un total de 38.000 millones de dólares en un emprendimiento conjunto –con la concesión petrolera rusa Rosneft– en el Ártico ruso. Las sanciones contra Rusia impuestas por Obama han paralizado el acuerdo, lo que ha provocado gran consternación de los CEO de Exxon-Mobil, que ya había invertido 3.200 millones de dólares en una zona tan extensa como el estado de Texas.

Conclusión

Es posible que los conflictos –los latentes y los ya manifiestos– entre el poder militar y la expansión económica al final encuentren una mayor articulación en Washington. Sin embargo, de momento, debido a las estructuras globales y a la orientación de la industria del petróleo y a su dependencia de los militares para la “seguridad”, esta industria en particular, y las corporaciones multinacionales en general, han sacrificado los beneficios en el corto y el mediano plazo pensando en “ganancias futuras”, con la esperanza de que las guerras se acabarán y regresarán así los beneficios más lucrativos.

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Notas:

1. “Big Ten”, las 10 principales empresas petrolíferas de EEUU. (N. del T.)

2. CEO es el acrónimo de chief executive officer, la máxima autoridad ejecutiva en una empresa. (N. del T.)

Artículo original: http://petras.lahaine.org/?p=2007 - Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Riba García

Fuente: Lahaine.org

El gobierno israelí redobló sus políticas de expansión sobre Palestina. Al plan de anexión se suma la represión permanente a la que es sometida la población de Cisjordania y Gaza, las dos regiones que todavía no pudieron ser arrebatadas por Israel.

El Ejecutivo de Tel AViv anunció la construcción de 1.060 viviendas en Jerusalén Este en una nueva avanzada sobre los históricos territorios palestinos. Ante la avalancha de críticas, entre las que se encontraban las de Estados Unidos y la Unión Europea (UE), el primer ministro hebreo, Benjamín Netanyahu, afirmó que ambas partes están “desconectados de la realidad”.

Aunque Washington y la UE son aliados de Israel, Netanyahu arremetió diciendo que “esas declaraciones alientan la retórica vacía de los palestinos”. Es preciso recordar que los intentos de acuerdos de paz entre Israel y Palestina tienen como traba principal la negativa de Tel Aviv de suspender la construcción de asentamientos en tierras palestinas, hecho condenado por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El primer ministro argumentó que “la UE y Estados Unidos están aplicando un doble rasero cuando se trata del conflicto entre israelíes y palestinos” y, sin prueba alguna, sostuvo que “permanecen en silencio” cuando el titular de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, “incita al asesinato de judíos”.

Las nuevas construcciones abarcan 660 unidades habitacionales en el barrio de Ramat Shlomo y otras 400 en el de Har Homa. El plan es similar al que viene aplicando Israel con el objetivo de anexar la mayor parte del territorio palestino. Declarada la tregua luego de la invasión israelí a Gaza este año, denominada “Borde Protector” y que dejó como saldo más de 2.000 palestinos asesinados, Tel Aviv anunció la toma de control de 400 hectáreas en Cisjordania.

Desde la ANP, el lunes pasado solicitaron al Consejo de Seguridad de la ONU “que frene de inmediato la nueva ola de asentamientos que han sido autorizados por el gobierno israelí”. El canciller palestino, Riad Malki, advirtió que las condenas contra Tel Aviv existen “pero no se consigue que Israel pare esas actividades”.

Yibril Rayub, dirigente del movimiento Al Fatah que controla la ANP, alertó que la política israelí de expansión podría provocar una “explosión” de violencia en los territorios palestinos. “Si quiere seguir apretándonos a todos en un círculo vicioso de sangre y muerte, llegaremos al mismo final que en Gaza”, afirmó. A las críticas también se sumó el jefe negociador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, quien declaró que el anuncio de Israel “es una prueba más de la intención de perpetrar crímenes castigados por el Derecho Internacional”.

La expansión de Israel a través de asentamientos acarrea despliegues militares que aseguren que los colonos judíos ingresen “protegidos” a tierra palestina. Los hechos represivos contra los pobladores de Palestina para expulsarlos de sus territorios son parte fundamental de los planes israelíes.

La represión cotidiana

En una situación que se ha vuelto habitual para los pobladores palestinos, las fuerzas de seguridad hebreas atacaron ayer diferentes puntos de Cisjordania, dejando como saldo a decenas de pobladores heridos y varios detenidos. También se conoció que policías fronterizos israelíes hirieron el domingo a los periodistas Lazar Simeonov y Maydi Mohamad, (éste último de la agencia AP) que cubrían el funeral de un adolescente palestino de 14 años en Cisjordania.

En declaraciones a la cadena Russia Today, el ex soldado israelí Nadav Bigelman, declaró que “las tropas israelíes que sirven en Cisjordania no tratan a los palestinos como seres humanos y cuando se les ordena detener a alguien tratan con la misma dureza a adultos y a niños”.

Estas palabras fueron emitidas días después de que la organización de derechos humanos B’Tselem denunciara que dos uniformados hebreos habían detenido en Hebrón a un niño palestino discapacitado mental, al que acusaban de lanzar piedras contra los residentes de una colonia judía. El organismo presentó un video en el que se observa cómo los soldados esposan y vendan los ojos al menor, y luego lo introducen por la fuerza en un vehículo militar.

Al ser consultado por este hecho, Bigelman aseveró que “desgraciadamente no me sorprendió. Como un soldado que sirvió también en Hebrón, como un soldado de combate que sirvió entre los años 2007 y 2010, participé en varios arrestos de este tipo”. El ex militar agregó que antes de dejar las filas militares “empecé a pensar que, tal vez, el problema sea mucho más grande y que esta es la naturaleza de la ocupación, (porque) así es como se controla a millones de personas”.

Al respecto, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que cada año alrededor de 700 niños palestinos en edades de entre 12 y 17 años son arrestados, interrogados y detenidos.

Anexión de tierras y represión a los pobladores, la fórmula que desde hace sesenta años la maquinaria israelí aplica en Palestina, sin importar resoluciones de la ONU o condenas internacionales.

Fuente: Resumen Latinoamericano

La actuación de Mariano Rajoy entrevistándose con la mujer del detenido fascista venezolano Leopoldo López muestra su servilismo hacia una potencia extranjera, EEUU.

Hay figuras públicas de dudosa reputación, personajes que ocultan un pasado o un oscuro presente, figuras públicas anodinas, políticos corruptos, embusteros y pusilánimes, oposiciones reaccionarias y retrógradas pero si algo caracteriza a la oposición venezolana son los adjetivos de “golpista” y “violenta”.

Desde que Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela no ha habido día en que la oposición no intentara derrocar al presidente electo. Golpes de estado, sabotajes, asesinatos, acaparamiento de alimentos, actos terroristas… el método que menos ha utilizado ha sido la contienda electoral.

Para la oposición venezolana las elecciones han tenido, desde el triunfo continuado del proyecto bolivariano, un carácter complementario de la desestabilización. Tal vez porque, a diferencia de los tradicionales golpes en Latinoamérica, estamos en otro momento histórico en el que las fuerzas progresistas europeas son débiles y los procesos transformadores están más localizados geográficamente. De ahí que los gobiernos europeos reconozcan sin sonrojarse a gobiernos como el de Ucrania, resultado de un golpe de estado de corte fascista o apoyen las campañas de opositores fanáticos y agresivos.

El caso es que la oposición venezolana parece entender las votaciones como una tapadera para obtener legitimidad internacional que avale sus desmanes y maquille a unos líderes con amplio historial violento. Algo que sólo es posible por la complicidad de los medios de comunicación y la connivencia de gobiernos como el español que no dudan en apoyar a personajes como Leopoldo López situándose así a su altura democrática.

Sobre los medios de comunicación, venimos denunciando desde hace años la guerra mediática contra Venezuela pero ¿acaso podrían hacer otra cosa unos medios de contaminación cuya propiedad está en manos de grandes corporaciones? No olvidemos que sólo seis conglomerados de empresas controlan toda la información que circula por el planeta y de ellos, cuatro son de capital estadounidense y en el quinto tiene participación. Así, no es descabellado sostener que más del 99% de la información que recibimos sobre Venezuela, es decir, la difamación sistemática de su gobierno así como la ocultación y tergiversación de las acciones de la oposición, siguen criterios muy interesados.

Lo que resulta un tanto sorprendente, sólo un poco, es que un gobierno como el español haga declaraciones y actúe en contra de los intereses del Estado y del pueblo al que dice representar. Caben dos hipótesis, una, que nuestros gobernantes desconozcan el perfil de la oposición venezolana, dos, que estén actuando al servicio de intereses ajenos.

La actuación de Mariano Rajoy entrevistándose con la mujer de Leopoldo López -que anda de campaña contra el gobierno venezolano-, y sus declaraciones respecto al juicio que se sigue contra su marido por delitos de daños, incendios, instigación y asociación para delinquir, no son sólo actos de ingerencia en un país soberano, son acciones que define el talante democrático del presidente español y su gobierno. Por un lado, la proximidad entre la derecha golpista venezolana y el Partido Popular, por otro, su servilismo hacia una potencia extranjera, Estados Unidos.

El pedigrí golpista de Leopoldo López es tan puro como el de Rodolfo Capriles (hasta hace poco cara visible de la oposición venezolana). Pero tras la derrota electoral de Capriles y su partido en las elecciones del 2013 y 2014, hubo que cambiar el rostro opositor pues también cambió la estrategia desestabilizadora. Si las elecciones eran un complemento para derrocar al gobierno ahora ya ni siquiera serán eso. Cambió el plan de intervención en Venezuela.

Leopoldo López, que hasta el 2011 no era una opción política –según los cables de wikileaks- para derrocar electoralmente al gobierno venezolano, porque generaba división dentro de la propia oposición y era excesivamente beligerante y extremista, pasó a convertirse en el rostro opositor venezolano en las calles, o, como gusta decir a nuestra derecha ultramontana “la disidencia” venezolana. Cualquier parecido con la terminología anticubana es pura casualidad: damas de blanco, maridos encarcelados, giras europeas, denuncias del Alto comisionado de derechos humanos de NNUU, etc.

Está ampliamente documentado el vínculo de Estados Unidos con la oposición venezolana a la que ha financiado durante más de 12 años pero también es pública la vinculación de Leopoldo López con el golpe de Estado de 2002 contra Chávez, encabezando la marcha al Palacio de Miraflores que provocó la muerte de decenas de personas, o su inhabilitación política por la malversación de recursos públicos cuando era alcalde de Chacao.

Cualquier demócrata bien informado pondría el grito en el cielo temiendo que el currículo de Leopoldo López salpicara a las instituciones de su país. Pero aquí, en el Estado español, nos limitamos a denunciar a la “casta” por lo que roban económicamente, sin pararnos a denunciar lo que nos roban en términos de dignidad. Mariano Rajoy y su política exterior hacia Venezuela es un ejemplo más de que no somos, a diferencia de los venezolanos, un pueblo soberano sino un pueblo intervenido al que cada día que pasa le roban otro pedazo más de dignidad.

Fuente: Red Roja

Frases

"Escuchad mi última voz... Os pido... Os ruego, que permanezcan unidos para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propios verdugos..."
          Simón Bolívar

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