Un mural pintado en el interior del edificio del parlamento de Ecuador por el famoso pintor ecuatoriano, Oswaldo Guayasamín, titulado “Imagen de la Patria” incluye una imagen de una calavera sonriente con un casco estampado con la sigla “CIA”. Cuando el mural fue inaugurado el mes de agosto de 1988 Guayasamín explicó que esta imagen representa todas las amenazas contra su país natal. Y que durante casi tres décadas la “Calavera de la CIA” ha acechado a los diputados del parlamento con una siniestra sonrisa.

A John Kelly, jefe de Gabinete de Trump se le acaba de salir cándidamente (filtrado a propósito, seguramente), unas supuestas “duras palabras” contra uno de sus más fieles aliados, y además vecino fronterizo, como lo es México. Soltó algo así como que la “situación de seguridad y la inestabilidad política en México está fuera de control” y “al borde del colapso”. Ni una reprimenda o llamado de atención ante la ONU, la OEA, la CIDH y afines sobre los miles de muertos, torturados, desaparecidos y la corrupción campante. Un Estado fallido controlado por mafias de funcionarios-narcotraficantes, mandando nada menos que a lo largo de los 3.185 kilómetros de frontera conjunta. Allí no hay muro que valga. Tampoco hay declaraciones quejosas, ni para nada amenazas de invasiones militares o decretos imperiales por parte de los gringos. Nada de afirmar públicamente que México es una serísima amenaza a la seguridad nacional norteamericana.

Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, y al cabo de  dieciséis años de ocurrido, persiste la duda razonable sobre la real autoría de este hecho; así, la polémica sigue en el tapete, al surgir voces que no favorecen las versiones incoherentes y hasta ilógicas sostenidas por la Casa Blanca, como lo argumenta el intelectual canadiense Michel Chossudovsky en su libro, La Mundialización de la guerra: la guerra prolongada de Estados Unidos en contra de la humanidad (2015).

Estados Unidos siempre ha tenido el temor de no poder mantener dos guerras a la vez. En el entusiasmo del consenso logrado para invadir y destruir Afganistán –chivo expiatorio de los atentados a las Torres Gemelas, para librar de responsabilidades a Arabia Saudita, su aliado carnal–, el gobierno estadunidense se lanzó, en ese momento sólo con el apoyo de Gran Bretaña, a invadir y a destruir el país de la más antigua civilización del mundo –Irak, y década y media después todavía están por allá. No han logrado salir de ninguno de los dos países, a pesar de haberlos destruido.

Por primera vez en muchas décadas, los militaristas globalizadores de Washington y sus aliados incondicionales de la OTAN e Israel han sufrido una derrota en Oriente Medio al no poder destruir el Estado sirio y derrocar a su presidente, Bashar Asad, después de más de cinco años de subversión, terror, sanciones y guerra.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46