Quiero un país donde no haya asesinatos, donde toda la gente tenga las mismas oportunidades. No podemos seguir así, sentados sobre los huesos, sobre las fosas (Elena Poniatovska, escritora, activista y periodista mexicana).

Ya pasó más de tres semanas desde que los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinaga desaparecieron en Iguala, Estado de Guerrero sin que el gobierno de Enrique Peña Nieto los haya localizado o por lo menos ofrecido una explicación creíble al mundo sobre lo sucedido con los normalistas.

Se sabe, según los testimonios de los jóvenes que lograron salvar su vida, que unos 120 estudiantes de unos 25 años en promedio viajaron a Iguala para protestar contra las aspiraciones políticas de la esposa del alcalde María de los Ángeles Pineda quien como presidenta del sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) municipal se preparaba para lanzar su candidatura para la alcaldía. A la vez, los estudiantes estaban planificando recaudar fondos para su centro de estudios.

Para realizar este viaje los jóvenes tomaron temporalmente varios autobuses y camiones -una práctica común de los normalistas carentes de recursos suficientes para viajar a Iguala. Actualmente existen en México 16 Escuelas Rurales que constituyen la primera opción para los hijos de campesinos que no tienen posibilidades de pagar su licenciatura. Todos estos centros de estudios están bajo permanente acoso oficial debido a su tradición de lucha social y por tener como principal misión “enseñar a la gente cuáles son sus derechos y sus deberes”.

De acuerdo al Vice News Channel, al llegar al centro de la ciudad, los dos primeros autobuses de la caravana fueron recibidos por una lluvia de balas que provenían desde unas 10 patrullas de la policía municipal. Los estudiantes de los siguientes buses fueron esposados y subidos a las patrullas de la policía municipal que hicieron más de tres viajes para llevarse a los normalistas a donde nadie sabe. Posteriormente, hubo un segundo ataque contra los heridos que provenía de camionetas no identificadas. En total, de lo que informó el Vice News Channel hubo unos 25 heridos de bala aquella noche, seis muertos y 43 estudiantes desaparecidos.

Según las declaraciones del gobernador Ángel Aguirre Rivero, “se habla de que a la esposa del ahora prófugo alcalde de Iguala, José Luis Abarca le causó malestar la presencia de un grupo de jóvenes en la central de autobuses. Posiblemente ella o su esposo ordenaron a la policía acudir sin protocolo a atacar a los normalistas”. En Iguala todos saben de los antecedentes penales del alcalde Abarca que en mayo de 2013 fue implicado en el asesinato de tres dirigentes de la Unión Popular. También se presume que la familia de la esposa del alcalde ha tenido relación con el Cártel de los Hermanos Leyva.

Iguala de 118,000 habitantes no es una ciudad cualquiera, es un punto clave de tránsito de droga donde actúan dos organizaciones delictivas: “Los Rojos” y  los “Guerreros Unidos” que antes estaban al servicio del cártel de los Hermanos Leyva. En mayo de este año, allí fue desmantelado un laboratorio de metanfetaminas. Todos saben que también en los alrededores de la ciudad abundan fosas comunes. Hace apenas cuatro meses fueron encontradas varias de ellas con 28 cadáveres. El crimen organizado y la violencia en realidad han sido parte de la vida cotidiana de los moradores de esta ciudad cuyos órganos administrativos y su policía han estado bajo el control de las mafias.

Según informes de la prensa local, los policías de Iguala habrían entregado a los normalistas a los policías de la cercana ciudad de Cocula y los últimos los han pasado a los estudiantes a “Guerreros Unidos” que finalmente acabaron con sus vidas. El fiscal general de Guerrero, Iñaky Blanco, responsabilizó a esta organización delictiva por el crimen contra los 43 normalistas. Sin embargo, en la madrugada de 16 de octubre pasado apareció en Iguala una narcomanta (el periódico mural de los narcos) en el que uno de los líderes de "Guerreros Unidos”, “El Choky” solicitaba  justicia al presidente y denunciaba con nombres, seudónimos a los responsables del asesinato y la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Al final del texto afirmaba que “no toda la culpa la tengo yo”.

Mientras el gobierno y todos sus cuerpos de seguridad e inteligencia apoyados por el FBI y la DEA norteamericanos que pasean por México como “Pedro por su casa” no son “capaces” aparentemente a dar con el paradero de los normalistas secuestrados. El sacerdote Alejandro Solalinde, laureado con el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2012 se presentó el pasado 20 de octubre en la sede de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de la Delincuencia Organizada (SEIDO) para entregar la información de cinco testigos que afirman que los 43 normalistas desaparecidos fueron quemados, algunos de ellos en vida. Dijo que “lo más triste de todo esto es que ya no les puede asegurar a sus familiares que van a tener sus cuerpos. Esos muchachos permanecerán siempre como desaparecidos tal cual porque no dejaron rastros”.

En el momento cuando se escribía este artículo el procurador todavía no ha recibido al padre José Solalinde, como igual está pasando con muchos otros casos diariamente. No hay que olvidar que desde 2007 la violencia ha cobrado la vida a más de 70.000 personas en México y las “autoridades” como lo señala Solalinde, “no tienen un desempeño ético. Se han corrompido muchísimo y sólo van tras el poder y el dinero”. A la vez, el presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Carlos Navarrete reconoció hace poco que hay un pacto tácito de impunidad entre los políticos sin que exista un documento firmado. Todo esto explica por qué México, donde según el Consejo Regulador de la Industria y Servicios de Seguridad de la República Mexicana (CRISSRM) se producen 10 ejecuciones al día, se convirtió en el país de fosas clandestinas.

Hace poco desapareció el periodista Jesús Antonio Gamboa quien denunciaba casos de corrupción en Sinaloa. Tampoco se salvan los blogueros y tuiteros. En los últimos tres años 27 de ellos fueron asesinados. La doctora María del Rosario Fuentes Rubio @Miut3 que desde años combatía el crimen organizado fue secuestrada y ejecutada la semana pasada. En su último tuit  donde publicaron su foto antes y después de la ejecución, había un texto que decía: “encontré la muerte a cambio de nada, están más cerca de nosotros de lo que creen”. En Tamaulipas, los narcos dieron el precio de 45,000 dólares por los activistas de las redes sociales que informan sobre los problemas de seguridad pública y también amenazaron a todos sus usuarios.

Y todo esto está sucediendo en el país cuyo presidente fue declarado en setiembre pasado en las Naciones Unidas como el Estadista Mundial 2014. Este nombramiento a Enrique Peña Nieto se hace después que  entregó  al Gran Patrón la última riqueza que le quedaba a México: el petróleo. Sus reformas, llamadas por Noam Chomsky como el “suicidio” de la soberanía nacional, fueron aclamadas por el poder global a pesar del rechazo de su pueblo que no supo defender sus riquezas nacionales por el miedo que induce al olvido y la indiferencia.

En este México conviven unos 40 millones de hambrientos con 16 barones cuya riqueza supera 142 mil millones de dólares. Y esto es nada porque según los pronósticos de Credit Suisse, el número de millonarios en México aumentará para el 2019 en 57 por ciento. Lo que no dice esta unidad financiera es lo que pasará con el número de los pobres.

Alguna vez el pueblo de México se despertará de su miedo, que como decía Mario Benedetti, “no se atreve a atravesar el río” y construirá un puente hacia su futuro justo y soberano.

Fuente: Ria Novosti

Lo que sucede en el estado de Guerrero no es la excepción ni el caso extremo en México. Es la vena que hizo estallar la presión que bulle por todos lados en este país hipertenso. Ahora nadie respira con alivio ni señala que lo que allá sucede es cosa del trópico cargado de pasiones, de machetes y de subdesarrollo. Nadie ve los toros desde la barrera de su comodidad norteña o capitalina. Todos nos sentimos en el redondel, en la misma arena, cada vez más manchada de sangre y de muerte. Lo mismo la señora rubia clasemediera de Garza García, Nuevo León que la doña indígena que reclama la aparición con vida de su hijo, alumno de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.

La masacre de Iguala, en ese sureño estado de Guerrero, los 43 muchachos desaparecidos, han develado importantes aspectos de nuestra dolorosa realidad y están generando un cambio cualitativo en este país, que por fin se está moviendo, afortunadamente no como el presidente Peña Nieto proclama en su slogan.

Ya casi se me convierte en obsesión una categoría de análisis, de tanto verla realizada en nuestra cotidianeidad: la "societas sceleris", sociedad de crimen. La utiliza el politólogo brasileiro Helio Jaguaribe para analizar las sociedades donde el crimen, la ilegalidad, la violación al estado del derecho no sólo se hacen comunes, sino que se toleran, incluso se promueven desde el poder político formal.

Así, los sucesos de Guerrero revelan que en este país no son casos aislados un presidente municipal ligado al narco, como el de Iguala, ni la cúpula de un partido político tibio ante la delincuencia de sus militantes, como la del supuestamente izquierdista, PRD. Que la delincuencia ha penetrado desde el patrullero hasta las altas esferas de la administración de la justicia. Que el Estado mexicano es casa tomada, como reza aquel espléndido cuento de Julio Cortázar. Ocupadas por el crimen organizado muchas de sus instancias en el Ejecutivo, en el Legislativo, en el Judicial; en los tres órdenes de gobierno, en las paraestatales, como Pemex, en los partidos, en los sindicatos.

Si para el despojo criminal, ilegal, del patrimonio de la gente y de la Nación, supura la complicidad políticos-delincuentes, también se percibe con claridad cuando se trata de la alianza políticos-megaempresarios. ¿Cómo no cruzar a la delgada línea roja que separa lo ilegal de lo ilegal para apoderarse, con leyes reformadas a modo, de la riqueza de la Nación y sus comunidades? Al despojo sangriento operado por las bandas criminales hay que sumar la acumulación por despojo del subsuelo, de los territorios, del agua, de los recursos naturales, ahora formalizado, naturalizado por las flamantes reformas estructurales. No es extraño que un Estado sea rehén de las mafias delincuenciales cuando ha aceptado, negociado, mejor dicho, ser rehén y socio de las mafias mineras canadienses, de las cuatro hermanas petroleras trasnacionales de los grandes consorcios que lucran con el agua, con las semillas transgénicas.

México se está ucranizando. En aquel país, los intereses norteamericanos y europeos occidentales apoyan a un gobierno despótico y a grupos armados neonazis para poder controlar la explotación del gas shale y establecer miles de hectáreas de cultivos transgénicos para la producción de agrocombustibles. Con esto pretenden quebrar el dominio de Rusia sobre el suministro de gas a Europa, a la vez que impiden que los países no amigos como Irán y los de Sudamérica, sobre todo Brasil, Argentina, Bolivia y Venezuela se fortalezcan como competidores en el ciclo de la energía y de los alimentos.

Tienen horror de que en México soplen vientos de independencia… de los Estados Unidos y de acercamiento con América del Sur, de donde está brotando la esperanza del planeta, según Noam Chomsky. Y su horror no son los partidos de izquierda, sino toda la diversidad de movimientos desde las raíces, la diversidad de resistencias que brotan por todos los rumbos. Por eso criminalizan, asesinan, o cuando menos encarcelan a los liderazgos, también múltiples y diversos. Han atacado, infiltrado, masacrado a las autodefensas y tienen presos al Dr. Mireles, el alzado de Michoacán, y a Nestora Salgado, la valerosa e inteligente lideresa de Olinalá, Guerrero. Mario Luna, y Fernando Valencia, jefes de la tribu yaqui, también están presos por defender su agua.

Y cuando la ley no se pone a modo, cuando las llamadas fuerzas del orden no pueden actuar, ahí están los sicarios del crimen organizado para hacer el trabajo sucio en defensa de los intereses mafiosos: Se cumplen dos años del asesinato en el norteño estado de Chihuahua, de Ismael Solorio y Manuelita Solís, caídos en defensa de su territorio y su agua en contra de una minera canadiense y de los menonitas ricos. Y ahora, los muchachos normalistas de Ayotzinapa. Parece que la consigna es: aterrorizar, anular o de plano, eliminar todo vestigio de movilización de protesta y de resistencia. Esto lo señala con mucho acierto el grupo que llama a una Constituyente Ciudadana, encabezado por el Obispo Raúl Vera. No sólo es interés de los alcaldes o gobernadores corruptos, también del régimen que encabeza Peña Nieto y sus mandamases allende las fronteras, ahuyentar, atemorizar cualquier movimiento de protesta y de resistencia.

A pesar de todo, en medio de tanta mafia, de tanta muerte, de tanto dolor, de tanta sangre, estos días de octubre nos han alimentado las ganas de creer. Ha sido maravillosa la gran reacción, la gran convergencia nacional e internacional demandando la presentación con vida de los 43 de Ayotzinapa. Han estado de frente los jóvenes, y qué bueno. Desde los más radicales de otras normales rurales, hasta los de la UNAM, la UAM, hasta los chicos de las universidades particulares, como la Ibero, del Tec de Monterrey y hasta del ITAM. De todos los lugares sociales se ha elevado el mismo clamor. Parece que por fin este país se está dando cuenta que más allá de todas las diferencias, hay sólo dos clases sociales: la de unos pocos de aquí y de afuera que concentran el poder económico, el político y el mediático, y la de la gente honesta, trabajadora con mucho, poco o nada de dinero. La masacre de Iguala nos iguala.

El país de todas y de todos contra el país de las mafias. Esa confrontación nacional, no un problema local, es lo que se juega ahora en Guerrero.

Fuente: Alainet

Hablar de masacres no es algo nuevo en México: desde la herencia que dejó la de Tlatelolco en 1968, la de Aguas Blancas, la de Acteal, la de los 72 migrantes en Tamaulipas, entre muchas otras, el recuento de este tipo de episodios han develado el rostro violento que marca -todos los días- miles de vidas rotas en el país.
Guerrero: El punto de quiebre

Pero desde el anterior sexenio, en Guerrero, la muerte se volvió lugar común. La disputa de los cárteles del narcotráfico por controlar esta zona clave en el suroeste mexicano, combinada con el carácter caciquil de sus gobiernos locales, provocó que la violencia acorralara a los ciudadanos por todos los flancos.

Entonces, la fama de Guerrero -hasta hace unos años más conocido por sus sitios turísticos- empezó a adquirir otros nombres: desapariciones, asesinatos, extorsiones, secuestros, balaceras, decapitados, fosas, desplazados y miedo. Mucho miedo.

A los reporteros que íbamos hacia Guerrero a cubrir alguna de las historias rojas, las fuentes primero nos decían: “Ve, pero con cuidado”. Después, la advertencia se hizo más severa: “Ve, pero cuidado con la maña (el crimen organizado)”. Con los años, el consejo se convirtió en orden: “No vengas: está bien caliente”.

En Chilpancingo, la capital, empresarios y comerciantes lanzaron el año pasado un emplazamiento al gobierno federal para que respondiera por la situación de violencia que los había llevado a cerrar sus negocios, contratar guardaespaldas, vivir en coches y casas blindadas o irse, en definitiva, del país.

Pero los pobres de la sierra y la montaña no tenían esa opción: ellos debían quedarse, buscar refugio en otra casa -con amigos o familiares- o resignarse a que los emisarios del crimen -narcos, policías o funcionarios- decidieran su suerte.

Así vimos, a mediados de 2013, a los desplazados de los municipios de San Miguel Totolapan o Heliodoro Castillo. Mujeres y niños dormían dentro de las iglesias, los hombres cuidándolos afuera, todos con el miedo atorado en la garganta y la resistencia a llorar, luego de que pistoleros les exigieron dejar sus casas o de lo contrario, los matarían.

Los estudiantes de Ayotzinapa tampoco han tenido opción: ligados siempre a la defensa de causas populares, los jóvenes manifiestan su hartazgo bloqueando carreteras, lanzando piedras, haciendo pintas en edificios públicos o apoyando -permanentemente- protestas sociales. Ahora, con tres compañeros muertos y 43 desaparecidos, el hartazgo los ha llevado a protagonizar una exigencia de justicia con repercusiones internacionales no vistas durante los últimos gobiernos federales en México.

¿Qué más les queda? Desde hace décadas, ellos y otras organizaciones sociales -como los activistas, los campesinos o las policías comunitarias disidentes- enfrentan una política de desprecio por parte del Estado. Y eso es lo que convierte a Ayotzinapa en un reclamo que no solo incluye a 43 estudiantes normalistas , sino a los miles de desaparecidos que nos faltan en México.

Los queremos de vuelta. Y vivos.

Fuente: TeleSur

Fue un pronunciamiento valiente y brillante, a la altura del heroico Presidente Hugo Chávez, quien en ese mismo sitio fue capaz de descubrir la diabólica política del imperio que amenaza la vida de nuestra especie.

Querido Nicolás:

Tuve el placer de escuchar tu discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Fue un pronunciamiento valiente y brillante, a la altura del heroico Presidente Hugo Chávez, quien en ese mismo sitio fue capaz de descubrir la diabólica política del imperio que amenaza la vida de nuestra especie.

Ese mismo día finalizada la reunión en la ONU, tuve también el privilegio de ver el emocionante encuentro que tuviste en el Bronx con niños, jóvenes y adultos que, con enorme orgullo, expresaron los valores y sentimientos de esa área de la ciudad de Nueva York. Las imágenes de los que allí expresaban los sentimientos de lo que un pueblo desea y merece vivir, son inolvidables y constituyen un mensaje de paz. El recuerdo de Hugo Chávez no dejó de estar presente un solo segundo.

Todavía emocionado por tan inolvidables recuerdos, te envío un fuerte abrazo que ruego hagas extensible a tu delegación y a tu valiente pueblo.

Fidel Castro Ruz

Septiembre 24 de 2014

9 y 32 a.m.

El juicio fue una farsa pocas veces vista en la historia judicial norteamericana, y el propio ex presidente James Carter dijo que la detención de estos luchadores antiterroristas cubanos no tenía ningún sentido.

Frases

“La integración caribeña latinoamericana es la única manera de salvar a nuestros pueblos de la hegemonía imperialista”

Hugo Rafael Chávez Frías

 Cuadernos para la Emancipación

Número Especial  1. Junio 2018.

 

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Correos del Sur Nº68

 

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