No podemos confiar “ni un tantico así”, como decía El Che, en ninguno de los exponentes del actual estatus estadounidense, por más florituras ideológicas que puedan desplegar al abordar cualquier eventual diálogo que pueda proponerse. Sólo me inspirarían confianza aquellos sectores avanzados del pueblo oprimido que, habiendo alcanzado una clara conciencia de clase, al parecer comienzan a hacer pininos para lograr su total redención. ¡Qué viva la muy incipiente revolución estadounidense!

En medio de un total frenesí, en estado de Nirvana, el enajenado psicoterrorista Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos para más señas, llegó eufórico a la activa frontera entre Colombia y Venezuela, atiborrado de un vocabulario agresivo y altisonante, reñido con las funciones diplomáticas que se supone su cargo exige. Este triste personaje perdió hace rato la ecuanimidad y la cordura, ha terminado por comportarse peor que los más rabiosos neofascistas de la fauna opositora criolla. Cuando habla, brama más duro que ellos, superando incluso a los perros de la guerra. Por sus ojos hambrientos solo sale odio y sed de venganza, ansioso por restaurar los privilegios de clase de las logias conservadoras.

El presidente estadounidense Donald Trump le puso la nota de color a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sus aseveraciones, muy cercanas al cinismo, no sólo provocaron una cascada de risas en el auditorio, sino que el ambiente de la gran sala de sesiones se inundó de estupor por la agresividad de su discurso.

Donald Trump le puso la nota de color a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sus aseveraciones —cercanas al cinismo— no sólo provocaron risa en el auditorio, sino que el ambiente de la gran sala de sesiones se inundó de estupor. Trump llegó tarde a su turno y debió hablar después de su par ecuatoriano, y en cuanto comenzó su alocución —cargada de autoelogios y chauvinismo—, el número uno de la potencia militar más temible del planeta hizo reír. La actitud de los oyentes incomodó al magnate, quien atinó a articular: “No esperaba esa reacción, pero está bien…”, relata la prensa mundial.

“Estados Unidos tiene la doble condición de ser nuestro más grande y poderoso vecino y la primera potencia económica, científica y militar de los tiempos modernos. Nos movemos en la misma órbita y con ellos compartimos –nosotros en la pequeña proporción que corresponde a nuestras reducidas y limitadas capacidades– la defensa de la civilización occidental”. La frase es del dos veces presidente colombiano (1945-46; 1958-62) Alberto Lleras Camargo, quien fue uno de los principales representantes de la oligarquía liberal, además de primer Secretario General de la Organización de Estados Americanos (1947-54); ferviente impulsor de la Alianza para el Progreso de Kennedy, así como fundador de la revista Semana. Pero no se crea que sus palabras remiten exclusivamente a una posición personal. Como nos recuerda un historiador de ese país, la doctrina respice polum (“Mirar hacia el norte”) era moneda común de la diplomacia colombiana por lo menos desde la segunda década del siglo XX, y lo sigue siendo hasta la fecha.

Frases

“Tenemos que ayudar todos los días al nacimiento de la conciencia cuando no la haya, y al fortalecimiento de la conciencia cuando ya exista.”

Hugo Chávez Frias

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº83

 

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 Cuadernos para la Emancipación  Número Especial  1. Junio 2018.

 

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