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Gente pobre y gente normal

Gabriela Michetti, la exvicepresidenta de la Nación Argentina, expresó en la provincia de Tucumán en abril de 2016 que “la droga mata a los pobres como a la gente normal”. La “normalidad” que invocaba la dirigente del PRO-Cambiemos puso en evidencia su densidad intelectual y política. Y agregó, como un cálido consejo de resignación: “sepan aguantar hasta que dentro de dos, tres o cinco años podamos salir adelante”.

El expresidente Carlos Menem, continuador del proyecto neoliberal impulsado por la dictadura cívico-militar de 1976, en un discurso dirigido a los exhabitantes del “Albergue Warnes” de Capital Federal, en diciembre de 1990, afirmó: “Ustedes son los que más sufren y los que menos reclaman. Y así se puede gobernar, realmente”.

La exvicepresidenta del gobierno macrista, que impúdicamente diferenció a los pobres de la gente “normal”, había creado en el año 2014 la Fundación SUMA. Dicha Fundación fue investigada por la Justicia por irregularidades en las donaciones recibidas a través de transacciones electrónicas no debidamente bancarizadas. Y también por el origen de los 245 mil pesos y los 50 mil dólares que estaban en la casa de Michetti y que les fueron robados el 22 de noviembre de 2015. Sobre los 50 mil dólares Michetti adujo que era un préstamo de su novio (Juan Tonelli, administrador de empresas, que fue dirigente de una Cámara de Medicamentos de la Argentina y asesor de grandes empresas de consumo masivo) para que su hijo Lautaro pudiera cursar una maestría en el exterior. A la vez Michetti presentó descargos en los que explicó que los 200 mil pesos eran para una cena de la Fundación SUMA y los 45 mil pesos restantes para abonar obras de refacción en su casa.

Dicha Fundación estaba integrada (además de Michetti como Presidenta) por Federico Pinedo (Secretario), Silvana Giúdice (Tesorera) y como Vocales Hernán Santiago Lombardi, Rogelio Frigerio y Guillermo Tristán Montenegro. En el Equipo de colaboradores figuraban Karen Zeolla (Directora Ejecutiva), Andrea Diez, Verónica Galarza, Elena Quiñónez, Santiago Riobó, Aniela Stojanowski y Álvaro Zicarelli

Como Aliados Estratégicos y Sponsors la Fundación contaba con: Techint, Banco Macro, Microsoft, Banco Comafi, Banco Santander Río, Peabody y Delta. Como Apoyos Institucionales y Colaboradores aparecían: Don Bosco, Suiza Argentina, Farallón, Banco Galicia, Grupo Petersen, Quilmes, Bodega Argento, Louis Dreyfus Commodities, Taiwán República de China, Vasa S.A., Heredia Infusiones, Un árbol para mi vereda, Hedonist, Cap-Comunicación Corporativa, Milo y Les Potiers. La AFIP informó que esta Fundación recibió en 2015 aportes por más de 4 millones de pesos.

Actualmente, la página web de la Fundación SUMA sólo consigna actividades hasta el año 2018 y destaca que se trata de “una organización sin fines de lucro que fomenta propuestas innovadoras de educación y participación ciudadana para promover la inclusión social a través del trabajo colectivo”. Su Consejo de Administración está compuesto por Marcos Cavanagh (presidente), Roberto Moldes (tesorero), Sebastián Aurucci (secretario) y Agustina Torchio Grobocopatel, Luisa Montoreano y Aldana Lestorto Guillén como vocales.

La Fundación declara como objetivo “promover la inclusión social” y la fundadora Michetti expresa que los pobres no serían “gente normal” y les demandaba que aguantaran por años para ver resueltas sus necesidades, que representan derechos no consumados.

Sufrir y no reclamar (en las lógicas de Michetti y Menem), permiten gobernar. Este tipo de mensajes delatan la concepción de ciertos gobernantes, abonando la línea de la relativización de los derechos de la gente y la no ejercitación de los mismos. Sólo sufrimiento y resignación conducen a la fe vacía. Y cuanto más vacíos y despolitizados estén los hombres, más fácil se los podrá “gobernar”. Mientras, deberían seguir esperando las vacuas y a la vez falsas promesas de la “revolución de la alegría” y de la “pobreza cero”, que caracterizaron con nitidez el perfil del gobierno del multimillonario empresario Mauricio Macri.

Asimismo permite inferir otro metamensaje sobre el tema de los derechos sociales y la alternativa de poder reivindicarlos. Si se sufre y no se reclama, tal vez alguien, en algún momento, pueda recibir algo que mitigue su padecimiento. Pero si alguien o algunos reclaman por la cobertura de sus necesidades y derechos, no estarán “facilitando” que los gobiernen y, seguramente, no recibirán premio alguno, en ninguna ocasión.

Las viejas y las nuevas recetas de los conservadores y los neoliberales, para los sectores populares, son: que los pobres aguanten las necesidades, que tengan fe, que faciliten que los gobiernen y que confíen en que no los van a defraudar. En síntesis, que los pobres no reclamen nada de la sociedad y del Estado, que no molesten ni interfieran y que disfruten con alegría y resignación su miseria.

 

*Norberto Alayón es trabajador Social. Profesor Consulto UBA (Facultad de Ciencias Sociales).

 

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Fuente: Página12

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