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¡Proletarios y proletarias de plataformas digitales, uníos!

El COVID-19 y la declaración del “delivery” en plataformas como actividad esencial en los países latinoamericanos puso sobre el tapete la discusión sobre las condiciones de trabajo en este tipo de empresas. En los últimos seis meses, las y los trabajadores de estas plataformas organizaron variados paros internacionales, demostrando que este modelo de negocios posee prácticas similares en distintos países, todos igualmente caracterizados por un aumento de la precarización laboral.

Pero muy poco se conoce sobre aquellas plataformas donde el trabajo es en su totalidad digital y online. ¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre ambos tipos de plataformas, cuál es su relación con los mercados de trabajo nacionales, regionales y mundiales? ¿Qué formas de resistencia son posibles en su interior?

Responder estas preguntas nos permitirá conocer las distintas formas que el trabajo en plataformas puede tomar, visibilizando aquellas que por su naturaleza quedan ocultas de la trama empresarial. Esto es clave para comprender cuáles son las condiciones que aquejan a los trabajadores en cada tipo de plataforma y cómo transformarlas, pero también para identificar aquellas demandas comunes a ambas que permitan unificar sus luchas y sumar fuerzas.

El precariado contra el capital de algoritmos

Las plataformas de reparto como Glovo, o de transporte como Uber están basadas en la localización. Esto significa que el trabajo en ellas se encuentra delimitado geográficamente: los trabajadores viven en las mismas zonas que los clientes y se ven afectados por las características del mercado laboral local.

En cambio, en las plataformas de trabajo digital online, clientes y trabajadores pueden encontrarse en distintas partes del mundo, dado que el trabajo es completamente digital.

Una empresa en Estados Unidos puede pagarle a un trabajador en India a través de la plataforma FreeLancer para que realice tareas de data entry, traducción o procesamiento de datos desde su hogar. Lo que comparten ambos tipos de plataformas son el no reconocimiento de las y los trabajadores como empleados, la recolección y explotación de los datos que generan en la plataforma para mejorar el modelo de negocios y la implementación de “la gerencia algorítmica” para organizar el trabajo.

La falta de regulación del sector permite que los trabajadores de ambos tipos de plataformas sean clasificados como independientes, teniendo así un acceso reducido y precario a la seguridad social. Además, no poseen un salario estable, dado que se les paga por tarea o proyecto finalizado. Tampoco se les garantiza que, al finalizar una tarea o proyecto, sean asignados con nuevos trabajos.

Desde las empresas, estas características son promocionadas como aspectos positivos del trabajo en las plataformas: «sé tu propio jefe». La idea de que el trabajador no responde a nadie, que puede elegir cuándo y qué tanto trabajar, que es libre. Sin embargo, las consecuencias reales en las vidas de los trabajadores son muy distintas. La flexibilidad aquí equivale a precarización, inestabilidad e inseguridad.

Lo de «no responder a nadie» tampoco es tan así. Si bien los trabajadores no poseen contacto directo con jefes en un sentido tradicional, eso no quiere decir que no estén sujetos a mecanismos de control y vigilancia. La diferencia es que estos son llevados a cabo por programas y algoritmos que recolectan y procesan los datos generados por los trabajadores en las app y plataformas digitales para luego utilizarlos en la organización del trabajo. La falta de conocimiento sobre el uso de esos datos produce una asimetría de información, que pone en un lugar de desventaja a los trabajadores.

Pero, además, la gerencia algorítmica incorpora los ratings, tiempos de trabajo y múltiples métricas que evalúan el rendimiento de los trabajadores y que después afectan sus posibilidades de obtener nuevas tareas o proyectos e, incluso, el pago que recibirán por los mismos. Las plataformas también poseen mecanismos de sanción, que aplican sin verse obligadas a dar justificaciones a los trabajadores. Entre ellos, su bloqueo en las apps o sitios web es una práctica común.

La súper-fragmentación de la clase obrera

Las diferencias entre plataformas digitales online y plataformas limitadas geográficamente son de dos tipos: en el tipo de trabajo que se realiza en ellas y en el tipo de trabajadores que atraen. El trabajo en plataformas de trabajo online se realiza digitalmente y requiere niveles de calificación medios a altos. Por el contrario, el trabajo en plataformas limitadas geográficamente requiere trabajo físico de baja calificación.

Si bien en ambas la mayoría de los trabajadores son jóvenes, las plataformas online atraen más mujeres dado que, al trabajar desde casa, pueden combinarlo con tareas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado. Además, los trabajadores en plataformas limitadas geográficamente suelen depender en mayor medida del ingreso que generan en ellas, mientras que entre los trabajadores de plataformas online es más frecuente que posean alguna otra fuente de ingreso.

Es usual que trabajadores a los que les cuesta encontrar una salida laboral decidan trabajar en plataformas. Los bajos requisitos de acceso atraen a trabajadores jóvenes y migrantes que poseen pocas oportunidades en el mercado de trabajo formal. En Latinoamérica, los altos niveles de desempleo e informalidad llevan a que cada vez más gente «elija» trabajar en estas plataformas. En el contexto de la pandemia, muchas personas que han perdido sus fuentes de trabajo han decidido volcarse a este tipo de empresas.

En ese sentido, las plataformas se alimentan de los mercados de trabajo precarios y fragmentados, tomando a todos los trabajadores excluidos dentro de su fuerza de trabajo. De esa forma, generan una sobre oferta de trabajadores en sus plataformas, lo que les sirve para que la demanda de los clientes siempre esté cubierta, para mantener bajo el pago por tarea que se le realiza al trabajador y como estrategia de disciplinamiento entre los trabajadores.

Las plataformas de trabajo online, además, traspasan las fronteras nacionales. El hecho de que quien paga por el trabajo –que puede ser un individuo o una organización— y el que lo realiza se encuentren distanciados genera una serie de distorsiones sobre la actividad.

Que todo el proceso se realice de forma online y digital, sin la instalación de espacios físicos de trabajo, como una oficina o una fábrica, por parte de la plataforma o el cliente, les permite a los mismos evitar pagar impuestos locales o tener que adaptarse a las regulaciones nacionales. Además, según un estudio, casi el 75% de quienes demandan trabajo a través de estas plataformas se encuentran en países del Norte Global, mientras que aproximadamente el 66% de los trabajadores viven en países del Sur Global.

Sin embargo, Estados Unidos llega a representar alrededor del 12% de los trabajadores. Esto posee dos efectos sobre el pago por tarea o proyecto asignado. Primero, los clientes en países desarrollados se ahorran costos al tercerizar parte del trabajo a través de plataformas online a trabajadores en países en desarrollo, pagando menos de lo que deberían pagar si el trabajo fuese realizado por trabajadores del mismo país.

Segundo, trabajadores de diversos países, con distintos costos de vida y salarios reales, deben competir por las tareas en una misma plataforma. Esto suele generar una presión a la baja en lo que cobran por trabajo realizado dado que, para poder competir con trabajadores en países con salarios reales más bajos, el resto de los trabajadores debe aceptar cobrar menos de lo que lo harían por un trabajo en su propio país.

Obstáculos para la organización colectiva

En resumen, la falta de regulación por parte de los gobiernos, combinada con la necesidad de los trabajadores de conseguir una fuente de ingreso, coloca a ambos tipos de plataformas en una situación de poder. Esto les ha permitido, hasta el momento, desarrollar un modelo de trabajo que debilita el acceso de los trabajadores a la seguridad social, que precariza las condiciones de trabajo generando, a la vez, mayor presión y estrés sobre los trabajadores a través del control algorítmico, y que se basa en una dinámica que posibilita un pago por tarea por debajo de los salarios mínimos nacionales.

Frente a este panorama, ¿cuáles son las estrategias de resistencia posibles en ambos tipos de plataformas? Los trabajadores de plataformas limitadas geográficamente cuentan con algunas ventajas en ese sentido. Encontrarse dentro un mismo espacio físico les permite conocerse cara a cara y facilita la organización colectiva. Por otro lado, también es mucho más probable que compartan ciertas trayectorias que les faciliten construir una identidad común y colectiva.

En contraste, los trabajadores en plataformas online poseen mayores obstáculos para la organización. Su distanciamiento representa un obstáculo, dado que no pueden encontrarse físicamente y que, muchas veces, ni siquiera comparten una misma zona horaria. Pero, además, el hecho de que se encuentren en distintos países complica la generación de una identidad colectiva.

Los trabajadores de plataformas online poseen distintas nacionalidades, culturas, religiones y trayectorias dentro y fuera del mercado de trabajo. Y, de acuerdo a la historia y legislación de cada país, poseerán distintas experiencias y percepciones acerca de la organización colectiva y sindical.

A estos aspectos hay que añadirle los obstáculos para la organización que son comunes a ambos tipos de plataformas. Primero, la inexistencia de un lugar de trabajo específico, como una fábrica u oficina, con una jornada laboral estable, dificulta el encuentro y la generación de lazos de confianza y solidaridad entre los trabajadores.

Segundo, la inexistencia de regulación del sector por parte de los gobiernos obstaculiza la realización de reclamos en base a legislación nacional específica. Además, genera un panorama de desprotección de los trabajadores que participan en paros u otras acciones de resistencia frente a represalias de las empresas.

Por último, la ya mencionada sobre oferta de trabajadores. El acceso casi totalmente irrestricto y constante de nuevos trabajadores a estas plataformas reduce el poder de las acciones colectivas de los trabajadores. A menos que las mismas posean una adhesión casi total de los trabajadores, las plataformas pueden simplemente ignorar los reclamos, bloquear a aquellos que se movilizan y asignar el trabajo a aquellos que no participan en ellas.

Pero la resistencia es más fuerte

Pese a todo esto, múltiples grupos de trabajadores de plataformas en el mundo se han organizado para resistir y reclamar por mejores condiciones de trabajo, remuneración y por el reconocimiento de la relación laboral. En Latinoamérica hemos asistido, en estos meses de pandemia, a una articulación internacional de los trabajadores de plataformas de comercio y reparto como Glovo, Rappi, UberEats y Pedidos Ya.

La precarización laboral en estas plataformas, sumada al riesgo que estos trabajadores asumen al continuar con su tarea en un contexto de pandemia y sin recibir ayuda o elementos de higiene por parte de las empresas, los ha conducido a realizar tres paros internacionales en la región. En ese sentido, que estas empresas posean prácticas casi idénticas en distintos países, junto a las similitudes existentes entre las identidades y las características de los mercados de trabajos en países latinoamericanos, facilitó la organización regional.

En el caso de las plataformas de trabajo online, las experiencias de resistencia se alejan de la acción colectiva clásica (como el paro o la movilización). En cambio, los trabajadores construyen plataformas alternativas, que toman la forma de cooperativas e incluyen principios de igualdad, transparencia y respeto de derechos. También se desarrollaron iniciativas como construir códigos de conducta que las empresas deben respetar o elaborar ratings creados y gestionados por los trabajadores para evaluar las plataformas en las que se encuentran.

Estas estrategias se basan en la idea de apropiar las herramientas digitales del modelo de plataformas para generar nuevas y mejores formas de trabajo, con condiciones decentes y una flexibilidad y libertad que no estén asociadas a una reducción en los derechos de los trabajadores.

En sí, las resistencias de las y los trabajadores de plataformas no se basan en un rechazo pleno del modelo de plataformas, sino de aquellos aspectos que los perjudican y que vulneran sus derechos. Por eso, además de su resistencia, es necesario el compromiso de los gobiernos locales en regular al sector de plataformas con el objetivo de garantizar los derechos laborales.

No se puede continuar permitiendo que estas empresas eludan las regulaciones económicas nacionales e ignoren los derechos de los trabajadores reconocidos internacionalmente. La utilización de las nuevas tecnologías digitales debe generar mayor autonomía y libertad para los trabajadores sin que eso signifique una pérdida de los derechos adquiridos previamente.

 

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Fuente: Observatorio Crisis

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Correos del Sur Nº141

 

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